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USA e Israel también espían y operan en las redes sociales

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No sólo China se dedica a controlar las libertades en Internet: USA e Israel tienen sus propios métodos de control. Mientras el ejército de USA arma escuadrones especiales para crear usuarios falsos en las redes sociales con el fin de controlarlas, israel mantiene una batalla retórica con los palestinos en Wikipedia, buscando desplazar las versiones de sus contrincantes y plantando propaganda favorable.

El ejército de USA está desarrollando un software que permitiría manipular en secreto los medios de comunicación social, utilizando falsos personajes en línea destinados a influir en Internet y difundir propaganda pro estadounidense.

Una empresa de California se ha adjudicado un contrato con la Centcom de USA para desarrollar lo que se describe como una persona «en línea, servicio de gestión” que permitirá a militares controlar hasta 10 identidades distintas a la vez.

El contrato estipula que cada persona debe tener un fondo convincente, historia y detalles de apoyo, y que hasta el 50 controladores deben ser capaces de operar las identidades falsas en sus estaciones de trabajo «sin temor a ser descubierta por los adversarios sofisticados».

El proyecto ha sido comparado por expertos en web, a los intentos de China para controlar y restringir la libertad de expresión en Internet.

El contrato Centcom requiere la prestación de «servidor privado virtual» en USA y aparecen ocho que estarán fuera del país y para no dar la impresión de que los personajes son falsos los inmuebles estarian ubicados en diferentes partes del mundo.

Una vez desarrollado el software podría permitir a personal de servicio de USA, responder a las nuevas conversaciones en línea con un gran cantidad de blogposts coordinadas, tweets, retweets, mensajes sala de chat y otros intervenciones.

El programa operaría en MacDill, base de la fuerza aérea cerca de Tampa, Florida, sede del Comando de Operaciones Especiales de USA.

Según Centcom, «la tecnología apoya y clasifica las actividades de los blogs en los sitios web de lengua extranjera para que Centcom pueda luchar contra extremistas violentos y propaganda enemiga fuera de USA «.

Israel y palestina

Hoy en día ya no hay duda alguna de que Internet es una de las armas de combate más potentes. Se trata no solo de las redes sociales que hacen posible la comunicación en las condiciones más extremas, sino también de métodos de ‘guerra informativa’.

La confrontación entre Israel y Palestina es una de las que saltaron a las páginas de la famosa enciclopedia virtual Wikipedia. A través del recurso, cada una de las partes del conflicto busca presentar ante el mundo su punto de vista sobre los hechos más discutibles en la historia de sus relaciones.

La enorme biblioteca virtual ofrece posibilidades infinitas a sus usuarios. Está abierta a millones de personas que con toda libertad leen, redactan e incluso editan los contenidos. “Aquí no hay nadie que compruebe los datos, ni un redactor jefe, no hay nada de eso”, acentúa Dror Kamir, de Wikimedia Israel.

Tal vez por eso, esta “democracia virtual” muestra su lado negativo. Tanto palestinos como israelíes reclaman que sus posturas no están adecuadamente reflejadas y se acusan entre sí de tergiversar la historia.

Kamir comenta: “Creo que hay un artículo sobre cada pueblo palestino destruido en 1948 durante la guerra de independencia israelí, y hay escritos sobre cada operación militar del conflicto”.

Abed Al-Nasser, presidente de la Asociación de Periodistas Palestinos, a su vez, afirma: “Los israelíes controlan los medios de comunicación en Internet, monitorean palabras como terrorista, islam, Jihad. Necesitamos recursos humanos y financieros para poder editar e interpretar Wikipedia así”.

Más que la terminología, las divergencias se centran en la interpretación de los hechos. Naftali Bennet, director ejecutivo del Consejo Yesha, Jerusalén, que representa al movimiento de israelíes dedicados a cuidar la imagen de su país en la red, comunica: “La contrapropaganda etiqueta a Israel como un régimen de ‘apartheid’. Nosotros lo rebatimos revelando hechos reales que demuestran que el país judío es la democracia más progresista de Oriente Próximo”.

Los miembros de Yesha organizan cursos donde la gente aprende a publicar, revisar y corregir algunos textos polémicos en línea: “Lo que hacemos nosotros es monitorear varios medios de comunicación y cuando vemos, por ejemplo, que en una publicación se considera que Israel es un régimen de ‘apartheid’, entonces pedimos que lo justifiquen con pruebas”.

Igual que el conflicto político, la confrontación virtual parece estar todavía lejos de resolverse. Sin embargo, la diferencia es que en la red la principal arma es la palabra escrita y el saldo de bajas solo contabiliza textos y no vidas humanas.

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Ajedrez – El mate árabe – (+ Video)

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La Torre y el caballo te hacen morder el polvo

En las postrimerías del medio juego y el final, las torres están en su salsa. Las torres adquieren su máxima efectividad sobre las columnas y las filas abiertas, lo cual sucede normalmente al final de las partidas (al tiempo que se han cambiado ya varias piezas y peones). Si una torre puede penetrar en la séptima u octava fila del rival, a menudo pone bajo presión al contrincante. Y si hay un caballo blanco en la casilla f 6, surge un tipo muy común de red de mate.

Este mate dado con Torre y caballo se considera como el primero en registrarse, de acuerdo a Renaud y Kahn en The art of Checkamate (El arte del Jaque Mate). Esto es así pues en el siglo XV se hicieron reformas en el poder de la mayoría de las demás piezas de ajedrez. Sólo la torre, el caballo y el rey movieron siempre de la misma forma en que lo hacen actualmente.

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AL-ANDALUS, EL FARO QUE ALUMBRÓ LA EDAD MEDIA – Manuel Marques

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Durante la Alta Edad Media, Al-Andalus se convirtió en uno de los emporios científicos más importantes del mundo. Este hecho queda ejemplificado por la existencia de la inmensa biblioteca del califa Al-Hakam II, hijo menor del gran Abd-al-Rahmán III; esta biblioteca, que hubiera podido rivalizar con la de Alejandría en su época de esplendor, constaba de cerca de 400.000 volúmenes y un índice de clasificación compuesto por 44 cuadernos de 50 folios cada uno. Trabajaban al servicio de la biblioteca un equipo de copistas, traductores, ilustradores y encuadernadores, más numeroso que el de todos los monasterios de monjes copistas de Europa juntos.

La labor de los científicos hispanoárabes se llevó a cabo en dos sentidos: por un lado rescataron parte de antiguos conocimientos de egipcios, hebreos, babilonios, persas, griegos y romanos, a la vez que importaron desde el lejano Oriente los descubrimientos más avanzados de su época, los cuales provenían sobre todo de China y de la India; por otro lado, ellos mismos realizaron sus propios descubrimientos. Así fue como a través de los árabes llegaron a la Europa medieval -vía Al-Andalus- el álgebra, el ajedrez, la brújula, la pólvora, el jabón, el alcohol, el papel… y muchos otros conocimientos e inventos, a los que hemos de añadir todos aquellos que ya existían con anterioridad, pero que ellos mejoraron.

Fueron numerosas las ramas de la ciencia en las que los sabios de Al-Andalus dejaron su impronta: las matemáticas, la astronomía, la ingeniería, la navegación, la medicina, la alimentación, la botánica, la agricultura, la arquitectura… e incluso la cosmética. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que lo que se produjo en la España musulmana fue un auténtico renacimiento de las ciencias y las artes, en contraste con el casi total rechazo y abandono del que éstas eran objeto en el resto de Occidente. Ahora vamos a desglosar todo este compendio, enumerando a los científicos más importantes, sus descubrimientos y los hitos más destacables de sus obras.

