Redefinir la identidad,dilema de palestinos y saharauis

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Ubicación temporal. Algunos nacionalistas saharauis que sufrieron la represión en los años 70’ y 80’ (presos políticos, desaparecidos) eran originarios o residentes en el sur de Marruecos. Sin embargo las primeras manifestaciones de esta nueva modalidad de contestación se remontan a principios de los 90’ en relación con lo que ocurre en el SO. En las primeras revueltas, la implicación de los saharauis del sur de Marruecos es limitada aunque hay manifestaciones en algunas ciudades como Assa en 1992 (en esa fecha son detenidos Ali Salem Tamek, Baj Elhoucine…). Por ejemplo en 1992 son detenidos 24 civiles saharauis en Assa (el llamado “Grupo de Assa”) tras participar en una manifestación de protesta social; son condenados a un año de prisión, La primera Intifada en el SO, en septiembre de 1999, tuvo réplicas con manifestaciones en Tan-Tan y Gulimin. Durante los 90’ y principios 2000, tienen lugar diversas revueltas (Smara nov 2001), detenciones por propaganda e intentos de unirse al FP, detenidos y desaparecidos.. en las que participan saharauis del sur de Marruecos. Pero el verdadero incremento de la movilización en las ciudades del sur de Marruecos tiene lugar con la Intifada de mayo 2005, lo que también se traduce en un aumento del control y la represión policial en la zona.

Localización. Dada la distribución de la población en la zona sur de Marruecos, al igual que en el SO la acción colectiva es urbana. Ésta tiene lugar en ciudades y pequeñas poblaciones como Tarfaya, zona del Draa (Tan-Tan, Assa, Touizqui), Guelmin, Zak, Akka, Mhamid El Ghezlan… Pero también se extiende hasta Agadir, así como en campus universitarios de Marrakech, Casablanca y Rabat.

Los actores de esta contestación. Son esencialmente jóvenes. Al igual que en todo el Magreb, la alienación y el descontento provocan respuestas diversas: pasividad, revuelta (interior o con FP) o evasión (desde los noventa y en particular a partir de 2005 aumenta el número de emigrantes saharauis, especialmente hacia Canarias). Muchos son activistas menores de 30 años. Los jóvenes son más proclives a sumar a la frustración general un aspecto identitario… y que conviven con saharauis del SO obligados a estudiar o trabajar en el Norte (Brousky, 2008). El liderazgo es compartido entre líderes jóvenes y ex represaliados en los 80-90. Muchos de los cuales circulan entre el norte y el sur (miembros de familias de saharauis del sur implantados en el norte antes de 1976); unos son originarios del SO que residen en el sur de Marruecos y otros al revés.

Expresiones, muestras. Es perceptible un aumento de la frecuencia y de la visibilidad de las manifestaciones (espontáneas y planificadas) y de su diversificación; utilización de recursos electrónicos para la denuncia (fotos, vídeos, denuncias en Internet, etc.; aumentan también las reacciones de la población; algunos brotes de violencia (aunque esta no sea una forma predominante, desde hace algunos años proliferan los lanzamientos de objetos incendiarios…). Todas estas expresiones provocan reacciones de las autoridades y generalmente la represión (violencia, arrestos, condenas). Todo ello alimentan la espiral nacionalista.



Formas de acción colectiva. Se constatan prácticas parecidas (manifestaciones, denuncias, etc). Una clara articulación norte-sur; la simultaneidad con movilizaciones en Sur de Marruecos cada vez más visibles y están en relación con la situación en el SO ocupados. Evoluciones parecidas: paso de lo reivindicativo local a la reivindicación abiertamente nacionalista. (a) Los detonadores coyunturales + las causas de fondo: frecuentemente las protestas surgen por razones socioeconómicas (desempleo, demanda de becas, transporte). (b) A esto se añaden las manifestaciones de solidaridad con el sur. (c) Al ser sofocadas se nacionalizan. La falta de canales de expresión se contribuye a su nacionalización (se esgrime simbología independentista) y a su radicalización, llegando a muestras de total desacato y de apoyo abierto a la causa independentistas.

