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El ocultamiento del cero en el antiguo Egipto.

“Lo divino está oculto del vulgo conforme a la sabiduría del Señor.” Cleopatra VII

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“En la naturaleza debe estudiarse aquello a partir de lo cual Dios lo creó todo.”
Pitágoras

El lenguaje simbólico empleado por los shemsu em Kemet [1] en cualquiera de las manifestaciones de su cultura, incluyendo la matemática, requiere una segunda lectura dirigida a develar los misterios que han permanecido en silencio durante milenios. La sabiduría de Thot, ciertamente «transmitida “de labios a oídos”, fue custodiada bajo severas disposiciones que incluían el  castigo de aquellos que rompiesen su voto de silencio, por lo cual la iniciación adquirió una profunda connotación simbólica insertada, asimismo, en el “tercer significado” de la escritura jeroglífica, descifrable sólo por los neófitos» [2]   En este empeño deshermetizante, la numerología constituye un pilar fundamental que no puede omitirse si se desea beber de la misma “fuente de la sabiduría” de los egipcios.

Pitágoras, iniciado en estos Misterios, escribió un libro –que se extravió para la historia– sobre la ciencia de los números llamado “Hieros Logos” (La Palabra Sagrada), del que tenemos conocimiento gracias a sus seguidores de la Escuela pitagórica, y en cuyos trabajos está contenida la mayor parte de lo que el Padre de la Numerología legó a la humanidad. Pitágoras llamaba a sus discípulos matemáticos, debido a que sus conocimientos superiores comenzaban precisamente con la doctrina de los números. Esta matemática era sagrada, trascendente, a diferencia de la profana conocida por los filósofos de entonces. “Por medio de los números Dios se revela y muestra la concatenación de las ciencias de la naturaleza” –decía Pitágoras.

Una pregunta común entre los estudiosos de las matemáticas suele ser: ¿quién descubrió el cero? Muchos responderían que hindúes o árabes, otros quizás mencionarían a los mayas. La naturaleza de esta cuestión radica en si alguien en particular tuvo alguna vez la idea del cero, lo que hace prácticamente imposible responderla de manera satisfactoria. El problema pudiera compararse con el origen del progenota, la primera célula primitiva. Nótese que no podría formularse una respuesta viable para este cuestionamiento cuando hablamos desde los marcos teóricos del propio concepto.

La búsqueda del cero ha resultado un dolor de cabeza para los historiadores de las matemáticas que en cierto momento han pasado por alto sus apariciones casi fantasmales, como es el concepto del cero en el antiguo Egipto.Egiptólogos como Borchardt, Petrie y Reisner conocían del jeroglífico nfr en construcciones del Reino Antiguo (…) Scharff y Gardiner sabían que el símbolo egipcio nfr se había usado para representar el resto cero en libros de cuentas. Sin embargo, historiadores de las matemáticas incluyendo a Gillings, probablemente no tuvieron conocimiento del símbolo egipcio para el cero porque este no aparecía en los papiros matemáticos sobrevivientes.



(…) Es cierto que un valor posicional no fue usado (o necesitado) en los “registros contables” del sistema decimal egipcio. Sin embargo, los egipcios usaron un símbolo para al menos dos aplicaciones del concepto cero. En sitios de construcción del Reino Antiguo el jeroglífico “nfr” se usó para marcar el punto cero sobre un número de líneas que sirvieron como guías. Por ejemplo, una serie de líneas niveladoras horizontales fueron usadas en la construcción de la pirámide del Médium en el Reino Antiguo. Las líneas por debajo del nivel cero se marcaron 1 cúbito bajo cero, 2 cúbitos bajo cero, y así sucesivamente. Las líneas bajo ese nivel se marcaban acorde con el número de cúbitos bajo cero. (…) El temprano uso de números dirigidos, donde por encima y por debajo son comparables con positivo y negativo, no debe pasar inadvertido. El mismo símbolo “nfr” fue usado además para expresar el resto cero en una hoja de cuentas  mensual de la dinastía XIII, hacia el 1770 a.C. en el Reino Medio. Semeja una hoja de cálculo de doble entrada con columnas separadas para cada tipo de bienes. Finalmente, el desembolso total se substrajo del total de ingresos de cada columna. Cuatro columnas poseían resto cero, denotados por el símbolo nfr.[3]

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Uno de los motivos por los que pasó inadvertido por tanto tiempo radica en el propio concepto del cero, díganse sus usos. Su valor posicional –que no utilizaron los egipcios por las razones que se expondrán en este texto– es utilizado para indicar un lugar vacío en los sistemas numéricos como el nuestro. Resulta necesario para distinguir dos números como el 5051 y el 551, por ejemplo. El segundo uso del cero es como número en sí mismo (los que vieron Borchardt, Petrie y Reisner en las pirámides y templos del Reino Antiguo).

Existen otros aspectos del cero bien distintos en estos dos usos, a saber, el concepto, la notación y el nombre. El origen del nombre tiene un recorrido histórico bastante accidentado; los hindúes lo llamaron “sunya”, más tarde en árabe se lo llamó “sifr” [4] , pasando al latín como  “zephўrum” y al italiano como “cero”. El término en español fue tomado del italiano sin modificaciones. El vocablo “cifra” –de origen idéntico– sirvió primero para designar al cero, pero después pasó a utilizarse para el resto de los numerales. Resulta interesante el parecido entre el nombre latino y la palabra hebrea “sephira”, o sefirot, que se refiere a las emanaciones de la deidad en la Cábala.