Comencemos por las matemáticas puras, y dentro de éstas, por lo más básico: el sistema de numeración. Anteriormente se utilizaban los números romanos, pero representar cantidades grandes con ellos, y no digamos realizar operaciones de suma, resta, multiplicación o división, resultaba tremendamente engorroso. El sistema de numeración que utilizamos hoy en día es el mismo que utilizaban los árabes, aunque la grafía de los números ha cambiado un poco, pero es muchísimo más práctico que el romano. Aunque fue gracias a los árabes que lo conocemos, su origen es hindú. Sin embargo, no se limitaron a recoger el conocimiento ajeno, sino que además lo hicieron evolucionar; ellos utilizaron el cero como un dígito más, colocándolo en todas las posiciones posibles entre los demás números, para poder expresar cualquier cantidad de la manera más simple posible, lo cual significó una importantísima evolución en las matemáticas.

Muhammad ibn Musa Al Jwärizmï, gran matemático de finales del siglo VIII, escribió una obra al respecto, titulada Kitab-al-Jabr, un tratado completo de álgebra que incluye ecuaciones e integrales entre otras operaciones; la mencionada palabra «álgebra» deriva de al-Jabr. Además de todo esto, Al Kwharizmi se sirvió de la regla de tres y formuló el método para extraer raíces cuadradas y cúbicas, por lo que  puede considerarse que su trabajo está a la altura de matemáticos posteriores tan importantes como Leibniz o Gauss. También conocemos gracias al cadí o gobernador de Jaén, Ibrahim Ibn Muda, el primer tratado de trigonometría esférica registrado en la historia de España, titulado Kitab Mayhulat kisi al-kura (Libro de las incógnitas del arco y de la esfera),  fue escrito hacia finales del siglo XI. Esta obra, de carácter práctico, consta de dos partes: la primera expone la teoría, mientras que la segunda pone a prueba los conocimientos del estudioso mediante problemas cuya solución se encuentra en los postulados teóricos de la primera parte.

La astronomía fue una de las ciencias en la que más despuntaron los sabios de Al-Andalus, porque en sus investigaciones avanzaron hasta un nivel comparable al que alcanzaron algunos de los astrónomos del Renacimiento. Uno de los más destacados fue Yahya-al-Gazal, embajador de profesión, al servicio del califa Abd-al-Rahmán II durante la segunda mitad del siglo IX, y astrónomo en su tiempo libre, que no debió ser mucho, pese a lo cual consiguió rescatar las tablas astronómicas del persa al-Juwarizmi, mucho más prácticas y exactas que las que habían usado hasta entonces. Este matemático y astrónomo había compilado la sabiduría astronómica de la India, pero escribió otras obras que fueron también conocidas en Al-Andalus. A él se debe el nacimiento de la ciencia del álgebra o «complementación».

Posteriormente surge en el panorama científico hispanoárabe uno de esos genios que hacen historia; se trata de Azarquiel, que vivió entre 1029 y 1100. Trabajó en primer lugar al servicio de Al-Mamún, emir de Toledo, desarrollando astrolabios de diseño plano, con los que se podían realizar cálculos más precisos, y gracias a eso pudo construir un planisferio celeste. Algún tiempo después construyó otro aparato, al que llamó «ecuatorio», en el que se mostraban los distintos planetas del sistema solar conocidos entonces, así como sus órbitas alrededor del Sol; en él quedaba reflejada la trayectoria elíptica de Mercurio, lo que ya indicaba que sus investigaciones iban en la dirección adecuada, como confirmarían las observaciones en los siglos venideros. Otro de sus inventos consistió en un reloj de clepsidra, o sea, que funcionaba con agua, y que indicaba tanto las horas del día como las de la noche, e incluso las fases de la Luna; todo ello con un margen de error muy pequeño.

También dejó a la posteridad -además de numerosas tablas astronómicas, en las que describía las órbitas del Sol, los planetas y la Luna, tomando como referencia el meridiano de Toledo-, el compendio de las observaciones que realizó a lo largo de 25 años de los movimientos del Sol respecto de las estrellas, obra a la que llamó Suma de los movimientos del Sol. La práctica totalidad de sus trabajos se recopilaron diligentemente, quedando recogidos en Los libros del Saber de Astronomía, publicados por orden del rey Alfonso X el Sabio. Pero con anterioridad a este hecho, Maslama Al-Mayriti, oriundo de Magerit (Madrid), que vivió a finales del siglo X, había adaptado las tablas astronómicas de Al-Jwarizmi al meridiano de Córdoba y a la Hégira, o año cero de la era musulmana (627 de la era cristiana). También tradujo El Planisferio de Ptolomeo, y escribió un tratado sobre la construcción de esferas armilares, también llamadas astrolabios, que se utilizaban para mediciones astronómicas. Abd-al-Rahmán Al-Sufí realizó un catálogo estelar, inspirándose en el Almagesto de Ptolomeo, cuya precisión ha posibilitado su uso incluso hoy en día.

Finalmente, podemos citar a Alpetragius, sobrenombre latino de un astrónomo de Córdoba, de nombre desconocido, que rompe una lanza a favor de un modelo de sistema solar heliocéntrico, es decir, que el Sol ocupa el centro del sistema, cuestión que, por otra parte, no será planteada por los astrónomos europeos hasta el Renacimiento.

Y si fueron maestros trabajando en el campo de la teoría, no se quedaron atrás en las aplicaciones prácticas, como demuestran sus obras de ingeniería aplicadas a la arquitectura y a la agricultura. Siendo Córdoba capital del Califato Independiente en el siglo IX -cuando las que en un futuro habrían de ser grandes capitales de Europa no eran más que pobres aldeas-, ya contaba esta gran metrópoli, la mayor de todo Occidente, con alumbrado público a base de antorchas en gran parte de sus calles y plazas. También contaban en algunas casas con un ingenioso sistema de aire acondicionado, consistente en hacer circular aire a través de unos conductos forrados con fieltro, el cual se humedecía gracias a un constante goteo de agua perfumada, y de esa manera refrigeraba toda la casa. Por otra parte, el monumento más conocido de Al-Andalus, la Alhambra de Granada, guarda un secreto muy práctico, y es que está orientada según los vientos dominantes de Sierra Nevada a lo largo de cada estación; lo que se pretendía era resguardarla del viento en invierno, para que se mantuviese caldeada, pero exponerla en verano para que se mantuviese fresca.

Pero fueron sus aplicaciones agrícolas las que más admiración nos causan hoy: importaron la noria desde el Oriente Medio, e implantaron en los campos del levante los ingeniosos sistemas de regadío que tanto éxito habían cosechado en Babilonia y que aún hoy en día siguen en uso, e incluso ha llegado hasta nosotros un Tratado de Agricultura, obra de Ben Wafid, que fue utilizada por Campomanes, ministro del ilustrado Carlos III, para explotar más eficazmente las fincas agrícolas. Sin embargo, y no contentos con eso, trajeron desde Oriente numerosos cultivos desconocidos hasta entonces, como el arroz, el azúcar, el limonero, las berenjenas, las alcachofas o las espinacas.

Pero es sin duda la medicina, por delante incluso de la astronomía, la rama de la ciencia en la que más trabajaron los hispanoárabes, y en la que más éxitos obtuvieron, porque como afirma un hadith, o sentencia coránica: «la medicina es la salvación del cuerpo», colocándola a la altura de una ciencia independiente, y siendo los médicos tan bien considerados y respetados como los sacerdotes, los jueces o los oficiales del ejército. La medicina era una ciencia al servicio de todos los ciudadanos y residentes, y no sólo de los acaudalados que se podían permitir un médico particular; los hospitales y los medicamentos eran gratuitos y siempre estaban atendidos por personal especializado, incluso para tratar las enfermedades mentales,  que en Europa se consideraron simplemente como posesiones demoníacas hasta bien entrado el siglo XIX, pudiéndose encontrar al menos uno en cada ciudad que pudiera considerarse como tal.