Ej: Comunicado de prensa de los miembros en huelga de hambre de la familia de Mustafa Abd Daiem (20 de diciembre de 2008) [activista detenido] (…) nosotros, la familia del preso saharaui de conciencia Abd Daiem declaramos: 1-Nuestra adhesión al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y nuestra afirmación del Frente de POLISARIO como su legítimo y único representante. 2-Nuestra determinación de seguir la huelga de hambre ilimitada hasta que se haga justicia. 3-Nuestro llamamiento a todas las organizaciones de derechos humanos para asumir sus responsabilidades ante Dios, ante la historia y ante el pueblo saharaui. 4- Nuestro llamamiento a las Naciones Unidas y a las organizaciones internacionales a que obliguen a Marruecos a liberar a todos los presos saharauis de conciencia. Toda la patria o el martirio (…) [http://www.upes.org/body1_es.asp?field=sosio_eng&id=121]

Visibilidad y protagonismo compartido. Por el momento resulta difícil identificar un activismo diferenciado, se trata de una actuación conjunta y simultánea de saharauis del norte y del sur. Participan juntos en misiones internacionales de denuncia de la situación que se vive en el SO. De hecho varias de las figuras más destacadas y conocidas de la movilización por los derechos humanos son originarios de ciudades del sur de Marruecos; algunos se han instalado en El Aaiún y otros siguen en sus localidades de origen. Podemos citar a Ali Salem Tamek, Mustafá Abdel Daiem, Mohamed El-Moutaouakil, Aminatou Haidar, Naama Asfari, Yahya Mohamed el Hafed Aaza , Sadik Bullahi, Brahim Sabbar, Larbi Messaoud, Djimi Ghalia, Banga Cheij…Sin embargo hay que señalar que muchos proceden de familias del sur implantadas, es decir nacidos y socializados en el norte pero cuyas familias son originarias del Sahara Occidental.

Resultado de esta movilización y visibilidad es que desde 2005 una parte muy significativa de los presos por activismo nacionalista son saharauis del sur de Marruecos (la identificación de los presos no resulta fácil dado que las fuentes no siempre se distinguen los lugares de origen y de residencia). En una lista de presos políticos saharauis de septiembre 2005, al menos 8 de los 36 presos, son identificados como originarios del sur de Marruecos (14). Casi el 50% (17 de los 35) presos políticos saharauis identificados en 2006 (mayo-agosto) por CODAPSO eran saharauis del sur de Marruecos (15). En su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en Marruecos (2008), la AMDH lista 182 presos políticos a finales de 2008, de los cuales 30 son saharauis y de entre ellos 15 son originarios o han sido detenidos en localidades del sur de Marruecos (16). La AFAPREDESA (enero 2010) identificaba 24 presos políticos saharauis, de los cuales al menos 9 eran del sur de Marruecos.

Por lo tanto en los dos casos de estudio constatamos una serie de elementos comunes

1. Se trata de conflictos originalmente de carácter colonial que vieron la fragmentación del territorio y de la población autóctona

2. Una parte de esta población autóctona vive un periodo de desconexión

3. En aras de un arreglo político del conflicto (descolonización respetando la fronteras coloniales en el caso saharaui o asumiendo la partición planteada por NNUU en el caso palestino) una parte de la población autóctona es excluida del proyecto estatal nacional.

4. El movimiento de liberación nacional tiene una posición ambigua respecto a esta población; la tiene en cuenta, pero no puede darle visibilidad.

5. La prolongación del conflicto y el fracaso de los esquemas negociadores reactiva una sentimiento de pertenencia y aviva una nueva identificación y un discurso político que articula (re-agrupa) a la población autóctona dispersa.

6. La crisis del movimiento de liberación nacional posibilita un protagonismo político del interior (zonas ocupadas), lo que no deja de influir en la minoría nacional fuera del territorio del Estado.

Reconfiguraciones identitarias y articulaciones transfronterizas

En ambos casos, en el sector palestino de Israel y en el sur de Marruecos, estas dinámicas organizativas han ido aparejadas a una ampliación del discurso político nacionalista, a iniciativa local y sin un control efectivo del movimiento de liberación nacional, OLP en un caso, Frente POLISARIO en otro. Esta dinámica conlleva también una reconfiguración de su identidad, valorando sus componentes étnicos y su potencial nacionalista. En el caso de los palestinos con ciudadanía israelí, éstos han desarrollado un discurso muy articulado sobre su papel en la lucha nacional y en el marco estatal israelí. En cambio, en el caso de los saharauis del sur de Marruecos, entre los cuales domina todavía el activismo, los argumentos identitarios políticos son muy generales o no llegan a ser explícitos.



