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El ocaso de sumeria- Cambio climático

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La civilización Sumeria situaba sus ciudades en las fértiles riberas fluviales ubicadas entre los ríos Tigris y Eufrates, en la región de Mesopotamia en oriente próximo. Se la reconoce como la primera civilización humana, y se piensa que se constituyó como tal incluso con anterioridad a la Egipcia. No obstante, la desaparición de las ciudades que componían la civilización Sumeria llegó mucho antes que en Egipto, de hecho, las excavaciones arqueológicas muestran como en el entorno del 2200aC dichas poblaciones sumerias fueron abandonadas, saqueadas o destruidas. Pero, ¿que ocurrió para que ciudades que llegaron a alcanzar los 30000 habitantes desaparecieran en el transcurso de dos o tres siglos? ¿A que se debió el ocaso de Sumeria?

Parece ser; según teorías como la del Geólogo Estadounidense, Matt Konfirst, que un cambio climático en estas fechas es la causa del fin de esta civilización y la consiguiente desaparición de gran parte de su población. Se ha llegado a esta conclusión después de comprobar los registros geológicos a pie de campo; puesto que hay registros que muestran como aumentaron los niveles de salinidad y evaporación en el Mar Rojo y en el Mar Muerto, también hay pruebas de estratigrafía, que demuestran como los sedimentos de esta época tienen un mayor aporte de arena; que sólo puede ser explicado por una mayor cantidad de polvo en el ambiente, y que únicamente puede ser debido a un proceso de desertización en la zona. Otra prueba contundente la encontramos en Turquía, lugar del nacimiento de los ríos de Mesopotamia, donde se sabe que lagos como el de Van, cerca del nacimiento de ambos ríos, también descendieron abruptamente de nivel.

Para una sociedad basada en la agricultura, la dependencia del agua para poder llevar a cabo sus cosechas es vital para su supervivencia. Hasta aquel momento, los ríos Tigris y Eufrates nunca habían resultado problema para mantener los cultivos de cereales que sustentaban su sistema de vida y economía, pero alrededor del año 2200 a.C comenzaron a haber problemas de agua y comenzó un periodo convulso en la zona. La sequía se estima que se prolongó durante más de dos siglos, con lo que la civilización sumeria entró en decadencia. Aprovechando la coyuntura, sociedades nómadas mejor adaptadas a este entorno hostil saquearon las indefensas ciudades sumerias, resultando la puntilla final para la primera civilización de la historia de la humanidad.

Por Antoni Rubio
Con información de : Levante

©2015-paginasarabes®

Siguiendo la ruta del pueblo asirio – Por Ricardo Georges Ibrahim

Mesopotamia o “Beth Nahrein”, como la llamaban los asirios y la siguen llamando quienes se reivindican sus descendientes, es efectivamente “el país entre dos ríos”.

Mesopotamia o “Beth Nahrein”
Mesopotamia o “Beth Nahrein”

Las fronteras artificiales creadas tras el desmembramiento del Estado Otomano, tratados de Lausana y Sykes Pikot mediante, dividieron esta región entre la República de Turquía, Siria e Irak. Lo que fue una región con características propias y las mismas poblaciones, a uno y otro lado de las fronteras, se vieron arrinconadas entre tres nacionalismos territoriales diferentes, además de bajo la presión de nacionalismos étnicos turco, árabe y kurdo.

El recorrido que acompañado por los lectores realizaré, sigue la línea sur de la República de Turquía, adentrándonos hacia la parte turca de Mesopotamia, desde la ciudad de Gaziantep (Aintab, para los árabes), provincia fronteriza a la misma ya que se encuentra al oeste del río Eufrates (Furat). La provincia de Gaziantep formó parte del vilayeto otomano en tiempos anteriores a la primera guerra mundial, y en ella encontramos numerosos asentamientos arqueológicos atribuidos a las culturas hititas y neohititas. La más deslumbrante es sin duda, la antigua ciudad neohitita de Karkemish, con sus imponentes esfinges talladas en la roca. Los neohititas fueron un pueblo indoeuropeo que, tras la caída de la capital hitita en el centro de Anatolia, Hatusha, fundaron pequeños reinos en esta región y el noroeste de Siria. Esta cultura adoptó la religión del vecino pueblo asirio, del que fueron vasallos, y en el último periodo llegaron a utilizar junto con su lengua, el arameo como lengua franca.