Como se ha mencionado, varias fueron las culturas que aportaron sus conocimientos a la medicina árabe. Así, estudiaron al griego Hipócrates, considerado el padre de la medicina, al romano Galeno y también a las obras dejadas a la posteridad por hebreos, egipcios, babilonios y persas. No dejaron de lado las soluciones de la medicina hindú y china, consideradas las más avanzadas de la época. Conocían los diferentes órganos del cuerpo humano, su función y su situación dentro de éste; también sabían de la circulación de la sangre, diferenciando entre la arterial y la venosa, así como el esquema básico del sistema nervioso. Sus conocimientos del sistema óseo les permitían tratar con éxito las fracturas más comunes. Tropezaron, sin embargo con un obstáculo importante: la ley coránica prohibía expresamente diseccionar cadáveres, pese a lo cual, sus conocimientos anatómicos eran muy avanzados para su tiempo.

Sus técnicas eran muy variadas y proporcionaban un abanico de soluciones muy completo: practicaban la cirugía, incluida la ocular, trataban las fracturas, luxaciones, lesiones de músculos, tendones y articulaciones, a base de masajes y fármacos; tomaron de los chinos el uso del opio como analgésico, y asimismo se sirvieron del alcohol como antiséptico. A principios del siglo XI, Abúl Qasim al-Zahrami, médico de Córdoba, publica una enciclopedia que reune todo el saber de la medicina de Al-Andalus en todas sus ramas, incluyendo la más desarrollada, la oftalmología; no es una simple recopilación de datos, sino que también contiene una parte de ética profesional que ha de ser observada rigurosamente por quienes ejercen la medicina.  Pero ésta es sólo una de las numerosas obras escritas entonces sobre medicina, pues también pueden citarse el Kitab al-Taysir o Libro que facilita el tratamiento, de Avenzoar o el Kulliyat fi´l-tibb, o Libro general de medicina, entre otros.

Al contrario que en la Europa cristiana, en Al-Andalus, al igual que en el resto del mundo islámico de la época, había un conocimiento amplio y bastante profundo para aquel entonces sobre la geografía del mundo conocido. En este sentido destacan los trabajos de Abú Obeid al-Bakrí, autor del Libro de los reinos y los caminos, y Abú Abbás Ahmed ben Umar, quien escribió El Jardín de las maravillas del Mundo y Los caminos del Orbe. Hoy sabemos que los navegantes hispanoárabes ya disponían de embarcaciones con vela latina para poder navegar contra el viento, conocían las corrientes submarinas del estrecho de Gibr al-Tarik (Gibraltar o Monte de Tarik) y los vientos dominantes en el Mediterráneo, el Índico y parte del Atlántico, así como la configuración de las costas desde Finisterre hasta la Mauritania por el Sur, y hasta el estrecho de Malaca (Malasia) por el Este. También supieron sacar partido de la «aguja de marear», es decir, la brújula, inventada por los chinos pero conocida por los marinos hispanoárabes desde el año 854.

Este era el panorama de la ciencia en Al-Andalus; y podemos afirmar que la ciencia hispanoárabe, en la que trabajaron no solamente musulmanes, sino también cristianos y judíos, no pasó por ninguna época de renacimiento, puesto que jamás fue eliminada de la vida cultural de la sociedad, como sí sucedió en la Europa cristiana, en la que toda ciencia desapareció o hubo de ocultarse, para ser suplantada por la más profunda y desoladora ignorancia, propiciada por el fanatismo y la intolerancia.

Sirva este artículo para dar a conocer, en sus rasgos más importantes, los hitos y la importancia de aquel afortunado período, y también como un humilde homenaje a la  grandeza de su aportación a la ciencia, que no es patrimonio de un pueblo ni de una época determinada, sino de toda la Humanidad en el pasado, en el presente y en el futuro.

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Libros: Las chicas con hiyab hablan

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Les filles voilées parlent, Cuarenta y cinco textos y entrevistas recogidos por Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tevanian. Editions La Fabrique, París, 2008. Por primera vez un libro aborda la cuestión del pañuelo dando a las mujeres que lo llevan el estatuto de sujetos y no de objetos. Les filles voilées parlent ofrece un espacio para la palabra consecuente (más de 330 páginas) a cuarenta y cuatro mujeres musulmanas con hiyab que viven en Francia, de todas las edades y perfiles, y las deja hablar de lo que ellas quieren, como ellas quieren y en el registro que ellas quieren.El resultado es impresionante, tanto por la manera como se desbaratan las ideas recibidas sobre «la» mujer con hiyab, como por el cuadro sombrío que presenta de la estigmatización, las discriminaciones y las violencias que se hacen en Francia a las mujeres que discrepan de la norma vestimentaria dominante.
En el texto que sigue, quienes han coordinado el libro nos presentan más en detalle el proceso que han llevado adelante y las enseñanzas que sacan de él. Sería vano proponer un análisis o una síntesis de la palabra que se expresa en este libro, porque es muy rica, compleja y diversa. Donde el rodillo compresor mediático y la demagogia política amalgaman, generalizan y homogeneizan todas las situaciones tras un tipo ideal de «la» mujer que lleva hiyab, o «del» hiyab como «símbolo de opresión», nosotros/as hemos encontrado, por el contrario, mujeres y adolescentes -cuarenta y cuatro en total- todas diferentes unas de las otras: unas, alumnas «brillantes», otras no tanto; algunas extrovertidas, otras más reservadas; temperamentos «rebeldes» y otros más «reposados»; mujeres comprometidas en la vida asociativa, social o política, otras por el contrario atraídas por el repliegue hacia la familia, el entorno próximo o la comunidad: optimistas y pesimistas -y muchos otros matices todavía…

A la demonización que demasiado a menudo utilizan los demagogos que nos gobiernan y nos informan en Francia, este libro no opone la idealización, sino la humanización: dando la palabra a las mujeres que llevan hiyab, se les deja su humanidad, o se les da la ocasión de manifestarla claramente.Cada mujer o adolescente manifiesta esta humanidad por medio de lo que es justamente lo característico de la especie humana: su propia palabra. Una palabra en primera persona, que nos aleja de generalizaciones sobre «el velo» y «su significado«, para permitirnos entrever, tanto por su contenido como por su tono o estilo, personalidades singulares e interesantes.

Si la cuarentena de mujeres que se expresan en este libro es representativa de algo, es precisamente y ante todo de la infinita diversidad de situaciones, de trayectorias y de temperamentos que abarca el conjunto de las mujeres que llevan hiyab. El libro no pretende por lo tanto dar una visión exhaustiva, sencillamente porque ningún libro podría hacerlo. Este libro es «realista» porque deja ver la diversidad infinita de lo real, pero es un libro abierto, que quiere ser también un acicate para nuevas tomas de palabra.

Sin embargo, de esta diversidad emergen por supuesto ciertos rasgos comunes significativos. Por ejemplo, aunque su itinerario hacia el hiyab sigue caminos diversos (desde la reproducción temprana de una tradición familiar hasta una evolución más tardía y más solitaria, asumida al margen o incluso en contra del entorno familiar, con todos los matices intermedios posibles), todas a su manera han elegido su hiyab.



Lo han hecho por supuesto a partir de una herencia y de un entorno dados, pero ha sido en todo caso su elección. La mayoría se refiere al hiyab impuesto como una situación posible pero muy minoritaria, y todas la condenan. Y esto también lo confirman todas los sondeos sociológicos: el hiyab forzado es extremadamente minoritario, y efectivamente rechazado por la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas, lleven ellas hiyab o no.

En resumen, estamos muy lejos de la tipología maniquea que nos imponen los defensores de la ley de 2004 en Francia, que divide a las mujeres «veladas» en dos grupos: una mayoría silenciosa de «víctimas», «forzadas» a llevar el «velo», y una minoría activa de infatigables «militantes» y temibles «soldadas del fascismo verde». Más allá de sus diferencias, las mujeres y las adolescentes que hemos entrevistado tienen en común que son un desmentido viviente de estos estereotipos.

