Los Durmientes o Ashâb Kafh y al-Raqîm

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Los Durmientes o Ashâb Kafh y al-Raqîm

Su historia está recogida en el Santo Corán, Sura XVIII (Al-Kahf), versos 9-26. La leyenda contenida en estos versículos del Corán presenta algunas variaciones respecto a la ya conocida de la tradición cristiana. En la versión debida a Ibn Abbas (1) , se desarrolla como sigue:

Antiguamente había una ciudad cuyo nombre era Afsus, con un rey llamado Decio. Éste rey pretendía ser un dios y se dedicaba a oprimir cruelmente a sus súbditos. En la ciudad vivían Talimkha y sus hermanos que adoraban al Dios eterno en su interior, aunque exteriormente, por temor de que pudiese sucederles algo a ellos o a su familia, decían adorar al rey Decio. Iblis, el diablo, sabía ésto y les espiaba en el culto que rendían a Dios y en el rechazo que sentían hacia el culto de los ídolos.  Fue a ver al rey Decio y le contó lo que hacían Talimkha y sus hermanos. Decio, indignado, les llamó ante él,  preguntándoles ¿A quién adorais vosotros?.Los hermanos le contestaron entonces valientemente: Adoramos al que ha creado el mundo, el cielo, los mares. Al que ha levantado las montañas y  colocado las estrellas en el firmamento. Encolerizado, el rey ordenó que los ataran de pies y manos y los arrojaran a una prisión. Después, el rey y toda su corte, abandonaron la ciudad por siete dias, cerrando sus puertas con cadenas para que nadie pudiese socorrer a los hermanos durante su ausencia. Pero el ángel Gabriel, junto a su hermano Miguel, se aparecieron a los prisioneros, indicándoles la manera de salir de la ciudad. Tras abandonar la cárcel en la que estaban, Tamlikha hizo confeccionar por un orfebre un cetro de oro y una bola de plata para él y para cada uno de sus hermanos. Golpeando la bola de plata con el cetro de oro, las puertas de la ciudad se abrieron. Con el permiso del Altísimo y gracias a la bola que rodaba ante ellos, fueron guiados hasta las montañas. En el camino, encontraron a un pastor con su perro. Le contaron todo lo ocurrido y éste les manifestó que él también creía en el verdadero Dios, al igual que ellos, dicho lo cual, les acompañó hacia el lugar misterioso hacia el que  se dirigían. Entonces, Dios ordenó al perro que hablase en una lengua elocuente y éste dijo:

No hay otra divinidad más que Dios, que no permite a nadie ser como Él. En nombre del que os ha auxiliado en vuestra huida, no me rechaceis. Yo también os seguiré…

Ante semejante prodigio, el grupo incrementó su obediencia y su ascesis, según está prescrito en el Coran. Seguidamente, subieron a la montaña que estaba ante ellos. El calor era muy fuerte y el camino difícil. Llegaron hasta una caverna donde se resguardaron del calor. En ese momento, Dios hizo caer sobre todos ellos un gran sueño. El perro se colocó a la entrada de la cueva y también él se durmió. Mientras ocurrían estas maravillas, el rey Decio volvió a la ciudad. Dándose cuenta de la huida de los prisioneros, hizo que los buscaran por todas partes, hasta hallarlos, dormidos, en la caverna. Pero Dios sembró el temor ens us corazones. Experimentaron todos un miedo reverencial y, dando media vuelta, escaparon de allí. Tamlikha y sus hermanos durmieron durante 309 años, y los ángeles de Dios velaban por ellos y por su perro durante ese largo sueño. Cuando el Altísimo hizo que se despertaran, ellos pensaron que únicamente habían descansado una noche. Estaban todos hambrientos y Tamlikha, con unas monedas que tenía, decidió volver a la ciudad para comprar alimentos. Saliendo de la cueva se extrañó de ver tan cambiado el entorno que le rodeaba. Encontró a un pastor y le preguntó si había regresado el rey Decio. Extrañado, el hombre le contestó:

Por Jesús, hijo de María, no conozco a ese del que hablas.