Volviendo al egipcio nfr, según Faulkner [5], significa «de apariencia, bello, hermoso» y «de condición, feliz, bueno, bien», sin olvidar su condición matemática de «cero; nfr n “no”, “no hay”» y «nfr w nivel del suelo, base». Es curioso que los mayas hicieran también una asociación positiva con el concepto del cero, representándolo con una concha, de connotación favorable.

Además del carácter exclusivamente numérico, en la cultura egipcia el cero tuvo una significación esotérica de vital importancia en los Misterios iniciático.

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nfr

El jeroglífico (nfr), es también una abstracción del conjunto de la tráquea, el corazón y los pulmones humanos, que en la anatomía esotérica del iniciado en estos misterios son órganos en extremo relevantes. Valga mencionar la equivalencia del plexo cardíaco con el elemento Aire (presente en pulmones y tráquea) como parte del tetragrámaton AROT-TORA (letra R) que explica Julia Calzadilla en su teoría vertebral y chákrica sobre las construcciones piramidales en el antiguo Egipto:

De conformidad con las 8 “permutaciones” del tetragrámaton básico AROT-TORA, y la equivalencia chákrica del cuaternario inferior y la tríada superior, en la realización de la Gran Obra las diversas partes del cuerpo humano participarían de los “giros” de la “Gran Rueda”, conociendo la identidad de cabeza y pies (Norte y Sur) como plexos solar y anal (sol/tierra, Leo/Tauro) y la ubicación del plexo cardíaco en la zona Este o del Aire (Acuario) y la del prostático en la zona Este o del Agua (Escorpión). [6]

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ib

El símbolo (ib), corazón, es un recipiente «cuya connotación esotérica equivalía al útero o yoni femenino en calidad de “receptáculo del pensamiento y del conocimiento”» [7], y el medio –según el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière en “Los Grandes Mensajes”– indispensable para la autorrealización; limitado en su parte inferior por el plexo solar y superiormente por el plexo faríngeo, delimitando el cuaternario inferior y la tríada superior divina. Además «la cosmogonía derivada de Ptah, piedra angular de la desarrollada filosofía contenida en la Teología Menfita es, por su formulación, un concepto abstracto también relevante en nuestro tema por constituir un antecedente directo de la doctrina del logos que aparece en el Evangelio de San Juan: Ptah, el dios de Menfis fue, por ende, el “corazón” (pensamiento) y la “lengua” (mandato) equivalentes del Verbo cristiano.» [8]

La  teología heliopolitana explica la Creación en términos de emanación –recordemos los sefirots de la Cábala– de la Enéada, los primeros nueve dioses, de los cuales el resto de los nombres [9] se manifiesta. En Heliópolis (Annu), el principio creador o demiurgo es Atum, que significa en principio “todo” y a la vez “nada” (recordemos a Cristo cuando dijo: “Yo soy el alfa y la omega” [10]); representa la totalidad del Universo que es aún amorfo e intangible. Llegados a este punto resulta necesario develar la relación entre el principio creador y el cero, sin dudas marcado por la intención de ocultamiento. En la numerología mística, según el Dr. Ivan Seperiza, el cero «Representa lo absoluto e infinito, lo eterno en potencia que no es un valor pero valoriza todas las cosas, lo que no es una realidad pero sí es el espacio donde la realidad se manifiesta. El cero «0» es el principio viviente en estado latente previo a la Manifestación. Por tanto el cero «0», se refiere a lo que aún no es, pero que puede serlo todo. Su forma más abstracta es la negación, que se afina como negación de todo límite o determinación y se completa como luz o energía infinita.

El cero «0» es la potencialidad como raíz oculta de toda manifestación. Está representado por él circulo, figura auto contenida e infinita al carecer de principio y de fin.» [11] En una de las tres versiones de dicha teología se relata que Atum dio existencia a su propio ser separándose del Nun (las aguas primordiales) y dando lugar a la primera colina, la conocida piedra Benben de forma piramidal relacionada con el ave Bennu [12]. Él entonces “escupe” a la primera divinidad: Shu (el aire, principio masculino) y “expectora” a Tefnut (la humedad, el principio femenino). Estos dos principios antagónicos  son a la vez no excluyentes, puesto que Tefnut, identificada con el León (en la astrología oriental se lo asocia con el sol) representa al elemento Fuego y Shu, simbolizado por la pluma sobre su cabeza, el elemento Agua. En otra versión Atum se crea a sí mismo proyectando su corazón (conciencia), así como a otros ocho principios o nombres: Shu y Tefnut, Geb (Tierra) y Nut (Cielo), y al final a Osiris e Isis, Seth y Neftis. Esta es la Gran Enéada de Heliópolis.