Todas han elegido llevar su hiyab, y esta elección no les impide para nada considerarse partidarias de la laicidad tal como funcionaba hasta 2004: neutralidad religiosa del Estado, de las instituciones y de los agentes del servicio público, pero no de los usuarios del servicio público; libertad de conciencia y de expresión para todas las personas, sean cuales sean sus creencias o descreencias.

Algunas de ellas tienen un verdadero conocimiento sobre el asunto y citan la ley de 1905, las leyes Ferry-Goblet sobre la laicidad de la escuela o incluso la recomendación del Consejo de Estado de 1989, mientras que otras formulan su «concepto de laicidad» de manera más intuitiva, pero conforme al espíritu de estas leyes. Todas demuestran que, contrariamente a lo que se ha venido diciendo sobre ellas, saben sentir, observar, entender, razonar, argumentar, en definitiva: pensar.

Esto es evidente, se dirá -desgraciadamente no lo es para todo el mundo.En los textos recogidos llama también la atención que pocas de las entrevistadas se extiendan sobre el hiyab mismo y sobre el significado que ellas le dan, aunque esta pregunta formaba parte de los temas que les propusimos. Sin duda esto es así para muchas porque su preocupación principal estaba en otro lado: en testimoniar su situación de mujeres estigmatizadas y excluidas, en expresar sus inquietudes y llamar a la tolerancia y al diálogo, o incluso «hablar un poco de otra cosa» tras la «sobredosis» mediática, por retomar las palabras de una de ellas.

Pero otra razón se desprende de numerosos textos. Algunas de ellas expresan con fuerza el enfado y la irritación que les produce esta cuestión, que afecta a la intimidad y a lo inexpresable, o a lo difícilmente expresable, y más aún: la forma y las condiciones bajo las que se les plantea a menudo esta cuestión.La lección de este libro, de este punto de vista, no es ciertamente que «el hiyab significa esto y lo otro, y se lleva por esta y esta razones» -estas respuestas no pueden ser sino singulares. La lección es más bien una doble invitación, a la prudencia intelectual y al tacto. Prudencia intelectual porque, y así lo subrayan varias autoras, no es posible asignar un significado simple y único a una elección tan personal. Tacto porque tal y como explícitamente lo expresan algunas: hay cuestiones íntimas y complejas que no se preguntan a bocajarro a las mujeres nada más encontrarse con ellas, y más en un clima social en el que «todo lo que digan puede ser utilizado en su contra».

El punto común más impresionante está en otro lado. Es la experiencia íntima de la estigmatización. Las formas y el nivel de violencia son variables: algunas han podido evitar que las excluyeran de los centros escolares o de que les quitaran a la fuerza el hiyab, otras no; pero todas se refieren a las miradas agresivas o a los comentarios insultantes. Y todas han escuchado claramente los mismos comentarios, que pueden resumirse en dos exhortaciones: «Vuelve a tu país» y «Vete a la cocina». Es decir: el racismo y el sexismo.

Hacía falta que se dijera todo esto. Hacía falta que un libro ofreciera a estas mujeres un espacio donde esto se pudiera decir. Porque sobre este particular los medios de comunicación permanecen casi mudos. Es increíble el contraste entre el alboroto mediático y los comentarios interminables producidos en torno al «hiyab en la escuela» y el silencio de muerte que se ha abatido sobre las «mujeres con hiyab excluidas de la escuela». En cuanto a los políticos, basta con recordar el idílico balance oficial que ha presentado Hanifa Cherifi en septiembre de 2005 a propósito de la ley del 15 de marzo de 2004.

Este informe es un modelo de inhumanidad tecnocrática, profusamente lleno de cifras y curvas sobre el número de «casos» o de «signos» registrados en las escuelas en diferentes fechas. La autora del informe se alegra de ver la curva declinar y alcanzar progresivamente el nivel «cero», y la conclusión se impone por sí misma: ¡el balance de la ley es positivo!

De tal manera que cuando se cierra este impresentable folleto de 50 páginas uno no sabe nada -pues no se le dedica ni una frase- del estado psicológico en el que se encuentran las adolescentes a las que se les ha impedido llevar el hiyab, de la forma en que se desarrollan sus cursos escolares, de qué pasó con las 50 expulsadas y las 60 que dimitieron, sin hablar de las desescolarizaciones no contabilizadas (las de las chicas que han renunciado a la escuela sin siquiera volver a clases en septiembre).

Tampoco sabemos nada del recrudecimiento de las agresiones y de las discriminaciones contra las «mamás con hiyab», a menudo delante de sus propios hijos, con todas las consecuencias psicológicas que esto puede suponer, o más ampliamente contra las mujeres que llevan hiyab fuera del medio escolar.

Son estas preguntas ocultas las que hemos querido responder, y no podíamos hacerlo sino dando la palabra a las interesadas, ofreciéndoles un espacio hasta ahora inexistente para que contaran lo que viven, lo que experimentan, y cómo lo analizan, cómo lo aguantan, cómo resisten. Nuestro libro es desde este punto de vista como un «libro negro» de la ley anti-hiyab, y en un sentido más amplio de la «hiyabofobia» contemporánea.

Pero no es solamente esto. Porque las mujeres que hemos entrevistado no son solamente víctimas. Ellas mismas rechazan precisamente definirse como tales. Y leyéndolas comprendemos por qué. No es que ellas no sean las víctimas -que lo son es más que evidente. Es que una víctima nunca es sólo una víctima: toda persona que sufre una discriminación se apoya en los recursos de que dispone para resistir y afirmar su dignidad. Adaptación, enfrentamiento, esquivamiento, humor, esperanza: las estrategias son diversas y también pueden ser combinadas.



Llama la atención en los diferentes relatos la casi ausencia de la Justicia, de la Escuela francesa y de las organizaciones progresistas tradicionales. El cuerpo de enseñantes salvo excepciones brilla por su ausencia, los servicios sociales no son siempre tan compasivos, por no hablar de los cargos locales, de los «grandes intelectuales», de los partidos de izquierdas o de las asociaciones antirracistas y de defensa de los derechos humanos, ausentes de la mayoría de los relatos. Hay excepciones, por supuesto: un/a profesor/a, un/a vecino/a, un/a compañero/a de trabajo, un/a sindicalista o un/a militante de algún movimiento asociativo que supo dar pruebas de empatía y de solidaridad con hechos concretos. Pero estamos lejos por ejemplo del gran -y más que necesario- movimiento de solidaridad que ya está construyéndose desde hace unos años en torno a los alumnos sin papeles.

La última constatación tiene valor de interpelación, y hace de este libro una especie de carta abierta. Las mujeres que se expresan en sus páginas no hacen nada más que dar testimonio, nada más que informarnos y conmovernos: ellas acusan, analizan, interpelan. Acusan no a la sociedad francesa en su conjunto, sino a sus dirigentes y a su cuerpo de enseñantes, subrayando la brecha que se abre entre los proclamados ideales de libertad, igualdad y fraternidad y su propia realidad vivida. Analizan los desfallecimientos de esta República, sus causas y sus reprobables consecuencias.

Finalmente ellas nos interpelan, a todos y a todas, poniéndonos frente a nuestras contradicciones, nuestra ceguera, o nuestra pasividad cara a la exclusión. Aunque algunas, las más jóvenes y las más duramente reprimidas (especialmente las que han sufrido la exclusión o les han quitado el hiyab a la fuerza en la escuela), expresen cólera, en términos a menudo duros, todas manifiestan un arraigo profundo en la sociedad francesa, y una voluntad de ser ciudadanas como las otras, tratadas como tales. Todas expresan el deseo de participar plena y positivamente en la vida del país, como estudiantes, como trabajadoras, como madres de alumnos/as, como ciudadanas. Pero todas dicen también chocarse con una desconfianza o un recelo agotadores y desanimantes.

