El arte del teñido en Al-Ándalus: Un mundo de colores

1) Introducción:

Bastantes son las fuentes literarias y excepcionalmente iconográficas que nos dan una idea de cómo y cuales pudieron ser los colores usados en Al-Andalus a la hora de vestirse y reconstruirlos históricamente.

Estos tejidos procedían de hilos que eran teñidos por profesionales llamados tintoreros (As-Sabbágín) con fábricas (Masáni’) y talleres instalados a las afueras de las ciudades por cuestiones higiénicas y de salubridad social. Eran estas fábricas las que suministraron madejas enteras de hilos teñidos a los talleres textiles estatales (Dar al Tiráz), a otros particulares, a menudo gremiales y en poblaciones más pequeñas talleres familiares, donde maestros (ustad) y aprendices hacían estos tejidos con la ayuda de vecinos y en los más pequeños, de otros parientes. Había talleres donde trabajaban en telares principalmente mujeres (especialmente habilidosas para el bordado) y niños, cuyas pequeñas manos podían tejer telas con muchos hilos y entramados y más finas.

Hubo prendas hechas en telas de color monocolor pero muchas de ellas, en un gran porcentaje, tenían diseños y esquemas de clara procedencia oriental, llegadas por influencia sasánida, hindú, sogdiana, copta y bizantina primero al Medio Oriente islámico y reelaboradas desde allí al resto del “Dar-al-Islam” (o tierras conquistadas por el Islam).

A Al-Andalus estos tejidos con dibujos llegaron a la Península bien por transmisión directa, como tejidos importados desde Oriente y Asia Central o bien como el bagaje cultural de los propios árabes que llegan a España (recordemos los árabes sirios llegados con Abd Ar-Rahmán I en el 740 que radican en Jaén, Valle del Guadalquivir y Vega de Granada y en algún caso procedentes de Asia Central, la zona de Balkh, y que pudieron traer consigo estas tradiciones culturales y de diseño textil centroasiáticos y mediorientales y transmitirlos en Al-Andalus. Esta filiación de estos sirios con Balkh nos lleva a teorizar con la posible difusión directa de motivos del Asia Central y Oriente Medio.).

Sin embargo, es interesante reseñar que ya había una cierta estética orientalizante en el arte visigodo penínsular de influencia bizantino-sasánida con la presencia de diseños similares a las figuras animalescas o las orlas perladas (rotata). Estos motivos artísticos orientales los veremos con los frescos de Sta. Eulalia de Bóveda, el paño conservado en S. Isidoro de León y vulgarmente conocido como de “Al-mu’tamid de Sevilla” y continúa en el bestiario artístico visigodo enriquecido con los grifos o los leones afrontados de Chelas, los pájaros afrontados de S. Pedro de la Nave junto a los motivos vegetales conocidos como follaje alejandrino los bípedos o cuadrúpedos reales y fantásticos de Quintanilla de las Viñas, que representan un muestrario de aves de acusado estilo sasánida en similitud con la hallada en las excavaciones de Ctesifonte (actual Irán).

De este arte orientalizante llegado por una o varias de estas vías se nutren los diseños que veremos en las telas califales las más anteriores que nos han llegado hasta ahora de lo que fue Al-Andalus. En esta etapa aún tenemos las orlas con bolitas, nacidas de los famosos “collares de perlas” sogdianos y de las orlas sasánidas y bizantinas (“rotata”) hasta figuras enfrentadas dentro o fuera de orlas, motivos heráldicos y mitológicos orientales (leones, águilas, grifos, el simurg persa….), figuras enfrentadas en espejo, inscripciones coránicas o benefactoras para el portador de la vestimenta, motivos geométricos de cenefas, vegetales (piñas, el Árbol de la Vida, etc…) y hasta motivos figurativos: Hombres y mujeres, jinetes, etc…

Posteriormente estos diseños se reelaboran y acaban por crear un estilo andalusí propio de tejido que poco a poco de desliga de Oriente y se personaliza hasta culminar en el reino nazarí, con motivos occidentalizantes. Otro caso son los tejidos mudéjares que recogen este bagaje cultural (turáth) y lo reelaboran siglos después al gusto de sus clientes cristianos ibéricos

Tenemos la suerte de contar con una gran colección de tejidos hispanomusulmanes de todas las épocas que han llegado hasta nuestros días que destacan por su variedad cromática, textil y de diseño y que han sido recientemente investigados por medio de avanzados equipos de análisis.

