Iconografía Cristiana – La Visitación

Dice Cristo mismo:“La Iglesia es el Reino de Dios que no es de este mundo”.Por lo cual el Icono tiene su propia naturaleza, distinta al arte social y con otras verdades y propósitos.

Los iconos no son objetos decorativos

Icono’ es una palabra griega que significa ‘imagen, representación.’ En el icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la enseñanza cristiana de la fe, sino la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia como tal. Por ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y Su vida. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado por el VII Concilio Ecuménico – un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro Señor es el testimonio de Su encarnación verdadera, no ilusoria. El significado dogmático del icono fue claramente formulado durante el período iconoclasta.

Los iconos están pintados de acuerdo con las normas del pasado, heredando la tradición iconográfica de los santos, los mártires y de los apóstoles mismos –San Lucas-. Sus formas y colores no dependen simplemente de la imaginación y del gusto iconográfico, sino que han ido pasando de generación en generación en obediencia a una tradición venerable.


La primera ocupación del iconógrafo no es darse a conocer, sino proclamar el Reino de Dios a través de su arte. Los iconos están pintados para tener un lugar en la Divina Liturgia y, por tanto, de acuerdo con las necesidades de la Liturgia. Así como la Liturgia en sí, los iconos intentan ser un reflejo del cielo. La palabra es la traducción lógica de la Verdad; el icono es su símbolo plástico. La belleza no está en el icono como obra de arte, sino en su verdad, en lo que representa, en el misterio divino que oculta entre sus trazos.

El fundamento bíblico del icono se encuentra en la creación del hombre a imagen de Dios. Ciertamente, el mejor icono de Dios es el hombre; durante la liturgia, el celebrante inciensa a los fieles con el mismo título que a los iconos. La Iglesia saluda a la imagen de Dios en los hombres. Lo que el libro nos dice por la palabra, nos lo anuncia el icono por el color y nos lo hace presente.

La visitación, interpretación de un icono

María encuentra a Isabel y ambas se funden en un abrazo. Son muy conmovedores los gestos. Y son, fundamentalmente, las miradas las que más se unen.

María conserva las mismas características iconográficas. Su túnica azul purpura, que indica que ha sido tocada por la realeza divina. Recordemos que solo para los emperadores y sus familiares se utilizaba este color. Su manto rojo amarronado, Mezcla de Vida, Espíritu Santo, fuego y el tono amarronado de la humildad. En el manto destacan de nuevo los tres rosetones. Símbolo de la triple virginidad de María.

En su vientre el niño crece. Jesús levanta una mano con dos dedos extendidos en señal de bendición, y el Espíritu Santo se mueve desde Él hacia Juan, representado en esas tres líneas que salen desde su mano hacia el otro vientre. Algunos iconos no muestran al niño, solo puede verse a Isabel tocando el vientre de María. Y en otros casos se ven los niños pintados sobre las ropas, como si se dejaran traslucir.

Isabel lleva un manto que cubre su cabeza. Señala que está casada. El brazo que abraza a María va por dentro. Es María quien abraza a Isabel, mientras ella recibe su amoroso consuelo. Los cabellos claros de Isabel denotan las canas de su vejez. La mirada de María, no solo más joven sino más vivaz, denota que es Ella quien porta la esperanza y el consuelo. El rostro de Isabel habla por sí solo. Se siente aliviada de ver a María.

En su vientre Juan el Bautista. Inclinado en señal de adoración a su Dios y Señor, se deja bendecir por Cristo.

A la izquierda de María, un árbol frondoso se enarbola más atrás. Este árbol aparece también en el icono de la Anunciación. Es el árbol de la Vida, y está del lado que corresponde a María porque es Ella la que porta la Vida, haciendo alusión a Cristo que viene para vencer a la muerte.

El velo rojo que cubre toda la escena. El velo de la formación del tejido del Salvador, anticipando en María la Redención.


La casa de Isabel tiene un trabajo más artesanal, con friso y escalinatas. La casa de la derecha, de confección más sencilla es para remarcar la importancia dada a la casa de Isabel. Su casa es importante, pues su esposo es sacerdote y esta importante categoría está puesta de relieve en el trabajo especial que se dedica a la vivienda de Isabel.

Con información de Misioneros y Peregrinos

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