Mujeres emprendedoras – Más allá de las fronteras

Inés, Oumaya y Nawal, de izquierda a derecha,en Montejaque en una fábrica de conservas ©Vanessa Melgar
Inés, Oumaya y Nawal, de izquierda a derecha,en Montejaque en una fábrica de conservas ©Vanessa Melgar

Inés Gómez, Nawal Khalil y Oumaya Raydan, española, palestina y libanesa, respectivamente, son tres mujeres distintas pero con mucho en común: viven en zonas rurales y lejos de quedarse entre las cuatro paredes de sus casas, han salido a la calle para contribuir al desarrollo social y económico de sus lugares de origen, para impulsar sus propias cooperativas y microempresas relacionadas con el sector agrícola y lanzarse a la conquista del mercado laboral, posibilitar el empoderamiento femenino y aumentar su tasa de empleo. Separadas por decenas y decenas de kilómetros, están por encima de fronteras.

LAS FRASES

«Nos han sorprendido las técnicas, son diferentes, y los productos que utilizan en las elaboraciones», Oumaya Raydan. Cooperativista en Líbano.

«Ante la imposibilidad de los hombre de trabajar en Israel, las mujeres han salido a buscar sustento», Nawal Khalil. Cooperativista en Líbano.

«Los conflictos en estos territorios producen efectos negativos en todos los niveles de la sociedad», Kirsten Sutherland. Proyecto RUWOMED.

Nawal y Oumaya, entre casi veintena de mujeres de Palestina y Líbano, visitaron la fábrica de Inés, situada en Montejaque, en la Serranía de Ronda. Se llama ‘Al-jaque’ y es una cooperativa ecológica de conservas que puso en marcha junto con un grupo de compañeras. Querían «hacer algo por Montejaque» allá por 1997. «Empezamos cinco mujeres, aquí solo había chacinas. Ahora exportamos casi la mitad de la producción, a países como Japón, allí llevamos mermelada de naranja», relató.

‘Al-jaque’, entre otros productos, elabora mermeladas de 22 sabores. Uno de los que llamó la atención a palestinas y libanesas fue el de pimiento. «No sabíamos que se podían hacer mermeladas con hortalizas. También nos han sorprendido las técnicas, son diferentes, y los productos que se utilizan», comentó Raydan, que vive a 60 kilómetros de Beirut, preside una cooperativa que empezó con 25 mujeres y que confesó: «Este viaje me ha incentivado… quiero irme ya a la cocina de mi casa para hacer pruebas y arrancar», dijo. Trabaja con higos, almendras, avellanas, frike o trigo verde y menta, entre otros.

Este es uno de los objetivos del proyecto ‘RUWOMED’, financiado por la Unión Europea (UE), que promueve la cooperación entre países del Mediterráneo y que ha traído a estas mujeres a España, incentivar. El año pasado ya visitaron Barcelona y en esta ocasión, Andalucía y Madrid. ‘Rural Women Mediterraneam’ brinda apoyo a microempresas y cooperativas gestionadas por mujeres que ayudan a reducir la pobreza en Líbano y Palestina. Utiliza el ámbito del comercio justo para fortalecer relaciones existentes y crear nuevas sinergias entre las mujeres productoras en Palestina y Líbano, favoreciendo la promoción de la cooperación transfronteriza, explicó Kirsten Sutherland, de Asamblea de Cooperación por la Paz, uno de los ejecutores de ‘RUWOMED’, que subrayó los efectos negativos que producen los conflictos en estos territorios en todos los niveles. «Se manifiestan en el empleo femenino, por ejemplo, la tasa no llega al 25%», aseguró.

Principales obstáculos

En la visita a Montejaque, las integrantes de este proyecto intercambiaron experiencias, buscando formándose para emprender nuevos negocios o mejorar los suyos y enfrentar los obstáculos. Son muchos. Khalil, que reside en un pueblo a 80 kilómetros de Ramala, está al frente de una cooperativa. Contó que sufre problemas derivados del conflicto con los judíos: «Nos han echado culebras, perros salvajes, cochinos salvajes… que estropean la cosecha. Quieren sacarnos como sea de las tierras y hemos conseguidos vallar algunos sembrados…», comentó, al tiempo que añadió que la imposibilidad de muchos hombres de ir a trabajar a Israel «ha llevado a las mujeres a salir para buscar un sustento que llevar a sus hogares. Hay escasos medios para sobrevivir», relató esta palestina. Otros problemas son la escasez de medios para comercializar sus productos, los altos precios que no cubren los costes y la falta de formación. También la dificultad para el transporte, para conseguir materias primas y el machismo. No obstante, ellas siguen luchando y están dispuestas a «hacer algo» por sus pueblos, como ya lo hacen Inés y sus socias por Montejaque desde hace 18 años.

Por Vanessa Melgar
Con información de Diario Sur

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