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Hay un elemento que parece “olvidarse” en cualquiera de las tres versiones que conocemos de la teología heliopolitana. La pista la encontramos en el calendario solar egipcio, compuesto por  tres estaciones (Akhet, Peret y Shomu) y doce meses de treinta días cada uno (Tekhy/Djehuty, Hethert, Ka-her.ka, Ta’abet/Pa-henu-mut, Pa-en-mekher, Pa-en-Amenhotep, Pa-en-Renenutet, Pa-en-Khonsu, Pa-en-Inet e Ipip). Al final del año se encuentran cinco días festivos conocidos como epagómenos, días en los que –según la Leyenda del Cielo y de la Tierra– Nut dio a luz a sus hijos:

Primer día: Wesir (Osiris)
Segundo día: Heru wer (Horus el Viejo)
Tercer día: Seth
Cuarto día: Aset (Isis)
Quinto día: Nebt-het (Neftis)

Hemos aquí encontrado una de las claves de los Misterios iniciáticos: el segundo día está dedicado a Horus el Viejo (no debemos confundirlo con Heru-sa-Aset [13])  el que, según el orden establecido, sería el séptimo [14] principio en manifestarse, sin embargo,  este nombre no aparece listado en la Enéada. ¿Por qué? La respuesta es bien sencilla, y constituye la comprobación de los objetivos de este texto: Heru wer se identifica plenamente con Atum, el principio creador, por lo que podemos ubicarlo al principio o al final. Aquí encontramos uno de los enigmáticos problemas tan frecuentes en otras culturas: Nut es la madre de su padre [15] (Heru wer/Atum), hecho que pudiera parecer una contradicción, pero no lo es.



El ocultamiento del cero como valor posicional –acaso necesario– en las matemáticas egipcias es completamente de índole esotérica. A través de este texto hemos comprobado la identificación del cero con el principio creador  y a una de las emanaciones con Él mismo. La imagen de la Enéada identificando al cero con Heru wer o Atum es la misma que la de la serpiente que se muerde la cola, el Ouroboros, lo que demuestra el por qué de la fusión de estos dos principios, el ocultamiento del cero, y la elevación del número nueve como número mágico [16].

 cero_egipto_clip_image005En el Ouroboros mismo radica otra innegable prueba de estos misterios. La serpiente es en sí misma símbolo del fuego creador y de la sabiduría (los hindúes llamaban a sus sabios “Nagas”, la misma palabra utilizada para serpiente; Cristo aconsejaba a sus discípulos que fueran “sabios como la serpiente”). El Ureus, la cobra sagrada de los faraones, simboliza la iniciación en los ritos sagrados donde se alcanzaba el conocimiento de la sabiduría oculta; su colocación sobre el entrecejo denota que el fuego sexual (en el tantrismo blanco hindú) ha sido sublimado y elevado por la Kundalini, la serpiente ígnea, hasta el chakra del tercer ojo. La serpiente que se traga la cola representa el «círculo del universo», la interminabilidad del proceso cíclico de la manifestación.

Liungman [17] ha asociado al Ouroboros con el símbolo del infinito, cero_egipto_clip_image007el sagrado ocho sacralizado en la Ogdóada de la teología hermopolitana emanada de la sabiduría de Thot.

Solo queda por advertir a los lectores que, al igual que llegó a mí, esta pequeña gota de la sabiduría oculta sea guardada con el mismo recelo que la guardaron nuestros akhu [18] en aquellos tiempos cuando “la fuente del conocimiento era abierta para el silencioso”.

¡Senebty! Sener.

Por  Ivan Rodríguez López


Referencias:

[1] Seguidores de la fe kemética (egipcia).

[2] Calzadilla Núñez, Julia L. La Gran Rueda. Una lectura decodificatoria de la espiritualidad en los misterios del Antiguo Egipto. Inédito. –Se afirma, acertadamente, que los jeroglíficos egipcios tenían un triple significado: a) “hablar” (por su valor fonético, destinado al hombre común, no iniciado); b) “expresar” (por su valor escrito, destinado al escriba); c) “ocultar” (por su valor esotérico, destinado a los sacerdotes, escribas y adeptos).– Notas suministradas por la autora.

[3] Lumpkin, Beatrice. The Mathematical Legacy of Ancient Egypt – A Response to Robert Palter. Manuscrito inédito. National Science Foundation (NSF) y National Science, Technology, Engineering, and Mathematics Education Digital Library (NSDL). Traducción del autor.

[4] Nótese la presencia de la partícula fr en sifr presente también en el egipcio nfr –recordando la naturaleza consonántica de las lenguas semíticas– como una posible apropiación fonética por los pueblos árabes.

[5] Faulkner, R. O. Diccionario Conciso de Egipcio Medio. Versión online en el sitio egiptomanía de Juan de la Torre Suárez. Disponible en Egiptomania

[6] Calzadilla Núñez, Julia. Op. cit. El subrayado es mío.

[7] Calzadilla Núñez, Julia. Op. cit.

[8] Ibid.

[9] Se refiere a las manifestaciones del Dios Único. La religión egipcia es monólatra, no monoteísta como se creía hasta hace poco. El término monolatría fue acuñado por  Erich Winter y Siegfried Morenz en referencia a las concepciones de Dios en el Cercano Oriente, y aplicado al Egipto antiguo por Erik Hornung, Ene Assmann, y otros egiptólogos y estudiantes de religión.  Monolatría es una forma diferente de politeísmo en la que se adora a varias deidades, entendiéndolas como parte de una única fuente divina.

[10] Ap. 1, 8, 10-11.

[11] Seperiza Pasquali, Iván. 1441. Sitio del autor

[12] Benben está compuesto por la repetición del sonido bn, cuyo plural es bnw, lo mismo que en Bennu.

[13] Horus, hijo de Isis.