Algunas eligen ser «conciliadoras», redoblan sus esfuerzos y su paciencia para resultar útiles y agradables, otras eligen «exigir el respeto» por una actitud más combativa e intransigente en la defensa de sus derechos; otras salen por el humor, o se dicen tentadas a renunciar, a volver al hogar, a replegarse hacia la comunidad o la expatriación. Pero lo que es llamativo es que no hay dicotomía real: las mujeres que se repliegan no querían hacerlo inicialmente, y las que luchan contra este repliegue nos dicen comprenderlo a pesar de todo, e incluso pensar en él a veces para ellas mismas. Estas últimas nos dicen también que en su alrededor muchas de sus amigas comienzan a resignarse.

Nada está pues fijado, y el futuro depende por lo tanto de todos/as nosotros/as. Esta es precisamente la interpelación que nos dirigen las autoras de este libro: hay una elección de sociedad que tomar y que asumir. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si queremos vivir separados/as. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que «en nombre del pueblo francés», es decir en nuestro nombre, una ley excluya a escolares de los colegios. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre del feminismo se insulte, humille o discrimine a mujeres.

Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre de la laicidad o del «vivir juntos» una parte de la población sea sometida al ostracismo y se la vincule sin cesar con una «diferencia» supuestamente «inasimilable». Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos estas lógicas de la exclusión o si preferimos aceptar la invitación que implica este libro: «dejad de juzgar, apagad el televisor y abramos el diálogo».

Con información de Les Mots Sont Importants
Traducción Observatorio de la Islamofobia

De la página web de la editorial:

Mona: «Al argumento del hiyab «símbolo de opresión de las mujeres» yo planteo la pregunta: ¿opresión para quién? No para mi. Yo soy libre en mis elecciones, y yo he elegido llevar el pañuelo, es una expresión de mi libertad…»

Nayer: «En cuanto llegué, cuando ellos me vieron con mi hiyab, me dijeron que la plaza estaba cubierta…»

Malika: «Ella dijo: «¿Acaso esperas encontrar un empleo con eso que llevas en la cabeza?». Me levanté, y le recordé las leyes de la República…»

Jadiya: «Nuestra exclusión estaba a la orden del día, y me encontraba con militantes de los Verdes, o de las JCR, o incluso feministas, ¡que me psicoanalizaban, o que me hacían exégesis del Corán!…»

Ismahane: «Estábamos muchas de Feministas por la Igualdad en la manifestación, y Malika y yo llevábamos el hiyab, y un tío furibundo se puso a gritarnos «¡Ni Dios ni amo!». Yo le contesté: «¡OK, entonces tú no eres mi amo!» (risas).»

Pierre Tevanian enseña filosofía en Drancy. Es coanimador del colectivo «Les mots sont importants» [Las palabras son importantes] y ha publicado varios libros, entre ellos el Dictionnaire de la lepénisation des esprits(Diccionario de la lepenización de los espíritus. Ed. L’Esprit frappeur, 2002), Le Ministère de la peur (El Ministerio del miedo. Ed. L’Esprit frappeur, 2004), Le Voile médiatique (El velo mediático. Ed. Raisons d’agir, 2005) y La République du mépris (La República del desprecio. Ed. La Découverte, 2007).

Ismahane Chouder es miembro del colectivo «Una Escuela para Todos/as» y antigua vicepresidenta del colectivo «Feministas por la Igualdad». Ha contribuido a la obra colectiva Le Livre noir de la condition des femmes (El libro negro de la condición de las mujeres. XO Editions, 2006).

Malika Latrèche trabaja en «Una escuela para todos/as» y defiende a las madres que han sido excluidas de las salidas de los colegios. Desde octubre de 2006 copreside el colectivo «Feministas por la Igualdad».

Tema: Islamofobia y discursos sobre la mujer musulmana

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Las demás no somos mujeres – por Yonaida Selam


A colación del desafortunado discurso de la ministra de Igualdad, Bibiana Aido, sobre la imposición que recae sobre las mujeres de confesión musulmana en torno a la vestimenta, especialmente lo referido al hiyab, y aunque no debería causar sorpresa alguna la estereotipización con la que en términos generales se retratan en los medios de comunicación al Islam en general y a los musulmanes, en particular, me causo especial indignación el titular con el que el periódico La Vanguardia titulaba una noticia sobre el rechazo y los apoyos de diferentes organizaciones a las manifestaciones vertidas por la ministra, que rezaba de la siguiente manera «Las mujeres apoyan a Aido ante las criticas de las entidades islámicas», un titular sin duda perverso donde las presidentas de organizaciones como la Federación de Mujeres

Progresistas o de la asociación de mujeres Themis merecen recibir el calificativo de mujeres, mientras que la presidenta del Consejo islámico de Valencia, Amparo Sánchez o en mi caso como presidenta de la Asociación Intercultura, al parecer no somos mujeres, sino seres abstractos que dirigen entidades de carácter islámico, incapaces de tener ideas propias y al parecer conciencia en torno a las desigualdades, algunas endémicas, que padecen millones de mujeres en todo el mundo.

Algo así como la definición acertada que la escritora y socióloga marroquí Fátima Mernissi ha dado sobre la descripción que en términos generales, el feminismo occidental tiene de la mujer musulmana: como un ser infrahumano, sumiso y medio tonto, que es feliz en la degradación organizada por el patriarcado y la miseria institucionalizada, una descripción que concuerda sin duda con las manifestaciones de la ministra, de la presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Progresistas, del titular de La Vanguardia y de la inmensa mayoría del PP (Véase el Contrato de Inmigración, el intento de restricción del uso del velo o las declaraciones vertidas por la Portavoz del PP en el Congreso Soraya Sáez de Santamaría en la Cadena Ser).

Sinceramente, nunca entendí la creación de un Ministerio de la Igualdad, máxime cuando nuestras leyes consagran la igualdad entre hombres y mujeres, y sobre todo porque, habiendo voluntad política y ganas de apostar por la igualdad real entre ambos sexos, sobran macroestructuras, vacías de contenido, con poca dotación presupuestaria y sobre todo con una ministra cuyo noción de feminismo es un poco particular y yo diría que hasta provinciana, cuyo ejemplo más provocador si cabe, han sido sus últimas declaraciones en las que afirmaba sin más que el Islam consagra la desigualdad porque las mujeres se cubren la cabeza con un hiyab y el cuerpo con vestidos largos, mientras que el hombre “árabe” (cabría recordarle que en el mundo existen 1500 millones de musulmanes de los cuales tan sólo un 20% son árabes) puede vestir de forma occidental, y aseverando de manera generalizada que las musulmanas somos seres inferiores, sumisas, incapaces de tomar conciencia o de tener ideas propias.

El pañuelo forma parte de la identidad de muchas mujeres musulmanas. Lo que desde occidente se ve como una barrera entre dos mundos y una forma de represión o de sumisión de la mujer al hombre, para la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas el hiyab supone una reafirmación de su origen, su fe y sus ideas, por lo que no deja de llamar la atención que el feminismo clásico, cuando alude a la discriminación de la mujer musulmana, se simplifique y se reduzca a un pañuelo, y muchísimos estados, como el francés, incluso para acabar con esa supuesta discriminación, prohibe su uso en las escuelas, privando a miles de adolescentes del derecho a la educación y expulsando a cientos de ellas de las escuelas, promulgando una Ley contra su uso, que llegó conocerse como la Ley del Miedo. Asma Lamrabet (ensayista marroquí) lo describe acertadamente: “Es evidente que sobre un fondo de estigmatización del Islam, de racismo y de un gran malestar social frente a las poblaciones de inmigrantes, cada vez más presentes en Occidente, la cuestión del velo se ha convertido en ‘cabeza de turco’ ideal de los medios mediático-políticos”.

