Mitos israelíes: palestinos se exiliaron en 1948 por propia voluntad

Otro mito raigal de la historiografía oficial israelí es aquel según el cual los palestinos que marcharon al exilio en 1948 lo hicieron por propia voluntad, instigados por los líderes de los Estados árabes que participaron en la guerra de ese año. Aunque no siempre se hace explícito, el corolario de esa tesis es que esos refugiados, (que representaban más de la mitad de la población palestina de la época), no tienen derecho a regresar a sus tierras y reclamar sus propiedades, (o en su defecto, a ser compensados por las pérdidas que sufrieron, según reza una resolución de Naciones Unidas).

El punto crucial aquí es que la causa por la cual los palestinos abandonaron sus propiedades y lugar de residencia en 1948 es absolutamente irrelevante para efectos de establecer su derecho a retornar y tomar posesión de ellos. Pero aunque el establecer la verdadera causa de aquel éxodo sea en realidad un asunto menor, no deja de ser ilustrativo del grado en el que la versión israelí de los hechos desafía el sentido de la realidad habitualmente asociado con la cordura.


Olvidemos por un momento la historia y apelemos al sentido común. Lo que Israel pretende hacernos creer es que cerca de 800.000 personas decidieron súbitamente abandonar sin motivo aparente una tierra cuyos ancestros habían habitado por más de un milenio, (cuando menos), y en la que se encontraba su fuente cotidiana de sustento. A cambio de ello fueron a vivir a tierras lejanas, en un entorno extraño y hostil, bajo el único amparo de las carpas proporcionadas por organizaciones humanitarias, sin saber si tendrían qué comer al día siguiente.

Tal recuento de los acontecimientos además omite hechos que, para cualquier observador dotado de una inteligencia promedio, proporcionarían una explicación bastante más verosímil del éxodo, por ejemplo, que había una guerra en curso, que los palestinos estaban perdiendo esa guerra y que en el transcurso de la guerra se perpetraron contra los civiles palestinos masacres como la de Deir Yassin, (documentada por el enviado de Naciones Unidas Folke Bernadotte y en la que murieron más de 200 personas).

En ese contexto, justificar la expoliación de los refugiados es equivalente a justificar la confiscación de las propiedades de aquellos judíos que huyeron de Alemania tras la Noche de los Cristales Rotos.

Pero en términos estrictamente historiográficos, la explicación oficial israelí del éxodo palestino no resiste el menor análisis. En primer lugar, porque el éxodo palestino se inició meses antes de la presunta invocación radial que los líderes árabes habrían hecho en favor de esa estampida como antesala de la incursión de sus tropas en mayo de 1948.

En segundo lugar, porque la mentada invocación radial jamás existió, como prueba el estudio realizado por el historiador irlandés Erskine Childers, 1 quien hurgó por meses en los archivos radiofónicos tanto de estaciones de radio, (desde estaciones locales hasta la BBC de Londres), como de agencias gubernamentales, sin hallar rastro alguno de ella, (encontró más bien invocaciones para que los civiles palestinos permanecieran en su lugar de residencia).

En tercer lugar, porque, como demuestra la evidencia documental recopilada por el historiador israelí Benny Morris, 2 existieron órdenes
expresas durante el conflicto de expulsar a civiles palestinos que residían en determinadas zonas, así como informes posteriores de las propias fuerzas armadas israelíes que dan cuenta de los motivos del éxodo.


Por último, porque, como documenta el mismo Morris, una vez producido el éxodo hubo una política deliberada de destrucción de cultivos y aldeas para que gran parte de los refugiados palestinos no tuviera lugar alguno al cual volver.

Mientras escribo estas líneas la sangre sigue corriendo en la región, la mayor parte de ella vertida por palestinos. Podría pensarse entonces que, ante los apremios del presente, remitirse a la historia resulta una digresión francamente trivial. Pero en realidad lo trivial es suponer que la historia no se hace carne en la mente y las entrañas de sus protagonistas, tendiendo así un manto ominoso sobre el presente.

En mi opinión, una razón medular por la que la mayoría de los israelíes es incapaz de entender las motivaciones de los palestinos es porque, tras sumergirse en su propia versión de la historia, emergen de ella en un estado de gracia, fuera del alcance de cualquier reproche mundano.

El más reciente entre estos reconfortantes mitos nacionales nos remite al tema de las negociaciones entre palestinos e israelíes y a la presunta negativa de los primeros a aceptar una propuesta israelí que les concedía la virtual totalidad de sus demandas.

Por Farid Kahhat


Notas:

  1. Citado en HITCHENS, Christopher. «Broadcasts». En: SAlO, Edward y Christopher Hitchens (eds.). Blaming the Victims, Spurious Schu/arship and the Paleslinian Queslion. Londres y Nueva York: Verso, 1988.
  2. MORRIS, Benny. The Birth of the Palestinian Refúgee Problem, 19-17-19-19. Cambridge University Press, 1989.

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