Una de las esfinges que guardaban la entrada a la ciudad de Karkemish, expuesta en el Museo de Civilizaciones Anatólicas de Ankara. ©Ricardo Georges Ibrahim
Una de las esfinges que guardaban la entrada a la ciudad de Karkemish, expuesta en el Museo de Civilizaciones Anatólicas de Ankara. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

Gaziantep (Aintab) también cuenta con otra maravilla, de época romana, que es la antigua ciudad palaciega de Zeugma, a orillas del Eufrates. Esta ciudad del siglo II ac, quedó anegada por embalses realizados en el río, como parte del proyecto GAP (Güneydogu Anadolu Projesi) pero se recuperaron y restauraron los maravillosos mosaicos y otros restos en el Museo del Mosaico de Gaziantep, inaugurado en 2011.

Vista de columnas y mosaicos rescatados de Zeugma, en el Museo del Mosaico de Gaziantep. ©Ricardo Georges Ibrahim
Vista de columnas y mosaicos rescatados de Zeugma, en el Museo del Mosaico de Gaziantep. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

URFA Y HARRAN: Entrando al país de los asirios.

Cruzando el Eufrates desde Gaziantep, se llega a la provincia de Urfa, la ciudad que, según la tradición, fundara el rey asirio Nimrud, y también donde se sitúa el nacimiento del profeta Abraham (Ibrahim). Cuenta la leyenda, que allí se disgustó el rey Nimbrud con Abraham porque éste estaba destruyendo los símbolos que consideraba paganos. Y que en lo alto de la fortaleza que domina la ciudad, encendió una pira e intentó quemar a Abraham. En ese momento intervino la divinidad, convirtiendo el fuego en agua y las brasas en peces. Sigue la historia diciendo que entonces el rey tiró a Abraham desde la fortaleza, pero que éste, también por intervención divina, cayó sobre un lecho de rosas, sin daño alguno.



Hoy, el paisaje de la parte más bella del casco antiguo de la ciudad, conmemora con su complejo de monumentos esta historia. En lo alto del acantilado, donde están los restos de una fortaleza, dos columnas marcan el sitio desde donde fuera arrojado Abraham, mientras que en la parte baja dos lagos uno pequeño, indicaría el lecho de rosas donde cayera Abraham, mientras que una serie de canales llenas de peces, recrean el fuego convertido en agua y las brasas en peces. Peces que la gente alimenta, y que nadie pesca, porque se los considera sagrados y se dice que quien pesque alguno, quedará ciego.

Urfa, columnas desde las que según la leyenda, el rey Nimrud arrojó al vacío a Abraham. ©Ricardo Georges Ibrahim
Urfa, columnas desde las que según la leyenda, el rey Nimrud arrojó al vacío a Abraham. ©Ricardo Georges Ibrahim

La ciudad de Urfa, cuyo nombre original en siríaco (el dialecto arameo que adoptaron los asirios en el s. VII ac) es Orhay, fue tomada luego por los hititas, y posteriormente por Alejandro Magno, quien la llamó, en honor a una villa de su Macedonia natal, Edessa.

Gölbasi. Conjunto de canales, arcadas y mezquitas, (y restos de campanarios de iglesias), donde la gente de Urfa pasea y alimenta a las carpas. ©Ricardo Georges Ibrahim
Gölbasi. Conjunto de canales, arcadas y mezquitas, (y restos de campanarios de iglesias), donde la gente de Urfa pasea y alimenta a las carpas. ©Ricardo Georges Ibrahim

Urfa es de suma importancia para el cristianismo de la región y especialmente para la Iglesia Siriaca Ortodoxa, por dos motivos. Fue aquí donde nace la escritura y el idioma siríaco moderno, que utilizan aún las comunidades sirianas/asirias, y donde la población asiria, helenizada, comienza a adoptar el cristianismo. Esto se debe a la mítica figura del rey Agbar, quien habría intercambiado correspondencia, según manuscritos apócrifos y documentos que consideran auténticos la iglesia siria, con el propio Jesús.

