Estafa de sobrevivientes del holocausto?

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El término “sobreviviente del Holocausto” originalmente designó a quienes sufrieron el singular trauma de los ghettos judíos, los campos de concentración y los campos de trabajos forzados; frecuentemente en esa secuencia. El número de estos sobrevivientes al final de la guerra se calcula generalmente en unos 100.000. [1]

La cantidad de sobrevivientes actualmente vivos no puede ser hoy más que una cuarta parte de esa cifra. Dado que el haber soportado los campos confiere una corona de mártir, muchos judíos que habían pasado la guerra en otros lugares se hicieron pasar por sobrevivientes de los campos. Aparte de ello, el otro motivo para esta impostura fue material. El gobierno alemán de postguerra pagaba compensaciones a judíos que habían estado en los ghettos o en los campos. Muchos judíos se fabricaron un pasado acorde con los requerimientos de este beneficio. [2]

Mi madre solía exclamar: “Si realmente son sobrevivientes todos los que dicen serlo, ¿a quién mató Hitler?”

De hecho, muchos académicos han manifestado dudas sobre la confiabilidad del testimonio de los sobrevivientes. “Una gran cantidad de errores que descubrí en mi propio trabajo”, recuerda Hilberg, “podía ser atribuido a testimonios”. Aún dentro de la industria del Holocausto Deborah Lipstadt, por ejemplo, observa secamente que los sobrevivientes del Holocausto manifiestan con frecuencia haber sido examinados personalmente por Josef Mengele en Auschwitz. [3]

Aparte de las fragilidades de la memoria, algunos sobrevivientes del Holocausto pueden llegar a ser sospechosos por razones adicionales. Debido a que los sobrevivientes resultan hoy reverenciados como santos seculares, nadie se atreve a cuestionarlos. Las afirmaciones más ridículas pasan sin comentarios. Elie Wiesel recuerda en su famosa memoria que, recién liberado de Buchenwald y con sólo dieciocho años, “Leí La Crítica de la Razón Pura” – ¡no se rían! – “en yiddish”. Dejando de lado que Wiesel reconoce que por ése entonces “Yo ignoraba completamente la gramática del yiddish”, La Crítica de la Razón Pura jamás se tradujo al yiddish. Wiesel también recuerda con intrincado detalle a un “misterioso sabio talmudista” quien “dominó el húngaro en dos meses, tan sólo para sorprenderme”. Wiesel le dice a un semanario judío que “con frecuencia se vuelve ronco o pierde su voz” mientras lee sus propios libros “en voz alta, interior”. Y ante un periodista del New York Times recuerda que una vez fue atropellado por un taxi en Times Square: “Volé una cuadra entera. Me atropellaron en la Calle 45 y Broadway, y la ambulancia me levantó en la 44”. “La verdad que yo presento no tiene barniz”, suspira Wiesel, “no puedo hacerlo de otro modo”. [4]

En años recientes, el término “sobreviviente del Holocausto” ha sido redefinido para designar no sólo a los que soportaron sino también a los que consiguieron evadir a los nazis. Incluye, por ejemplo, a más de 100.000 judíos polacos que hallaron refugio en la Unión Soviética después de la invasión nazi a Polonia. “Sin embargo, los que vivieron en Rusia no fueron tratados de un modo diferente que los demás ciudadanos del país”, observa el historiador Dinnerstein, mientras que “los sobrevivientes de los campos de concentración tenían el aspecto de muertos vivos”. [5]

Uno de los aportantes a un sitio web dedicado al Holocausto sostuvo que, si bien pasó la guerra en Tel Aviv, se consideraba un sobreviviente del Holocausto porque su abuela había muerto en Auschwitz. A juzgar por Israel Gutman, Wilkomirski es un sobreviviente del Holocausto porque su “dolor es auténtico”. La oficina del Primer Ministro israelí calculó la cifra de “sobrevivientes del Holocausto con vida” en cerca de un millón. El principal motivo que hay detrás de esta revisión inflacionaria es, de nuevo, no muy difícil de hallar.

