Ni golpe de Estado ni impaciencia

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Ni golpe de Estado ni impaciencia

Egipto. Mientras los medios occidentales retratan el derrocamiento del presidente egipcio Mohamed Morsi como un “golpe de Estado”, para la mayoría de los egipcios es simplemente la continuación de una revuelta popular que comenzó con el derrocamiento de Hosni Mubarak hace más de dos años.

Para esta mayoría, Morsi fue un líder electo no porque fuera la opción, sino por las circunstancias. Se le confió la realización de la revolución y falló, por lo que fue removido. El ejército, que gobernó durante un breve período del 2012, es conocido por su historia de represión y violencia contra los egipcios, pero esta semana los egipcios le dieron otra oportunidad. Si falla, están dispuestos a eliminarlo también.

Ehad Mehenna ha luchado por su país desde la revolución de 2011. No votó por nadie en esas elecciones. Al igual que muchos revolucionarios egipcios, no encontró a ningún candidato que represente el tipo de país que quiere ver después de la revolución. En marzo de este año, el hermano de Mehenna, de 27 años de edad, Abdul Halim Mehenna, fue asesinado por la policía egipcia en la ciudad obrera de Port Said. Mehenna apenas se había comprometido para casarse, y pasó al lado de una protesta contra el gobierno de la Hermandad Musulmana cuando la policía comenzó a disparar contra la multitud. Ningún oficial de policía fue detenido en ningún momento por este caso.

Esta semana, Mehenna se unió a las decenas de millones de personas en las protestas que derrocaron al gobierno electo en Egipto. Para Mehenna, la elección del ex presidente Mohamed Morsi simplemente no cumplió con los objetivos de la revolución. “Morsi no ha hecho nada para nadie más; sólo trabaja para su propio partido”, señala Mehenna. Apoya que el ejército se haga cargo porque cree que es la única opción que su país tiene en estos momentos. “Queremos que cualquiera sustituya a Morsi, incluso un burro será bienvenido”.

Después de tomar el poder hace un año, Morsi y su partido se hicieron cargo de las instituciones del Estado como si fueran la verdadera vanguardia de la revolución. Se abrió paso a una nueva Constitución para Egipto, a pesar de las objeciones de los grupos de la oposición liberal y cristiana. Los periodistas críticos fueron procesados bajo este mandato.

Más de 850 personas murieron durante la revolución de 2011 que derrocó a Mubarak, pero ni un solo funcionario de la policía fue declarado culpable de esa violencia. El fin de la represión policial fue una de las principales motivaciones de la revolución de enero de 2011, sin embargo, la tortura y la muerte a manos de las fuerzas de seguridad continuaron bajo el presidente Morsi, y ningún funcionario de seguridad responsable de crímenes anteriores fue procesado.

“No hay cambios sustanciales”, valora Khaled Fahmy, historiador de la Unversidad Americana de El Cairo. “La economía va mal. El objetivo no fue ni siquiera el crecimiento del producto interno bruto, sino cambiar las reglas del juego”.

Fahmy apunta que en lugar de entender por qué los egipcios presionan para que Morsi – el primer presidente electo democráticamente – deje el cargo, los medios occidentales fabrican una imagen de la oposición como impaciente. “No son malos perdedores”, precisa el historiador. “Son revolucionarios”.

Desde que asumió el poder en 2012, Morsi no logró rescatar a una economía en crisis que impacta tremendamente a los más pobres de Egipto. La moneda perdió un cuarto de su valor y las reservas de divisas pasaron de 36 mil millones de dólares a 16 millones desde la revolución. La inflación aumenta, por lo que el costo de los alimentos básicos como el pan, las verduras y la carne, quedan fuera del alcance de la mayoría de los egipcios.

Egipto no tuvo problemas de electricidad en las últimas décadas, pero en el último año, incluso grandes ciudades como El Cairo experimentan dos horas de cortes de energía diariamente. En los últimos meses, la masiva escasez de gasolina elevó los costos de transporte e hizo la vida difícil a decenas de millones de egipcios que viajan largas distancias para trabajar todos los días.

“La revolución debió resolver el hambre, la pobreza y la educación”, considera Bassam Abbas, de 38 años, líder de Manos del Mañana, un grupo que visita las comunidades de egipcios que están fuera del alcance de los partidos políticos para hablar de la revolución. Informa que la inflación dificulta la vida a los trabajadores asalariados. Un litro de leche, por ejemplo, casi duplicó su precio desde 2011. “Es difícil para mí, y eso que tengo un salario, así que es mucho peor para los más pobres”, valora.

Cuando la constitución egipcia fue desechada por Morsi, Abbas acampó durante 78 días en la plaza Tahrir para protestar, y ahora está de vuelta en una tienda de campaña en la plaza, presionando por la renuncia de Morsi. “La Constitución”, expone, “es un documento que define la relación entre el pueblo y el gobierno, y dice cuáles son mis derechos. La actual Constitución da demasiado poder al presidente y al ejército”. Él acoge con satisfacción el “golpe de Estado” porque no ve otra salida. Si el ejército tiene demasiado poder, él simplemente volverá a la Plaza Tahrir y los derrocará también.

La revolución egipcia de 2011 en realidad tiene sus raíces en Mahalla el Kubra, una zona fabril al norte de El Cairo. Desde 2006, los trabajadores protestaron para exigir mejores salarios y beneficios. En 2008, Hosni Mubarak fue reelegido para el cargo, en unas elecciones que todo el mundo consideró fraudulentas. Los trabajadores de Mahalla el Kubra organizaron una huelga y protestas importantes, y el 6 de abril de 2008, decenas de miles de trabajadores de las fábricas textiles se lanzaron a las calles, destruyendo imágenes gigantes y carteles de Mubarak. Las imágenes fueron difundidas por la televisión, y los egipcios se sorprendieron al ver a alguien protestar abiertamente contra Mubarak. Los trabajadores fueron brutalmente reprimidos, con saldo de multitud de heridos y muertos.

Egipcios jóvenes de todo el país comenzaron una campaña de solidaridad llamada Movimiento Juvenil 6 de Abril, para presionar por mejores salarios para los trabajadores. Amal Sharaf es uno de los co-fundadores del movimiento, y fue a la cárcel durante el régimen de Mubarak. Su grupo fue uno de los principales convocantes a las protestas del 25 de enero de 2011, que finalmente derrocaron a Mubarak. En las elecciones del 2012 apoyó a Morsi, pero ahora quiere que se vaya, incluso si el ejército tiene que hacerlo. Ella dice que presentaron una lista de 18 demandas a Morsi cuando asumió el cargo, pero él no se movió para hacer nada. “Traicionó a la revolución, traicionó a los egipcios –los asesinó-, detuvo a todo opositor y lo envió a jucio”, resume Sharaf. “Si quería beneficiar a Egipto, debió haberse ido”, sentencia.

 Por Umar Farooq

Traducción: Clayton Conn

Fuente : Desinformémonos

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