Y para ejemplos, el de la ciudadana alemana de origen turco, que tuvo que recurrir a los tribunales para reivindicar su derecho al trabajo, porque el Ministerio de Educación Alemán, en dicha ciudad, la quería obligar a firmar un documento en el que se comprometía a no usar pañuelo mientras impartía clases, el de las dos alumnas del Severo Ochoa de Ceuta, a las que los directores de dicha escuela, les habían prohibido la entrada por usar el hiyab o el de Shaima Saidani, otra alumna a la que le restringieron el acceso a una escuela en Cataluña, hasta que intervino la Generalitat y zanjó el asunto. Sin duda alguna, muestras, como diría Edward Said, de cómo las maliciosas generalizaciones en torno al Islam se han convertido en la última forma aceptable de denigración de una cultura foránea en Occidente: lo que se dice acerca de la mentalidad musulmana, o sobre su carácter, su religión o su cultura, en conjunto no podría ser planteado en la actualidad en ningún debate sobre los africanos o los judíos.

Entre tanto, es confortante ver como la vicepresidenta del gobierno Maria Teresa Fernández de la Vega, desautoriza a un miembro de su gabinete y nos deja claro que el hiyab no es un problema en este país, aunque algunos con su famoso “contrato de integración” (PP) lo quisieron convertir en un problema.

Fuente: Melilla Hoy, 5 de julio de 2008

Extraído de: http://islamofobia.blogspot.com


EL TRIBUNAL DE LAS AGUAS EN AL-ANDALUS

En esta Plaza se encuentra la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia en la que se reúnen todos los jueves a las 12.00 desde hace más de mil años el Tribunal de las Aguas. Este tribunal es la institución jurídica vigente más antigua de Europa, y probablemente también la más antigua del mundo.
En esta Plaza se encuentra la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia en la que se reúnen todos los jueves a las 12.00 desde hace más de mil años el Tribunal de las Aguas. Este tribunal es la institución jurídica vigente más antigua de Europa, y probablemente también la más antigua del mundo.

El sistema jurídico andalusí fue evolucionando de árabe y la figura del juez supremo o «qädï» fue especializándose cada vez más y se rodeaba de auxiliares o consejeros según las necesidades. Se llegó a dividir la jurisprudencia o «qadä» por ciudades o circunscripción territorial. Las amplias demarcaciones fueron objeto de nuevas nominaciones para áreas más reducidas dentro de la región o «küra», por lo que el «qädï», tal y como recoge la doctrina «mäliki», podía recibir competencias funcionales limitadas a un territorio concreto, e incluso si ésta era excesivamente amplia podía delegarse en otros funcionarios instruidos en la materia.

En Xarq al-Andalus, las acequias eran conservadas por las comunidades de regantes, los cuales se sometían a un tribunal de las aguas para resolver los litigios. Esta estructura está documentada en la época musulmana, por ejemplo, en la época Califal está demostrado por un texto del cronista Ibn Hadjdjan publicado por Lèvi-Provençal, el cual nos refiere también que Mubàrak y Mudaffar, los amirís sublevados contra Córdoba en el año 1010 ejercieron el cargo de inspectores de riego del Guadalaviar (actualmente más conocido como río Turia).

En al-Andalus, las cuestiones del riego, el reparto y distribución de las aguas formaba parte de lo que en el derecho andalusí se denominaba furü al-fiqh. En el reinado de Abderramán III y Al-Hakem, durante los años del Califato de Córdoba, entre los años 929 y 1031 es cuando el Tribunal de las Aguas se define como la institución jurídica que nos ha llegado hasta nuestros días.

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Sistema que en «Balansiya» (Valencia) imperaba de modo análogo respecto a las aguas de la Vega, con el nombramiento de ocho acequieros (actualmente denominados síndicos) correspondientes a las ocho Acequias que regaba y permitían la distribución de las aguas en la Huerta Valenciana.

En el marco general del proceso judicial andalusí frente a la pretensión del demandante oponía sus acciones el demandado. El «häkïm» mediante delegación tenía entre sus competencias vigilar la observancia de los derechos de los regantes, quienes, además, podían denunciar la usurpación de sus derechos de forma inmediata. Respecto al testimonio de los testigos no solo se exigía su honorabilidad, sino también ser expertos en la materia sobre la que debían testimoniar, y sobre todo, ser testigos justos.

Otra de las características de este tipo de procesos era la ausencia de «abogado de parte» (wakil) en sentido técnico, ya que según el tratado de Ibn ‘Abdün los abogados constituían un gran daño en el desarrollo del proceso, puesto que con sus intervenciones transformaban la realidad y disfrazaban la verdad.

La administración de justicia en materia de aguas, tenía lugar en un marco concreto, la Mezquita; en estos procesos por cuestiones de riegos del principio de publicidad, las vistas se celebraban en el lugar de máxima afluencia de creyentes, en la Mezquita los viernes y en horas determinadas, ya que los juicios orales debían contar con la presencia masiva de testigos y gentes interesadas en el modo en que se instruía, conocía, y sentenciaba.

El personaje fluvial sostiene, un gran cuerpo de la abundancia, desbordante de frutos, propio de la antigua emblemática de Valencia y está rodeado de pedestales, en los que aparecen ocho niñas o adolescentes desnudas, con la peineta y peinado de labradora valenciana, cada una de ellas con un cántaro del que emana el agua, y que a su vez representan las ocho acequias del Turia.
El personaje fluvial sostiene, un gran cuerpo de la abundancia, desbordante de frutos, propio de la antigua emblemática de Valencia y está rodeado de pedestales, en los que aparecen ocho niñas o adolescentes desnudas, con la peineta y peinado de labradora valenciana, cada una de ellas con un cántaro del que emana el agua, y que a su vez representan las ocho acequias del Turia.

En aquel entonces las reuniones tenían lugar dentro de la mezquita, pero posteriormente, y ante la prohibición de acceso a la misma de muchos musulmanes que continuaron trabajando en la huerta valenciana, las reuniones fueron trasladadas al exterior, a la puerta de la antigua Mezquita convertida en Catedral..

Por lo tanto, el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, es la institución más antigua de justicia que existe hoy en Europa. Desde hace más de 1000 años se reúne cada jueves a las 12:00 horas en la puerta de los apóstoles de la catedral de Valencia.

Más tarde en 1238, Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, tras la conquista de la ciudad de Valencia a los árabes, confirma en el fuero XXXV todos los privilegios que disfrutaban las tierras de regadío en tiempo de los árabes:

«…segons que antigament es e fo establit e acostumat en temps de serrahins.»

(…según de antiguo es y fue establecido y acostumbrado en tiempos de los sarracenos)

El paso de los siglos contiene varios intentos de retirar los privilegios del Tribunal de las Aguas, mas, sucesivamente, los acequieros de la huerta valenciana sortearon todas las dificultades. Baste señalar que, a pesar de la abolición de los fueros dictada en 1707, Felipe V, que unificó la legislación, no logró alterar esta institución. Ni los franceses, ni las Cortes de Cádiz que, en 1812, al tratar el arreglo de los tribunales, dispuso el cese de cualquier fuero privativo. La defensa realizada por el valenciano Francisco Javier Borrull, en 1813, pasó a la Comisión de Arreglo de los Tribunales; pero, curiosamente, las Cortes cesaron antes de presentar el informe. Así, el decreto de 4 de mayo de 1814, que restablecía el antiguo régimen, dejó el tribunal en plenitud de funciones.

El río Guadalaviar: Según los arabistas, la traducción de Guadalaviar equivaldría a ‘río blanco´ y se le habría dado este nombre en su curso alto por “lo fragoso del terreno que determina blancor de espumas”.