[14] En términos taróticos, 7 es el número del progreso, la acción independiente y la auto-expresión. El Arcano Mayor 7 expresa, en lo divino, el septenario, la dominación del Espíritu sobre la Naturaleza, en lo intelectual, el imperio y el sacerdocio, y en lo físico la sumisión de los elementos y las fuerzas de la materia al trabajo y a la inteligencia del hombre.

[15] En la religión cristiana, v.g. María es también la Madre de Dios.

[16] Si multiplicamos el nueve por cualquier número –excepto por cero–, del resultado de la autosuma de los dígitos del número resultante siempre obtenemos nueve.

[17] Liungman, Dictionary of Symbols. pág. 266.

[18] Ancestros. Los akhu son los kau (plural de ka, el doble del ba o alma) de nuestros ancestros muertos.


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La princesa Enhedu Enheduanna – La primera escritora en la historia de la literatura universal

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ENHEDUANNA
, Princesa Lunar Acadia, hija de Sargón (2334-2279 a.C.), «Rey de Acad, comisario de Innana, Rey de Kish, sacerdote de Anu, Rey del País, gobernador de Enlil», quien fundara el primer Imperio del mundo, entre Persia y el Mediterráneo, nacida circa 2300 a.C., es la primera persona que une nombre y obra preservados en la historia de la literatura.

Palabras atribuídas a su padre, el Rey, aparecen grabadas en tabletas cuneiformes del temprano primer milenio: «Mi madre sacerdotal me concibió; secretamente me trajo al nacimiento;me colocó en un arca; hizo trabar mi puerta. Me confió al río, que no me hundió. El río me trajo hasta Akki, el labrador, quien me condujo a ser su hijo

… Durante mi jardinería,la diosa Ishtar me amó, y durante cincuenta y cuatro años mío fue el Reinado».

Los poemas de Enheduanna están dirigidos a la diosa Sumeria del amor, Innana: le habla a una deidad que a veces trae la felicidad y a veces el desastre sobre la tierra.

Estas 7 estrofas pertenecen a un sólo poema, llamado «La exaltación de Enheduanna a Innana», que contiene un total de 18. Representan una muestra parcial de su estilo poético,y pueden completarse en una segunda presentación, más adelante.

En la Universidad de Yale se guardan: un disco de 25 cms. de diámetro, en piedra caliza, en el que aparece la imagen de Enheduanna, acompañada por tres mujeres, y las tabulae cuneiformes en los que se hallan inscriptos estos versos.

 

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«LA EXALTACION DE ENHEDUANNA A INANNA»

INNANA Y LAS ESCENCIAS DIVINAS

Señora de todas las escencias, luz plena,

buena mujer vestida de esplendor

a quien el cielo y la tierra aman,

amiga de templo de An,

tu llevas grandes ornamentos,

tú deseas la tiara de la alta sacerdotisa

cuyas manos sostienen las siete escencias,

O mi señora, guardiana de todas las grandes escencias,

las has escogido y colgado

de tu mano.

Has reunido las escencias sagradas y las has puesto

apretadas sobre tus pechos.

INANNA Y AN

Como un dragón has cubierto el suelo

de veneno.

Como el trueno cuando ruges sobre la tierra,

árboles y plantas caen a tu paso.

Eres una inundación descendiendo desde una montaña,

¡Oh primaria,

diosa lunar del cielo y de la tierra!

Tu fuego sopla alrededor y cae sobre nuestra nación.

Señora montada sobre una bestia,

An te da cualidades, órdenes sagradas,

y tú decides.

Tú estás en todos nuestros grandes ritos.

¿Quién puede entenderte?

INNANA Y ENLIL

Las tormentas te prestan alas, destructora de nuestras tierras.

Amada por Enlil, tú vuelas sobre nuestra nación.

Tú sirves a los decretos de An.

Oh mi señora, al oir tu sonido,

colinas y llanuras reverencian.

Cuando nos presentamos ante tí,

aterrados, temblando en tu clara luz tormentosa,

recibimos justicia.

Nosotros cantamos, nos lamentamos, y lloramos ante tí

y caminamos hacia tí a través de un sendero

desde la casa de los enormes suspiros.

INANNA E ISHKUR

Tú lo derribas todo en la batalla.

Oh, mi señora sobre tus alas

llevas la segada tierra y embistes enmascarada

en una atacante tormenta,

ruges como una rugiente tormenta,

truenas y sigues tronando, y resoplas

con vientos malignos.

Tus pies están llenos de inquietud.

En tu arpa de suspiros

yo escucho tu canto fúnebre.

INANNA Y LA ANUNNA

Oh, mi señora, la Anunna, los grandes dioses,

aleteando como murciélagos delante tuyo,

se vuelan hacia los farallones.

No tienen el valor de caminar

delante de tu terrible mirada.

¿Quién puede domar tu furibundo corazón?

Ningún dios menor.

Tu malevolente corazón está más allá de la templanza.

Señora, tu sedas los reinos de la bestia,

tú nos haces felices.

Tu furia está más allá de la templanza,

¡Oh hija mayor de Suen!

¿Quién te ha negado alguna vez reverencia,

señora, suprema sobre la tierra?

INANNA Y EBIH

En las montañas en las que no eres venerada

la vegetación está maldita.

Tú has convertido en cenizas sus grandes entradas.

Por tí los ríos se inflan de sangre

y la gente no tiene nada que beber.