Escritura en variante de siríaco. ©Ricardo Georges Ibrahim
Escritura en variante de siríaco. ©Ricardo Georges Ibrahim

 

 

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«Medio pan y un libro»

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Fue frase del poeta García Lorca al inaugurar la primera biblioteca pública de Granada, en 1931. Añadió que sentía más lástima por un hambriento de cultura que por uno de pan, considerando ambos extremos con dolor, pues arguyó que el hambre se puede saciar con medio pan, más una persona con apetencia de conocimiento no obtendrá nunca los libros suficientes para calmarse, excepto si dispone de una biblioteca pública generosa en sus dotaciones bibliográficas, sin censura al pensamiento universal.

Presenciamos una revolución de la palabra impresa. La primera en la historia y que marcó el principio del proceso que nos separa de la prehistoria, fueron las tabletas de arcilla de Mesopotamia; llegarán después alfabetos como el fenicio, la numerología árabe y se mutaron los materiales que de la arcilla, caña, bambú, seda, papiro derivaron al pergamino, documentos acumulados en los depósitos de la Biblioteca de Alejandría. Con la ayuda del papel y la tinta, devenidos de Oriente, sucede la invención de la imprenta por Gutemberg, de la que acertadamente aseveró era un ejército de 26 soldados de plomo con los que se podía conquistar el mundo. Se pensó que la divulgación abaratada del saber iba a despertar a la masa analfabeta de su letargo, que la sabiduría aposentada en los viejos manuscritos iba a ser difundida de modo libre. Se soñó, y en ello hicieron hincapié los voceros de la Ilustración, en un conocimiento que procuraría felicidad por los conocimientos adquiridos, bienestar por acceder a la madurez intelectual, y herramientas necesarias para la protesta por sus adversas condiciones sociales, económicas o políticas. Nacieron los periódicos y otras manifestaciones de divulgación. No en vano los movimientos fascistas, falangistas y otros extremos radicales hicieron y siguen haciendo allá donde broten, a más de encarcelar y fusilar, piras con los libros. Queman al adversario inmediato.

Con la revolución digital, algunos anuncian la muerte del libro impreso, pues el atajo al conocimiento parece ser infinito en las redes. Sabemos del tiempo, de las noticias últimas, encontramos la poesía secular y actual, los libros de épocas pasadas, los que se escriben hoy, la música, el arte, la comunicación social ampliada hasta el infinito … Quizá hoy Lorca diría «media barra de pan y un computador».

Lo que no ha variado a lo largo de los tiempos es el modo de escribir un artículo, una crónica, un ensayo, un libro o maquetar un periódico para producir interés. Escribir es un proceso que parte de una idea inicial y solitaria de interrogación, indignación y reclamo que exige documentación exhaustiva, despeje de los datos acumulados, conformación del criterio. Sigue la otra faceta de la tarea intelectual: materializar el mensaje en palabras, logrando que sea el preciso para convencer, motivar y, en ciertos casos, emocionar. Es un juego matemático de palabras y pensamiento, donde el autor camina en equilibrio precario. La actividad última es la publicación, digital o impresa. La labor de la bibliotecas públicas es ofrecer al lector esos estímulos totales para introducirlo en el foro de coloquio y polémica que surge entre el autor y su lector.

El Gobierno de Nabarra anuncia que no se comprarán este año libros para las bibliotecas públicas. Si García Lorca exigía en su brillante discurso libros para culturizar la República que inauguraba y cuya muerte fue la suya propia, creemos que en tiempos de crisis, con juventud en paro, uno de los dramas más lacerantes que padecemos junto a los desahucios, las bibliotecas deberían colmar ese espacio de tiempo muerto. Habrá usuarios que recurran al libro, al periódico impreso y a la red digital, quienes se sumerjan en Wikipedia, culminación del sueño de D’Alembert y Diderot y su enciclopedia que tanto bien hizo a la humanidad, y quienes escuchen música o divaguen por los espacios cibernéticos. La cultura debe ser un bien cuidado con más mimo que tantas otras cosas en las que el Gobierno de Nabarra, la de todos, despilfarra sus gastos, entre ellos, dejándonos y será siempre causa de nuestra lamentación, sin la CAN, y cobrando cantidades millonarias por no hacer nada.

