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Antiguos pueblos de Oriente Medio – Las ciudades de la Gran Sûrya

Ugarit

Ugarit era una próspera ciudad cosmopolita en el segundo milenio a.C., situada en un montículo conocido como Ras Shamra, en la costa mediterránea de lo que actualmente es el norte de Siria. Abarcaba un territorio de aproximadamente 60 kilómetros desde el monte Casio en el norte hasta Tell Sukas en el sur, y de 30 a 50 kilómetros desde el Mediterráneo en el oeste hasta el valle del Orontes en el este.

Las Ciudades más antiguas

En las regiones costeras del Levante mediterráneo prosperaron, a lo largo de II milenio aC, diversas ciudades –estado, como Ugarit, Byblos, Alalakh, Karkemish o Tell Abu Hawan, que basaban su esplendor en las actividades comerciales y sobre todo en la eficacia de sus complejos sistemas administrativos. En todas ellas aparecieron minorías hegemónicas que desarrollaron el sistema parcial como forma de control político, social y económico instaurando verdaderas dinastías que llegaron a tener relaciones comerciales y diplomáticas con los grandes Estados del entorno. En estas ciudades convergían las culturas cananeas, hititas, amorreas, fenicias, egipcias entre otras. Sin lugar a dudas, la cuna de la civilización en la Edad de Bronce que dejó un legado de valor incalculable para toda la civilización de Oriente Medio.

Ugarit, la cuna de la escritura

 La ciudad cananea de Ugarit (o Ras Shamra), en la costa de Siria, (cerca de la actual Latakia), descubierta y excavada por C. Schaeffer en 1929, llega a su apogeo en el II milenio a.C. Sus relaciones comerciales incluían hititas y egipcios, así como las tierras del interior, por donde se comunicaba con Mesopotamia a través de centros intermedios, como Ebla, (Siria).

Su puerto de Minet-el-Beida conoció entonces una desbordante actividad gracias a su potente flota, convirtiendo a la ciudad  en el principal enclave portuario y comercial del Levante mediterráneo, desde el que se exportaba grano, aceite, vino, madera, cerámica y objetos suntuarios a diversos lugares del Mediterráneo. Pero además, Ugarit controlaba un territorio de unos dos mil kilómetros cuadrados, dedicado a las actividades agrícolas y ganaderas. Su apogeo urbano se centra entre 1400 y 1182 a.C., cuando se inicia la dinastía real del Bronce reciente, con el reinado de Amistamru I, finalizando con el de Ammurapi, poco antes de ser destruída por los “Pueblos del Mar”.

Ugarit se extendía sobre 20 hectáreas y tenía entonces, hacia mediados del II milenio a.C., un complejo palacial que ocupaba unos diez mil metros cuadrados, con amplias estancias, sala de recepciones, biblioteca y estancias reales dotadas de agua corriente mediante un complejo y eficaz sistema de canalización.


Ugarit

Baal, el señor de Ugarit

El gran templo de la ciudad estaba consagrado a Baal “señor” de Ugarit. Su entramado urbano estaba dotado de calles enlosadas y se distribuía por barrios. Las casas señoriales de los ricos comerciantes y de la nobleza contaban con amplias estancias y espacios para el almacenamiento. Muchas de ellas contaban con un hipogeo bajo el piso de la vivienda, con una entrada por medio de un corredor descendente dotado de escaleras, donde se inhumaban a los difuntos con ricos ajuares funerarios que   denotaban su elevada condición social. Otros barrios eran de trabajadores portuarios y de comerciantes. La ciudad estaba rodeada de una gran muralla pétrea con una amplia puerta principal en bóveda por aproximación de hiladas pétreas, al estilo hitita.

