La intervención militar no acabará con Daesh…

Mujeres cautivas por Daesh marchan al mercado para ser vendidas como esclavas sexuales
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«La intervención militar no acabará con Daesh, hace falta cortar sus fuentes de financiación«

Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra y geoestratega, está convencido de que el empleo de medios militares no es la solución para acabar con el denominado Estado Islámico, porque muchas veces lo único que se consigue es «enquistar» el conflicto.

«La intervención militar no acabará con Daesh, hace falta comprender por qué surge y quién le apoya, tanto desde el exterior como desde el interior, porque de lo contrario se acabará con la milicia pero no con el concepto que engloba a esta realidad que además se subdivide en diferentes grupos», subrayó quien fuera jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo entre 2002 y 2004.

«Hay que entender qué es lo que están reivindicando exactamente millones de sunitas tanto en Siria como en Irak, es gente que se había quedado al margen de la sociedad y busca su hueco», añadió quién también ha sido asesor militar del Parlamento Europeo en Bruselas.

De ahí que este experto de las relaciones internacionales apueste por «actuar de un modo muy holístico» tanto en los países afectados como en Europa donde, a su juicio, «es necesario adoptar medidas educativas, sociales, políticas y formativas» que acaben con un lastre que tiene mucho de ideológico.

«Desmontar sus argumentos ideológicos y entender quién está detrás apoyándolos es fundamental», comentó Baños, tras añadir que lo que buscan las élites sociales de ese mundo sunita es fomentar estos movimientos extremos para «conseguir un Estado Islámico, regido por la ley de la sharia y gobernado por un califa».

Precisamente las diferencias de los distintos grupos por establecer quién es el mejor califa marcan los enfrentamientos internos. «El objetivo final es tener un Estado Islámico pero hay varios grupos y si se acaba con una milicia a través de las armas habrá otras» porque no se ponen de acuerdo en «quién debe ser» el representante supremo, subrayó el geoestratega.

El coronel de Infantería vio fundamental conocer en qué consiste este Estado Islámico que «comete actos de terrorismo pero que es mucho más, es un grupo insurgente que se ha convertido en una ideología en expansión que atrae a jóvenes y no tan jóvenes de diferentes lugares. Ese escenario de conflicto lo están trasladando al continente europeo aprovechando las debilidades de ciertos países», subrayó.

PROPAGANDA MEDIÁTICA

«Lo que era un conflicto regional se ha convertido en un problema internacional, yo no diría mundial ni global», apostilló Baños, quien opinó que lo que persiguen los miembros de Daesh con los ataques terroristas que cometen en Europa «es debilitar a quienes les atacan a ellos».

«Hay personas que han entrenado ellos y se convierten en suicidas convencidos pero también se están dando casos de que el llamamiento genérico que hacen funciona en personas con circunstancias personales muy concretas pero que no tienen vinculación con la religión, no conocen el Corán, no son fanáticos y ni siquiera han viajado a esos países orientales a recibir instrucción», incidió.

Para el Estado Islámico es «una gran baza por la publicidad que les proporciona esta gente que comete atentados en su nombre», aseguró el ponente, «porque ayuda a generar temor en las poblaciones europeas, que presionan a los gobernantes para que dejen de atacar a sus territorios».

«Ese es el objetivo final, que los ciudadanos tengan el temor de que tu vecino pueda asesinarte e insistan a sus representantes políticos para que no invadan los países en los que están asentados», concretó.

Baños lamentó que muchas veces los medios de comunicación occidentales se convierten en «su propia agencia de publicidad» porque les «garantizamos un éxito que ni siquiera se habían imaginado».

Por último, el militar en reserva se refirió a las causas que motivaron el conflicto y cuya base está en el enfrentamiento entre dos ramas del Islam: los chiítas y los sunitas.

«Es una amalgama de circunstancias muy complejas donde las diferencias religiosas son fundamentales y donde existen distintas comunidades. La mecha que inicia la explosión son las revueltas de la llamada primavera árabe pero también las tensiones geopolíticas entre Rusia y Estados Unidos», concluyó.

Con información de TeleCinco

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Retorno de la ola negra involucionista

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Como explica el escritor Samuel Huntington en su libro “The Third Wave” (Tercera Ola, 1991), el mundo ha pasado por tres olas de desestabilización y democratización. Según Huntington, una ola de democratización sería “un conjunto de transiciones de un régimen no democrático a otro democrático que ocurren en determinado período de tiempo y superan a las transiciones en dirección opuesta durante ese período y que también implica la liberalización o la democratización parcial de sistemas políticos”. Así, en el mundo moderno se habrían producido tres olas de democratización y cada una de ellas habría afectado a un número escaso de países y durante su transcurso algunos regímenes de transición fueron en una dirección no democrática; pero no todas las transiciones hacia la democracia ocurren durante las olas democráticas.

La primera ola comenzó en el siglo XIX y se extendió hasta la Gran Guerra y la segunda se produjo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y ambas fueron seguidas por una ola inversa, con países como Brasil, España, Portugal, Grecia, Granada, Brasil y Panamá que debieron realizar una posterior transición hacia la democracia , completado en la década de los 90 con la democratización de los países de la extinta URSS y Sudáfrica y ya en el siglo XXI por Irak y Afganistán.