Decía Steinbeck que por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo. Cierto es también que por los vacíos de la estanterías puede medirse el grado de preocupación de quienes gobiernan por el futuro ciudadano.

Por Arantzazu Amezaga Iribarren
Con información de : Deia

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CaixaForum «descubre» cómo era Mesopotamia «antes del Diluvio»

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La aportación fundamental de la cultura mesopotámica fue la invención, hace unos 5.500 años, de la ciudad, que cambio la vida del ser humano, y la creación del urbanismo, además de ser la cuna del inicio de la escritura.

A estos aspectos dedica CaixaForum Madrid la gran exposición «Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 a.C», la primera muestra que aborda, desde el fin de la guerra de Iraq, la cultura del sur de Mesopotamia, menos popular y conocida que la grecolatina o la egipcia.

Se trata de una civilización que no ha gozado del interés para ser divulgada como otras, además de porque las excavaciones en la zona comenzaron cien años más tarde que en otros lugares, la escritura sumeria se ha descifrado más recientemente.

A esto se une el hecho de que se trata de unos territorios en los que se vive una situación política conflictiva.

Por ello, la exposición trata de dar a conocer una parte olvidada y mostrar algunas de las aportaciones culturales generadas en este ámbito que se extendieron a todo el mundo, a través de 400 piezas relacionadas con los distintos aspectos de la cultura que se desarrolló en las llanuras fluviales del Tigris y el Éufrates en los milenios IV y III a. C.

Junto a obras de arte y artesanía, joyas y objetos rituales, textos y símbolos, se muestran también las investigaciones más recientes en torno a ese periodo, con entrevistas, reconstrucciones en 3D y documentación.

En este aspecto destacan ejemplares de textos árabes desde el siglo IX y cristianos desde el siglo XVI hasta los años treinta del siglo pasado de viajeros que recorrieron, a partir del siglo XII, el sur de Mesopotamia.

Pedro Azara, junto con un comité científico internacional, plantea en la exposición cómo la primera gran arquitectura monumental, la primera planificación territorial, la primera escritura de la historia y la primera contabilidad se originaron en Uruk hacia el año 3500 a. C.

«Descubrieron que era necesario enlazar los espacios habitables, terrenales y fluviales. Con la invención de las ciudades cambiaron la vida del ser humano, establecieron la división social y del trabajo, generándose bienes para el intercambio que originaron, a su vez, un marco legal y administrativo», comentó Azara.

En su opinión, las reglas que han permitido la cohabitación del ser humano aparecieron en el sur de Mesopotamia, «una zona muy conflictiva en la actualidad».

La intención de Azara al plantearse la muestra no ha sido únicamente hablar de arqueología «sino resaltar la influencia que el pasado ha podido tener sobre nosotros y, a la vez, plantear una interrogación sobre la interpretación que han hecho los historiadores y arqueólogos de distintas épocas».

El comisario recuerda que en la segunda mitad del siglo XIX se realizaron las primeras misiones arqueológicas, interrumpidas en los años 80, cuando se iniciaron los conflictos en la zona.

Con motivo de la preparación de la muestra el gobierno iraquí autorizó por primera vez la presencia extranjera en esta zona, en la que algunos yacimientos están minados, aunque el mayor daño que han sufrido ha sido a causa de el propio trabajo de los arqueólogos, «que no distinguieron entre terreno y construcciones y lo devastaron», según Azara.

Aunque son muchas las piezas destacadas que se pueden contemplar en el recorrido de la exposición, el comisario destaca el gran valor del ajuar funerario encontrado en las tumbas reales y objetos más modestos realizados en terracota que proceden de la vida cotidiana.

Además, destaca las maquetas de barcos y carros de terracota, la corona procedente de una tumba de Ur, así como la estatua del príncipe Gudea rezando, procedente del museo del Louvre.

Junto a las piezas sumerias, la exposición incluye algunas contemporáneas, fotografías y filmaciones que son testimonio de la fascinación del viaje a las fuentes de la cultura, o de lo que queda de ella: la serie «Mesopotamia», de Ursula Schulz-Dornburg; el vídeo «Shadow Sites II», de Jananne Al-Ani, y «Escultura de arena», una fotografía de David Bestué. EFE

Por Mila Trenas.
Con información de El Confidencial

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