El alfabeto Ugarítico

En el contexto de sus sistema palacial se comenzó a utilizar la escritura, primero acádica, de origen mesopotámico, que muy pronto se convirtió en alfabética, con 30 letras que se ampliaron a 32 a inicios del siglo XIV a. C. La escritura ugarítica fue la primera escritura alfabética en el mediterráneo, de la que partieron otros sistemas posteriores. Ha sido considerada por algunos autores como la base de la escritura fenicia y de otros sistemas contemporáneos. La lectura de los archivos de Ugarit supuso una revelación en muchos aspectos, puesto que los textos literarios, en los que, además de la administración palacial se recogían mitos, leyendas y tradiciones ugaríticas, han puesto de manifiesto que el origen de algunos textos bíblicos posteriores como los salmos del Rey David parecen proceder de poemas ya conocidos en Ras Shamra.

Ugarit alcanzó su apogeo entre 1400 y 1200 a.C. Por entonces sus relaciones comerciales incluían las orillas del Mediterráneo oriental, desde Chipre a Egipto y por el interior, a través de Alalakh y Khalba, llegaban a Karkemish y por el hasta Mari, como punto intermedio hacia el valle medio del Éufrates. Poco después tras la batalla de Kadesh entre hititas y egipcios por el dominio de la franja levantina (1286 a.C.), la ciudad quedó bajo la órbita hitita convirtiéndose en tributaria de Hattusha. Poco después de 1200 a.C- fue destruída, cuando las incursiones de los “Pueblos del Mar” llegaron   hasta la costa siria, coincidiendo con la crisis generalizada en el Mediterráneo oriental. El final definitivo de Ugarit se atribuye a un jefe libio llamado Sheshou, que hacia 935 se apodera de la ciudad, pasando a ser fenicia, (con la infraestructura portuaria intacta), posteriormente  griega y, por fin, romana.


Byblos Ciudad Estado de las costas Libanesas

En la costa libanesa la ciudad-estado de Byblos, con sus dos puertos comerciales, desempeñó un papel semejante, muy relacionado con Ugarit, Egipto y centros del interior, como Ebla, que también le servía de enlace con los Estados de Mesopotamia. A inicios del II milenio a.C. alcanzó un primer momento de apogeo como capital urrita, estableciendo una red de relaciones comerciales que llegaba hasta Egipto, Anatolia y Mesopotamia. A mediados del milenio estaba rodeada de un complejo de murallas y tenía dos santuarios y un gran templo consagrado a Baalat Gebal. En su barrio noble había un gran palacio con diversas dependencias y una biblioteca en la que se guardaban documentos escritos en jeroglífico de origen egipcio; sus señores se hacían enterrar en grandes hipogeos excavados en la roca con suntuosos ajuares funerarios.

En uno de sus barrios hubo una delegación de comerciantes egipcios. También se aprecia una fuerte influencia hitita, perceptible en algunos materiales arqueológicos, como el conocido sarcófago del rey Ahiram, jalonado con figuras de leones como los de Hattusha. Sus relaciones con Micenas, en el Peloponeso, también quedan reflejadas en los vasos cerámicos con asas de estribo y en los marfiles decorados al estilo micénico, así como en los hallados en la tumba del rey Ahiram, del siglo XIII a.C. Su esplendor  llega hasta la crisis de finales del milenio, cuando también es destruida por las incursiones de los “Pueblos del Mar”, como otros centros cananeos y amorreos del Levante.

Ugarit

Ebla, la ciudad de las caravanas

Algo más al interior, en los límites del desierto de Siria, la ciudad-estado de Ebla, (Tell Mardikh), alcanzó también sus momento de plenitud entre 1500 y 1350 a.C., configurándose como un gran centro de poder situado en una zona estratégica de la ruta caravanera que unía el norte de Siria con Jordania, Palestina y Mesopotamia con las costas mediterráneas. Entre sus materiales, la misión italiana que excavó el yacimiento entre 1985 y 1990 ha encontrado objetos de la Baja Mesopotamia, de los puertos mediterráneos de Ugarit , Byblos y de otros puntos de Siria e Irak, que se encuentran en los museos arqueológicos de Alepo, Damasco e Ibilch.

Un gran complejo palacial, con archivo de documentos, presidía el centro de la ciudad, que estaba rodeada de una larga muralla en todo su amplio perímetro, en el que se ha calculado una población de más de tres mil personas, dos grandes templos, dependencias de almacenamiento y puestos caravaneros para los comerciantes.


