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La Sabiduría Árabe Esotérica y La Mujer Velada

  1. Ya se sabe que entre los orientales no sólo se admitían las mujeres en la Orden sino que hasta podían llegar a ocupar el cargo supremo. Y fue una mujer, aproximadamente 2500 años antes de Cristo, la que dirigió los destinos de la Tabla de Hoggard.
  2. Era una alta entidad que por última vez descendía al mundo físico con humanas vestiduras. Por eso había de ser como un símbolo, como una recopilación de la era mental que se iba, dejando paso a la era del sentimiento cristiano que despuntaba.
  3. Abbumi, la mujer que no tiene cuerpo pues su cuerpo ha sido puro y perfecto, desde niña fue educada y preparada para ejercer el sacerdocio de la Sabiduría.
  4. Los Caballeros de camellos, de blancos turbantes y capas ondulantes al viento le enseñaron los siete idiomas, los siete poderes y las siete fórmulas mágicas.
  5. ¿A que más puede aspirar un ser viviente? Fortificarse cada vez más en aquel místico castillo que es su única morada, donde la sabiduría y el conocimiento son el pan y el amor y ningún hálito humano empaña aquellas sagradas murallas.
  6. La madre de Abbumi había muerto cuando ella nacía. Su padre la adoraba y veneraba, pero el amor entre ellos no era más que una comprensión expresiva de la mente.
  7. El corazón de ella era frío y blanco como la cima del monte Merú. La muerte, el dolor, la miseria, el amor y los deleites humanos eran para Abbumi muecas ilusorias de los velos de la Madre.
  8. ¿Contará ella en el número de aquellas almas selectas que durante centurias conquistaron, para la vida esotérica, el fruto de la más pura sabiduría?
  9. Cabalgando por el desierto avanzan dos viajeros, perdidos en el espejismo de las arenas. El hambre, el cansancio, la desesperación, la debilidad y la próxima locura, pronto acabarán con ellos.
  10. Oschar, el compasivo, pide ayuda para ellos, pero la Madre del desierto contesta: “Dejad que en ellos se cumpla la ley del desierto”.
  11. Otra vez pide el compasivo: “Déjame, Madre, que salve esas vidas”.
  12. Ella contesta: “Salva sus carnes, si quieres. Y si puedes, salva sus almas”.
  13. Presurosamente el árabe, con sus camellos, corre a salvar a los perdidos y con ellos vuelve al Hoggard.
  14. ¿Por qué accede la Madre a la súplica de su discípulo y recibe y visita a los extranjeros?
  15. Un sentimiento nuevo ha nacido en ella. Su alma se ha fijado en otra alma que la mira implorante y dolorida. Siente piedad y, espantada, se pregunta: “¿Es éste el amor humano?”
  16. ¿Dónde está tu sabiduría, oh Madre?
  17. ¿De qué te valen los secretos que conoces si no logras dominar los sentimientos de piedad que se han despertado en ti, y cabalgan desenfrenadamente sobre las nubes de la ilusión?
  18. Abbumi conocerá ahora los dolores de los hombres, sus horas amargas, y padecerá pensando como auxiliarlos.
  19. Está de luto el Hoggard y abandonado el Sello Sagrado. Desolados están los sabios porque la Madre no enciende diariamente su lámpara.
  20. ¡Que muera el culpable!
  21. Inútilmente Oschar procurará salvarle y avisar a la Madre. El alma vale más que el cuerpo y el extranjero ha de morir.
  22. Esta muerte, no obstante, no ha devuelto a Abbumi su antigua sabiduría porque ha abierto en su corazón un surco nuevo: el del sentimiento.
  23. Desde entonces una corriente nueva fue engendrada: con la Sabiduría, el amor.
  24. Desde entonces, las órdenes Esotéricas se dividieron en dos grandes corrientes de fuerza: la del Saber en donde predomina el concepto politeísta de Dios, y el culto a las ciencias; y la del Amor en donde predomina el concepto monoteísta de Dios, con el culto a la salvación de la humanidad.