Preguntó Tamlikha a otros dos hombres y le contestaron lo mismo. Entonces, sorprendido, entró en la ciudad y, llegándose a una panadería quiso comprar el pan, pagándolo con una moneda de Decio. El panadero, extrañándose ante aquella pieza, le condujo hasta el juez y después, a presencia del rey, el cual exigió que se presentasen ante él los padres del joven. Pero a pesar de la búsqueda, nadie fue capaz de encontrar a los padres de aquél muchacho. Sin embargo, su casa todavía estaba en pie,ocupada por un hombre viejísimo. En la casa encontraron un manuscrito dondese relataba la historia de Thamlikha y sus hermanos, ocurrida hacía tantos años.Una vez leída la crónica de aquellos hechos milagrosos, el rey y todos los demás acompañaron a Tamlikha hasta la caverna de la que decía haber salido. Sus hermanos, al verlo regresar acompañado de tan grande multitud y de enterarse por el propio rey del milagro acontecido con ellos, le dijeron que no deseaban continuar viviendo en un mundo que en lo sucesivo los señalaría como a seres raros. Entonces, rogaron al Altísimo para que volviese a tomar sus almas allí mismo. Dios entonces, tomó sus almas y todos murieron. Al entrar el rey en la cueva y encontrarlos muertos, lloró por ellos. Los hizo envolver en ricas telas y colocar sus cuerpos en ataúdes de oro. Aquella noche, él mismo durmió en la caverna. Pero en su sueño, se le aparecieron los jóvenes y le dijeron:

¡Oh rey! No deseamos otra cosa que el algodón de un sudario y el polvo de la tierra .

Al despertar, el rey ordenó que así se hiciera. Los cuerpos fueron envueltos en algodón y enterrados. Se construyó una mezquita allí mismo en la cual todavía hoy se reza. Todos los que allí piden por sus necesidades,  se ven siempre satisfechos, según la tradición. Aquí se acaba el relato que nos ha llegado sobre la historia de las Gentes de la caverna. Esta es la versión de la leyenda, tal como nos ha llegado a través de Ibn Abbas. Tal como he dicho, existen una serie de variantes de cierta importancia con respecto a la tradición cristiana. En cualquier caso, estas variaciones se suporponen sobre un esquema narrativo muy semejante en ambas versiones, según es posible observar. En primer lugar, nada se nos dice, en la leyenda musulmana originaria, acerca del número de los jóvenes. Las Gentes de la Caverna son, para algunos, ocho y para otros nueve. Así en algunos de los relatos derivados a lo largo del tiempo, se habla de que no fue sólo uno de los jóvenes a comprar el pan cuando todos ellos se hubieron despertado, sino que marcharon a la ciudad sucesivamente los nueve, uno tras otro, e incluso se les nombra con tal motivo:

El primero fue Maksimlîna, el segundo Mahsamlîna, el tercero Yamilikâ, el cuarto Martus (o Martunus), el quinto Kasutunus (o Kastunus), el sexto Bîrunus, el séptimo Rasmunus, el octavo Bâtunus, el noveno, finalmente, Qâlus (2) .

En esta versión musulmana aparece, además, un perro. Éste animal, llamado Kratim en algunos relatos relacionados con las Gentes de la Caverna, en otros, Katmir o Ketmir  , tiene su importancia en el relato, ya que es uno de los diez animales admitidos por Allah en el Paraíso (3). Además del simbolismo que el perro lleva consigo como animal psicopompo y guardián de las moradas de los difuntos, es un elemento que indica la conexión del relato de los Durmientes con las tradiciones más antiguas sobre el mundo de los muertos. En la versión musulmana, el perro es el que transmite mensajes de la divinidad y el que conduce a los jóvenes hacia la caverna en la cual va a tener lugar el prodigio del sueño extático. Llama también la atención el dilatado periodo de tiempo que transcurre para los jóvenes en el interior de la cavidad –trescientos nueve años- muy superior al considerado en la tradición cristiana. Sin embargo, el hecho que poníamos de relieve en el relato de Santiago de Vorágine referente al contacto de sus cuerpos muertos con la tierra, allí exigido por los protagonistas de la historia, se mantiene en la versión musulmana, incrementado aquí por la demanda de un sudario de algodón. Hay que reseñar además, en lo referente a esa demanda, que en la historia recogida por Ibn Abbas, el rey duerme una noche en el lugar mágico, tras haber introducido los cuerpos de los jóvenes en sus sarcófagos de oro y allí mismo recibe esa orden para que sus cuerpos sean sepultados en la tierra. En lo que se refiere al mensaje transmitido por los Durmientes de Éfeso en la versión cristiana, no figura nada parecido en la leyenda islámica.

Notas :

(1) Abd Allâh Ibn Abbas, hijo de Al´Abbas, uno de los tios del Profeta Muhammad (BPD). Nacido tres años antes dela Hégira, a la muerte de Muhammad (BPD) contaba con trece años de edad. Fue uno de los grandes sabios y eruditos de los primeros tiempos de la fe islámica.

(2) Según las listas confeccionadas por Tabarí. Información recogida del trabajo de Jean Moncelon, 1988.

(3) Los otros son: el asno de Balaam, la hormiga de Salomón, la ballena de Jonás, el carnero de Isaac, el becerro de Abraham, el camello de Saleh, el cuclillo de Belkis, el buey de Moisés y la yegua de Muhammad (BPD).

Por José Luis Cardero López

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