Literatura Siria

La literatura siria de los tiempos más recientes se inserta en el panorama general de la literatura árabe clásica . Durante la época medieval, Siria e Iraq fueron, con las sobresalientes aportaciones iranias, los dos pilares fundamentales de la literatura árabe oriental, por lo que las historias literarias de los dos países marchan estrechísimamente unidas.

Ciñéndonos ahora, sin embargo, a exponer sucintamente la evolución seguida por esta literatura árabe local, se hará con arreglo a la siguiente periodización:

1) época medieval; 2) s. XVI a XIX; 3) época contemporánea. Para antes de la época medieval, v. SIRIACA, LENGUA Y LITERATURA (y también el art. anterior, VIII). Época medieval.

La incorporación del país sirio al naciente imperio árabe se realiza en época muy temprana, hecho favorecido por no estar Siria y la península arábiga geográficamente separadas, sino unidas por el desierto, y por haber sido la Siria del Sur, desde muy antiguo, escenario de las andanzas y avatares de las tribus árabes del Norte. Siria , de otro lado, aporta al joven Islam una riquísima cultura oriental anterior con contribuciones helenísticas muy desarrolladas. Lo semítico preislámico y lo clásico habían encontrado en este país un abonado campo de desarrollo.

En esta zona de rica y variada tradición cultural, instala la primera dinastía árabe, los omeyas (v.), la capitalidad de su califato, Damasco (v.), y en esta ciudad continúa la literatura árabe el gran desarrollo comenzado en Arabia. Como no podía dejar de suceder, la producción poética es, desde un primer momento, la que se nos ofrece más interesante y con mayor madurez. En torno a la joven corte surge una poesía palatina y alegre, oscilante entre el panegírico y la sátira, y que a pesar de su alcance político se mantiene dentro de los límites marcados en la lírica beduina inmediatamente anterior.

Figura destacada de ella es uno de los propios califas, Walid 11 (m. 744), alegre cantor erótico y báquico, y que es en realidad un pionero de la escuela modernista con una serie de poemas en versos de metro corto y muy rítmicos, aptos para recibir acompañamiento musical. En Damasco se desarrolla también gran parte de la actividad pública y lírica de tres poetas de origen beduino y de proverbial rivalidad, sostenida en sátiras violentísimas: al-Ajtal (m. ca. 710), Yar-ir (m. ca. 732) y Farazdaq (m. ca. 732). Otro poeta de esta época, aunque de menor importancia, y de origen beduino también, es `Adi b. al-Rigá ` (m. 714).

La poesía siria inicia su gran época de apogeo durante la primera mitad del s. IX, cuando Siria se convierte en el bastión de los poetas neoclásicos, en contra de las exageraciones de los modernistas. Esta resistencia neoclásica acaba por triunfar, sobre todo, gracias a dos poetas de primera línea, que son además afortunadísimos antólogos; el primero de ellos es Abi-t-Tammám (m. 845), quizá uno de los genios poéticos más grandes de toda la literatura árabe, hijo de un tabernero de Damasco; el segundo es su discípulo al-Buhturí (m. 897); ambos son autores de sendas antologías llamadas Hatüisa, en las que agrupan temáticamente fragmentos de poesía árabe antigua y dan noticias de muchísimos poetas anteriores. Otro poeta de la época es Dík al-Yinn al-Humsi (m. 850), hombre de dramática existencia y que no gozó de los favores califales.



Este apogeo literario de Siria llega a su punto culminante en la corte del modélico príncipe de Alepo Sayf al-Dawla, a mediados del s. x. Entonces la poesía vive unos fúlgidos momentos de gloria, con los escritos de grandes poetas neoclásicos, como al-Mutanabbi (v.; m. 965) y Abtl-Firás al-Hamdáni (m. 968), autor éste de unos extraordinarios y personalísimos poemas de cautiverio durante su estancia en Constantinopla, y con destacados epígonos modernistas, como al-Sanawbarí (m. 945) y alWa’wa’ (m. ca. 980). También desarrollan su actividad prosistas de valía, como el predicador Ibn Nubáta (m. 984); Abú-Bakr al-luwarizmi (m. 993), de origen persa, verdadero fundador del género epistolar árabe; y al-Tanuji (m. 954), buen representante de la variopinta y anecdótica prosa de adab (v.). Sirio es también, en época algo posterior, uno de las más destacados personajes de la literatura árabe de todas las épocas: Abú-1-`Alá’ al-Ma’arri (v.; m. 1058).