El ejército de la montaña va hacia tí cautivo

espontáneamente.

Saludables hombres jóvenes desfilan ante tí

espontáneamente.

La ciudad danzante está colmada de tormenta,

conduciendo a los hombres jóvenes hacia tí, cautivos.

INANNA Y LA CIUDAD DE URUK

Has dicho tu sagrado mandato sobre la ciudad

que no ha declarado:

«Esta tierra es tuya,»

que no ha declarado:

«Le pertenece a tu padre y al padre de tu padre,»

y tú has bloqueado su paso hacia tí,

tu has alzado tu pie y abandonado

su granero de la fertilidad.

Las mujeres de la ciudad ya no hablan de amor

con sus maridos.

Por las noches ellos no hacen el amor.

Ya no están desnudas delante de ellos,

revelando íntimos tesoros.

Gran hija de Suen,

impetuosa vaca salvaje, suprema señora comandante de An,

¿quién se atreve a no venerarte?

DEl «HIMNO A INANNA»

Señora de todos los poderes

En quien la luz aparece,

Una luz radiante

Amada por Cielo y Tierra,

Tiara-coronada

Sacerdotisa del Más Alto Dios,

Mi Señora, tú eres la guardiana

De toda grandeza.

Tu mano sostiene los siete poderes:

Tú alzas los poderes de ser,

Tú los has colgado sobre tus dedos,

Tú has reunido los muchos poderes,

Los has abrochado ahora

Como collares sobre tu pecho.

****

Como un dragón,

Envenenaste el suelo-

Cuando le rugiste a la tierra

En tu trueno,

Nada verde podía vivir.

Una inundación cayó de la montaña:

Tú, Inanna,

Primera en el Cielo y en la Tierra.

Señora cabalgando una bestia,

Tú lloviste fuego sobre la cabeza de los hombres.

Tomando tu poder del Altísimo,

Señora de los grandes ritos,

¿Quién puede entender todo lo que es tuyo?

*****

Fue en tu servicio

Que entré por primera vez

En el templo sagrado,

Yo, Enheduanna,

La más alta princesa.

Portaba el canasto ritual,

Cantaba tu alabanza.

Ahora he sido arrojada

Al lugar de los leprosos.

Llega el día,

Y la luminosidad

Es oculta a mi alrededor.

Sombras cubren la luz,

La entapizan en tormentas de arena.

Mi bella boca sólo conoce la confusión.

Aún mi sexo es ceniza.

****

Oh, mi Señora

Bienamada del Cielo,

He dicho tu furia con verdad.

Ahora que su sacerdotisa

ha regresado a su lugar,

El corazón de Inanna se restaura.

El día es auspicioso,

La sacerdotisa está vestida

En hermosas túnicas,

En femenina belleza,

Como en la luz de la ascendente luna.

Los dioses han aparecido

En sus legítimos lugares,

El umbral del Cielo exclama «¡Salve!»

Alabanza a la destructora dotada de poder,

A mi Señora envuelta en belleza.

Alabanza a Inanna.

 

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Enhedu se ha convertido con el tiempo, en la sacerdotiza de la diosa luna de Babilonia; y este era un papel sumamente poderoso, ya que la sacerdotiza era la única persona que podía nombrar a cualquier nuevo mandatario de la ciudad. Enhedu ha jugado un papel muy importante debido a su desempeño y buena labor en Sumeria y Babilonia, en el momento en que han desarrollado la astronomía y la matemática. Ella ha ayudado con la creación de varios observatorios para poder ver las estrellas y la luna, así como también lo ha hecho con los primeros calendarios.

Pero lo más importante en esta mujer ha sido que aunque muchos no lo sepan el primer poema encontrado en la historia ha salido de su pluma. Este poema famoso cuenta la leyenda de la diosa Ianna; además, Enheduanna fue la principal matemática y astrónoma de su época en el imperio sumerio.

Su poema:

(…) Los grandes demonios, como estiletes de escritura,
Caminan al lado de ella.
Y hay quienes caminan delante de ella… llevando mazas
en la mano.
Y hay quienes caminan a su lado, con armas a sus costados.
Hay quienes la preceden
Hay quienes preceden a Inanna.
Seres que no conocían la comida ni el agua (…)

Glosario:

INANNA es la gran diosa de Uruk; en Sumerio (una lengua extraña en el sentido de que no se han podido establecer sus orígenes, ni su relación con otras lenguas) su nombre significa «Señora del Cielo» -originalmente «Nin-an-ah»; es la diosa del amor y de la fertilidad y más tarde se la dotó con los atributos celestiales de la semítica Ishtar.

AN: o Anu, el cielo y el dios de los cielos, el hijo de Anshar y Kishar y el padre de Ea.

ANUNNA: también llamados Anunnaki, generalmente los dioses de las infraregiones; en el texto «El viaje de Inanna al Infierno», son los siete jueces del infierno.

ENLIL: es el Dios del aire universal, el dios principal de Nippur (la ciudad sagrada de los Sumerios). Su templo mayor se denominaba ‘Ekur’, ‘La ciudad resplandeciente’.

URUK: es la ciudad bíblica de Erech, la moderna Warka,una importante ciudad del sur mesopotámico, en la que Inanna tenía su templo principal.

BIBLIOGRAFIA

William HALLO. The Worlds Oldest Literature. Studies in Sumerian Belles-Lettres. Brill, 2009.