Para conocer en qué eran empleados estos tejidos, una posible y fiable fuente es la iconografía de la época. Aunque tenemos poca iconografía andalusí para el periodo califal, sin embargo, las obras coetáneas mozárabes conocidas como los Beatos nos muestran una riqueza en el color de las vestimentas usadas por personajes supuestamente musulmanes y su combinación. Posteriormente, otras producciones como la andalusí Riyad wa Bayad (mediados siglo XIII), las Cantigas o el Libro de los Juegos (finales del siglo XIII) y las pinturas de la Sala de los Reyes de la Alhambra (siglo XIV) nos muestran la riqueza y colorido en el vestir musulmán y permiten reconstruir un tipo de vestuario y los colores en ellos usados para hombres y mujeres.

Desde los primeros tiempos de los tejidos eran una muestra del escalafón social al que pertenecía el portador de la vestimenta: Cuanto más rica y compleja era la vestimenta, mayor poder adquisitivo tenía quien la vestía. Asi tenemos los tejidos monocolor o diseños muy simples que eran llevados por las clases populares frente al empleo de telas ricas llegadas desde Oriente o producidas en la propia Al-Andalus con colores más ricos en brillo, matices, composición y diseño.

Los colores resultantes se combinaban entre sí, y por ejemplo sabemos que en algún caso ciertas combinaciones de colores debían omitirse o eran armónicas, tal como lo cuenta Ibn Quzmán en este ejemplo en su Diwan:

“Quien lleve traje celeste de telares de Almería,/ no puede llevar capote que no sea verde pistacho”

Sobre la producción de tejidos y su teñido en Al-Ándalus, Ibn Hawqal comentaba en su “Kitab surat al-Ard”:

“… se fabrican diversos tejidos de lana; entre otros, el más bello terciopelo armenio que se pueda imaginar, que se vende muy caro, sin contar los tapices de hermosa calidad. En los tejidos de lana tintada y en otros tejidos, a los cuales se aplica el tinte, hay maravillas obtenidas con hierbas especiales de Al-Andalus.

Se tintan fieltros del Magreb, excelentes y costosos, y seda, con los diferentes colores que se prefieren para el adúcar y seda cruda. También se exporta brocado. Ningún especialista de ningún otro país iguala a los de Al-Andalus en la confección de los fieltros… Los productos de calidad media son accesibles a todo el mundo, sin tener que pagarlos muy caros…”.

2) Los tintoreros (As-Sabbagín)

Siendo un trabajo artesanal, la práctica y los conocimientos técnicos eran impartidos y enseñados en el propio taller por jefes o capataces a los aprendices. Los tintoreros tenían dentro de los zocos y alcaicerías sus propios barrios y corporaciones gremiales (alamín). Este conocimiento era un secreto profesional y quedaba restringido a los miembros del gremio y sus personas de confianza (familiares especialmente).

Tenían sus tenerías, cubetas e industrias fuera de las ciudades debido a los olores que despedían y a que el teñido, al usar agua, era contaminante, ya que expulsaba el agua coloreada resultante, llena de sustancias químicas y restos, a los ríos.

Durante la Edad Media la mayoría de los tintoreros fueron judíos, y era algo frecuente en todas las provincias del islam. Posteriormente, los propios musulmanes y después, los moriscos, monopolizaron los trabajos relacionados con el tinte de las madejas, siendo significativo que se conservase la nomenclatura islámica de alamín dada a la corporación de los tintoreros. Sólo la expulsión y dispersión de los moriscos tintoreros tras la Guerra de las Alpujarras pondría fin a esta tradición de teñir excepción hecha con ciertas familias moriscas de la ciudad de Granada a las que le fue permitido quedarse tras las sublevaciones de 1570.

¿Cómo se teñían estos tejidos? Producidos y tejidos ya estos hilos se organizaban en madejas de un peso fijo, luego se introducían en grandes tinas o cubetas donde se disolvía la sustancia colorante junto a otra fijadora llamada mordiente que era como una sustancia fijadora que ayudaba a que se adhirieran mejor los tintes. El mordiente estaría hecho según en qué casos, de alumbre (o jeve,del árabe, shabb o shabúb), crémor tártaro, sulfato de cobre (zách, en español azeche o caparrosa), almazarrón o tierras ocres o cenizas.

Los colores que más habitualmente se produjeron fueron los primarios: el azul, el rojo y el amarillo, ya que tenía las sustancias para teñir más accesibles y fácilmente extraíbles y producidas en nuestro país.

