Mushkil Gusha – El Disipador de Dificultades y el palacio del leñador

En esencia, Mushkil Gusha es la historia de nuestra propia e individual relación con el mundo interno. Y dado que estamos viviendo en un momento en el que hay una gran necesidad de comprender el poder curativo que hay dentro de nosotros, esta historia no debe ser olvidada, para que, en palabras de Mushkil Gusha, “las personas que tengan verdadera necesidad podrán encontrar su camino”.

Entonces, un día, sucedió que un rey, acompañado por sus visires, estaba regresando a su palacio después de un día de caza. Por casualidad él pasó al lado del majestuoso nuevo palacio construido por el cortador de espinos. Aquel hombre, un humilde leñador que había sido favorecido por Mushkil Gusha, el Disipador de Dificultades, quien había entregado al humilde hombre y su joven hija una gran cantidad de piedras preciosas con las que el cortador de espinos había construido aquella lujosa fortaleza.

Y quedando el rey sumamente sorprendido, él inquirió sobre el dueño. Sus cortesanos le informaron que había sido construido bastante recientemente, y que nadie sabía de quién era. Lo único que todos sabían era que el nombre del dueño era La‘el l-e Sowdagar, (comerciante de gemas).

Oyendo ésto, el rey consultó con sus visires más cercanos. Uno de ellos sugirió que ellos fueran al palacio y, bajo el pretexto de conseguir un poco de agua para el rey, intentar averiguar qué estaba pasando y quién era el dueño. Todos estuvieron de acuerdo y así ellos se acercaron el palacio, y cuando alguien vino a la puerta, uno de los cortesanos dijo, «Su Majestad Imperial, el Centro del Universo, está volviendo a su palacio de cazar y está sediento. Nosotros deseamos tener un poco de agua.» Sucedió que el cortador de espinos respondió a la puerta; así, habiendo oído la petición, hizo una reverencia, diciendo, «Pero claro, por supuesto; es un placer.»


Entonces entró rápidamente y llenó una copa dorada con gemas incrustadas con sorbete de cardamomo y agua de rosas y se lo entregó al rey. Después de beber el sorbete el rey miró la copa y dijo, «Qué copa tan hermosa. No hay ninguna como ella en todo mi tesoro». El cortador de espinos hizo una reverencia una vez más y dijo, «¿Puedo regalárselo a su majestad?». El rey estaba complacido. Él preguntó entonces quién era el dueño del palacio. El cortador de espinos contestó, «Su majestad, pertenece a su sirviente y esclavo, La ‘l-e Sowdagar.» El rey se dirigió a casa sin esperar más.

En su llegada él corrió hacia su hija que inquirió por qué regresaba tan temprano. El rey le contó la historia entera. No teniendo ningún compañero de juegos, la princesa dijo, «me gustaría que le hubiera preguntado si tenía una hija de mi edad, para que pudiera ser mi dama.» El rey envió inmediatamente a algunos de sus sirvientes a preguntar. A su regreso ellos informaron no sólo tenía La’el l-e Sowdagar una hija, sino que era tan bonita que invocaba a la luna para que no surgiera, para que ella pudiera iluminar la noche por sí misma.

Ellos concluyeron que era perfecta para ser la dama de la princesa. La princesa envió a sus sirvientes para traerla. La hija del cortador de espinos estaba encantada y partió para el palacio del rey. Al principio la princesa sintió celos de la belleza de la muchacha, pero pronto se hicieron buenas amigas. Se encontraban todos los días, e iban a menudo y nadaban y jugaban en un arroyo que el rey había constituido para su hija.

Un día, la princesa llevaba un hermoso collar, y antes de bañarse, se lo quitó y lo colgó en un árbol al lado del arroyo. Cuando salió del agua se olvidó que lo había colgado en el árbol, y no pudiendo encontrarlo, decidió que su nueva dama lo había robado. La princesa contó ésto a su padre, que arrestó a la muchacha y a su padre. La joven fue vendida como esclava, y el hombre fue enviado a prisión. Lo curioso, sin embargo, fue que cuando los soldados fueron a confiscar el palacio de La’el l-e Sowdagar y su mobiliario encontraron que todo se había esfumado y había desaparecido.

La recién encontrada riqueza del cortador de espinos se había acabado. Fue tratado como un delincuente común. No más sorbetes o carnes delicadas en sus comidas. Tenía que vivir de pan y agua, y dormir sobre paja sucia. Entonces una noche de miércoles él tuvo un sueño: Un santo varón luminoso, que llevaba sandalias, manto y turbante verdes, se le acercó y, referente a él con su bastón de caminante, dijo, «Oh, tú! interiormente ciego, usted se ha olvidado de recordar a Mushkil Gusha. Ahora, levántese; hay un penique escondido bajo el umbral de la puerta. Tómelo, compre un poco de fruta seca, y cumpla su promesa.» El hombre se despertó con un sobresalto, y entonces recordó su sueño. Al mismo tiempo comprendió que era jueves. Buscó el penique y efectivamente allí estaba.

Recogió el dinero, y llamó a través del orificio de la llave al carcelero, diciendo, «Dios lo bendiga, hermano, por favor tome esta moneda y cómpreme un poco de fruta seca». El guardia dijo, «yo debo decir, que tiene usted valor. Usted quiere que yo siga un encargo tonto para que usted pueda escapar. No, nada haré.» Un par de minutos después el cortador de espinos repitió la misma demanda a un hombre a caballo que vio pasar fuera de la ventana de la cárcel; pero el hombre inventó alguna excusa y siguió su rumbo.

Una mujer vieja que caminaba despacio pasó por allí. El hombre la llamó, «Dios la bendiga, señora. Por favor tome este penique y consígame un poco de fruta seca para que yo pueda cumplir mi promesa.»

La vieja mujer contestó, «Estimado señor, mi hijo está moribundo, pero no importa yo le ayudaré.» Así que la mujer vieja trajo la fruta, y el cortador de espinos le agradeció y le preguntó si ella la compartiría con él y simplemente escucharía su historia.

Ella consintió, y apenas concluyó de narrar su historia alguien se apresuró y llamó a la mujer vieja, «Usted no puede creer esto, pero su hijo justo ha logrado escapar de las garras de Azra’il (El Ángel de Muerte). Él está requiriéndole.»


Ese  mismo día, la princesa fue a bañarse en el arroyo de nuevo. Creyó ver su collar que yaciendo en el fondo del arroyo. Pero cuando miró de nuevo comprendió que era un reflejo de su collar lo que ella vio. Buscó, y allí estaba, aun esperando en la rama dónde ella le había dejado, era su collar. Ella se apresuró al rey y le contó las noticias. El rey ordenó entonces que el cortador de espinos y su hija fueran liberados. La princesa y la muchacha se hicieron amigas de nuevo, y aunque parezca extraño, cuando el cortador de espinos y su hija regresaron a su casa ellos se dieron cuenta de que su palacio todavía estaba allí. Una vez más, el cortador de espinos se volvió Al ‘l-e Sowdagar, y todos vivieron felices por siempre. Nosotros rogamos a Dios que cumpla vuestro deseo tal como Él cumplió los suyos. Dios lo quiera.

No olvides compartir esta historia esta noche, cuando el sol se ponga.Comparte unos dátiles, Mushkil Gusha, el disipador de dificultades, estará allí.

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