Thorkild JACOBSEN. Treasures of Darkness. Yale Univ.,1976.

Aliki BARNSTONE. Women Poets from Antiquity to Now.Schoken Books, 1992.

Charles DORIA/ Harris LENOWITZ. Origins. Creation Texts from the Ancient Mediterranean. Anchor Books, 1976.

Jerome ROTHENBERG. Technicians of the Sacred. A Ravage of Poetry from Africa, America, Asia, Europe & Oceania.Univ. of Calif. Press, 1985.

N.K. SANDAS. Poems of Heaven and Hell in Ancient Mesopotamia. Penguin, 1971.

William HALLO/ J.J. Van DIJK. The Exaltation of Inanna.Yale Univ. Press, 1968.

Diane WOLKESTEIN/ Samuel Noah KRAMER. Inanna,Queen of Heaven and Earth. Harper & Row, 1983.

Jane HIRSHFIELD. Women in Praise of the Sacred. Harper,1994.
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Hallan un tesoro de 1.200 monedas de plata árabes durante unas obras en Valencia

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El Ayuntamiento envía al Instituto de Restauración las piezas con leyendas moriscas encontradas dentro de una vasija de barro.

En la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Valencia se guarda el secreto como oro en paño. En realidad no es oro, sino plata, pero efectivamente se ha preferido evitar hacer público un descubrimiento realizado hace varios meses en el subsuelo de la ciudad de Valencia. Se trata de un tesoro compuesto por cerca de 1.200 monedas de plata acuñadas durante la estancia de los árabes en la Comunitat.

Según confirmaron a este periódico fuentes conocedoras del hallazgo, las monedas se encontraron de manera casual durante unas obras que obligaban a realizar una serie de excavaciones en la ciudad de Valencia.

La sorpresa de los que realizaban la obra fue monumental y, además, por fases. En un principio se pensó que el descubrimiento consistía en una vasija de barro, que las mismas fuentes aseguran que presenta un aspecto muy similar al de las tradicionales y actuales huchas. Y de hecho, en el interior del envase había dinero, que ha sido la segunda fase del hallazgo.

Si el recipiente descubierto sirvió, durante los tiempos en que se realizó el enterramiento, para fomentar el ahorro es algo que ahora mismo no se puede confirmar con total seguridad. En cualquier caso, al fin y a la postre, la vasija sí que ha ejercido como una caja de caudales secular, un cofre que ha viajado durante varios siglos, al menos cinco, y que estos días está en Castellón.

El Ayuntamiento ignoraba exactamente en qué consistía el tesoro encontrado. De modo que envió las monedas a las dependencias castellonenses del Instituto Valenciano de la Conservación y Restauración (Ivacor).

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Limpiar y despegar

Los técnicos de la prestigiosa institución están limpiando una a una cada pieza de plata, que se habían compactado a causa del endurecimiento de la tierra que las rodeaba. En el Ivacor despegan moneda a moneda, así hasta 1.200 piezas.
Actualmente, las monedas hispano-árabes alcanzan un precio que oscila entre los 15 y los 25 euros por unidad.Las fuentes consultadas señalan que las monedas se encuentran en buen estado. Son legibles las inscripciones y no se registran excesivos desprendimientos de material.
Su conservación durante siglos bajo tierra, en el interior de la vasija, ha permitido que el personal del Instituto de Restauración pueda leer con relativa facilidad las leyendas moriscas de las monedas.
Los expertos en numismática aseguran que las leyendas en todas las monedas árabes tienen un componente religioso, recogen fragmentos del Corán y registran la fecha de la acuñación de las piezas.Actualmente, una experta que trabaja en el Ivacor y que conoce la lengua árabe está traduciendo los lemas, que junto a las monedas se mostrarán a expertos en numismática para que estudien y especifiquen la antigüedad de las piezas desenterradas.
Los hallazgos arqueológicos son frecuentes en la Comunitat. Uno de los más valiosos se produjo en Villena, cuando se desenterró un tesoro del año 750 antes de Cristo, aproximadamente, y que estaba compuesto de varios kilos de recipientes de oro y plata. Es uno de los más importantes tesoros de la Edad del Hierro I europea.

Desde Aníbal

Las monedas más antiguas halladas en tierras valencianas (en Moixent, Vallada y Cheste) se remontan a las acuñaciones realizadas para pagar a los mercenarios enrolados por generales cartagineses como el famoso Amílcar Barca o su hijo, el mítico Aníbal, con el fin de controlar a los íberos para el dominio del territorio. Se han llegado a desenterrar de una sola vez en zonas de la Comunitat hasta un millar de monedas de plata de aquel tiempo.

En 2003, la Conselleria de Cultura hizo donación al Ayuntamiento de Valencia de un total de 1.600 monedas encontradas en un solar de la calle Luis Vives. Aquel tesoro fue uno de los más importantes, tanto cuantitativa como cualitativamente, de los encontrados en los últimos tiempos en la Comunitat. El hallado ahora se sitúa, por tanto, también en los primeros puestos de esa clasificación.

La donación al Consistorio realizada en 2003 correspondía a monedas del siglo XI, aunque fueron enterradas en el XIII. Se estableció que la colección de las piezas cuadradas islámicas quedasen expuestas en el Museo de Historia de Valencia. El conjunto monetario correspondía al emir almorávide Ali Ben Yusuf. Habrá que ver ahora el origen de este nuevo tesoro.