A veces las fibras textiles no se teñían y se usaban en su color natural, pero lo normal es que estuviesen teñidas, no sólo para dar belleza al los tejidos sino para darles una protección extra.

3) Colores y origen:

AZULES:

Fue un color muy usado en toda la historia de Al-Andalus desde el emirato al reino nazarí e incluso en las etapas más austeras en el vestir como la almorávide y almohade. El azul (al-sibag al-samawí), se conseguía a través de varias sustancias: Una, de producción nacional, accesible a todas las capas sociales y otra más cara, importada, que convertía el tejido en un artículo de lujo y exótico solo accesible a la realeza y a los estratos más altos de la sociedad andalusí.

-La más barata y asequible se fabricaba a partir de la Isatis Tinctoria, glasto o hierba pastel. Ibn al-Awwam la llamó nil al-bustani, el índigo de los jardines y más modernamente se la conoció como “Áspide de Jerusalén”. El nombre de pastel viene de la pasta que se hace con las hojas de la Isatis para obtener el colorante. Se cultivaba en varias zonas, y especialmente en Toledo y Granada y se cosechaba en mayo o junio el producto para el tinte, y parte del este producto, ya elaborado en forma de panes otortas se requisaba para el tirâz en agosto.

-El otro tinte de azul era el índigo o “indikon” en griego. Era un ingrediente ya conocido en época romana y procedía quizás de la India tal como lo indica su étimo. Este índigo oriental podía ser obtenido a partir de sustancias animales como la del caracol Hexaplex Trunculus, minerales como la del lapislázuli (tal como viene explicado en una receta de teñido mesopotámica) y de plantas autóctonas indias de la familia de las Indogiferas. A Al-Ándalus llegó como género importado a través de comerciantes judíos, y daba como resultado un precioso y exótico azul muy estimado en la producción de tejidos de lujo en Al-Andalus (época califal, taifa y reino nazarí) que contrastaba con el azul de la hierba pastel.

ROJOS:

El rojo era un color vinculado a la nobleza y realeza andalusíes y desde el nacimiento del Reino Nazarí de Granada, pasó a ser el color heráldico por excelencia de los Nazaríes hasta la caída de su reino en 1492. En las Cantigas aparece un estandarte farpado nazarí, mientras que una de las prendas andalusíes más antiguas, la marlota de Boabdil, también tiene este color.

Sin embargo, los más rigoristas recomendaban que este color fuera vestido sólo por mujeres ya que era considerado un color propio de infieles (kuffâr) y porque no era un color decente para un hombre de pro.

Esta prohibición se aplicaba sólo a las prendas 100% teñidas de rojo, pero si llevaban otro color o combinaciones geométricas como rayas etc… estaba permitida vestirla también por los hombres. En este grupo estaban las telas de rayas rojas y negras conocidas como hullah y procedentes del Yemen.

-Otra manera de teñir rojo procedía de varias fuentes, por un lado, de la planta conocida como rubia (Al-fuwa en árabe) o granza, Rubia tintorum, que daba un color rojo anaranjado. Se cultivaba en Medina Sidonia (cerca de Sevilla)

-Para dar un rojo muy vivo tenían el quermes, kirmiz o carmesí, que se obtenía de un insecto hembra de la familia de las cochinillas llamado Coccus Iilicis y era parasitario de las encinas y robles, especialmente de la conocida como amûra en romance y coscoja hoy, fue llamada popularmente la “grana de los tinteros”. Este insecto tiene forma de grano (y de granum procede la palabra “grana”).

Fue muy famoso el rojo “granada” o grana de la zona de Sevilla. Según Ibn al-Baitar, el famoso recopilador de farmacopea andalusí, el kermez procedía de Asia, pero rápidamente se hizo muy habitual en España, aunque por otro lado, tenemos constancia de su uso en la Antigüedad, por lo menos desde la época romana, aprovechándose para producir la llamada “púrpura bistincta” que llevaban los senadores romanos en sus togas.

– Otro elemento para teñir rojo era la madera Brasil, muy usada en el periodo nazarí. Tenía su origen en Sri Lanka (antigua Ceilán) y llegaba a Al-Andalus a través de los puertos árabes y desde ahí a Egipto y el resto del Mediterráneo.