Tercera ola de democratización (1974-1990)

En su análisis de la tercera ola mundial de las transiciones a la democracia (iniciada en 1974 con la Revolución de los Claveles en Portugal), Samuel Huntington observó que las posibilidades de democratización aumentaron cuando estos países salieron de la pobreza y alcanzaron un nivel intermedio de desarrollo socio-económico, momento en el cual ingresaron en una zona de transición política. Recordar que entre 1974 y 1990, mas de treinta países en el sur de Europa, América Latina, el este de Asia y la Europa del este pasaron de un régimen autoritario a disfrutar de un sistema democrático de gobierno, todo ello en el marco de un tsunami global que quizá sea el acontecimiento político más importante de las postrimerías del siglo XX.

Según la tesis de Huntington, dicho sprint democrático se explicaría porque tras darse por finiquitada la distopía virtual de la Guerra Fría las dictaduras militares habrían dejado de ser de ser un instrumento útil para EEUU en la lucha contra el comunismo y ya no serían la solución sino el problema. Además, a pesar de que en los citados países no existía una tradición de cultura democrática, rápidamente entendieron que si el poder continuaba residiendo en una élite que desconfiaba del sistema igualitario exportado por EEUU, siempre gravitarían alrededor de la égida de los intereses de dicha élite, lo que imposibilitaría sine die la asunción del poder por la sociedad civil.

Así, en 15 años la ola democratizadora se trasladó por Europa del Sur, saltó a Latinoamérica, se trasladó a Asia y finiquitó los sistemas autoritarios de los países postsoviéticos, (de lo que sería paradigma el hecho de que en 1974, ocho de los 10 países sudamericanos tenían gobiernos no democráticos y en 1990, 9 tenían ya gobiernos democráticamente elegidos), y según Freedom House, el 39% de la población mundial vivía en países libres en 1990, disminuyendo por primera vez la cantidad absoluta de estados autoritarios.

Cuarta ola democratizadora (2010-2013)

La llamada “Primavera árabe” (que tuvo su detonante en Túnez y se extendió por mimetismo al resto de países árabes del arco mediterráneo, Yemen e Irak durante la década 2003-2013), sería la primera oleada de protestas laicas y democráticas del mundo árabe en el siglo XXI, movimiento popular sin precedentes caracterizado por la exigencia de libertades democráticas frente a regímenes corruptos y dictatoriales y la mejora de las condiciones de vida de una población sumida en una pobreza severa y un desempleo estratosférico, contando además en el caso de Túnez y Egipto con el apoyo del Ejército. Con dicha revolución asistimos a la llegada a los países árabes del arco mediterráneo de la Cuarta Ola mundial de transiciones a la democracia , aunque Huntington no otorgó en la década de los 90 ningún potencial revolucionario a los países islámicos, a pesar de reconocer “la fuerza de la revuelta islámica y las raíces tan débiles de sus respectivas democracias”. Sin embargo, el golpe de mano realizado por el Ejército egipcio contra Morsi podría tener como efecto mimético la traslación a las calles turcas y tunecinas de una campaña de presión contra los últimos Gobiernos islamistas del arco mediterráneo para lograr la intervención del Ejército con lo que asistiríamos al ocaso de la primavera árabe y a su posterior inmersión en la nueva estrategia de EEUU para la zona tras el fracaso para EEUU del experimento de exportación del régimen islamista moderado y pro-occidental de Erdogan a todos los países que componen el tablero gigante del arco árabe-mediterráneo.

¿Nueva ola involucionista?

Muchas de las elecciones democráticas de la última década han estado marcadas por acusaciones de fraude electoral (Nigeria, Ucrania, México, Bielorrusia, Honduras, Costa de Marfil, Tailandia, Pakistán y Afganistán), aislamiento internacional de los gobiernos democráticamente elegidos (Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Palestina); pseudo-elecciones para intentar edulcorar golpes de mano blandos (Honduras, Ucrania, Egipto, Paraguay y Vietnam) y aceptación por la comunidad internacional de sistemas políticos devenidos en meros gobiernos autocráticos ( Georgia y Bielorrusia). De todo ello se deduce que estaríamos en vísperas de la irrupción en el escenario geopolítico de la nueva ola desestabilizadora mundial originada por causas económicas (el ocaso de la economía global); culturales (el declive de las democracias formales occidentales debido a la cultura de la corrupción; el déficit democrático de EEUU plasmado en el Programa Prism llevado a cabo por la Administración Obama y la pérdida de credibilidad democrática de incontables gobiernos de países occidentales y del Tercer Mundo) y geopolíticas (la irrupción de un nuevo escenario geopolítico mundial tras el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU y Rusia).

Dicha estrategia consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos” que tendrían a Honduras, Paraguay, Egipto, Ucrania, Irak ,Tailandia y Yemen como paradigmas, con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington por regímenes militares autocráticos, produciendo un goteo antidemocrático que terminará deviniendo en una nueva ola involucionista mundial que alcanzará a todos los continentes y que tendrá especial virulencia en Oriente Medio (Líbano, Turquía, Túnez, Pakistán y Azerbaiyán) y América Latina (Brasil, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Haití, El Salvador, Panamá y Venezuela).

Por Germán Gorraiz
Con información de AraInfo

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