Alalakh, un puente  entre Europa y Medio Oriente

En el sureste de Turquía, en las fronteras con Siria, la ciudad de Alalakh, (Tell Atchana, llanura de Amuq), excavada por Sir Leonard Wooley  y el British Museum del Levante, situado en la intersección de dos grandes rutas comerciales de la Edad de Bronce: la que unía Oriente Medio y Europa, por un lado, y la que unía Anatolia y el Levante Mediterráneo, por otro.

En su fase de esplendor, entre 1700 y 1500 a.C., contaba con un complejo palacial, que había sido construido ya en la fase del nivel XII (2700-2350 a.C.), con los archivos y almacenes que estaba rodeada de una muralla con un acceso porticado decorado con leones esculpidos.

 El palacio  de su fase final (nivel VII), contaba con un archivo en el que había documentos escritos en cuneiforme, en los que se relatan sus relaciones con otras ciudades-estados y reinos entre ellos el de Yamkhad, (Alepo, Siria). Algunas estancias de su palacio estaban decoradas con frescos de estilo semejante a los del palacio de Cnossos en Creta, aunque por lo menos un siglo anteriores a aquellos. Aunque se detecta una destrucción de la ciudad entre 1650 y 1630 a.C. atribuida a una incursión de Hatusilis I de Hattusa, la ciudad se recuperó y continuó con sus actividades hasta finales de la Edad de Bronce.

Por J.J Eiroa

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Restauración de piezas arqueológicas en Palmira destruidas por Daesh

León de Palmira

La Dirección General de Antigüedades y Museos continúa restaurando las piezas arqueológicas de Palmira, en el museo nacional de Damasco.

Las piezas fueron destrozadas a manos de la organización terrorista de DAESH.

El Director General de Antigüedades y Museos Dr. Mahmoud Hamoud, dijo que ´se está utilizando los medios más sofisticados y la tecnología moderna avanzada en las obras de restauración’.

Recordó que el año pasado, el taller, en colaboración con un equipo de expertos de Polonia, lograron restaurar la estatua de león Al-Lat de más de 2.000 años de antigüedad.


La pieza, que pesaba 15 toneladas y medía 3,5 metros de alto, fue destruida y estaba ubicada en el jardín del Museo de Palmira, que se localiza cerca de las ruinas grecorromanas que han hecho famosa a esta ciudad del este de la provincia central de Homs.

Ocho estatuas de hombres y mujeres, procedentes de la antigua Palmira, y que adornaban tumbas en Manbech, un bastión del E.I en la provincia de Alepo, fueron destruidas por los extremistas.

Los radicales volaron dos santuarios islámicos en Palmira, que estaban fuera de la zona monumental.

Esta localidad es uno de los seis sitios sirios incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Palmira fue en los siglos I y II d.C. uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria.

Antes del inicio de la contienda, en marzo del 2011, sus ruinas eran una de las principales atracciones turísticas del país y de la región.

El E.I, que a mediados de mayo de 2015 se hizo con el control de la población de Palmira y de la zona monumental, difundió el 26 de mayo de ese mismo año, un vídeo con supuestas imágenes de las ruinas en el que aparentemente no se apreciaban daños.

El Dr. Mahmoud Hamoud  reveló que se enviará una misión nacional a la ciudad de Busra Cham para realizar un estudio arqueológico de la ciudad a fin de evaluar los daños que sufrió a mano de los terroristas.

Con información de Sana


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En busca de la tumba de Alejandro Magno

Hallaron en Alejandría, Egipto, un sarcófago negro de 2.000 años de antigüedad que podría ser de uno de los hombres más poderosos de la historia de la humanidad, Alejandro Magno.

En el ataúd, de casi tres metros de largo, encontraron una momia que data de la época ptolemaica, período que se extiende desde el año 305 hasta el 30 a.C. Los investigadores quedaron sorprendidos por el estado de conservación, se pudo observar únicamente un ligero deterioro en los huesos y el cráneo.

El organismo que se encuentra trabajando en la tarea de identificar el cuerpo es el Consejo Supremo de Antigüedades.

