Sentida poesía en Filosofía de la UNAM

El Encuentro Internacional de Poesía reunió a grandes autores, quienes leyeron obras de dolor, ausencia y horror.

En uno de los jardines de la Facultad: Adonis, Najwan Darwish, Emilio Coco, Mina Gligori y Hugo Mujica. Una manta recordaba a los normalistas. ©Adrián Hernández.El Universal
En uno de los jardines de la Facultad: Adonis, Najwan Darwish, Emilio Coco, Mina Gligori y Hugo Mujica. Una manta recordaba a los normalistas. ©Adrián Hernández.El Universal

En el segundo día de actividades del Encuentro Internacional de Poesía de la Ciudad De México no hubo discursos políticos, reclamos de justicia, velas encendidas o desahogo colectivo de rabia y desencanto. Sólo una manta con la leyenda «Vivos se los llevaron, vivos los queremos» y poesía en voz de sus autores.

En uno de los jardines de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, los poetas Najwan Darwish, Hugo Mujica, Emilio Coco, Omar Lara, Mina Gligori, Gabriel Chávez Casazola y Adonis participaron en la mesa de lectura Efraín Huerta.

Cada uno de ellos, provenientes de distintas partes del mundo, desde Bolivia a Siria, de Italia a Chile, eligió leer poemas signados por el dolor de una ausencia, de la muerte, de la guerra, la sangre y el horror.

«Alguien me preguntó si en este momento de sangre y violencia hay tiempo para la poesía» dijo Gabriel Chávez y comenzó a leer su poema «No» como respuesta. «Contra la muerte y el dolor y el mal, a pesar de la extensión de su reinado en ti y en mi, la belleza está en ti y en mi, no en esta flor» leyó.

El poeta palestino Najwan Darwish advirtió a los 50 jóvenes reunidos que escribió «El autobús de la pesadilla», basado en un suceso trágico, el camión en el que iban refugiados fue masacrado en 1982.

«Los vi rellenar bolsas de plástico con los cuerpos de mis tías/ En las esquinas de las bolsas se anega su sangre aún caliente/ (Pero no tengo ninguna tía)/ Supe que asesinaron a Natasha, mi hija de tres años/ (Pero no tengo ninguna hija)/ Me dijeron que violaron a mi esposa, arrastraron su cuerpo por las escaleras/ la tiraron en la calle/ (Pero ni siquiera estoy casado)/ De hecho esos son mis anteojos, los que fueron aplastados por sus botas/ (Pero yo no uso anteojos)».

El poeta termina y hay un silencio profundo en el jardín, encapsulado aún cuando alrededor continua el movimiento de una mañana estudiantil. La manta del reclamo que se escucha desde septiembre, se hace más visible.

Cada palabra de los poetas estremecía. El aplauso de los pocos, pero atentos jóvenes resonaba tras cada lectura. El final se reservó para Adonis.

«Homenaje a Beirut» es leído en español por una muchacha. El poeta sirio escucha atento como suena su obra en otro idioma.

«¿Acaso la vida es un error que el asesinato corrige?/ ¿Dónde hay un foso lo bastante grande para las lágrimas?/ ¿Dónde hay un agujero capaz de albergar el alma?/ El ser asesina al ser. ¿Esta bóveda celeste no tiene otro seno?». 

El poeta que ha escrito algunos de los libros más significativos de la poesía árabe de nuestro tiempo, como Canciones de Mihyar el de Damasco (1968), parece conmovido por el aplauso juvenil. «Gracias por invitarme a estar aquí, con ustedes», dijo y comenzó a recitar, en árabe y de memoria, el poema que termina con «Encenderé el astro de mis sueños».

Por Alida Piñón
Con información de El Universal

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