Por S. Bovisio

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Pecado – Qassim Haddad

Oh rey
nosotros somos los súbditos de los que tú te ufanas
delante de las naciones
Estamos cansados de esta gloria
¿Por qué entramos en este túnel infernal?
No hay luz,
ni un susurro, ni una conversación.
la fábula duerme aquí.



Doblamos las armas igual que si fueran capas,
después de largos intervalos de amuletos.
Nos sumergimos entre las mandíbulas
de las conjeturas como si nos hubiera emborrachado el éxtasis de los
finales.
Nuestro viaje fue abominable.

Qassim Haddad

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El camino de Damasco

Jinete árabe en un paisaje – Adolf Schreyer

Lejos brilla el Jordán de azules ondas
que esmalta el Sol de lentejuelas de oro,
atravesando las tupidas frondas,
pabellón verde del bronceado toro.

Del majestuoso Líbano en la cumbre
erige su ramaje el cedro altivo,
y del día estival bajo la lumbre
desmaya en los senderos el olivo.

Piafar se escuchan árabes caballos
que, a través de la cálida arboleda,
van levantando con su férreos callos,
en la ancha ruta, opaca polvareda.

Desde el confín de las lejanas costas,
sombreadas por los ásperos nopales,
enjambres purpurinos de langostas
vuelan a los ardientes arenales.

Ábrense en las llanuras las cavernas
pobladas de escorpiones encarnados,
y al borde de las límpidas cisternas
embalsaman el aire los granados.

En fogoso corcel de crines blancas,
lomo robusto, refulgente casco,
belfo espumante y sudorosas ancas,
marcha por el camino de Damasco.

Saulo, eleva su bruñida lanza
que, a los destellos de la luz febea,
mientras el bruto relinchando avanza,
entre nubes de polvo centellea.

Tras las hojas de oscuros olivares
mira de la ciudad los minaretes,
y encima de los negros almenares
ondear los azulados gallardetes.

Súbito, desde lóbrego celaje
que desgarró la luz de hórrido rayo,
oye la voz de célico mensaje,
cae transido de mortal desmayo,

bajo el corcel ensangrentado rueda,
su lanza estalla con vibrar sonoro
y, a los reflejos de la luz, remeda
sierpe de fuego con escamas de oro.

Julián del Casal, Cuba 1863-1893



Abandonó sus estudios de leyes para dedicarse a la literatura. Viajó a Europa (Madrid), y volvió a Cuba.Trabajó como escribiente en la Intendencia de Hacienda y de corrector y periodista luego. En la obra de Casal se ven todos los elementos que constituyeron la temática y el carácter del modernismo. Fue amigo de Rubén Darío.

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La paloma y el cálamo – Cuento sufí

Erase una vez en Damasco, en aquellos días lejanos cuando reinaba la paz. Se cuenta, que el hijo del jardinero del palacio Azem encontró una paloma enferma, casi inmóvil en un parterre del jardín.
Agachándose, la acaricia y pregunta:
“¿Qué te ocurre?”

“Estoy enferma – responde la paloma – de miedo por el futuro que he visto, enferma de muerte por el sufrimiento y dolor que se cernirán sobre esta tierra”.

“¿No puedo curarte?”
“Nada ni nadie puede curar el horror de la visión, nada más puedo decirte.
– El futuro a los humanos se les revela sólo a su tiempo.
– No obstante déjame cumplir con mi misión ya que me queda poco tiempo”.
“Escucha”:
“Arranca y toma para ti una pluma,
de mi pecho, junto al corazón,
la pluma tornasolada, verde. azulada.
Y mis ojos, serán tus ojos,
mis alas, tu dirección,
mi pluma, tu cálamo
mi vuelo, tu inspiración”
“Se me ha encargado revelarte – continuó la paloma – que tu misión en la vida será la búsqueda y la lucha por la paz”.