-Las flores del cártamo o alazor, al-usfur en árabe o Carthamus Tinctorius en latín , también llamado azafrán bastardo, daban un rojo anaranjado. Era famoso el de Niebla y el de Sevilla, que se recogían en junio para el tiraz cordobés, en época califal. El tinte resultante se llama mafdam y era recomendado por los tradicionalistas para las mujeres, pero no para los hombres, se basaban para ello en un hadíz transmitido por At-Tabarí que en el que el Profeta Muhammad al presentarle un tejido teñido con alazor dijo: «Dejen esa flor (hablando del alazor o cártamo, nota nuestra) para las mujeres».

– La henna (al-hinna) o alheña, se usaba no sólo como sustancia cosmética sino como ingrediente de teñido machacando las hojas, lo que daba un rojo anaranjado El uso de este tipo de tinte en lugar de la granza se consideraba un fraude, porque el color resultante se alteraba con el sol. Se cultivó en Córdoba, Sevilla y la Alpujarra, donde los moriscos continuaron sus plantaciones hasta el siglo XVI. La época de recolección nos la determina un anónimo calendario popular nazarí del siglo XV a finales de agosto.

AMARILLOS Y ANARANJADOS:

Las tres sustancias utilizadas para la obtención de las tonalidades de amarillos fueron la gualda (Reseda luteola) conocida desde la Antigüedad en Europa, el azafrán. (Crocus sativus) y en menor medida las bayas persas (Rhamnus Tinctorius).

-El azafrán se introdujo en la Península en época musulmana; ya en el siglo IX se convirtió en uno de los principales productos de exportación y al-Andalus en uno de los países productores y exportadores más importantes . Si se utiliza solo, se caracteriza por su tono dorado; con mordientes de aluminio y estaño, los tonos son anaranjado y amarillo respectivamente. El azafrán se extraía de los estambres de la flor homoníma (za’faran) o Crocus sativu.

El de la mejor calidad, procedía de Toledo y Baza. Según el calendario antes citado del siglo XV la recogida del azafrán en el reino de Granada se daba en el mes de noviembre.

-Otra manera de obtener amarillos se dio a partir de Rhamnus tinctorius o baya persa que era cultivado en la franja del Pirineo apareciendo como sustancia en el almaizar de Hixam II conservado hasta nuestros días.

-La gualda o Reseda Luteola, se usó desde la Antigüedad y era ya conocida en España antes de la llegada de los musulmanes. Con ella se obtenía un amarillo más pálido, menos vivo, y su teñido era costoso con lo que el teñido y la ropa final producidas se encarecían.

NEGRO Y MARRONES:

En la tradición islámica el negro era un color vestido por hombres y mujeres. Los hadices hablan de que el Profeta Muhammad vestía una burda (capa o manto) negro y un turbante del mismo color. El negro sólo se usaba para uso cotidiano pero no para el luto. Como curiosidad decir que en algunos países se usa el negro como color de luto, pero los juristas islámicos lo consideran una bi’dah o innovación de influencia cristiana que no hay que seguir.

Se obtenían tonalidades de negro de la mezcla de tatinos con sustancias vegetales. Los taninos son sustancias procedentes de distintas especies del reino vegetal y presentes sobre todo en sus cortezas y agallas que podían tener un 36-58% de taninos. Los descubiertos en los tejidos andalusíes son el zumaque (Rhus coriaria), las agallas de nuez y roble (Cypis gallae tinctorae y Quercus infectoria), el té negro (Camellia sinensis), la cascara de nuez (Junglans nigra) y las raíces de Acoro falso, en latín, Iris psuracorus.

Las tonalidades se obtenían usando una goma junto con los taninos de estas plantas no sólo como sustancias teñidoras sino como fijadores o mordientes. Y decir que este negro resultante no lo era del todo, sino que era un gris muy oscuro.

BEIGES:

-Los beiges se conseguían a base de taninos y el resto de los colores mezclando los tintes anteriores.

VERDES:

Era un color afamado en al-Andalus junto con los tejidos rojos, simbólicamente era y es el color del Islam. Por ejemplo, los descendientes del Profeta, sus familiares y amigos (los “xorfas” o shurafâ’ en árabe), llevaban turbantes y túnicas de este color. Se conseguía combinando colores primarios como el azul índigo y el amarillo (del azafrán):

-Según el Calendario de Córdoba se obtendría del cardenillo (zinyar) o del albayalde. Seguía una tradición anterior de origen visigodo.