El hallazgo tuvo lugar cuando se limpiaba la zona para la construcción de un nuevo edificio.

Expertos indicaron que podría tratarse del sitio de entierro de Alejandro Magno, rey del antiguo reino griego de Macedonia, quien vivió entre los años 356 y 323 a.C y el lugar del sepulcro fue un misterio.

El hallazgo ha generado especulación sobre la posibilidad de que sea la tumba perdida de Alejandro Magno, el rey de Macedonia que conquistó gran parte del mundo antiguo.

«Si se trata de la tumba de Alejandro Magno, sería uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos».

«Esperamos que esta tumba pertenezca a uno de los grandes dignatarios de su período» compartió el Dr. Ashmawy.

Con información de La Voz


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El templo de Cleopatra – Un hallazgo arqueológico

Se han hallado los restos arqueológicos de lo que parece ser el antiguo templo de Cleopatra, bajo las aguas que costean la ciudad de Alejandría, (Egipto). En el año 1996, el arqueólogo sub-acuático Frank Goddio estaba realizando una exploración en el mar Mediterráneo, cuando se encontró con el conjunto de palacios de la faraona, que al parecer se hundió a causa de un terremoto devastador y un posterior maremoto.


El templo sumergido por 1.600 años

El arqueólogo llevaba trabajando junto a su equipo desde los años 90 frente  las costas egipcias del Mediterráneo, y calcula que el templo podría llevar sumergido más de 1.600 años. La ciudad de Alejandría fue fundada en el año 331 a. C. por Alejandro Magno, y sirvió de hogar para la última faraona de Egipto, Cleopatra VII. Alejandría era una ciudad conocida por sus espléndidos palacios y templos, con una población de 100.000 personas. En la costa se construyó el famoso faro de 130 metros de altura, y su biblioteca llegó a albergar cerca de 500.000 papiros. Su destrucción se asocia a un terrible terremoto-tsunami que la hundió bajo el mar, y dejó gran parte del territorio bajo las aguas del Mediterráneo. Numerosos escritos de hace 2.000 años hablan de esta catástrofe, dejando constancia de lo que allí sucedió. En el lugar se han encontrado todo tipo de objetos de uso cotidiano y monedas de la época faraónica, algunas de los cuales fechan del año 30 a. C. Muchos de sus tesoros están completamente intactos, cubiertos de sedimento que los han protegido del agua salada hasta el día de hoy.



Con información de La Piedra del Misterio


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La ciudad perdida de Qalatga Darband

La ciudad perdida de Qalatga Darband

Arqueólogos británicos encontraron la ciudad  de Qalatga Darband, perdida durante más de 2.000 años en el actual Irak, y que se cree fue fundada nada menos que por Alejandro Magno, tras la famosa batalla contra Darío III.

Trabajos arqueológicos

Los trabajos comenzaron en el año 2016 y se estima que duren por lo menos hasta 2020. Qalatga Darband se halla a orillas del lago Dokan, formado por una presa construida en 1959, a 10 kilómetros al sureste de Rania, en la provincia de Sulaimaniya, y según los investigadores habría sido un importante centro de comercio de vino, abasteciendo a mercaderes y soldados en la ruta de Irán al norte de Mesopotamia.

El descubrimiento se produjo gracias a la desclasificación de fotografías tomadas por satélites espías en los años 60, desclasificación que tuvo lugar en 1996. Sin embargo hasta ahora los arqueólogos no habían podido acceder al sitio.

Las primeras inspecciones del yacimiento, que ocupa unas 60 hectáreas, se realizaron mediante drones, y posteriormente el trabajo de campo ha revelado restos de grandes edificios, un muro fortificado y pesos y prensas de piedra que pudieron ser utilizadas en la producción de vino o aceite.


Entre las piezas encontradas también hay esculturas, una posiblemente de Perséfone y otra de Adonis. No se ha realizado todavía una datación, pero los arqueólogos opinan que pueden ser del siglo I o II a.C.

Una moneda encontrada en el yacimiento lleva la efigie del rey parto Orodes II, que gobernó entre el 57 y el 37 a.C., lo que indicaría que la ciudad continuaba habitada muchos años después de la época de Alejandro Magno.