En la actualidad, desde Teruel a Torrebaja, el río toma el nombre de Turia, y de Torrebaja a Chulilla lo cambia por el de Río Blanco. Definitivamente, desde Chulilla vuelve a denominarse Turia, nombre que conserva hasta su desembocadura en el Mediterráneo por la ciudad de Valencia. Desciende 1.600 metros en los 280 kilómetros aproximados de su recorridod

Este río, fertiliza las 17.000 hectáreas de la llanura costera de Valencia, lo que ha obligado, desde antiguo, a sistematizar los riegos para que nadie careciera de agua y el reparto fuera lo más democrático posible. Del Guadalaviar (Turia), nacen ocho acequias-madre: Quart, Benacher-Faitanar, Mislata, Favara y Rovella, a la derecha, y Tormos, Mestalla y Rascaña, a la izquierda. Las tierras regadas por una acequia-madre, mediante otras más pequeñas, forman una Comunidad de Regantes, cuyos miembros son propietarios del agua de la acequia.

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A pesar de lo que pueda suponerse,  el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia no es un mero organismo folklórico e inoperante. Nada más lejos de la realidad. La tradición ha legado, desde tiempos remotos, un modelo de justicia que, aún carente de protocolo y de fórmulas jurídicas, sobrevive con plenos poderes para el hombre de la huerta valenciana. Y, aún más allá, pues el conocido simplemente como Tribunal de las Aguas ha sido ejemplo de nuevas instituciones a nivel internacional y mundial.

El Tribunal de las Aguas de Valencia tiene unas características muy propias, respaldadas por la tradición, y que le han permitido sobrevivir a lo largo de los siglos. Estas características son:

La rapidez con que se resuelven los pleitos: Se reúne todos los jueves, a excepción del Jueves Santo y, por lo tanto, trata los problemas de cada semana. Si se demora algún asunto, el plazo máximo es de 21 días.

La oralidad: ya que tanto la denuncia como la defensa, alegaciones, interrogación o preguntas y hasta la sentencia se llevan a cabo verbalmente. El Tribunal opera en lengua valenciana.

Gastos mínimos. El juicio no ocasiona gastos, ya que los Síndicos no cobran. Su trabajo en el Tribunal es parte de sus funciones. El denunciado sólo tiene que pagar la multa que se le imponga por los daños que haya causado y los gastos de desplazamiento de los Guardas.

El Tribunal está formado actualmente por 8 síndicos, uno por cada una de las acequias. Fueron 7 hasta que la acequia de Benager-Faitanar se desgajó de la de Quart. Estos síndicos son elegidos democráticamente entre los labradores regantes de la huerta de Valencia. Las acequias son: Quart, Benager – Faitanar, Mislata, Favara, Rovella, Tormos, Mestalla y Rascanya. Cada una de las 8 acequias principales tiene su Comunidad de Regantes.

Cada acequia está regida por una Junta Administradora con un Presidente o Síndico, los Vocales y los Guardas de la acequia.

Cada 2 ó 3 años las Comunidades de Regantes eligen de entre sus miembros a un jefe de la Junta, a quien se le da el nombre de Síndico. Debe de ser labrador y cultivar sus tierras directamente, las cuales deben de ser de una extensión suficiente como para poder vivir de ellas. También debe de ser reconocido por el resto de los labradores como un ‘hombre honrado’.

El Síndico, como presidente de la acequia, tiene el poder ejecutivo de la misma y una de sus funciones es formar parte del Tribunal de las Aguas.

Los Vocales, labradores también, son elegidos democráticamente de entre toda la Comunidad de Regantes, y se eligen de manera que queden representados todos los tramos de la acequia, desde la parte alta, pasando por el tramo medio hasta el tramo bajo, con el fin de que los intereses de todos los propietarios sean representados y puedan ser defendidos.

El Guarda de la acequia es el empleado que se encarga de que el agua llegue a todos según los turnos de riego y en caso de que haya infracciones o entorpecimientos por parte de algún labrador, es él el que informa al Síndico y a los Vocales para presentar las denuncias ante el Tribunal, cada jueves.

El atandador es el que establece los turnos de riego o tandas y además vigila que se cumplan.

El Tribunal de las Aguas, por lo tanto está formado por los 8 Síndicos, representantes, cada uno de ellos, de cada una de las 8 acequias madre.

Para garantizar la imparcialidad de los juicios El Presidente del Tribunal es el Síndico de la acequia de Rascaña, en la margen izquierda del río Turia, mientras que el vicepresidente es el de la acequia de Favara, en la margen derecha.

También, cuando hay una denuncia, el Síndico de la acequia a la que pertenecen los litigantes no interviene y si el denunciado es de una acequia de la margen derecha, por ejemplo, la sentencia la emiten los Síndicos de las acequias de la izquierda o viceversa.

El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia ha recibido en cuatro ocasiones el beneplácito de Juan Carlos I, cuya firma ha validado su existencia en la Constitución de 1978; en el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana de 1982; en la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985; y en la Ley de Aguas de 1985. Precisamente esta última utiliza en su preámbulo el tribunal valenciano como modelo.

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Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?
Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?

 

Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

 

Los disturbios que sacuden la región árabe vehiculan elementos del plan de los Estados Unidos para paliar el fracaso estratégico de Washington producido estos diez años pasados y para proteger a Israel antes de la retirada de las GI de Irak en diciembre. Está claro que una parte de los hilos deshilvanados actualmente lo han sido estos dos años pasados en coordinación entre la administración Obama y sus principales asociados internacionales y regionales.

Una de las ideas principales estudiadas los dos últimos años se inserta en el principio de la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y los Hermanos Musulmanes. La experiencia turca ha sugerido un modelo de coexistencia entre la adhesión a la OTAN y las relaciones con Israel y los Estados Unidos, al tiempo que tiene en consideración los sentimientos pro-palestinos de la calle turca, Ankara ha sabido encontrar el justo medio entre el recelo de su base popular respecto del Estado hebreo y las consideraciones estratégicas vinculadas con sus relaciones con la OTAN y los Estados Unidos. Pero sin llegar a tomar iniciativas que modificarían radicalmente las relaciones de fuerzas en beneficio del eje de la Resistencia y el Hezbollah y Hammas.

Al parecer la dirección internacional suprema de la Cofradía de los Hermanos musulmanes ha establecido una asociación con los Estados Unidos para replantear su influencia política y económica en la región árabe. El Egipto post-revolucionario será el terreno que servirá de Test a dicha asociación e intentar perpetuar el modelo turco basado en la coexistencia entre la institución militar y un movimiento islamista así como en el compromiso de la cofradía en el respeto de las constantes vinculadas con la seguridad del Estado hebreo y el acuerdo de Camp David luego de las elecciones presidenciales y legislativas. La alianza entre los Hermanos y los restos del antiguo partido en el poder en el referéndum sobre las enmiendas constitucionales corroboran este nuevo esquema. En lo que se refiere al conflicto israelí-árabe, parece que el plan de paz que los Estados Unidos van a imponer reposa en la iniciativa de Brezinski basada en la abolición del derecho al retorno de los refugiados, el intercambio de territorios entre los Palestinos y el Estado hebreo y en un Estado palestino desmilitarizado. Todo depende de la reelección de Obama por un segundo mandato.

El triunfo de este plan depende de varios factores. Su aceptación por parte de Hammas es esencial. Turquía y los europeos se encargarán de convencer al movimiento palestino con la zanahoria y el bastón.

Pero Siria sigue siendo el principal obstáculo al plan de los Estados Unidos consistente en liquidar la causa Palestina. Debilitar a Damasco y anegar a Siria es una condición necesaria. Tanto más se comprende por consiguiente la convergencia de los papeles entre Arabia Saudita, Qatar y Turquía en la crisis siria. Que los dirigentes de los Hermanos Musulmanes sirios vayan y vengan entre estos tres países llamando a la revuelta contra el régimen de Bachar Al Assad desde Estambul, de Riad o de Doha resulta entonces perfectamente comprensible.

