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Tuareg, El hombre azul – Sabiduría de los desiertos

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

(Proverbio Tuareg)

No conozco mi edad.

Nací en el desierto del Sahara, sin papeles.

Nací en un campamento de nómadas tuaregs, entre Tomboncton y Gdo. Al norte de Mali.

Fui pastor de camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre.

Hoy estudio Gestión en la Universidad de Montpellier, Francia.

Soy soltero, defiendo a los pastores tuaregs. Soy musulmán, sin fanatismos.

-¡Qué lindo turbante tiene!

Está hecho de finas telas de algodón. Esto,  permite cubrir el rostro en el desierto, sin obstruir la vista y la respiración.

Los hombres azules

Nosotros, los tuaregs, somos llamados “los hombres Azules” por eso. El tejido se destiñe un poco y nuestra piel toma este color azulado.

A través de una planta llamada índigo mezclada con otros pigmentos naturales se obtiene el color azul.  Para los tuaregs, el azul es el color del mundo,es el color dominante: es el color del cielo…. Y de nuestras carpas….

Ser Tuareg

Tuareg significa “abandonado”, porque somos un pueblo nómada, muy antiguo, del desierto. Somos solitarios y orgullosos. Nos llaman también: “los señores del desierto”. Nuestra etnia es Amazigh, (bereber ó bárbaros), y nuestro alfabeto es tifinagh.

Hay alrededor de 3 millones, la mayoría permanece nómade. Pero la población disminuye. ¿Sería necesario que un pueblo desaparezca, para que se sepa que ha existido?…decía un sabio…

Nos ocupamos de los rebaños: dromedarios y cabras, en un reino inmenso y silencioso, es nuestra forma de vivir.

En el silencio del desierto

Cuando uno está solo en este silencio, uno puede escuchar el latido del propio corazón. No existe mejor lugar para estar solo.

El despertar con el sol, y lejos, las cabras de mi padre….ellas nos dan la leche y la carne.  Nosotros las llevamos a dónde hay hierbas y agua. Es así, como hacían los antiguos, y es así, como nosotros lo seguimos haciendo.  Para mí no había otra cosa, y yo estaba feliz así.

A los 7 años me dejaban alejarme del campamento para que aprenda cosas importantes: olfatear el aire, …. algo más que escuchar: desarrollar la agudeza del oído, aprender a orientarse con las estrellas, y dejarse guiar por el camello. Porque,  si uno se pierde, él te lleva siempre donde hay agua.

Ahí, todo es simple y profundo. Hay pocas cosas, y cada una, tiene un inmenso valor.

Ahí, un poquito…casi nada, puede darte mucha felicidad.  Cada cosa es valorada. Sentimos mucha alegría al estar juntos.  Nadie sueña ser… porque ¡YA LO SOMOS!

Desembarco en Europa

Ver las personas correr en el aeropuerto.  En el desierto, cuando uno corre, es porque ya viene una tormenta de arena….¡tuve miedo!…

También vi afiches de mujeres desnudas. Me pregunté: ¿por qué esa falta de respeto hacia las mujeres?.  Después en el hotel, vi la primera canilla de agua: ¡el agua corre fácilmente!…y,….tuve ganas de llorar….

Todos los días de mi vida, mi principal preocupación fue encontrar agua.  Cuando veo el número de fuentes que adornan la ciudad, siento un intenso dolor.

A comienzos del 90, tenía 12 años. Hubo una gran sequía. Los animales morían, nosotros nos enfermamos…. Mi madre murió…. Ella, era TODO para mí. Me contaba historias, me enseñaba cómo contarlas…. Me enseñó a SER YO MISMO.

Una obra de mi Madre

Convencí a mi padre que me permita ir a la escuela todos los días. Para ello, caminaba 15 kms todos los días. Hasta, que un profesor encontró un lugar para mí, donde pude dormir, y una mujer que me brindó un plato de comida.  Comprendí, con el tiempo, y cada vez que pasaba delante de ella, que –esta ayuda recibida- era obra de mi madre…..

Dos años antes de que, el Rallye París-Dakar haya pasado por nuestro campamento, una periodista dejó caer un libro.  Yo lo recogí y se lo dí… Ella me lo ofreció. Era un ejemplar de “El Principito”…Entonces, yo me PROMETÍ poder llegar a leerlo, algún día. Obtuve una beca para venir a estudiar a Francia.

Lo que más extraño acá, es la leche de camello, el calor abrasador, la caminata descalzo en una arena ardiente… Allá, miramos las estrellas todas las noches… Y, cada una, es diferente de la otra.

Las cabras, tampoco son idénticas: son parecidas. Aquí, cada uno mira la televisión.

Ustedes, tienen todo… pero nunca es suficiente; se quejan siempre. En Francia, la gente reclama permanentemente. Atan su vida a deudas bancarias, al deseo de poseerlo todo… luego, y a pesar de ello,  termina resultando: insuficiente. En el desierto, no hay embotellamiento ¿saben por qué? Porque ninguna persona está interesada en adelantarse a otra.

La felicidad de volver a casa todos los días

Todos los días, un poco antes de la puesta del sol, la temperatura baja, pero no es todavía muy fría… Los hombres y los animales lentamente, vuelven al campamento.  Sus siluetas, se entrecortan en un cielo rosado, azul, amarillo, rojo, anaranjado.

Es un momento ¡mágico! Volvemos a la carpa y hervimos agua para el té.  Nos sentamos en silencio y escuchamos el agua hervir. Nos invade la paz…. y nuestros corazones laten al mismo ritmo del agua en ebullición…¡Qué tranquilidad!

Acá, ustedes disponen de relojes, allá disponemos del tiempo….

