Lo que dicen y lo que hacen los políticos israelíes

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Lo que dicen y lo que hacen los políticos israelíes

“El Gobierno hará cualquier cosa con tal de sabotear las conversaciones de paz con los palestinos”, dijo Haaretz en un editorial del 11 de agosto tras la decisión de aprobar la construcción de un millar de viviendas en asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Oriental. En menos de dos semanas, el anuncio de la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos ha cobrado el cariz de costumbre. No importa lo ambiciosos que sean los objetivos (un acuerdo en nueve meses, nada menos), el punto de partida está viciado en origen. No sirve de nada decir que estás a favor de la paz, si no planteas, aunque sea de forma genérica, qué precio estás dispuesto a pagar para conseguirla.

Si hay que creer los resultados del último sondeo hecho en Israel, ese precio es tan bajo que impedirá cualquier éxito, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.

De entrada, hay que recordar que en los titulares en la prensa del país se destacaron los porcentajes atribuidos a ciudadanos israelíes judíos, lo que es bastante habitual en Israel. Para sacar conclusiones, se prescinde del 20% de la población (1.617.000 árabes viven en Israel), porque lo que interesa es conocer lo que opinan los judíos, en especial en este asunto. Los palestinos con ciudadanía israelí (o árabes israelíes, como se les suele denominar) no son un factor político que haya que considerar.

Muchas encuestas han dado en años anteriores porcentajes favorables a la idea de dos estados, y por tanto a la formación de un Estado palestino. Pero ese apoyo general se diluye cuando se plantea al encuestado hasta dónde quiere llegar en el precio. En el caso de este sondeo, el 63% se opone al regreso a las fronteras de 1967. El rechazo se mantiene, en un 58% si un hipotético acuerdo permite mantener los asentamientos de Ma’aleh Adumim (39.000 habitantes), Ariel (18.000) y Gush Etzion (una zona de 22 localidades al sur de Jerusalén con 70.000).

Es una constante en muchos sondeos el apoyo al concepto de los dos estados, pero con condiciones que harían casi imposible un pacto. Los políticos israelíes juegan sobre seguro.

Desde el anuncio promovido por John Kerry, se han producido los movimientos de fichas de costumbre, incluida la liberación de algunos presos. Eso ha dado lugar a algunos comentarios incómodos. Israel valora más la situación de los asentamientos que la pena que deben cumplir presos condenados por delitos de sangre. Sobre el primer punto, no sólo no se pueden hacer concesiones previas a la negociación (fácilmente reversibles si no tiene éxito), sino que se redobla la apuesta.

Las actas de las negociaciones anteriores publicadas por Al Jazeera en 2011 dejaron bastante clara la situación de gran debilidad de los interlocutores palestinos, además de la escasa ayuda que recibieron de los mediadores norteamericanos.

Años atrás, en 1992, Shamir tenía muy claro qué es lo que debía hacer para prolongar las negociaciones por tiempo indefinido y continuar mientras tanto la expansión de los asentamientos.

En 2010, Netanyahu explicó en una conversación privada que sabía cómo hacer la interpretación adecuada de los Acuerdos de Oslo para que una vuelta a las fronteras de 1967 fuera imposible.

Acaba de salir el libro ‘La cárcel identitaria. Fundamentalismo y nacionalismo en Israel y los países árabes’, de Eugenio García Gascón, publicado por Libros del K.O.

Eugenio, corresponsal en Jerusalén desde hace muchos años, suele explicar que con los dirigentes israelíes hay que prestar atención a lo que hacen, y no tanto a lo que dicen en público, una idea que por otro lado sirve para casi todos los políticos.

El libro es fundamentalmente un recorrido por los acontecimientos de 2008, cuando se produjo el amago de las negociaciones de Annapolis. Aunque algunos lo vendieron como un paso histórico, era necesario estar atentos a su arranque real para comprobar si había posibilidades reales de éxito. No hubo que esperar demasiado.

En esos días, Eugenio me decía (él era el corresponsal de Público en Jerusalén y yo, el redactor jefe de internacional) que no esperaba nada de ese gran acontecimiento y que no apreciaba sobre el terreno ningún cambio relevante. Los discursos eran estupendos. La realidad, la de siempre.

Aun así, yo le insistí en que debíamos hacer una cobertura amplia porque a veces sí importa lo que dicen los políticos. En el caso de EEUU, había una diferencia de consideración entre las palabras de George Bush y la política oficial de anteriores presidentes de EEUU sobre el derecho de los palestinos a su propio Estado.

No puedo decir que tuviera muchas esperanzas, pero al menos, si hubiera que decidir un ganador, se puede decir que Eugenio tenía más razón que yo en ese momento.

Por eso, no conviene dar tanta importancia a las declaraciones que han hecho posible este nuevo intento negociador. Sí a los hechos que se vayan produciendo y a un determinado contexto que parte de declaraciones como las de Shamir y Netanyahu, y que permite a algún periodista israelí cantar victoria y afirmar que se ha puesto fin a la pausa temporal en la construcción en Jerusalén de los últimos meses. ¿La paz? Son mucho más importantes las necesidades de vivienda de la ciudad, incluida en la zona ocupada desde 1967.

De entrada, estas negociaciones que aún no han comenzado ya han servido de coartada perfecta para proseguir con la expansión de los asentamientos. No puede haber mejor comienzo para Netanyahu.

Por Iñigo Sáenz de Ugarte

Con información de : El Diario

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