Incluso el Primer ministro saliente de Líbano juega un papel en dicho plan. Un documento revelado por Wikileaks demuestra la posición de Saad Hariri respecto del régimen sirio y de los Hermanos musulmanes. En un cable publicado por el diario libanés Al Intiqad,  Saad Hariri refiere a sus interlocutores: “hay que acabar definitivamente con el régimen sirio”, proponiendo una asociación entre los Hermanos Musulmanes y antiguos responsables del régimen, y agrega que la rama siria de la cofradía “ se asemeja en sus características a los musulmanes moderados de Turquía. Aceptan un gobierno civil e incluso sostienen la paz con Israel «… Saad Hariri refiere a sus interlocutores estadounidenses que él mantiene una sólida relación con el guía espiritual de los hermanos musulmanes en Siria (hoy sustituido) Ali Al Bayanouni e insiste ante los Estados Unidos para que “discutan con Bayanouni. Observen su actitud y verán milagros ».

Todos los medios sirven para hacer pasar este plan incluso si es preciso para ello amenazar la unidad interna de Siria con el riesgo de sumergir al país en una guerra civil. Manteniendo a raya al complot que apunta a desestabilizarla, bajo el pretexto de los derechos humanos y de la libertad, Siria habrá minado una vez más un plan destinado a liquidar la causa Palestina y a perpetuar la hegemonía. Para ganar su apuesta, Bachar Al Assad debe superar el desafío de seguridad y estabilidad que representan los grupos extremistas que hacen estragos en su país. Pero también debe promover imperativamente la planificación de verdaderas reformas políticas, económicas, jurídicas y administrativas modernizando su país.

Siria: de la revuelta a la insurreción armada

Desde el comienzo de la contestación en Siria han sido patentes las primicias de una insurrección armada. Los insurrectos se han infiltrado entre los manifestantes que reclaman reformas con el evidente propósito de provocar a las fuerzas del orden que habían recibido instrucciones estrictas de la Presidencia de no disparar contra los manifestantes pacíficos. Con frecuencia los policías eran enviados sobre el terreno sin municiones a fin de evitar fricciones con los manifestantes que podrían llevar a un baño de sangre.

Que un movimiento de contestación pacífico se haya convertido en insurrección armada ilustra el callejón sin salida en el que se encuentran las fuerzas políticas que organizan las manifestaciones en Siria y que en su mayoría son controladas , financiadas o alimentadas por los Estados Unidos, determinados países europeos, el príncipe saudita Bandar Ben Sultan , Qatar, la coalición libanesa del 14 de Marzo así como por Turquía cuya posición oscila entre la confusión y la ambigüedad.

Este callejón sin salida se explica por la incapacidad de los organizadores de de transformar la contestación en movimiento realmente popular a pesar de los medios financieros y mediáticos gigantescos puestos a su servicio. Las ciudades de Alepo, Raqua, Idlib y sus regiones así como la capital Damasco y, en menor medida, Hassaka y Hama, quedan apartadas del movimiento y, a despecho de todas las proclamas, los habitantes de estas regiones rehúsan organizar manifestaciones hostiles al presidente Bachar Al Assad. En otros lugares la movilización es débil y no congrega más que a unos centenares o todo lo más a miles de personas. Por otra parte, es patente el papel central de los Hermanos musulmanes y de los grupos islamistas extremistas toda vez que las mezquitas se utilizan como punto de reunión y de movilización. Ello ha llevado a decir al célebre poeta Adonis, conocido por su escasa simpatía hacia el régimen sirio, que lo que ocurre hoy en Siria no es una revolución.

La alianza arábigo-occidental es incapaz de propiciar un vasto movimiento de contestación, que queda circunscrito a las regiones rurales y agrícolas sirias. Sin embargo, la enorme máquina mediática funciona al máximo todos los días de la semana para movilizar a la población y los Hermanos musulmanes han debido convocar directamente manifestaciones el viernes 29 de abril sin olvidarse de los sermones semanales con connotación confesional del predicador egipcio qatarí Youssef al Qardaoui.

Las fuerzas que fomentan los disturbios se han inclinado de inmediato por la insurrección militar. Armas y dinero han comenzado a afluir a través de las fronteras de Jordania, de Irak y de Líbano y los servicios de seguridad sirios han incautado importantes cantidades de ellas. A continuación han entrado en liza directamente los grupos extremistas takfiristas [1]. en las mezquitas de Deraa, Homs, y Banias y Lattaquié, llamando al Jihad y enarbolando slogans sectarios con el fin manifiesto de exacerbar las disensiones comunitarias para provocar una guerra civil. Unos 80 oficiales resultaron muertos y cientos de ellos heridos desde el comienzo de los disturbios e igualmente se ha producido un gran número de muertes entre los manifestantes abatidos por desconocidos armados con el objetivo de provocar choques con las fuerzas del orden. De este modo, se instaura un círculo vicioso de muertos- funerales—violencias-muertos, imposible de romper.

Las potencias occidentales, en la cabeza Estados Unidos , desconocen totalmente esta dimensión esencial de la crisis que sacude a Siria. Las mismas concentran su intervención en la necesidad de reformas mediante las cuales esperan obligar al régimen sirio a compartir el poder con las fuerzas sirias que ellas financian y controlan, como los Hermanos musulmanes , Andel Halim Khaddam y con algunas fuerzas liberales marginales y cuyo último objetivo es influir en las opciones estratégicas de Siria basadas desde hace decenios en el apoyo a los movimientos de Resistencia anti-americanos y anti-israelíes. La realidad de lo que ocurre es que los extremistas musulmanes takfiristas combatidos también por Occidente con encarnizamiento desde hace diez años disponen de cédulas activas y bien organizadas en el país . Pero en la política de dos pesos, dos medidas, el terrorismo se considera a veces como un azote por desmoronar y otras veces como una fuerza de cambio.

Nadie en su sano juicio puede dar crédito a las declaraciones occidentales respecto de los derechos humanos y la necesidad de reformas, mientras que el ejemplo de lo que ocurre en Bahrein es palpable. En este pequeño reino Occidente ha embozado políticamente y diplomáticamente el aplastamiento de una revolución pacífica y la ocupación militar de la isla por los países del Golfo. Los Estados Unidos y sus aliados árabes y europeos utilizan a los Hermanos musulmanes y a los grupos takfiristas para someter a Siria y cuando hablan de reformas públicamente ponen bajo el tapete una lista de exigencias semejantes a las que había propuesto en 2003 el secretario de Estado Collin Powell las cuales se articulan en torno a los siguientes puntos: romper la alianza con Irán , terminar con cualquier apoyo a los movimientos de resistencia y aceptar una paz carente de equilibrio con Israel.

Lo que Bachar Al-Assad ha rechazado hace ocho años, mientras que 250000 GI’s estaban concentrados en la frontera, no lo aceptará hoy por motivos de agitación interna, lo que no impedirá la prosecución de reformas políticas, jurídicas y económicas con nuevas decisiones en los próximos días.

Traducción Javier Zugarrondo
Fuente New Orient News (Líbano)

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[1] En el islam, el « Takfirismo » es una forma de intolerancia extrema violenta que se caracteriza por su propensión a anatemizar no solo contra los musulmanes sino también contra ,(e incluso prioritariamente) otros musulmanes . En Siria el takfirismo se ha cristalizado contra los alauitas ( que son abultadamente representados en las instancias políticas y militares) y contra los chiítas, particularmente contra el jeque Mohammad Hussein Fadlalah- 1935/2010), líder espiritual del Hezbollah, asimilando su humanismo y su espíritu conciliador en lo que hace a la democracia o de costumbres en la apostasía.

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