La tierra palestina en su día – Por Suhail Hani Daher Akel

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En el corazón palestino yace su raíz y cada palmo de su tierra de norte a sur y de este a oeste. Aferrados, se resistieron abandonarlas a lo largo del tiempo y a pesar de las teorías sionistas. Theodor Herzl, austro-húngaro judío, fundador del sionismo e ideólogo en 1897 de un Estado judío en Palestina, teorizó: “Trataremos de hacer desaparecer a la población árabe (palestina) a través de la frontera, obteniéndole trabajo en países de tránsito, mientras le negamos trabajo en nuestro ‘propio país’ (…). Tanto el proceso de expropiación y el traslado de estos pobres deben ser realizados con discreción y circunspección”. (Diario personal 1895).

En el baldaquín de la negación sionista al legitimo derecho palestino a su milenaria tierra, fue concebida a principio del siglo pasado con las afirmaciones del jefe de la Agencia Judía y luego primer presidente israelí, Chaim Weizman, al esbozar: “En su etapa inicial, el sionismo fue concebido por sus precursores como un movimiento que dependía por completo de factores mecánicos: hay un país al que se llama Palestina, un país sin pueblo, y por otra parte, existe el pueblo judío, que no tiene país. ¿Qué más hace falta, entonces, que colocar la gema en el anillo, unir a este pueblo con ese país?” (Federación Sionista Francesa, Paris 28/3/1914).

La historia y la vida palestina, fue difícil. Solo un parámetro marcó la tragedia. Desde aquel el primer mártir palestino Jesús crucificado en el 33 por la ocupación romana-hebrea a Palestina, al envenenamiento del mártir Yasser Arafat, por la ocupación israelí en el 2004 y hasta nuestros días con el sometimiento de Jerusalén y Gaza, el pueblo palestino no logró respirar la armoniosa brisa de libertad sobre su tierra y solo inhaló los aires de violencia de los ocupantes de turno.

Con una escena conmovedora que erosionó la región desde la primera y segunda guerra mundial y con la cabizbaja acción europea, se engendró un estado desde la probeta de la ONU y el terrorismo sionista, en una tierra palestina ajena y lejana al epicentro sionista de Europa.

La ocupación de Palestina por el colonialismo británico en 1917 reemplazando al ocupante turco; las secuelas colaterales de la segunda Guerra Mundial; el devastador terrorismo sionista; la negación a los derechos nacionales palestinos y el grave error histórico de la ONU de despedazar a Palestina en su partición para dos estados uno judío y otro árabe en 1947, dejo mancillada la milenaria tierra.

Con poderes fluctuantes, conciencias dormidas y silencios cómplices, el sionismo encontró su especial madriguera para elaborar su plan. El polaco judío David Grün (David Ben Gurión), jefe del movimiento terrorista Haganah, impulsó el sueño sionista en marzo de 1948 con su hostil ‘plan Dalet (D)’, basado en el terror y la expulsión. Sobre la tragedia. Unilateralmente, Ben Gurión, proclamó la creación de Israel sobre la tierra palestina, las 418 aldeas demolidas, la destrucción de hogares y el exilio de centenares de miles de refugiados palestinos echados al mar en mayo de 1948.

Xenófobo. Entre otros, fue sumamente lesivo el comentario del presidente de la Agencia sionista, Chaim Weizman, a Arthur Ruppin, jefe del Departamento de Colonización de la Agencia Judía. Al preguntarle Ruppin sobre los palestinos, Weizman, refiriéndose a ellos, respondió: “Los británicos nos dijeron que allí hay algunos cientos de miles de negros (Kushim), y ellos no tienen ningún valor” (Reunión Ejecutivo Agencia Judía, 20 de mayo de 1936, citado por Yosef Heller, en “Bama’vak Lemedinah, Hamediniyut Hatozionit Bashanim 1936-1948”, Jerusalem, 1984, pag. 140).

Entre 1948 y 1967, la tierra palestina de 27,009 Kms2, con más de 10 mil años de antigüedad y 5,5 mil años de Jerusalén, quedó erosionada, borrada de los mapas y los Atlas. El 78 por ciento de su tierra dejó de ser Palestina para ser Israel. El resto, luego de décadas de depredación, aún no recuperó su nombre y vive bajo la ocupación entre asentamientos ilegales, muros de apartheid y cercos criminales.

Desde la trágica lectura. Sobraron fundamentos para evocar el ‘Día de la Tierra’ después del conspirador Código Agrario Otomano (1858), o bien con la caída de Palestina en 1948, o luego de la ocupación de 1967. Sin embargo, la fecha surgió en 1976 desde las raíces palestinas de su propia tierra en el interior israelí, territorio palestino ocupado en 1948.

En el concierto de iniquidades. La usurpación entre 1948 y 1967 de 100 mil hectáreas de tierras cultivables de dueños palestinos en Galilea. Las confiscaciones de casas palestinas. La humillación; el trabajo esclavo; la educación de los niños, prohibiéndoles las literaturas e historia palestina para extirpar sus conciencias y su idioma árabe, la falta de derechos sociales y la obstinada actitud israelí de judaizar la tierra que se hicieron en 1948, forjó estallar el agudo grito palestino. Desde Galilea al triangulo del norte y hasta el Neguev del sur, la Intifada (levantamiento popular) del 30 de marzo, consagró el ‘Día de la Tierra’, el día de la fidelidad.

La tierra sigue siendo el vital alimento de la raíz palestina, para su dignidad y su libertad desde Jerusalén a Gaza y desde Jericó a Safad. Es la resistencia contra la sistemática política de carcomer y robar tierras en el territorio ocupado en 1967 a través del muro de apartheid que divide la sociedad palestina y sus aldeas. Es el antídoto contra el cáncer de los asentamientos ilegales, habitados por más de 550 mil colonos extremistas, fundamentalmente, en torno a Jerusalén Este. Violando las leyes internacionales establecidas en la Convención de Ginebra, las Regulaciones de La Haya, las resoluciones 446, 452, 465, 471 y 478 del CS-ONU y del Tribunal Penal Internacional.

El Día de la Tierra, no solo es una simple conmemoración. Es una alerta a la conciencia y a la reflexión. Es una permanente denuncia contra la potencia nuclear ocupante, que mantiene su deliberada torpeza de ignorar los cimientos del derecho internacional, los principios básicos de los derechos humanos y el derecho legitimo del pueblo palestino a su independencia y a su tierra, con acciones concretas de parte de la comunidad internacional y no con reconocimientos de consuelo, lejos de los legítimos derechos nacionales palestinos.

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(*) -Fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina
-Fue el primer Representante de la OLP en la Argentina
-Analista internacional sobre la situación de Palestina

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