Jesús, los intentos de linchamiento y “Nuestra Señora del Espanto”

Nuestra Señora de Nazareth

La profecía de Isaías se había cumplido en ese momento “en vuestras orejas”, porque al declarar Cristo su mesianidad, hizo todo lo que dice allí el Profeta: potencialmente; y no actualmente, porque ellos no recibieron; más aun, recibieron mal su declaración. Se pusieron furiosos: Cristo afirmaba que era el Mesías y se negaba a hacer milagros para ellos; y para sí mismo. Ni el milagro de Josué de parar al sol, ni siquiera unas míseras sanaciones de pulmonías o resfríos…

Lo quisieron “linchar”: primero echarlo de la ciudad; y después creciendo con la acción la ira, como suele pasar, despeñarlo al precipicio desde el borde en que se apoya la ciudad. “¡Meschúgge!”, gritaban, el grito que habían sufrido los profetas anteriores: “Está loco”.

Nuestra Señora de Nazareth

No lo lincharon: porque Él se desprendió de sus manos y pasando tranquilamente entre sus filas, “se fue”. Había querido hacer el bien primeramente a sus paisanos, dice san Pablo; pero se cumplió el proverbio de que nadie es profeta en su tierra; como me pasa a mí en Reconquista; y en toda la provincia de Santa Fe, si vamos a eso. Se fue a Cafarnao, y estableció allí su residencia, en casa de la suegra de Pedro, doña Petronila. El Crisóstomo dice que hizo allí un milagro para salvarse de la muerte. No, el milagro fue solamente la energía de la soberana dignidad de su talante; así se salvó de la primera tentativa de matarlo en tumulto, de las cuales sufrió tres por lo menos.

El médico no se curó a sí mismo; a no ser supremamente, en la Resurrección: “a otros salvó, que se salve a sí mismo; que baje de la Cruz y creeremos en Él”. No bajó. De esa manera se hizo Médico Universal, de modo que su solo nombre es medicina. “Andar con el Jesús en la boca”, significa andar en apuros; “morir con el Jesús en la boca”, significa morir bien. Aunque es mejor que esté el cura al lado; pero es solamente para ayudarnos a decir bien el “curundú”, el nombre bendito de Jesús.

A dos kilómetros al Sudoeste de Nazareth, se muestra hoy la barranca (no muy alta), desde donde intentaron precipitar a Jesús. Al lado, una iglesita moderna, llamada “Nuestra Señora del Espanto”, edificada sobre una capillita antigua, recuerda esta leyenda: María, habiendo oído vociferar contra su Hijo, corrió detrás de la turba; y al llegar al sitio de la actual capilla, vio volver al tumulto, pero sin Jesús. Creyendo que lo habían matado, se apoyó en la roca, pasmada, horrorizada: la roca se abrió y la escondió de los energúmenos.

Por el Padre Leonardo Castellani

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