Dos de los edificios hallados presentan muestras del uso de elementos de tradición arquitectónica greco-romana, incluido el uso de tejas de barro cocido. En un gran montículo en el extremo sur aparecieron los restos de un edificio monumental con los restos de las estatuas mencionadas, lo que indicaría que puede ser un templo.

A falta de un análisis exhaustivo, las primeras impresiones de los arqueólogos son que la ciudad de Qalatga Darband pudo ser fundada en el año 331 a.C. por Alejandro, y que posteriormente alojaría hasta 3.000 veteranos de sus campañas.

Con información de  The British Museum


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El misterio del ejército perdido del rey Cambises

Rey persa Cambises II

En el año 525 a.C. el rey persa Cambises envió un poderoso ejército de 50.000 soldados para destruir el Templo de Amón en el Oasis de Siwa, Egipto, tras la negativa de los sacerdotes a reconocer el derecho de Cambises a gobernar Egipto.

Cincuenta mil soldados del ejército de Cambises fueron devorados por las arenas del desierto egipcio. Se cree, por haber subestimado el poder del oráculo de Amón en Siwa. Tras recorrer el desierto durante siete días, el fabuloso ejército llegó a un oasis, que los historiadores creen debió ser El-Kharga. Después de que lo abandonasen nunca más se volvió a saber de ellos. Desaparecieron por completo, como si se los hubiera tragado la tierra.

El Oráculo de Amón

Cuando el rey persa Cambises II, hijo de Ciro II el Grande, decidió conquistar Egipto en el año 525 a. C., no calculó o no supo valorar las catastróficas consecuencias que esta campaña podían acarrear en su ejército. Tras la conquista de Asia por su padre, el único país que quedaba por caer dentro del imperio persa era, precisamente, Egipto. Por ello, Cambises no tardó en planear una expedición hacia el Valle del Nilo. Y la verdad es que los hechos demuestran que no le costó mucho deshacerse del faraón que por entonces reinaba en Egipto, Psamético III, y llegar hasta Nubia, al sur del país.

Pero Cambises anhelaba poseer hasta el último grano de arena del desierto faraónico. Fue entonces cuando el rey persa oyó hablar del oráculo que desde Ammonium lanzaban contra él. La estatua del dios era transportada sobre una barca dorada y dependiendo de la pregunta que se le hiciera movía la cabeza en un sentido o en otro, gesto que se encargaban los sacerdotes de interpretar. Según el vaticinio, el trágico final de Cambises estaba al llegar, así como la terminación de su gobierno sobre Egipto.

Haciendo gala de su carácter despótico y sacrílego, Cambises se rió del pronóstico del oráculo y, furioso, mandó un ejército de 50.000 hombres para destruir y someter a los habitantes del oráculo de Amón. El historiador Heródoto (s. V a. C.) relata con detalles lo que le ocurrió al ejército de Cambises.


La Historia según Herodoto

Una vez conquistadas las grandes ciudades de las riberas del Nilo, Cambises mandó una triple expedición: contra los cartagineses, contra los amonios, (lo habitantes del oasis de Siwa), y contra los etíopes. En concreto, Heródoto dice, que hizo enviar contra los amonios lo más selecto de su infantería. Una expedición de casi 50.000 hombres que jamás llegarían a su destino debido a que el propio dios Amón vino desde su reino celestial para aplastarlos.

El historiador griego relata que “las tropas que habían sido enviadas para atacar a los amonios, después de haber partido de Tebas, poniéndose en camino con unos guías, llegaron, sin ningún género de dudas, a la ciudad de Oasis, (la actual Kharga), ciudad que ocupan unos samios que, según cuentan, pertenecen a la tribu Escrionia y que distan de Tebas siete jornadas de camino a través de una zona desértica (…) Según cuentan, hasta ese lugar llegó, pues, el ejército; pero, a partir de allí, a excepción de los propios amonios y de quienes se lo han oído contar a estos últimos, nadie más sabe decir nada sobre su suerte, pues las tropas no llegaron al territorio de los amonios ni regresaron a su punto de partida. La versión que dan los amonios es la siguiente: cuando desde la mencionada ciudad de Oasis, (Kharga), se dirigían contra ellos a través del desierto y estaban, más o menos, a mitad de camino entre su país y Oasis, se desató sobre los persas, mientras estaban tomando almuerzo, un viento del sur sumamente violento, que, arrastrando torbellinos de arena, los sepultó, y así fue como desaparecieron” (Hdt. 3, 26, 1-3).

