Historia de Etiopía y las fuentes del Nilo Azul

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Nacimiento del Nilo Azul (mapa de 1650)

Acaba de pasar el punto álgido de la efeméride cervantina en la que, entre otros muchos datos, más de uno se habrá llevado la sorpresa de descubrir que el primer país que publicó el Quijote (después de España, se entiende) fue Inglaterra: traducción de Thomas Shelton, en 1620. Ese interés por nuestra literatura, que no tuvo correspondencia a la inversa en el caso de Shakespeare, por ejemplo, ha dado lugar a casos un tanto estrambóticos. Así, aunque sea a toro pasado, no me resisto a reseñar la relativamente reciente publicación de un libro al que se puede tildar de insólito, entre otros muchos adjetivos. Digo a toro pasado porque dicha publicación se hizo hace ahora un par de años y pasó bastante desapercibida a pesar de su importancia y del hecho asombroso, casi grotesco, de que el texto fuera escrito por un español hace la friolera de casi cuatrocientos años. En efecto, cuatro siglos pasaron y aquí nadie se acordó de él hasta ahora.





Me refiero a la excepcional Historia de Etiopía de Pedro Páez Jaramillo, redactada también por aquellos tiempos, muy poco después: en 1622. Si alguien se está preguntando cómo se le ocurrió a un español que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII escribir algo tan raro, la respuesta es que se trataba de un misionero jesuita que recorrió de cabo a rabo aquellas latitudes africanas, los actuales países de Etiopía y Sudán, siendo el primer occidental en descubrir las fuentes del Nilo Azul. O sea, centuria y media antes de que lo hiciera el escocés James Bruce, que pasa por ser el descubridor oficial.

Sj Pedro Páez Jaramillo
Sj Pedro Páez Jaramillo

Páez era natural de la villa madrileña de Olmeda de las Cebollas, que desde 1953 se llama Olmeda de las Fuentes aunque, curiosamente, ello no tiene nada que ver con el nacimiento del Nilo sino con la cantidad de manantiales de la localidad. En 1582 ingresó en la Compañía de Jesús y fue destinado a la ciudad india de Goa, donde seis años más tarde fue ordenado sacerdote. Desde allí realizó su primer viaje a Etiopía, acompañado del padre Antonio de Montserrat, otro jesuita que había recorrido el sudoeste asiático. Recorrieron regiones jamás pisadas antes por ningún europeo pero terminaron engañados por un mercader, apresados y vendidos como esclavos a los turcos, pasando siete años de penoso cautiverio en galeras hasta que Felipe II gestionó el pago de su rescate.

Sj padre Antonio de Montserrat
Sj padre Antonio de Montserrat

Gravemente enfermos volvieron a Goa. Montserrat falleció pero Páez logró sobrevivir y tras ocho meses de convalecencia, se dio cuenta de que Etiopía había dejado huella en él, así que regresó en 1603, disfrazado de armenio. Esta vez tuvo más suerte y pudo quedarse sin problemas gracias a que, siguiendo la norma misionera jesuítica, aprendió el idioma y se empapó de la cultura autóctona. Así pudo trabar contacto y amistad no sólo con las gentes sino incluso con los emperadores mismos, Za Dengel y Susinios, a los que consiguió convencer para convertirse al catolicismo. Es más, se convirtió en consejero del segundo, acompañándole en varios viajes (en uno de ellos descubrió ese punto donde nace el Nilo Azul, momento que describió diciendo: “Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro, el gran Alejandro y Julio César”, y para el que hizo también de arquitecto e ingeniero, construyendo un palacio y una iglesia a orillas del lago Tana -donde están las fuentes-, así como varios puentes.

Páez estuvo diecinueve años en el país, pasó por Yemen (donde también terminó dominando su lengua, al igual que el árabe) y se convirtió en un erudito, experto en la historia y la cultura etíopes hasta el punto de poder escribir varios libros pedagógicos (un diccionario, un catecismo, una gramática…). Su obra magna, sin embargo, fue la sensacional Historia de Etiopía, para la que utilizó el portugués. Sensacional porque además no se dejó llevar por la imaginación, como era frecuente en aquellos tiempos, y procuró aplicar un criterio estrictamente científico.





Ese libro es un compendio de conocimientos empíricos sobre geografía, historia, fauna, flora, costumbres, creencias, arte y, en suma, todo lo referente a aquel rincón del mundo (extendiendo la descripción al sur de Arabia), aparte de su propia experiencia personal como misionero y explorador. Hasta nos dejó la primera alusión a una desconocida bebida llamada café. El manuscrito original, compuesto por cuatro tomos, se conserva en el archivo histórico de los jesuitas y tiene algo que lo hace aún más rara avis todavía: el hecho de que jamás se editara, permaneciendo inédito hasta que en una fecha tan cercana como 1945 las imprentas lo sacaron por primera vez. Y no fue en español sino en portugués.