Durante los últimos siglos medievales, Siria vive políticamente encuadrada en el Estado mameluco, con base principal en Egipto (v. III). La época, literariamente considerada, es más de recopiladores y enciclopedistas, de prosistas técnicos y científicos, de divulgadores de alto nivel, que de estrictos creadores, y buen ejemplo de lo que se dice son los nombres de los geógrafos e historiadores Abú-1-Fidá’ (m. 1331), príncipe de Háma; ál-`Umari (m. 1348); al-Safadi (m. 1362), gran biógrafo; Badral-Din al-Ijalabi (m. 1377); e Ibn `Arabsáh (m. 1450), autor de una monografía de Tamerlán. La poesía de la época es de extraordinaria calidad; basta para probarlo citar los nombres del egipcio Ibn Nubáta (m. 1366), que desarrolló en Siria buena parte de su obra, y de Ibn al-Wardi (m. 1349), autor asimismo de una magitma sobre la peste.

Siglos XVI a XIX.

La literatura en Siria durante la época de dominación turca resulta tan escasa y falta de interés como en los demás países árabes. Destacan algunos eruditos en cuestiones lingüistas que se esfuerzan también en tareas versificadoras, como Muhammad A. al-Mahabbi (m. 1699). `Abd al-Gani al-Nabulúsi (m. 1731), aunque de origen palestino, adquirió en Damasco lo mejor de su formación literaria, y allí se encariñaría con la figura del español Ibn `Arabi (v.), a quien más tarde estudiaría, como buen místico, con especial afecto.Otro poeta de la época, recientemente estudiado y revalorizado, es el damasceno Ibn al-Nagib.

Época contemporánea.

La literatura siria adquiere ciertos visos de modernidad durante el s. XIX. En un principio, el núcleo sirio-libanés sigue obrando preferentemente como una unidad cultural, y la diferenciación comienza a partir del momento en que se establece, por decisión primordialmente occidental, la división política, inmediatamente después de la II Guerra mundial (v. IV). En toda esta zona, de tan arraigada tradición cultural arcaico-oriental y árabe al mismo tiempo, las influencias extranjeras son también abundantes y variadas: francesas, inglesas, rusas, americanas, etc., y a lo largo del s. XIX contribuirán a la formación de unas minorías intelectuales, de unos selectos grupos de pensadores, salidos en la mayoría de las ocasiones de familias de la alta burguesía.

Durante la segunda mitad del s. XIX, la labor literaria se ve fomentada por el desarrollo de la prensa, y las figuras más importantes de la época ofrecen una muy variada dedicación, como Fransis Marras (m. 1874), Adib Isháq (m. 1885), que entre Siria y Egipto consumió su breve e intensa existencia, y Yibrá’ il Dallál (m. 1892), viajero en España. Figura importantísima de la época es la del por muchos conceptos destacado reformista `Abd al-Rahmán al-Kawákibi, ideólogo liberal, antiturco, y debelador del absolutismo (m. 1902), uno de los pioneros de las modernas ideas panarábigas.

Inmediatamente después nos encontramos ya con la primera generación de literatos de este siglo, que es fundamentalmente de intelectuales, eruditos e investigadores, de cultos burgueses que inician el quehacer cultural de la Siria contemporánea independiente, que reivindica su condición de «corazón» del arabismo. Figuras destacadas de este grupo son, en un principio, Táhir al-haza’ in (m. 1920) y `Abd al-Masih al-Antáki (m. 1922), y posteriormente, `Abd al-Qádir al-Magribi (m. 1956) y Muhammad K. ‘Ali (m. 1953), fundadores de la Acad. Árabe de Damasco en 1919.