Los palestinos israelíes en el escenario post-Oslo

Los palestinos israelíes han definido una agenda específica desde su identidad singular (palestinos de nacionalidad, israelíes de ciudadanía, marginales en ambas comunidades), que refleja una visión de su futuro diferente al del resto de los palestinos. La mayoría de los palestinos del 48 no sólo reconoce al Estado de Israel, sino que desea seguir viviendo en sus comunidades y creen en la posibilidad de coexistencia y de convivencia, pero sin la estratificación étnica actual y con igualdad en el marco de un «Estado para todos los ciudadanos», por lo tanto quieren que el Estado se refunda, se democratice y de-sionice. Los palestinos israelíes quieren integración pero piden su reconocimiento como minoría nacional, la posibilidad de establecer instituciones nacionales y de disfrutar de ciertos espacios de autonomía. Como parte de la nación palestina fuera del futuro Estado palestino quieren tener relaciones especiales con esa entidad y participar en algunas instituciones nacionales supraestatales palestinas. Por lo tanto, en sus demandas hay un doble cuestionamiento a la democracia israelí; uno es externo por sus prácticas coloniales, otro es interno por su exclusivismo nacional por el que Israel se declara Estado para todos los judíos antes que el Estado de todos sus ciudadanos.

El fracaso del proceso de Oslo y del experimento pseudo-estatal en los Territorios Ocupados ha tenido un impacto directo en los palestinos israelíes. La frustración de sus expectativas de beneficiarse de los dividendos de la paz, su creciente alienación y la re-emergencia de los “temas del 48” han provocado que los palestinos con ciudadanía israelí se hayan impuesto en la escena palestina y se hayan hecho un espacio propio y novedoso en el debate político palestino. De hecho, la crisis de Oslo ha sido paralela a un proceso de afirmación nacional entre la minoría árabe en Israel, hasta el punto de convertirse en una preocupación de primer orden para el establishment israelí. Poco a poco se va desvaneciendo el principio de que “los árabes israelíes son parte del problema pero no de la solución” al conflicto.

En este contexto la agenda política de los palestinos ha vivido un progresiva afirmación nacionalista y radicalización democrática. Por una parte se mantienen reivindicaciones históricas como la demanda de igualdad plena, el fin de las prácticas discriminatorias, un mejor tratamiento presupuestario y la resolución de temas pendientes (la legalización de los “pueblos no reconocidos”, la cuestión de los desplazados internos del 48, la defensa de la tierra y del patrimonio cultural…). Asimismo siguen ligando su situación a la resolución del conflicto palestino-israelí. Pero lo singular es que desde mediados de los noventa, la mayor parte del espectro político palestino israelí (nacionalistas árabes, comunistas, islamistas, incluso ciertos laboristas árabes) comparte un consenso con mucha más carga nacionalista palestina y que se expresa de manera común. Por ejemplo, comparten explícitamente el cuestionamiento de la definición de Israel como Estado judío y democrático, y demandan su refundación como Estado de todos sus ciudadanos. Asimismo demandan su reconocimiento como minoría nacional. Se ha hecho cada vez más explícita su demanda de retorno de los refugiados, tema tabú en Israel (17). Asimismo, en el sector árabe de Israel han surgido numerosas iniciativas que tienen por objeto la recuperación de la memoria (visitas a pueblos derruidos), el desarrollo de la identidad palestina, conmemoraciones públicas de la Nakba (coincidiendo con las celebraciones de la Independencia de Israel)… Muchas de ellas se desarrollan en colaboración con palestinos de los territorios ocupados y del exilio. De hecho, los palestinos israelíes se han convertido en actores muy dinámicos en todas las iniciativas unitarias palestinas que reúnan a palestinos del exilio, de las áreas ocupadas y del interior de Israel.