-Ibn ‘Abdún de Sevilla (siglo XII) denunciaba actividades fraudulentas de los tintoreros y drogueros de la ciudad para conseguir unos verdes a partir del tinte de henna o alheña: “Algunos drogueros emplean las hojas de la pequeña cambronera (en árabe jullab) para verdear la alheña, porque en efecto, esta hierba da a la alheña brillo y un verdor muy brillante; pero es un fraude”

-Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre los tejidos hispano-musulmanas confirman también que se obtenían gamasde verdes mezclando el azul del índigo hindú o el glasto (hierba pastel) y el amarillo del azafrán, aunque este fue un color más común en los tejidos mudéjares que en los propiamente nazaríes.

VIOLETAS, PÚRPURAS:

Los púrpuras fabricados a la manera clásica con la concha y sustancias de los caracoles de la familia Murex se perdieron tras la caída de Roma.

Hasta entonces se producían unos púrpuras que iban desde el azul violáceo al rojo violeta y al violeta en sí. Sin embargo, los árabes encontraron formas de imitarlo mezclando colores ya conocidos o productos que imitaban los antiguos tintes de la Antigüedad. Incluso había teñidos púrpuras que al reaccionar con la luz del sol daba ciertos reflejos dorados.

-Por un lado, por combinación de un tinte azul con uno rojo (por ejemplo, hierba pastel para el azul y la granza o rubia para el rojo). Esta sería la versión más cara aunque la más común en las tenerías andalusíes.

-También se usaron con colorantes naturales derivados otras plantas, hongos y líquenes. Entre estos últimos, en Marruecos eran conocidos los líquenes llamados llamados orcela u orchilla de Mogador, de los que se hacía una pasta tintórea y que podía ser mezclada con diversas sustancias e ingredientes para obtener distintas tonalidades de púrpura.

-De las bayas del aligustre se extraía un tinte morado.

BLANCOS:

-Normalmente era el blanco crudo natural, casi crema, del propio tejido (seda, oro, etc…) y era un tejido no tratado. El blanco era considerado por tradición el color de la pureza y humildad espiritual y así está recogido en un hadith de la Sunna del Profeta. El blanco era considerado en el Derecho Islámico un color recomendado (mustahabb) para que lo usasen los vivos y para envolver a los muertos, tal como consta en el hadiz narrado por Ibn ‘Abbás, quien dijo: «El Mensajero de Allah (SaS) dijo: ‘Usad ropa blanca, pues es la mejor de todas, y amortajad a vuestros muertos con ella'». (Reportado por Abu Dawud y al-Tirmidhi; clasificado como sahih por al-Albáni en su obra «Ahkám al-Yanâ’iz». El blanco también es el color preferido en el Hachch, la Peregrinación a la Meca, para el ihrám de los hombres (ropa especial para el Háchch), que consiste de un izár (prenda inferior) y una rida’ (prenda superior). Estas prendas constituían a su regreso parte del sudario del difunto, al igual que en las mujeres un vestido blanco y varios velos eran la ropa reglamentaria en el sudario femenino.

Fue un color llevado por ejemplo por sufíes y hombres religiosos (alfaquíes, ulemas, cadíes…). En Al-Ándalus y el Magreb fue el color tradicional del luto en distintos periodos históricos de la España Musulmana.

4) Conclusiones:

La calidad de los productos dependía en gran parte del proceso de tintado de las madejas, por lo que se promulgaron ordenanzas dirigidas a los tintoreros. En Al-Andalus se prohibió el uso de ingredientes fraudulentos que aparentaban una calidad que no alcanzaban y que con el paso del tiempo destruían el tejido o acababan desapareciendo como ya hemos visto en el caso del uso de la alheña para conseguir tonalidades verdes que mencionara Ibn ´Abdún de Sevilla.

También se reguló el etiquetado y se creó una especie de “denominación de origen” ya que se dio una picaresca que vendía al doble o triple de su costo imitaciones de tejidos orientales o centroasiáticos que en realidad eran occidentales (andalusíes o incluso, mudéjares), aún así algunas de estas falsificaciones llegaban a tener escrito un “Hecho en Bagdad” consiguiendo engañar a potenciales clientes, especialmente si eran exportadas a la España o la Europa cristianas. También había una picaresca en el peso de los rollos de telas y los precios de éstas.

Se encargaba de regular estas prácticas fraudulentas el “Sâhib as-Sûq” o “Señor del Zoco” (en castellano antiguo, “zabazoque”) y cargos a él asociados como los almotacenes (al-Muhtasibún) y los “Sabios del Zoco” (Ahkâm as-Sûq). Los subalternos eran los ´awn.

Por Mabel Villagra (Arabista)
Con información de:Historia y arabismo

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