La generación que sigue insiste bastante más en el aspecto puramente creacional; en poesía se elabora una lírica tradicional y culta, académica, preocupada por la forma, con figuras como Muhammad alBazm (m. 1955), Jalil Mardam (m. 1959), Safiq habri (n. 1898) y Jayr al-Din al-Zurukli (n. 1893), buenos discípulos del egipcio Ahmad Sawgi (v. EGIPTO XII) y del también sirio emigrado a El Cairo, lalil Mutrán (m. 1949).

Por las mismas fechas, la narrativa adquiere cierto interés con la obra de Ma’rúf al-Arná’UIt (m. 1948) que, aunque natural de Beirut, desarrolla casi toda su obra en Siria, convirtiéndose en importante cultivador de la narración histórica.



Durante la época de entreguerras, la literatura siria sigue aumentando en calidad, al ganar en humanidad y en problemática. Es cuando aparecen poetas nacionales verdaderamente valiosos, como `Umar Abú-Risa (n. 1908) y Badawi al-Yabal (n. 1908), al tiempo que escriben otros poetas de interés, como `Umar Yahyá (n. 1902) y Anwar al-`Attár (n. 1913). La poesía siria comienza a vivir un momento de esplendor, insinuándose en ella ciertas novedades temáticas y formales, dentro del tono sobriamente clásico que le es propio. Fu’ád al-Sáyib (n. 1911) e Ilfat al-Idilbi (n. 1912) siguen cultivando la narrativa, y el ensayo adquiere calidad con la obra del pensador Yamil Salibá.

Al mismo tiempo, algunos literatos de origen sirio destacan en el continente americano, donde emigraron, y donde se distinguen también los sirios como excelentes comerciantes y hombres de empresa. Así, baste citar a los poetas hñry Saydah (n. 1893) y Nasib `Arida (m. 1946), y al prosista Nazir Zayhln (m. 1967), a los que seguirán, en época posterior, los hermanos residentes en Argentina Ilyás (n. 1914) y Zaki Qunsul (n. 1919).

A la terminación de la II Guerra mundial, la poesía siria se adorna con la obra de un gran poeta renovador, pero en buena medida neoclásico aún, que es Nizár al-Qabb5ni (n. 1922), gran poeta del amor, y que en sus poemas trata con frecuencia el tema de España, país en el que ha residido algunos años. Estrictamente clásico sigue siendo Sulaymán al’Isá (n. 1923), de épico acento; y de una generación algo más joven son Jalil Júri, el prematuramente desaparecido `Abd al-Básit al-Sñfi (m. 1958), íntimo y realista al mismo tiempo, y Muhammad al-MágÍit (n. 1930).

En estos últimos años, la literatura siria ha conocido un gran desarrollo de la narrativa, especialmente del cuento, las más de las veces de sentido realista y nacionalista, con las obras de `Abd al-Salám al`Uyayli, uno de los mejores cuentistas árabes de la actualidad (n. 1918), Faris Zarzúr, lean Kassán, Adib Nahwi, Zakariyá Támir (n. 1931), la joven Gádat al-Sammán (n. 1940) y Colette Juri (n. 1930). Cabe destacar también los ensayos del político `Aflaq y del palestino Mutó` Safadi, y las tentativas teatrales de Walid Ijlási, entre otros.

P. MARTÍNEZ MONTÁVEZ.

Fuentes:

Para la literatura medieval, v. la mencionada en ÁRABES II, y la correspondiente a las figuras más importantes citadas. Para la moderna y contemporánea, en árabe: SÁMI AL-KIYÁLÍ, ,L~a literatura árabe contemporánea en Siria, El Cairo 1959; RAMIL SALÍBÁ, Las tendencias ideológicas en Siria, El Cairo 1958; SAMI AL-DAHHAN, La poesía moderna en la región siria, El Cairo s. f.; NIZAR KABBANI, Poemas amorosos árabes, trad. P. MARTÍNEZ MONTÁVEZ, Madrid 1965.

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