La Dama del ajedrez

En el ajedrez medieval, introducido en la península por la inmigración musulmana, la figura de la reina no existía, siendo el acompañante del rey, la alferza, un peón dopado que podía mover una casilla en diagonal en cualquier dirección. Las partidas eran lentas y tediosas y, en lugar de jaque mate, solían acabar con rey robado. Es decir, comer todas las piezas del rival menos su monarca. La aparición de la dama cambia totalmente el juego, haciendo que el rey corra peligro desde los primeros lances y agilizando terriblemente la partida.

La dama del ajedrez es historia
por Daniela Alzate

El ajedrez es un juego con historia y en su tablero se evidencian las marcas de todos los cambios que ha adquirido con el pasar de los años. Los contextos sociales, políticos, religiosos y económicos han sido, claramente, influencias determinantes  al momento de concebir el juego ciencia y todo lo que este implica: organización de la competencia, perfiles de los jugadores, técnica y táctica, reglas y el tema del presente artículo: el trasfondo del cambio del rol y el poder de las piezas.

En el mundo ajedrezado es bien sabido que los hombres son quienes ocupan la mayoría de los tableros y, pese a que el número de mujeres que participan incrementa cada vez más, aún constituyen un grupo muy selecto. Es curioso entonces pensar que, justamente, es una figura femenina la que representa el poder en el 8×8 dominado por el sexo masculino y que es ella a quien más se teme perder. La dama ha tenido que enfrentar una metamorfosis desde que el ajedrez tuvo sus inicios hasta la época actual, hecho que le ha permitido tener reconocimiento y soberanía.

El consejero, como anteriormente era conocida esta pieza, solamente tenía permitido mover una casilla de forma diagonal. Aproximadamente en el siglo XIV se le comenzó a posibilitar un repertorio de movimientos más amplio y, dada su posición (junto al Rey), empezó a ser llamada “Reina”, en Europa principalmente, aunque muchos años atrás ya se le nombraba así en países como Suiza. No obstante, la denominación no fue lo único que se modificó: hay otro aspecto de su funcionamiento que es asignado a una situación específica de un momento histórico en el viejo continente.

Los Reyes Católicos, título concedido al matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón y V de Castilla, fueron quienes tuvieron a su cargo la Monarquía Hispana entre los siglos XV Y XVI. Sin embargo, cuenta una leyenda que la reina Isabel era una mujer con mucho poder, incluso más que el mismo Rey, y que encantaba tanto a tropas de soldados como al pueblo luchador. Se dice que cuando a la reina se le presentó el juego del ajedrez por primera vez ella se indignó tanto por el minúsculo rol que tenía la dama allí que ordenó inmediatamente que las reglas cambiaran. Y fue en 1495 cuando, entre el establecimiento de nuevas reglas del juego ciencia, se le otorgó una serie de movimientos ilimitados a la pieza de la dama; mismo año en el que Isabel I de Castilla fue la mujer más poderosa de toda Europa, aunque el Rey continuaba siendo Fernando.

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¿Cuál impacto pudo tener el hecho de que, en un juego que imita una guerra,  una figura femenina tuviera más poder que el mismo rey, en la forma en la que se comenzó a concebir el ajedrez? Pudo haber sido un acto de rebeldía el hecho de que la reina Isabel pidiera ceder parte del poder (o todo) a la única figura en representación de la mujer, en un período marcado por la religión, y que eso, extrapolado al campo de la realidad, haya representado un acto de protagonismo en un contexto mayormente masculino.

Ahora, en una época de tantos avances respecto a los derechos y los roles de los seres humanos, la dama simboliza en el ajedrez moderno una figura de autoridad y respeto, incluso más poderosa que otras piezas juntas. Perderla en apertura o medio juego para muchos representa una desventaja, a otros quizás no los afecta tanto y prefieren intercambiarla rápidamente, aunque ello pueda marcar el inicio del final del juego. Inclusive, aun sabiendo el gran valor que posee, hay quienes no titubean al momento de realizar un “sacrificio de dama”, usándola  como señuelo para obtener algún tipo de superioridad posicional frente al oponente.

La dama es, tal vez, el símil de la mujer en el tablero ajedrezado, los roles de una y otra han ido cambiando con el paso del tiempo y han sido afectados por las transformaciones históricas de cada época. Una oleada de liberación femenina llegó al juego ciencia para quedarse, se instauró con gran fuerza y logró traspasar las barreras de género, política y economía. La historia en el ajedrez quiso para la dama, al igual que Cortázar,  “un mundo donde se moviera como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil”.

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