Lago Tana  ©NASA en ©Wikimedia
Lago Tana  ©NASA en ©Wikimedia

Incomprensiblemente, para poder leer la Historia de Etiopía en nuestro idioma ha habido que esperar hasta hace un par de años, cuando se celebró el 450º aniversario del nacimiento de Páez y una editorial la puso en el mercado en dos volúmenes y con un mapa de 1650. El jesuita murió de malaria en 1622, nada más terminar el libro, y su cuerpo fue enterrado en aquella tierra sin que sepamos el punto exacto, probablemente en la ciudad de Górgora, que se asoma al Nilo Azul desde una colina. Un sitio perfecto para su descubridor, un hombre que, en palabras del escritor viajero Javier Reverte, “si fuera inglés sería tan conocido en el mundo como Livingstone”.

Por Jorge Alvarez
Con información de LBV

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Canto para los hombres – Mahmoud Darwish

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CANTO PARA LOS HOMBRES
(fragmentos)
(Poesía Palestina)

     Saludo de bienvenida

Vengan compañeros de cadenas y tristezas
caminemos hacia la más bella orilla
nosotros no nos someteremos
sólo podemos perder
el ataúd
más alto
nuestras gargantas
más alto
nuestras esperanzas
más alto
nuestras ambiciones
fabricaremos con nuestra potencia
crucifijos del pasado y del presente
una escala para los mañanas…
y nuestros enemigos nos insultan.

“Hala… salvajes… árabes”
¡sí! Árabes
y estamos orgullosos
y sabemos cómo empuñar la hoz
cómo resistir
incluso sin las armas
y sabemos como construir la fábrica moderna.

La casa
el hospital
la escuela
la bomba
el cohete
la música
y escribimos entre los más bellos poemas
sentimientos, ideas y arquitectura.




UNA VOZ:

Hemos oído tu voz incandescente
la hemos escuchado
¿cómo las palabras transformarán
las grutas de la noche de cristal?
si tu voz está investida de tinieblas
y tu pueblo
lágrima vertida sobre los siglos de oro
y tu tierra
como un ornamento de tapiz de ruegos
lanzando a los caminos
y tú sin alforjas
¿y después y después?
es muy bella tu voz
cargada con vientos del Norte
pero estamos cansados.

RESPUESTA:

Tú estás sometido como el asfalto
sometido
tú que simulas impaciencia
tú eres simple… como la luna
crucificada sobre la roca
déjame terminar mi canción
déjame engullir la tempestad
déjame almacenar la dinamita en mi sangre
tú estás sometido como el asfalto
simple… como la luna.

UNA VOZ:

¿Y después y después?
y tu pueblo
lágrima vertida sobre los siglos de oro
el himno de las cadenas
nos lima
y cava la tumba
de los combatientes.

RESPUESTA

                Con el Cristo

-Oigo
-Quiero hablar con el Cristo
-Sí ¿quién eres?
-Hablo desde Jerusalem
mis pies están clavados
y llevo una corona de espinas
que vía debo escoger
Oh hijo de Dios
¿qué vía?
¿Debo negar el dulce fin
o debo caminar?
¿y si avanza y muero?
-Yo les digo: adelante pueblo.

                Con Muhammad

-Oigo
-Quiero hablar con Muhammad, el árabe
-Sí, ¿quién eres tú?
-Un prisionero en mi país
sin tierra
sin bandera
sin hogar
han echado a los míos al exilio
y han venido a comprar el fuego en mi voz
no hay salida en la oscuridad de mi prisión
¿qué hacer?
-Desafía prisiones y gorilas
la dulzura de la fe
fundirá la amargura de tu condición.

                Con el Mesías

-Oigo. Oigo
-¿el Mesías está?
-Sí, ¿quién eres tú?
-Señor, yo soy un palestino
tenía brazos que laboraban
una tierra regada por los brazos y los ojos de mi padre
y tenía sandalias y una capa
un turbante y unos tamboriles
y tenía
-Ya basta, hijo
de memoria conozco vuestra historia
Vuestra historia posada sobre mi corazón
como cuchillas.




CONTINÚA LA CANCIÓN:

Déjenme terminar la canción
porque la ofrenda de los ancestros a los descendientes es
“nosotros sembramos… recojan”
la voz nos llega como el aguacero
inundando al destierro
fecundando los árboles estériles
déjenme terminar la canción
con el Congo… las junglas
con los cuerpos que vierten sus lágrimas
a fin de embriagar a las selvas
de afilar la hoja del verdugo
a fin de completar el camino del Congo
Adelante…
los tambores alcanzan las génesis
déjame terminar la canción
con el Danubio, el Jordán y el Volga
con los ríos, los saltos y las flores
y allá donde los árboles enlazan sus racimos
yo soy de ellos
yo soy una flauta en la orquesta
de los que sacudieron de sus ojos el polvo del pecado
y han reunido el espacio y el sol
del porvenir radiante
yo soy más fuerte
soy más duradero
que la negra catástrofe
¡Sí! palestino
y no me da vergüenza.

           Mahmoud Darwish         
(De “Un enamorado de Palestina”.)

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