La ‘bruja’’que trabaja por los derechos de las mujeres en Somalia

'Mamá' Hawa delante de uno de sus centros.|UNCHR/ACNUR
‘Mamá’ Hawa delante de uno de sus centros.|©UNCHR/ACNUR

‘Mama’ Hawa se ríe con fuerza cuando se acuerda de que hace no mucho tiempo la gente de Galkayo (al norte de la provincia central de Somalia) la llamaba ‘bruja’. Era la manera que tenían de reaccionar ante la mujer que a finales de los años 90 empezó a hablarles de cosas tan misteriosas para la cultura somalí como lo injustificable de la violencia doméstica o el drama de la generalizada mutilación femenina.

«Cuando empecé los programas educativos y toda la campaña para empoderar a las mujeres y adolescentes, mucha gente decía que mi único objetivo era imponer la cultura occidental», explica ‘mama’ Hawa por teléfono desde esta región de Somalia, donde la inestabilidad le obliga muchos días a permanecer encerrada en su casa. «Sentían que había traicionado nuestra cultura y por eso empezaron a llamarme cosas», declara esta mujer somalí de 64 años, todavía sin abandonar la risa.

Las cosas cambiaron rápidamente cuando las primeras mujeres y jóvenes de Galkayo empezaron a beneficiarse de sus lecciones y en cuestión de poco tiempo la ‘bruja’ dejó de serlo para convertirse en ‘madre’, como se llama en África oriental a las mujeres que instigan respeto. Cosas de la vida, Hawa es la versión árabe para Eva, la primera hembra de la humanidad, la madre de todas las madres. Pareciera que el destino de esta enérgica mujer que lleva 40 años defendiendo los derechos de sus congéneres estuviera escrito hace mucho tiempo.

Recientemente galardonada por Acnur con el premio Nansen del Refugiado 2012, con una dotación de 100.000 dólares, ‘mama’ Hawa ha visto la guerra de frente en muchas ocasiones.

El estallido del conflicto civil somalí, en 1992, le pilló con 42 años, cuando ya tenía media vida hecha y una carrera consolidada gracias a su trabajo en el Ministerio de Educación de Somalia.

Aterrizó en Toronto (Canadá) con lo puesto y con el estigma social que siempre acompaña al refugiado, pero decidió que no se quedaría de brazos cruzados. En el nuevo continente, empezó a trabajar ayudando a la integración cultural a las miles de inmigrantes de la extensa diáspora somalí de Toronto, una de las mayores del mundo, convirtiéndose en lo que ella llama «trabajadora social».

Pero, ‘mama’ Hawa sentía que ese no era su lugar. «Veía las noticias en la televisión sobre Somalia y tenía la certeza de que mi labor tendría más utilidad en mi país, donde el sufrimiento era mayor«, declara esta mujer, que a lo largo de su carrera ha trabajado con estudiantes, analfabetas, madres, refugiadas, desplazadas e incluso mujeres relativamente ricas en Somalia. Cuando le preguntan por su labor, ella responde en alto: «¿Cómo se puede dar poder social, político y económico a las mujeres sin educación? Sin educación estás muerto«.

De nuevo en Somalia, en 1995 levantó los pilares para un centro educativo en la ciudad costera de Kismayo (importante puerto del centro del país), pero en 1999 las milicias invadieron la urbe y arrasaron con todo lo que había en el edificio.

Huyendo de la guerra acabó en Galkayo, donde lleva 14 años ofreciendo educación primaria, secundaria y para adultos de forma totalmente gratuita. Desde entonces, más de 35.000 mujeres y menores se han beneficiado de sus programas en un lugar donde ‘mama’ Hawa recuerda «se podría hacer mucho más si no existiera la inestabilidad permanente». «Uno de los principales retos es la ausencia del imperio de la ley; el gobierno es muy débil. No existe ley ni orden», cuenta a través del teléfono.

Un vacío legal e institucional provocado por el conflicto continuado que ha convertido a los jóvenes somalíes en personas «sin referentes ni modelos sociales, sin aptitudes para la vida, sin oportunidades ni ambiciones», explica ‘mama’ Hawa, que lamenta «el elevado nivel de decadencia moral» que sufre su país, convertido en titulares internacionales debido a la piratería en sus aguas y a los radicales islamistas.

Con el objetivo de combatir el desencanto de las generaciones somalíes más jóvenes, ‘mama’ Hawa ha decidido invertir el dinero de Acnur en la construcción de un centro recreacional con instalaciones como una biblioteca y un centro deportivo además de un dormitorio para alojar a los desplazados que huyen de la violencia en la región meridional del país.

Por Joana Socias
Fuente: El Mundo

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