Por Burguera 

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Vigente legado de Jean Francois Champollion a 180 años de su muerte – (+ Video)

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Jean-François Champollion en tracht egipcio. Pintura al pastel por g. Angelelli, 1828 / 29

El filólogo francés Jean Francois Champollion, quien murió hace 180 años, el 4 de marzo de 1832, por muchos es considerado el padre de la egiptología  por descifrar algunos  jeroglíficos egipcios, por ello es que un centro universitario ubicado en   Pirineos, Francia, lleva su nombre.

Dicha institución está dedicada a difundir y promover las actividades culturales y científicas de Francia, entre sus diversos talleres destaca el de creación literaria ?Jeffchampo?, en el que desde hace tres años, un colectivo de estudiantes escribe obras narrativas, de las cuales se escoge una para que salga publicada bajo el sello editorial de la escuela.

Champollion nació el 23 de diciembre de 1790, en Figeac, departamento de Lot, París, fue el menor de los hijos de Jacques Champollion, y de Jeanne-Françoise, durante la época de la represión de la Revolución Francesa.

Con las escuelas cerradas a causa de los problemas internos de Francia, con un padre ausente debido a sus viajes laborales y con una madre enferma, el futuro egiptólogo fue educado durante sus primeros años escolares por sus hermanos mayores.

Desde pequeño comenzó a destacar sobre el resto de los jóvenes, pues comenzó a hablar latín desde los nueve años, hebreo a los 13 y árabe un año después, lo cual también hizo que se aislara de la sociedad, que lo consideraba anormal.

Debido a sus problemas de conducta intentó ejercer disciplinas como las matemáticas y la ortografía, sin ningún éxito, hasta que sus padres le contrataron un tutor particular y posteriormente, decidieron mudarse a la provincia francesa de Grenoble, para bien del pequeño Champollion.

En ese lugar surgió su interés por el estudio de los jeroglíficos, que por la época cobró un auge impresionante alrededor del mundo, y presionado por los avances de sus colegas, se apresuró en el cifrado de los mismos, los cuales consideraba necesario entender, traducir e interpretar sin error alguno el copto, capacidad de la que carecían sus cofrades.

El esquema de estudio de Champollion predecía que a través del copto entendería las inscripciones en demótico (una forma abreviada de la escritura hierática), y con la ayuda de la lengua egipcia alcanzaría a descifrar la escritura jeroglífica.

Luego de años de estudio y de superar numerosas trabas, en 1813 logró identificar concretamente 40 signos, así como corregir y ampliar una lista que su amigo Young había publicado con algunas interpretaciones incompletas.

Para 1816 fue expulsado de la universidad, junto con su hermano Joseph-Jacques, con quien siempre trabajó en los jeroglíficos, pero hacia finales de 1821, Jean Francois Champollion había hecho verdaderos e importantes progresos en sus estudios.

Había logrado demostrar que la escritura hierática no era sino una forma más simple y abreviada de la escritura jeroglífica y también se percató de que existían letras homófonas, que podían sonar igual, pero se escribían de dos formas distintas,

Gracias a sus avances, pudo estudiar las inscripciones del templo de Karnak, en Tebas, Egipto, lo que le permitió reconstruir un alfabeto fonético que se podía aplicar a todos los nombres grecorromanos que habían sido escritos en egipcio.

A pesar de ello, aún debía descifrar los nombres egipcios originales, empresa que logró el 14 de septiembre de 1822 y se lo comunicó inmediatamente a su hermano; trece días después, lo hizo de manera oficial en la Academia de Inscripciones de París.

Tras su éxito no faltó quien lo desacreditó, como su ex amigo Young, pero pese a ello, el Museo del Louvre de París lo nombró, en 1826, encargado de la colección egipcia con la que contaba hasta la fecha.

En dicho recinto organizó diversas exposiciones, y dos años después logró cumplir su mayor sueño, visitar Egipto como integrante de una misión, y lo hizo al lado del egiptólogo italiano Ippolito Roselini, al lado de 12 artistas, delineantes y arquitectos.

Jean-Francois Champollion, quien decía de sí mismo «soy adicto a Egipto, Egipto lo es todo para mí», murió el 4 de marzo de 1832, a los 41 años, a causa de diversos malestares en el hígado y en el riñón y a un ataque de corazón.



Con información de  Notimex 

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Universidad de Grenoble

Su suerte volvería a cambiar en 1809 cuando, contando tan sólo con 18 años de edad, publicó su geografía de Egipto, una primera parte de lo que pretendía ser una obra de mayor envergadura. Gracias a esta publicación obtuvo una plaza como profesor de Historia Antigua en la recién fundada Universidad de Grenoble. Jacques-Joseph obtuvo aquel mismo año, y en la misma universidad, una plaza como profesor de Literatura Griega. Ambos hermanos obtuvieron el doctorado.

A pesar de contar con un trabajo estable y digno, seguían teniendo problemas, no sólo de dinero, sino también personales y políticos. En 1813, mientras Jean-François percibía un sueldo miserablemente bajo, lo cual lo obligaba a humillarse dando clase a antiguos compañeros del Liceo a los que en su momento había considerado inferiores a él, y la familia de Rosine Blanc (acaudalados dueños de una fabrica de guantes), la muchacha a la que cortejaba, se negaba a permitir que contrajeran matrimonio, Jacques-Joseph atravesaba problemas con su esposa y su familia.