Es fatigoso exprimir nuevos reclamos masivos por indemnizaciones si sólo un puñado de sobrevivientes del Holocausto siguen todavía vivos. De hecho, los principales cómplices de Wilkomirski estaban, de un modo o de otro, enganchados a la red de indemnizaciones por el Holocausto. Su amiga de la niñez en Auschwitz, la “pequeña Laura”, cobraba dinero de un fondo suizo para el Holocausto a pesar de que, en realidad, era una frecuentadora de cultos satánicos nacida en los Estados Unidos. Los principales patrocinadores de Wilkomirski o bien estaban activos en, o bien eran subsidiados por, organizaciones involucradas en las indemnizaciones por el Holocausto. [6]

La cuestión de las indemnizaciones ofrece una privilegiada aproximación a la industria del Holocausto. Tal como hemos visto, al alinearse con los EE.UU. durante la Guerra Fría, Alemania fue rápidamente rehabilitada y el holocausto se olvidó. Sin embargo, a principios de los 1950, Alemania entró a negociar con instituciones judías y firmó acuerdos de indemnización. Con poca presión externa, si es que hubo alguna, Alemania ha pagado al día de la fecha unos 60.000 millones de dólares.

Compárese esto con el historial de los EE.UU. Como resultado de la guerra norteamericana en Indochina murieron unos 4 o 5 millones de hombres, mujeres y niños. Un historiador recuerda que, después de la retirada norteamericana, Vietnam necesitaba ayuda desesperadamente. “En el Sur se habían destruido 9.000 de los 15.000 asentamientos existentes, 10.00.000 de hectáreas de tierras cultivadas, 4.860.000 hectáreas de bosques, la ganadería había perdido 1.5 millones de animales; había estimativamente 200.000 prostitutas, 879.000 huérfanos, 181.000 discapacitados y un millón de viudas. Las seis ciudades industriales del Norte estaban severamente dañadas, al igual que los pueblos distritales y provinciales, así como 4.000 de las 5.800 comunidades agrícolas.

Sin embargo, negándose a pagar indemnizaciones, el presidente Carter explicó que “la destrucción fue mutua”. Wiliam Cohen, el Secretario de Defensa del presidente Clinton, después de declarar que “no veía ninguna necesidad de pedir disculpas, ciertamente, por la guerra en si” opinó:“Ambas naciones fueron heridas por esto. Tienen sus cicatrices por la guerra. Nosotros, por cierto, tenemos las nuestras.[7]

El gobierno alemán trató de compensar a las víctimas judías a través de tres diferentes acuerdos firmados en 1952. Los damnificados individuales recibieron pagos de acuerdo a la Ley Federal de Indemnizaciones (Bundesentschädigungsgesetz). Un acuerdo por separado con Israel subsidió la absorción y rehabilitación de varios cientos de miles de refugiados judíos. Al mismo tiempo, el gobierno alemán negoció un acuerdo financiero con la Conference on Jewish Material Claims Against Germany (Conferencia de Demandas Materiales Judías Contra Alemania), una organización integrada por todas las principales instituciones judías, incluyendo al Comité Judío Norteamericano, al Congreso Judío Norteamericano, al B’nai Brith, al Joint Distribution Committee y así sucesivamente.

Se suponía que la Conferencia de Demandas utilizaría los valores – 10 millones de dólares anuales durante 12 años, o sea aproximadamente mil millones a valores actuales – en beneficio de víctimas de la persecución nazi que habían quedado fuera del proceso de indemnizaciones. [8] Mi madre fue uno de esos casos. Sobreviviente del Ghetto de Varsovia, el campo de concentración de Majdanek y los campos de trabajos forzados de Czestochowa y Skarszysko Kamiena, mi madre recibió del gobierno alemán una indemnización de tan sólo U$S 3.500. Sin embargo, otras víctimas judías (y muchos que, de hecho, no fueron víctimas) recibieron pensiones vitalicias de Alemania por un total que llegó a sumar centenares de miles de dólares.

Los valores entregados a la Conferencia de Demandas estaban reservados para aquellas víctimas judías que habían recibido sólo una indemnización mínima. Más aún, el gobierno alemán trató de dejar explícitamente establecido en su acuerdo con la Conferencia de Demandas que los valores se destinarían exclusivamente a sobrevivientes judíos, estrictamente definidos, que habían sido compensados de una manera injusta o inadecuada por las cortes alemanas. La Conferencia expresó que se sentía ofendida porque se estaba dudando de su buena fe. Después del acuerdo, la Conferencia emitió un comunicado de prensa subrayando que los valores serían destinados a “judíos perseguidos por el régimen nazi para quienes la legislación existente y propuesta no podía proveer una indemnización.”