“Pero… ¿Qué puedo hacer yo? Desde mi nacimiento vivo entre estos altos muros mi señor, el gobernador, me cuida y sustenta, raras veces salgo salvo para ir a encargos al zoco. Apenas tengo contacto con el mundo exterior no hablo más que con el granado, los geranios, las adelfas y ahora contigo. Y hasta dudo por ello de mi cordura. Sólo Salomón tenía esa cualidad y yo soy solo un labrador”.

“Sigue estas simples instrucciones –le indicó la paloma -: Escribe con mi pluma y siempre con tinta verde, deja fluir tu pensamiento y libre el movimiento de tu mano”.

El muchacho acarició a la paloma mientras expiraba, la enterró cuidadosamente al pie de un olivo joven y se despidió de ella de la siguiente forma:
«¡Que la paz sea siempre contigo!
Que tu viaje sea como el del Profeta y que te dirija a los jardines prometidos
y que en ellos encuentres todo lo que te faltó en tu existencia terrenal.
Allí, si Dios lo quiere, nos reuniremos».



Después de lo acaecido, el muchacho siguió con su tarea meditando todo ello y decidió comprobar si todo había sido un sueño.
Al final del día fue al bazar, compró papel y tinta y en la soledad de su habitación tomó una hoja y en ella escribió cuatro preguntas:
¿Quién soy?
¿De Dónde vengo?
¿Cuál es mi fortuna?
¿A quién me dirijo?

Al cabo de un momento su mano, tenuemente iluminada por la vela, como dirigida empezó a moverse y pausadamente a escribir:

Yo soy
El hijo de la palmera
del olivo y de la higuera.
de la parra y del jazmín
de la caña y la yuca
de la chumbera y la vid.
Yo soy
Del naranjo y el limonero,
del pino y el ciprés
Del tomillo y el romero,
hijo de jardinero.
Yo soy
de piedra y de hiedra.
del huerto y del jardín,
mi aliento es albahaca y yerbabuena.
La acequia, el manantial y la fuente,
son la sangre que corre por mis venas.
Mi piel las tierras y las arenas.
Mis ojos son agua del mar,
del color de los azules y las nubes,
del cielo.
Mi voz es la brisa del Mediterráneo.
Yo soy
hijo de Oriente,
del desierto y del oasis,
y del viento de Poniente,
del minarete,
y del sol naciente.
Yo soy
de la duna y de la luna.
Esta es toda mi fortuna.
Y esta es Padre, mi oración:
A Ti me dirijo:
Trátame con compasión.
Que vengo desde Ur, de Caldea.
De largo viaje, ya cansado.

Cuidadosamente apartó y limpió el cálamo y comprobó que nada era imaginario.

Meditó sobre el escrito, el extraño suceso de la paloma, y comprendió no solo de donde venía, sino a donde se dirigía, de quien finalmente era hijo, y, que la misión de la paloma era muy simple: que continuara la labor que ella agotada, derrotada y desesperada no pudo acabar. Y a ello y con todas sus fuerzas dedicó el muchacho todos los días hasta el fin de su vida.

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El canto de la lluvia – Gibrán Khalil Gibrán

Soy las húmedas hebras de plata lanzadas del cielo
Por los dioses. La Naturaleza me lleva, para adornar
Sus campos y valles.

Soy las bellas perlas, arrebatadas a la
Corona de Ishtar por la hija del Alba
Para embellecer los jardines.

Cuando lloro las colinas ríen;
Cuando estoy abatido las flores se regocijan;
Cuando estoy agobiado, todo sonríe con alborozo.

El campo y la nube son amantes
Y entre ellos soy el mensajero de la misericordia.
Sacio la sed de uno,
Curo la dolencia del otro.

La voz del trueno proclama mi llegada;
El arco iris anuncia mi partida.

Soy como la vida terrena, que comienza a
Los pies de los desencadenados elementos y culmina
En las elevadas alas de la muerte.