Mapa del Imperio Persa

La Mesa del Sol Etíope

Los infortunios de Cambises no acabaron con el desastre de Siwa. Según relató el geógrafo griego Estrabón, que visitó Egipto en el siglo I antes de nuestra Era, el ejército que Cambises mandó para conquistar a los etíopes tampoco tuvo un buen final. El contingente en realidad estaba compuesto por un pequeño grupo de espías que pretendía encontrar la misteriosa Mesa del Sol, una extraña reliquia que se levantaba en el interior de un santuario cerca de la capital de Kush, (la Etiopía de los autores clásicos), ciudad que podríamos identificar bien con Meroe o bien con la antigua Napata. Y hasta ese lejano lugar llegó la maldición de Amón.

Estrabón al hablar de las circunstancias que rodearon a las legiones romanas de Elio Galo en el sur de Egipto contra la mítica reina etíope Candace, una insólita mujer tuerta de comportamiento varonil, cuenta que “desde Pselchis fue hasta Premmis, (dos poblaciones de Etiopía), una ciudad fortificada, después de pasar por las dunas de arena, en donde el ejército de Cambises fue aplastado cuando les sorprendió una tormenta de arena” (17, 1, 54).

Los Dioses Griegos

Los persas no solamente tuvieron problemas con los oráculos egipcios sino que también se vieron derrotados por su soberbia al enfrentarse a los dioses griegos. En la antigua ciudad de Delfos existía el emplazamiento del famoso oráculo del dios Apolo, el segundo en importancia después del de Amón. Se encontraba en un lugar estratégico de la ladera suroccidental del monte Parnaso, en la región de Fócida, a casi 10 kilómetros del golfo de Corinto.

Heródoto cuenta que los persas de Jerjes quisieron destruir el oráculo del dios griego, por lo que emprendieron el camino hasta el Parnaso. La razón era idéntica a la que les había llevado a destruir el oráculo de Siwa: un oráculo anunciaba la destrucción de los persas. Heródoto dice que, (8, 35, 2), al llegar los persas al monumento se encontraron estupefactos que las armas sagradas de Apolo habían sido depositadas de forma sobrenatural frente a las puertas del templo. Además, “a la altura del santuario de [Atenea] Pronaia, de repente, (estando el cielo totalmente despejado), unos rayos procedentes del cielo cayeron sobre ellos (…) aplastando a gran cantidad de soldados”. Los pocos efectivos del ejército persa pudieron contar que al mismo tiempo “dos hoplitas de una altura sobrehumana se lanzaron a por ellos y estuvieron matándolos y persiguiéndolos”.

Oráculo de Siwa

El Manuscrito de Siwa

Existe un documento llamado el Manuscrito de Siwa en donde se recogen algunos de los acontecimientos más extraordinarios ocurridos a lo largo de la historia de este oasis. En él se puede leer como lo mismo que sucedió a Cambises pasó años después a dos ejércitos distintos. El primero era una tropa que salió del lugar con el fin de contrarrestar la acción de los invasores musulmanes. Sin embargo, nunca pudo llegar a su destino porque, al igual que sucedió en el año 525 a. C., una tormenta de arena se tragó a todos los soldados.


La maldición de los Dioses Egipcios

La propia historia de las legiones romanas está plagada de acontecimientos similares en los que, burlándose de los poderes de los dioses egipcios, a los que llamaban bestias por su aspecto zoomorfo, acabaron sus días bajo las arenas del desierto.