El acuerdo final instaba a la Conferencia a utilizar los valores “para el alivio, la rehabilitación y la reubicación de las víctimas judías.” La Conferencia de Demandas anuló el acuerdo rápidamente. En una flagrante violación de la letra y el espíritu del acuerdo, la Conferencia destinó los valores, no para la rehabilitación de víctimas judías sino para la rehabilitación de comunidades judías.

Mas todavía: una norma rectora de la Conferencia de Demandas prohibió el uso de valores para “asignaciones individuales directas”. En un clásico ejemplo de velar por la propia tropa, sin embargo, la Conferencia estableció excepciones para dos categorías de víctimas: rabinos y “líderes judíos destacados”. Estas dos categorías recibieron pagos individuales. Las organizaciones constituyentes de la Conferencia de Demandas utilizaron la mayor parte de los valores para financiar varios proyectos. Cualquiera que haya sido el beneficio que recibieron las verdaderas víctimas judías (si es que recibieron alguno), fue un beneficio indirecto o incidental. [9]

Grandes sumas se derivaron indirectamente a comunidades judías en el mundo árabe y otras facilitaron la emigración de Europa Oriental. [10] También subsidiaron emprendimientos culturales tales como museos del Holocausto, cátedras universitarias para estudios sobre el Holocausto, así como pensiones graciables de propaganda para “gentiles virtuosos”.

Más recientemente la Conferencia de Demandas intentó apropiarse de propiedades judías recuperadas del Estado en la ex-Alemania Oriental por un valor de cientos de millones de dólares, propiedades que, en justicia, pertenecían a herederos judíos vivientes. Cuando la Conferencia resultó atacada por judíos defraudados por éste y otros abusos, el rabino Arthur Herzberg estigmatizó a ambas partes exclamando: “no se trata de justicia; es una pelea por el dinero”. [11]

Cuando los alemanes o los suizos se niegan a pagar indemnizaciones, hasta los cielos resultan insuficientes para contener la justiciera indignación de la judería norteamericana organizada. Pero cuando los sobrevivientes judíos son robados por las élites judías, allí no surgen cuestiones éticas: se trata tan sólo de una cuestión de dinero.
Si bien mi madre recibió solamente U$S 3.500 como compensación, otros involucrados en el proceso de indemnizaciones se las arreglaron bastante bien.

El salario anual, públicamente informado, de Saul Kagan, por largo tiempo Secretario Ejecutivo de la Conferencia de Demandas, es de U$S 105.000. Mientras gestionaba sus períodos al frente de la Conferencia, Kagan fue sentenciado por 33 denuncias de administración fraudulenta de fondos y de créditos desempeñándose como gerente de un banco de Nueva York. (La pena fue anulada sólo después de múltiples apelaciones).

Alfonse D’Amato, el ex-senador por Nueva York, gestiona demandas judiciales contra bancos alemanes y austríacos por U$S 350 la hora más gastos. Por los primeros 6 meses de su labor, cobró U$S 103.000. Antes de eso, Wiesel elogió públicamente a D’Amato por su “sensibilidad para con el sufrimiento judío”. Lawrence Eagleburger,
Secretario de Estado durante la gestión del presidente Bush, gana un salario anual de U$S 300.000 como presidente de la International Commission On Holocaust-Era Insurance Claims (Comisión Internacional de Reclamos de Seguros de la Era del Holocausto). “Sea cual fuere la suma que cobra”, opinó Elan Steinberg del Congreso Mundial Judío, “es una absoluta ganga”. Kagan se embolsa en 12 días, Eagleburger en 4 días y D’Amato en 10 horas lo que mi madre recibió por seis años de persecución nazi. [12]

Sin embargo, el premio al mercachifle más emprendedor en el área del Holocausto seguramente le corresponde a Kenneth Bialkin. Prominente dirigente judío norteamericano por décadas, Bialkin encabezó a la ADL y presidió la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Norteamericanas.