Emerjo del corazón del mar y
Me remonto con la brisa. Cuando veo un campo en la
Indigencia, desciendo y rodeo las flores y
Los árboles en un millón de pequeñas caricias.

Golpeo suavemente las ventanas con mis
Delicados dedos, y mi anuncio es una
Canción de bienvenida. Todos pueden oírme, pero sólo
Los sensibles me comprenden.



La calidez del aire me da a luz,
En cambio yo la opaco,
Tal como la mujer derrota al hombre con
La fuerza que de él extrae.

Soy el suspiro del mar;
La risa de los campos;
Las lágrimas del cielo.

Lo mismo que el amor:
Suspiro desde el hondo mar del cariño;
Río desde el vívido territorio del espíritu;
Lloro desde el infinito cielo de los recuerdos.

Gibrán Khalil Gibrán

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Badi y el poema del camello Shiak

Por si hiciera falta ejemplificarlo Badi cuenta, como un narrador, uno de los poemas de su hermano, en el que canta a la tierra que hay desde Nuadhibu hasta Tuiserfat, en el Tiris.

“Recorrió el camino, midió las distancias y dejó cantada la geografía del trayecto”, dice resumiéndolo. El poema surgió a partir de un incidente que le ocurrió a su hermano en el territorio que hoy es Mauritania. “Iba montado en su asusal (camello castrado), al que llamaba Shiak. Pasó a su lado un avestruz amaestrada propiedad de un francés y el camello le dio una coz y le rompió una pata. Los franceses metieron en la cárcel al camello y le tuvieron encerrado en una cerca.”

Al tercer día su hermano fue a ver a Shiak y le encontró muy triste, con lágrimas en los ojos; extrañaba su tierra natal del Tiris, la echaba de menos. Entonces a su hermano le surgió la idea de componer un poema, recitarlo para aliviar el dolor al camello. En él cantaba el trayecto que una vez liberado iban a recorrer hasta llegar a su amada tierra del Tiris. Se enumeran los siguientes lugares: Nuadhibu, Bir Gandus, Adam Lefueilas (en el Adrar Sutuf), Imusans, Smul Taima, Lask y finalmente Asnig y Tuiserfat. El poema del asusal triste dice así:



Shiak, detén tus lágrimas, destapa tus oídos, apaga la tristeza y no llores
a Tuiserfat porque vamos ya a su encuentro
Tu ánimo se recobrará cuando veas brillar a lo lejos Lereigib
Si desde Lereigib tú, mi camello, te asomas y miras
Dos días te bastarán para pisar el Adam
Y desde aquí verás el Guir si ladeas la mirada
Si en la mañana sales del Guir, al anochecer estarás descansando en el Frig de Lefueila
Y desde el Adam Lefueila, a un salto de gacela, se encuentra Imuisan al norte
Desde Imuisan la planicie se extiende y al fondo se intuyen las lomas de Taiha
Es la misma distancia, en la misma planicie, que te separa de Galb Lask
Ya estás frente a Teniulek
¡La añoranza de Tuiserfat toca a su fin!
Desde Teniuek no tendrás que preguntar por Asaig, está ahí, lo tienes enfrente
Y desde Asaig es un trote llegar a Tuiserfat. 

Por J. C. Gimeno Martín y  L. M. Pozuelo

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Ben Hecht y la crucifixión de Jesucristo

«Uno de los hechos más exquisitos que la plebe haya podido realizar, fue la crucifixión de Jesucristo. Desde el punto de vista espiritual fue una gesta brillante. Pero hay que reconocer que la masa actúa sin capacidad suficiente. Si yo hubiera sido el encargado de la crucifixión de Cristo, habría actuado de otra manera. Le habría enviado a Roma y le hubiese echado como despojos a los leones. Del cuerpo en carne picada nunca se hubiera podido hacer un redentor.»

Ben Hecht * en A Jew in Love.



*Era hijo de inmigrantes ruso judíos, nacido en Nueva York en febrero de 1894 y que solo terminó la secundaria.

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