Ismael convive con dos culturas y viaja por el mundo

Ismael Hazime a los 6 años se fue a Líbano donde se crió y permaneció hasta que cumplió los 21 ©lmneuquen
Ismael Hazime a los 6 años se fue a Líbano donde se crió y permaneció hasta que cumplió los 21 ©lmneuquen

Su infancia y adolescencia fue diferente a la de cualquier chico que vive en occidente. Se recibió de ingeniero mecánico en Córdoba y actualmente vive en Mendoza. Antes anduvo por varios países árabes.

Tal vez el próximo verano concurra a los casamientos para ver si encuentra a la mujer de su vida, como manda la tradición de su pueblo. Todavía no lo sabe. Ismael Víctor Hazime nació en Neuquén, se crió buena parte de su vida en Líbano, terminó sus estudios de Ingeniería Mecánica en Córdoba y en la actualidad vive y trabaja en Mendoza. Toda una aventura.

A sus 34 años, Upi -como le dicen sus familiares y amigos- vive en medio de dos culturas muy diferenciadas, pero no es algo que le preocupe. Desde que era un chico se adaptó a la vida de Líbano y cuando volvió a los 21 tuvo que redescubrir occidente.

“Llegué a Líbano cuando tenía 6 años e inmediatamente nos pusieron a mi hermana y a mí un profesor de árabe e inglés”, recuerda y asegura que en menos de un año ya hablaba los dos idiomas a la perfección. Su hermano más chico siguió los pasos de los mayores en el mismo camino de adaptación cultural.

Ismael se crió en Ghazze, un pequeño pueblo donde se practica la religión musulmana sunita, un sector moderado dentro de los 17 cultos oficiales que están representados en el gobierno de ese país que apenas tiene una extensión de 200 kilómetros de largo por 50 de ancho.

“Cada pueblo tiene una religión y eso marca la vida y las costumbres de las personas”, explica en un castellano pulcro y ligeramente marcado por un acento indefinido.

Su infancia y adolescencia fue distinta a la de cualquier chico que vive en occidente. En Ghazze no hay bares ni boliches porque está prohibido el alcohol, no como en otros pueblos cercanos que sí lo permiten. Los jóvenes se dedican a los deportes y a otras actividades sociales para pasar el tiempo. “Se lleva una vida espiritual muy grande, alejada de las cuestiones materiales. Es completamente distinta a la de occidente”, asegura.

Durante su juventud se acercó mucho a la cuestión religiosa -como la mayoría de la gente que vive allí- y comenzó a practicar la religión local. Para él ya es una costumbre rezar cinco veces al día y hacer el prolongado ayuno de Ramadán, como lo está haciendo ahora en Neuquén o en cualquier destino donde se encuentre.

Su vida volvió a cambiar cuando decidió terminar sus estudios universitarios en Argentina, donde el cambio cultural fue tanto o más grande que el que sintió cuando llegó a Líbano siendo un nene.
“No conocía la música de los Beatles ni la de los Rollings Stones porque allá no entra ningún tipo de cultura que esté alejada de las costumbres libanesas”, sostiene. Pero de a poco se fue readaptando al modo de vida argentino, al de sus parientes, al de sus raíces.

En Córdoba se recibió de ingeniero mecánico, pero no se quedó allí. Anduvo por Suiza y varios países árabes ejerciendo su profesión hasta que llegó a Mendoza, lugar donde reside actualmente.

Ismael dice que convive perfectamente entre sus dos mundos y que en Argentina hay tolerancia, pese a los estereotipos que hay con la cultura musulmana debido al terrorismo que practican algunos grupos radicalizados, como el EI. “Para el mundo musulmán es mala propaganda y muchas veces la gente generaliza porque hay un gran desconocimiento sobre el oriente”, se lamenta.

Cuando los jóvenes libaneses terminan sus estudios universitarios, por lo general vuelven a sus pueblos para comenzar la vida adulta. Pero, ¿cómo es posible conocer a una mujer si no es en algún tipo de encuentro social? En Ghazze todos los veranos se celebran casamientos y a cada ceremonia concurren hombres y mujeres jóvenes en busca de pareja. Ése es el lugar indicado para buscar una esposa, aunque las costumbres son muy distintas a las occidentales. “Cuando un hombre ve una mujer que le gusta, primero tiene que preguntar por la reputación que tiene y luego debe ir a visitarla a la casa con sus padres para que la conozcan. Si hay «nasib» (la traducción al castellano sería «química»), tienen que empezar a conocerse y si todo va bien entonces pueden casarse”, explica.

Pero el costado argentino y las vivencias que tuvo por el mundo influyeron mucho en la actitud de Ismael y hacen que dude a la hora de seguir con la tradición de sus ancestros. “Me gustan las mujeres independientes, que trabajen y que no esperen que su esposo les dé todo, como ocurre allá”, reconoce.

Entre dos culturas completamente distintas, el joven neuquino -o Upi– vive su vida cotidiana. Lo hace sin replantearse demasiado el futuro, como si esperara una sorpresa del destino.

GHAZZE – Un lugar para los refugiados

La guerra de Siria cambió radicalmente la vida en Ghazze, el lugar donde se crió Ismael.

El pueblo, que habitualmente cuenta con alrededor de 6000 habitantes, alberga en la actualidad a unos 20.000, desde que se desató el conflicto armado.

“Para ellos es un lugar de refugio porque se consideran hermanos”, asegura Ismael.

Como en la pequeña ciudad no hay infraestructura para albergar a tamaña cantidad de visitantes, los refugiados viven en campamentos a la espera de que la guerra termine.

Por Mario Cippitelli
Con información de LMNeuquén

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