Pero actualmente, Bialkin representa a la compañía de seguros Generali en contra de la Comisión de Eagelburger habiéndose conocido que hay una “gran suma de dinero” involucrada. [13]

Durante los años recientes, la industria del Holocausto se ha convertido directamente en un filón de chantaje. Pretendiendo representar a la totalidad de la judería mundial, viva o muerta, está arrogándose derechos sobre propiedades judías de la era del Holocausto. Muy adecuadamente denominado como el “último capítulo del Holocausto”, esta doble extorsión, tanto a países europeos como a demandantes judíos legítimos, apuntó primero contra Suiza…

Por Norman Finkelstein


Notas:

1)– Henry Friedlander, «Darkness and Dawn in 1945 The Nazis, the Allies, and the Survivors,» en US Holocaust Memorial Museum, 1945—the Year of Liberation (Washington 1995), Il-35.
2)– Véase, por ejemplo, Segev, Seventh Million, 248.
3)– Lappin, Man With Two Heads, 48. D.D. Guttenplan, «The Holocaust on Trial,» en Atlantic Monthly (Febrero 2000), 62 (pero véase el texto más arriba en dónde Lipstadt iguala el dudar del testimonio de un sobreviviente con negación del Holocausto)
4)– Wiesel, AR Rivers, 121 – 30, 139, 163 – 4, 201 – 2, 336. Jewish Week, 17 Septiembre 1999. New York Times, 5 Marzo 1997.
5)– Leonard Dinnerstein, America and the Survivors of the Holocaust (New York: 1982), 24.
6)– Daniel Ganzfried, «Binjamin Wilkomirski und die verwandelte Polin,» en Weltwoche (4 Noviembre 1999).
7)– Marilyn B. Young, The Vietnam Wars (New York: 1991), 301 – 2. «Cohen: US Not Sorry for Vietnam War,» en Associated Press (11 Marzo 2000).
8)– Para el trasfondo, véase esp. Nana Sagi, German Reparations (New York: 1986), y Ronald W. Zweig, German Reparations and the Jewish World (Boulder: 1987). Ambos volúmenes son historias oficiales comisionadas por la Conferencia de Demandas
9)– En respuesta a una pregunta recientemente formulada por Martin Hohnmann, miembro del Parlamento alemán (DCU), el gobierno de Alemania reconoció (si bien que en un lenguaje enrevesado) que solamente el 15% de los valores pagados a la Conferencia de Demandas benefició realmente a las víctimas judías de la persecución nazi. (comunicación personal, 23 de Febrero 2000).
10)– En su historia oficial, Ronald Zweig reconoce explícitamente que la Conferencia de Demandas violó los términos del acuerdo: “El flujo de los fondos de la Conferencia le permitió al Joint (Distribution Committee) continuar con sus programas en Europa que de otro modo habría abandonado, y a encarar programas que de otro modo no hubiera considerado por falta de fondos. Pero el cambio más significativo en el presupuesto del JDC como resultado de los pagos de indemnizaciones, fueron los aportes a los países musulmanes en dónde las actividades del Joint aumentaron en un 60 por ciento durante los tres primeros años de los aportes de la Conferencia. A pesar de las restricciones formales sobre el uso de los fondos de indemnizaciones existentes en el acuerdo con Alemania, el dinero fue utilizado allí dónde las necesidades eran mayores. Moses Leavit (un funcionario principal de la Conferencia de Demandas) . . . observó: »Nuestro presupuesto estuvo basado sobre la prioridad de las necesidades tanto dentro como fuera de Israel, los países musulmanes, todo incluido . . . No consideramos a los fondos de la Conferencia sino como parte de un fondo general puesto a nuestra disposición a fin de enfrentar el área de necesidades judías por la que éramos responsables, el área de la mayor prioridad.” (German Reparations, 74).
11)– Véase, por ejemplo: Lorraine Adams, «The Reckoning,» en Washington Post Magazine (20 Abril 1997), Netty C. Gross, «The Old Boys Club,» y «After Years of Stonewalling, the Claims Conference Changes Policy,» en Jerusalem Report (15 Mayo 1997, 16 Agosto 1997), Rebecca Spence, «Holocaust Insurance Team Racking Up Millions in Expenses as Survivors Wait,» en Forward (30 Julio 1999), y Verena Dobnik, «Oscar Hammerstein’s Cousin Sues German Bank Over Holocaust Assets,» en AP Online (20 Noviembre 1998) (Hertzberg).
12)– Greg B. Smith, «Federal Judge OKs Holocaust Accord,» en Daily News (7 Enero 2000). Janny Scott, «Jews Tell of Holocaust Deposits,» en New York Times (17 Octubre 1996). Saul Kagan leyó un borrador de esta sección sobre la Conferencia de Demandas. La versión final incorpora todas sus correcciones específicas.
13)– Elli Wohlgelernter, «Lawyers and the Holocaust,» en Jerusalem Post (6 Julio 1999).


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Estafa de sobrevivientes del holocausto? por Norman Finkelstein se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2014/12/08/estafa-de-sobrevivientes-del-holocausto.

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