En la vida de un tuareg, el tiempo no se circunscribe a la referencia señalada por un reloj. Cuántas veces, Ud. Dice: ¡no tengo tiempo!

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces, el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

Aproveche cada momento de ésta vida, encontrando el tiempo para vivir…

Ustedes viven diciendo que están ocupados. Entonces, nunca serán libres….

Si dice todo el tiempo: “no tengo tiempo”…. ¡no lo tendrá jamás!

Dejar para mañana, la posibilidad de vivir en espíritu y en verdad, en este río de la vida,  puede convertirse en un paso en falso…

Con información de revista Allah Mahabba 

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Tinariwen: La música los hará libres

Fueron perseguidos en Mali por sus reclamos libertarios, y hasta debieron tomar las armas y exiliarse. Pero estos músicos tuareg se encauzaron tras una obra notable que contacta un blues hipnótico con ritmos ancestrales.

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Tinariwen

Jamás!”, dice Abdallah Ag Alhousseyni en francés, del otro lado del teléfono, cuando se le pregunta si alguna vez a los Tinariwen se les ocurrió instalarse en otro país, en otro paisaje, en otro lugar en el mundo. “Vivimos un tiempo en Libia, pero volvimos a nuestra tierra. Siempre estamos más a gusto cuando estamos en lo nuestro, con los amigos, aunque la inspiración para componer puede llegar en cualquier momento”, dice desde Tamanrasset, pequeña ciudad al sur de Argelia, el guitarrista y cantante.

Justamente fue en Libia, adonde llegaron perseguidos por el Estado de Mali, que empezaron a componer música y enviarla secretamente allí. Así, como un mensaje de rebelión desde el exilio, empezó este grupazo aún casi desconocido por estas latitudes que debutará en Buenos Aires en marzo, en el ciclo Martes Indigentes. Tinariwen significa, literalmente, “los desiertos”. Allí, en los de Mali o Argelia, puntualmente en los campamentos de la región de Kidal, al noreste de Mali, y en la ciudad de Tessalit, es donde esta suerte de tribu de músicos-guerrilleros nómades suele vivir cuando no anda de gira por el mundo interpretando sus hipnóticos blues tuareg, con guitarras fascinantes apoyadas en bases tribales de percusión y letanías ancestrales.

Su sonido inimitable es una banda sonora del desierto como comarca hostil y áspera, pero con el cielo como techo y el horizonte siempre como límite, y proviene de una generación anterior de Tinariwen que aún influye sobre sus hijos: “Lo que hacemos no se aprende: nacés con esta música. No sé cómo explicarte, es algo natural: la música es así”.

También les resultó natural a Abdallah y a Ibrahim Ag Alhabib y Alhassane Ag Touhami, fundadores del grupo, cambiar en su momento las guitarras por las armas. Y viceversa. La inestabilidad política de una región azotada tanto por los fanatismos y los fundamentalismos religiosos (algunos son de Argelia, otros de Mali, todos musulmanes) como por la saña con que persigue el Estado de Mali a estos nómades empedernidos hizo que para ellos ambas sean de algún modo intercambiables: “Rebelde es una palabra que se usó mucho para referirse a Tinariwen, y realmente lo éramos. Hemos estado en los campos de batalla, pero ahora decidimos permanecer como músicos, como una forma de demostrar al mundo que hay armas más eficientes que las tradicionales”.

Desde 1963, los tuareg son perseguidos por el gobierno y la banda funciona también como un reclamo artístico a su legítimo derecho a tener tierras para su ganado y para vivir. En 2012, el Movimiento por la Liberación de Azawad consiguió crear Azawad, una nación para su pueblo que aún no ha sido reconocida oficialmente. “Esa iniciativa sigue igual, no sé si conseguiremos el reconocimiento de esa libertad, pero es posible.

Por su conexión con el blues, su música resulta cercana, pero a la vez, siendo música tuareg, lo suyo resulta tan exótico como elocuente. Basta escucharlos cantar sobre el dolor de una madre camello o sobre lo vasto que es su mundo para comprender que su música siempre es un canto de libertad. Una libertad tuareg, sólo posible de experimentar en el desierto. En Outside: The Joshua Tree Sessions el grupo lleva su ritual de expresión en torno del fuego al célebre desierto norteamericano donde alguna vez peregrinaron los U2, dándole forma a un disco acústico e hipnótico, desolado y a la vez esperanzado. Más eléctrico y catárquico, Emmaar, también publicado en 2014 y con inminente edición local vía Ultrapop, está marcado por el destierro ocasionado por las persecuciones y cuenta con colaboraciones de Saul Williams, Matt Sweeney (Gomez), Fats Kaplin y Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers).

La discografía de la banda ya cuenta con nueve discos, uno de los cuales les valió el Grammy a mejor “Banda de World Music” en 2012, pero el reconocimiento de sus colegas (desde los Chili Peppers hasta Robert Plant, pasando por Radiohead y TV On The Radio) no parece importarles demasiado.

Es complicado contactar a los Tinariwen, y sus respuestas en francés son lacónicas y prudentes. Abdallah Ag Alhousseyni acepta que no es fácil para un tuareg adaptarse a tantas prótesis tecnológicas: “Sí, es complicado convivir con la tecnología, sobre todo cuando trata de imponerte tantos elementos que no necesitás, pero también es positiva. Lo más importante es tener un chez-soi en el Sahara y quedarnos ahí”. En franchute africano, “chez-soi”, significa “lo nuestro”, el “lugar propio”, aunque ese “quedarnos ahí”, para ellos implica el movimiento continuo de los nómades. En definitiva, los Tinariwen buscan una paz que sólo se puede obtener otorgando y reconociendo sus derechos a su gente. Antes por las armas y ahora por la música, seguirán la lucha hasta el final.

Por Santiago Rial Ungaro
Con información de Página 12

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