Otro  hecho documentado, sucedió a un grupo de soldados de la tribu Tibbu, habitantes de los gigantescos oasis que se extienden al sur del Gran Mar de Arena, en el desierto occidental, y que se dirigían hasta Siwa con las mismas intenciones que Cambises: destruir el lugar y hacer prisioneros a todos sus habitantes. Pero al final corrieron la misma suerte que el rey persa. Los Tibbu perdieron todas sus huestes entre las dunas del tórrido desierto egipcio. El egiptólogo Ahmed Fakhry defiende que estos dos casos pueden ser perfectamente ciertos, si bien hayan recibido alguna influencia de lo sucedido con el ejército de Cambises a la hora de ambientar la historia.

Restos arqueológicos del Ejército perdido

Veinticinco siglos después, un grupo de arqueólogos parece haber descubierto restos de las milicias, comenzando a vislumbrar los entresijos de este enigmático suceso.

Hasta nuestros días es uno de los misterios más fascinantes de la Historia de la Humanidad, puede que esté a punto de resolverse. Según leo en Dienekes una expedición de la Universidad de Lecce, comandada por Angelo y Alfredo Castiglioni, dice haber descubierto en el desierto huesos, joyas y armas que podrían ser los restos de la armada de Cambises.

Son cientos de huesos humanos, armas de bronce, brazaletes de plata, pendientes, que han permanecido enterrados en las arenas del Sahara por siglos. La hipótesis que se baraja es que el ejército pudo ser sorprendido por una gigastesca tormenta de arena.

Recientemente, mientras realizaba prospecciones en busca de petróleo, el equipo geológico de la Universidad de Helwan descubrió en el desierto oriental, cerca de Siwa, fragmentos textiles perfectamente conservados, trozos de metal de armas antiguas y numerosos restos humanos. Tras avisar del increíble hallazgo al Dr. Mohammed al-Saghir del Consejo Superior para las Antigüedades de Egipto, de inmediato se organizó una expedición arqueológica. Según la ubicación del hallazgo y el relato de Heródoto, repetido siglos después por Plutarco en la Vida de Alejandro, todo parece indicar que se trata de los restos del ejército de Cambises. Un hecho que abandona el mundo de la leyenda para convertirse en realidad.

Con información de La Brujula Verde


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Jericó- La ciudad habitada más antigua de la historia

Ciudad de Jericó

Jericó está situada a orillas del río Jordán, ubicada en la parte inferior de la cuesta que conduce a la montañosa meseta de Jerusalén, en la cordillera central de Palestina, a unos 8 km de la costa septentrional de la cuenca seca del Mar Muerto.

Durante el último siglo, cuatro arqueólogos destacados han excavado en el sitio: Carl Watzinger (1907-1909), John Garstang (fines de la década de 1930), Kathleen Kenyon (1952-1958) y, actualmente, Bryant Wood. El resultado de estos trabajos ha sido notable.

Primero, descubrieron que Jericó tenía un sistema de fortificaciones impresionante. Un muro de retención de cinco metros de altura rodeaba la ciudad. Encima del muro, había un muro de ladrillos de unos dos metros y medio, fortalecido por detrás por un murallón de tierra.

Primera ciudad de Cisjordania que entró al régimen de la Autonomía Palestina durante el fracasado proceso de paz de Oslo entre 1993 y 2000, Jericó fue también la localidad menos afectada por la Intifada de Al-Aksa y, con excepción de un breve período de dos o tres meses, emergió como una isla de paz en medio del mar de violencia que sacudió la región a principios del siglo XXI.

Su regente insiste en que la ciudad es ahora «totalmente segura» y recuerda que los últimos esfuerzos por la paz en Oriente Medio condujeron a la supresión de los controles israelíes, que se localizaban a la entrada de la misma.


La ciudad más antigua

Jericó, la ciudad habitada más antigua del mundo y también la más baja del planeta, cumple sus primeros 10.000 años en pleno apogeo turístico y una variada oferta arqueológica que traslada al visitante desde la modernidad hasta los esotéricos rituales de la remota cultura natufiense, pertenecientes a una cultura anterior a 9.000 A.C. y a los que siguieron una serie de tribus del periodo Neolítico Pre-Cerámico, las cuales dejaron edificaciones aún visibles en el yacimiento de Tel As-Sultán.