Ambos hermanos tenían un interés enfermizo y preocupante por la política; confesaban ser abiertamente bonapartistas, eran dolorosamente francos y sinceros, y con frecuencia sacaban de sus casillas a todo aquel que intentara ejercer cierta autoridad sobre ellos. No sabían utilizar la diplomacia y se granjeaban enemistades con mucha asiduidad. Era imposible que pasaran inadvertidos por donde fueran. La mayor preocupación de los hermanos residía en la dificultad de conseguir copias de los jeroglíficos, algo que nunca hubiera pasado en París.

En 1814 los hermanos Champollion seguían faltos de fondos monetarios, Jean-François más que su hermano, mientras que al otro lado del Canal de La Mancha, en Londres, el doctor Thomas Young, erudito, científico, astrónomo, músico, médico y profesor de Filosofía Natural de la Royal Institute andaba falto de tiempo para dedicarse de la manera en que lo hacía Champollion a la piedra de Rosetta. En el tiempo que logró hacerlo, llegó a identificar correctamente al menos cuarenta signos. Champollion trabajó y corrigió la lista que Young publicó. Durante mucho tiempo mantuvieron correspondencia de manera esporádica, tuvieron una amistad bastante superflua que menguó con el tiempo, y en ocasiones llegaron a considerarse acérrimos enemigos y rivales.

Cuando en el año 1814 Napoleón abdicó y partió de Francia hacia la isla de Elba, Luis XVIII subió al trono de Francia. La partida de Napoleón evitó el ataque del ejército austríaco, que le había declarado la guerra a Francia un año antes. Los hermanos Champollion, a pesar de haber criticado en algún momento al régimen de Napoleón, seguían siendo fieles bonapartistas. Uno de sus defectos era que tanto Jacques-Joseph, que consideraba a Bonaparte su héroe, como Jean-François, no sabían mantener sus inclinaciones políticas en secreto. Empezaron a criticar con dureza a la monarquía.

En marzo de 1815 Napoleón volvía de su exilió en Elba a Francia. De camino a París se detuvo un día entero en Grenoble donde conoció a los hermanos Champollion. Tanta fué la impresión que le produjo a Jacques-Joseph que éste tomó la decisión de abandonar a su familia y seguir a Napoleón hacia el norte. Auspiciado por la visita de su héroe Jean-François publicó un artículo que resultó ser un polvorín en su contra. En su escrito se podía leer:

«Napoleón es nuestro príncipe legítimo.»
Champollion, 1815

Con esta cita dejaba bien claro cuales eran sus lealtades en el ámbito político. No pudo elegir momento más inoportuno. Napoleón se embarcó en la difícil tarea de ganar una guerra que tenía perdida de antemano; Waterloo, y de nuevo marchó al destierro. Esta vez a la lejana isla de Santa Elena. Mientras tanto Grenoble, que permanecía fiel al dictador, acabó siendo bombardeada conjuntamente por los ejércitos de Austria y Cerdeña. Jean-François, preocupado por su hermano mayor que se encontraba aún en París, le escribió estás líneas:

«sobre todo sálvate tú…yo no tengo ni esposa ni un hijo.»
Champollion, 1815

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Cuadro que muestra a Champollion, sentado, durante uno de sus trabajos de campo en Egipto. El arqueólogo francés está considerado como el padre de la egiptología.

Muerte

Después de pasar 18 meses de trabajo de campo, disfrutando de la auténtica vida de un arqueólogo, su salud comenzó a resentirse. Volvió exhausto a Francia para completar su obra más grande y ambiciosa, su Grammaire égyptienne (Gramática egipcia). En marzo de 1831 fue nombrado profesor de Arqueología en el College de Francia. No disfrutaría demasiado tiempo de su merecido puesto. Murió el 4 de marzo del año siguiente. Tenía 41 años, sufría de diabetes, padecía tisis, gota, parálisis, tenía enfermo el hígado y también el riñón. Un ataque al corazón acabo con su vida.



Jacques-Joseph quedó destrozado tras la muerte de su hermano menor. En 1836, como homenaje póstumo a su hermano, logró terminar y editar la última obra de Jean-François Champollion; la Gramática egipcia cuya elaboración le había hecho salir del país de las pirámides con el que tanto había soñado.

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Tumba de Jean-François Champollion en Piere Lachaise, París

Museos Champollion

• En su casa en Figeac
• Casa Champollion en Vif, en Isére, antigua propiedad de su hermano egiptólogo

Bibliografía

• 1822, Lettre à M. Dacier relative à l’alphabet des hiéroglyphes phonétiques.
• 1824, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens.
• 1826, Lettres à M. le Duc de Blacas d’Aulps.
• 1827, Notice descriptive des monuments égyptiens du Musée Charles X.
• 1828, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens ou Recherches sur les élémens premiers de cette écriture sacrée, sur leurs diverses combinaisons, et sur les rapports de ce système avec les autres méthodes graphiques égyptiennes.
• 1828-29, Lettres écrites d’Égypte et de Nubie [1]
• 1836, Grammaire égyptienne (Gramática egipcia, obra póstuma)
• 1841, Dictionnaire égyptien en écriture hiéroglyphique (Diccionario egipcio de escritura jeroglífica)

Casi todos ellos editados tras su fallecimiento.

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