Arder a la luz del Qandíl

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Era de noche cuando las mariposas decidieron conocer la luz. Cada una quiso acercarse al fuego de lejos. Sólo una se acercó y logró fundirse y confundirse con la llama  …

Qandíl deriva del árabe hispánico , éste del árabe clásico qindīl, que a su vez proviene del latín candēla. El término «candileja» dimana de candil y denomina al pequeño recipiente o vaso que hay en el interior de este primitivo tipo de lámpara…

La extensa variedad de colores y formas que representa la artesanía de los países árabes queda reflejada en sus lámparas .  Los materiales utilizados para estos elementos de iluminación son principalmente el metal (bronce, acero o hierro) y con incrustaciones de cristal, teselas o gemas, también hay modelos donde se perfora el metal  por donde sale la luz. Esta parte decorativa es la que se suele pintar, dar forma y crear efectos para darle a la luz esa salida tan peculiar y única en el caso de este tipo de lámparas. Originalmente estas lámparas árabes iban con velas pero hoy en día podemos encontrarlas con la preinstalación eléctrica .

Relacionada con el simbolismo de la luz, la lámpara simbolizó en la Antigüedad la vida y la muerte a través de la dicotomía encendida/apagada. Decía Vicente Gaos:

¿Adónde vas?
¿De qué regiones vienes?
¿Quién da a tu rostro ese celeste olvido?
¿Qué Dios sin fuego con su luz te viste?

Los primeras lámparas conocidas para el alumbrado eran de terracota (arcilla modelada y endurecida al horno ,lo que conocemos como barro cocido), con una antigüedad de 7000 años a.C. y originarias de Mesopotamia , también existieron de cobre y bronce en el antiguo Egipto aproximadamente 4000 años a.C.

Las lámparas más primitivas datan de hace más de 20.000 años y consistían en simples cuencos, o en los mismos cráneos, en los que se depositaban grasas o aceites animales y una mecha, que colgaba al exterior. Posiblemente fueron las lámparas empleadas por los hombres que realizaron las pinturas rupestres descubiertas en Francia y España.

La lámpara de aceite da luz gracias a la mecha que absorbe aceite por capilaridad, de forma similar al rotulador que traspasa la tinta del papel. Las llamas necesitan buena aportación de oxígeno, por lo que la mecha suelta proporciona una posición ventilada a esas llamas. Las mechas de las primeras lámparas debieron ser fibras vegetales secas y retorcidas, y el aceite, de origen animal o vegetal. Cada sociedad ha utilizado como combustible aquellas grasas que podía conseguir más fácilmente, desde el aceite de oliva, al de pescado, al aceite de nueces, de ricino, sésamo, se empleó también aceite de ballena y posiblemente petróleo, primero en Babilonia y después en Persia.

Las lámparas de aceite se hicieron en una amplia variedad de materiales como el oro, bronce, plata, piedra y terracota. En Ur de Caldea (Mesopotamia), se utilizó el caparazón de los moluscos marinos como lámparas  reproduciendo estas formas en oro o alabastro. Las lámparas de aceite o candiles, fueron utilizados también para fines funerarios y votivos. Y con fines públicos, como la iluminación en templos o la iluminación de edificios de administración pública.

Y sobre este tema recuerdo la parábola de la lámpara, también conocida como la lámpara bajo el celemín o la lámpara debajo de un almud, es una de las parábolas de Jesús. Se presenta en tres de los evangelios canónicos del Nuevo Testamento:

Cuando uno enciende una lámpara, no la esconde ni la cubre, ni bajo el celemín ,sino que la pone sobre el candelero,  a fin de que los que entren tengan luz. Tus ojos son la lámpara de tu cuerpo. Si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo tu ser estará en la oscuridad. Asegúrate de que la luz que crees tener no sea oscuridad. Por tanto, si todo tu ser disfruta de la luz, sin que ninguna parte quede en la oscuridad, estarás completamente iluminado, como cuando una lámpara te alumbra con su luz. (Mateo 5:14-15, Marcos 4:21-25 y Lucas 8:16-18).

Creo que caminar con un amigo en la oscuridad es mejor que caminar solo bajo la luz, igual  no puede compararse al sol con la luz de una vela.  De Lorca este poema:

¡Oh, qué grave medita
la llama del candil!

Como un faquir indio
mira su entraña de oro
y se eclipsa soñando
atmósferas sin viento.

Cigüeña incandescente
pica desde su nido
a las sombras macizas,
y se asoma temblando
a los ojos redondos
del gitanillo muerto.

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