Los restos arqueológicos muestran la expansión de sus murallas realizadas aproximadamente en el 1.700 A.C., un indicio de prosperidad, pero Jericó fue de nuevo destruida 150 años después y quedó abandonada hasta el Siglo IX antes de nuestra era.

Como mancha verde en un amarillento desierto, Jericó se encuentra en el valle del degradado río Jordán, un nombre que recogido por la Biblia ha impregnado de misticismo toda la región desde tiempos inmemoriales.

Jericó

El origen de Jericó

Sus denominaciones semitas –«ariha» en árabe y «yerijó» en hebreo- palabras que, según otras teorías, también podrían aludir a la «fragancia» que se respira en el principal oasis del valle del Jordán, donde se mezclan el perfume de azahar y los aromas cítricos.

Según relatos bíblicos, Josué y los israelitas armaron un tumulto que derrumbó las murallas de Jericó, ciudad de Canaán. Las murallas a las que hace referencia cuentan conde 3.200 años de antigüedad. Estaban construidas sobre otras, que a su vez se levantaron sobre otras. Tal vez allí resida la razón de la facilidad con que cayeron a la llegada de Josué y su cuadrilla armada.

Declarada la ciudad más antigua del mundo hallada hasta ahora, anterior aún a las antiguas civilizaciones de los ríos Tigris y Éufrates situados en el actual Irak.

Estudios arqueológicos sostienen que Jericó era más un pueblo que una ciudad, pues no hay evidencias de una gran sociedad urbana. Aun así, Jericó, ubicada en un oasis alimentado por manantiales que todavía alivian la sed de los residentes palestinos de la ribera izquierda del Jordán, ofrece un asombroso ejemplo de asentamiento primitivo construido para durar, y para mantener lejos a los extraños.

Jericó era ya una reliquia cuando Josué  llegó ante los muros. La ciencia ha fechado los edificios más antiguos como anteriores a 8000 a.C., hace por lo menos 10.000 años. La ciudad fue abandonada y reconstruida unas  20 veces según los datos arqueológicos aportados hasta ahora.

Los científicos saben cómo fue edificada, y conocen el diseño de los barrios residenciales, circulares primero y luego rectangulares. Los investigadores especulan sobre el estilo de vida de la gente, basados en los objetos encontrados, así como restos humanos. Lo más significativo es que las murallas y la elevada torre de piedra narran una historia. Revelan a los investigadores que los habitantes de Jericó trabajaron unidos con un propósito común, la construcción de estructuras civiles para la defensa de la comunidad. Trabajar en conjunto de manera organizada, sea voluntariamente o por órdenes de un gobernante de mano dura, es signo de civilización.


La destrucción de sus muros

Los arqueólogos  encontraron que, en una parte de la ciudad, había grandes pilas de ladrillos en la base tanto del lado interno del muro como del externo, lo que indicaba un desmoronamiento repentino de las fortificaciones. Los eruditos piensan que un terremoto, (que podría explicar también la detención del flujo del Jordán en el relato bíblico), causó este colapso.

Los ladrillos del desmoronamiento formaban una rampa mediante la cual un invasor podría entrar fácilmente en la ciudad, (Josué 6,20b: El pueblo subió a la ciudad, cada hombre derecho hacia adelante, y tomaron la ciudad). Con relación a este sorprendente descubrimiento, Garstang dice: “En cuanto al hecho principal, entonces, no queda ninguna duda: los muros cayeron hacia fuera tan completamente que los atacantes podrían haberse trepado sobre las ruinas de la ciudad”. Esto es notable, porque cuando son atacadas las ciudades, los muros caen hacia adentro, y no hacia fuera.

Los arqueólogos no cuentan con referencias escritas que pongan de manifiesto detalles de los habitantes primitivos de Jericó. A pesar de contar con tanta antigüedad, no se han encontrado hasta el momento registros escritos de su existencia que arrojen claridad a los orígenes de su civilización.

Con información de palestinalibre

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