Una ilustración de esta dinámica son varias iniciativas que han tenido lugar en los últimos años con el propósito de articular las posiciones de los palestinos israelíes; se trata de varios documentos públicos que expresan cómo se ven y qué demandan. En 2006 el Comité Nacional de las Autoridades locales árabes en Israel dio a conocer su “Visión de futuro de los árabes palestinos en Israel”, en el que se hace un diagnóstico de su situación en varias facetas (derechos fundamentales, economía, cultura) y plantean demandas al Estado y a los ciudadanos judíos israelíes (18). En febrero de 2007, el centro Adalah (The legal Center for Arab Minority Rights in Israel) dio a conocer su proyecto de “Constitución democrática”, propuesta de constitución basada en concepto de Estado democrático y multicultural, en el que se garantice una plena igualdad ciudadana (19). La organización Mossawa también dio a conocer un documento en la misma línea con el título de “Diez puntos”. Especialmente significativa ha sido la “Declaración de Haifa” (mayo 2007), iniciativa de Mada al-Carmel (Arab Center for Applied Social Research), un posicionamiento público sobre el futuro colectivo y el estatuto de los palestinos en su patria, sus retos de sociedad y la relación con su pueblo (el resto de los palestinos), su nación (los árabes) y el Estado de Israel (20). En el documento se reivindica una “ciudadanía democrática” en un Estado democrático para dos pueblos, con derechos iguales para los dos grupos nacionales.

La cuestión de la minoría árabe se ha convertido en uno de los temas políticos centrales y estratégicos en Israel. Sus actuaciones políticas y sus demandas son vistas ya no como un problema sino como un peligro. A su vez, en Israel se ha operado una radicalización y una normalización de los discursos anti-árabes, tanto en la sociedad como en el debate político; prueba de ello son numerosas declaraciones públicas, la introducción de reformas legales, el acoso político y judicial a los dirigentes políticos palestinos, incluidos los diputados (caso de Azmi Bishara). Se elevan las voces que consideran subversivas sus demandas. Numerosos sondeos de opinión muestran que entre el 60 y 70% de los israelíes judíos son partidarios del transfer, es decir de la expulsión. Las elecciones generales de 2006 pusieron por primera vez a la minoría en el centro del debate, presentándola como un problema y un inminente peligro demográfico.

Con la crisis de Oslo, también se ha operado un cambio en las relaciones entre los palestinos del 48 y la dirección del movimiento nacional palestino (OLP y Autoridad Nacional Palestina), a pesar de la extrema debilidad de ésta. No se han creado instrumentos de coordinación estable, pero es visible un cambio en la valoración de este actor político. Esto no obvia para que se hagan más visibles algunos puntos de desencuentro que responden a la voluntad de los palestinos israelíes a tener voz propia y participar en la toma de decisiones, especialmente en las cuestiones que les afectan. Esto se evidencia en al menos tres temas. (1) Los palestinos del 48 se oponen a cualquier propuesta de intercambio territorial (y de población) en el marco de las negociaciones entre la OLP e Israel, en el que se les convierta en moneda de cambio con los colonos de Cisjordania. (2) La postura de los palestinos israelíes respecto a la naturaleza del Estado de Israel (paso de un Estado étnico a un Estado binacional y democrático para dos comunidades nacionales) no deja de interferir en la cuestión de “dos estados”. Su reclamo lleva a que la mayoría judía considere que los palestinos no sólo quieren su propio Estado en Cisjordania y Gaza, sino “un estado y medio”. A su vez, algunas movilizaciones incomodan a la ANP pues considera que debilitan la posición palestina basada en la solución “dos estados”. Finalmente los palestinos del 48 niegan cualquier concesión palestina que pase por reconocer el carácter judío del Estado, exigencia que plantea el Estado de Israel desde 2007. (3) Los palestinos del 48 se resisten a reconocer la legitimidad de la actual OLP-ANP, en la que ellos no tienen representación, para negociar ciertos temas que les afecten directamente.(21)



En suma, hoy más que nunca, esta parte de los palestinos, reivindica un nuevo papel en el movimiento nacional palestino que no es incompatible con una inserción plena en el sistema político israelí. Esta voluntad de articulación política con el resto de los palestinos esta asociada a una revisión de la agenda nacional palestina para que de cabida a sus demandas específicas (una autodeterminación democrática en el seno de Israel), junto al retorno de los refugiados y la creación del estado palestino en Cisjordania y Gaza.

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