Fátima en la Plaza de la Concorde – Nizar Qabbani

Fátima en la Plaza de la Concorde – Nizar Qabbani

Tu kohol hiyazí llueve sobre mí

cuando estoy en medio de la plaza de la Concorde.

Me desconcierto

y París se desconcierta conmigo;

un gobierno cae y otro surge,

los periódicos franceses vuelan de sus quioscos,

los manteles vuelan de las mesas de los cafés

y los pájaros piden asilo político

a tus ojos árabes…

Mujer árabe que penetra cual puñal en las mañanas de París!

La que toma café con leche

y mis glóbulos rojos y blancos:

no había pensado encontrarte en la estación de la tristeza

ni que me recogieras con las pestañas de tu cariño

en la cumbre del frío, del miedo y de la derrota.

París es capaz de todo,

y el Burdeos rojo anulará la diferencia

entre la escarcha de Europa

y los soles del Tercer Mundo,

entre tu hermoso pudor…

y mi locura…

¡Oh, mujer árabe que se rompe en la acera de Montmartre

en fragmentos de jacinto

y un bosque de espadas,

en cuyos ojos se reconcilian la luz y la oscuridad,

el agua y los incendios:

no había pensado

cuando caminaba entre la Vendôme y la Madeleine

entrar en la dialéctica del color negro

ni en la problemática de unos ojos grandes

como anillos de plata…

No había pensado

entrar en los detalles de la historia árabe:

reñí con mi historia

y vine a París para borrar mis recuerdos,

pero apenas bajé del avión,

mis recuerdos descendieron conmigo:

tu pelo gitano, tus vestidos, tus abrigos y tus utensilios de belleza

descendieron conmigo

para cortar la entrada de las calles,

desde el aeropuerto Charles Degaulle

a la catedral de Notre-Dame…

¡Fátima de la plaza de la Concorde!

¡Fátima de las Fátimas!

¡Espada adornada con las más hermosas aleyas!

¡Cintura que recita poemas y canciones!

¡Lenguaje que ha anulado todos los lenguajes!

Te doy la bienvenida a París

y te deseo una feliz estancia

en la pradera de mi pecho…

¡La de los labios carnosos como fruta!

Qué provocativo es tu perfume

y qué maravilloso desayunar contigo.

Picas un trozo de croissant, como un pajarito,

y picas mi boca, como un pajarito.

Ardilla asiática

que salta desde lo alto de la torre Eiffel a mi pecho

sin miedo a marearse,

se baña en las fuentes del palacio de Versalles

sin miedo a ahogarse

y duerme desnuda en el jardín de las Tullerías

sin miedo a deshonrarse.

Mujer árabe de cuyos ojos gotea la miel negra

gota a gota,

de su labio inferior gotea la poesía

verso a verso

y su esbelta garganta resuena la mañana del domingo

cual campana:

no había pensado

pasar contigo algún día bajo el Arco de la Victoria

para dejar una rosa en la tumba del amante desconocido,

no había pensado

ver tu imagen en el museo del Louvre

con las obras de Renoir,

Matisse

y Cezanne

ni ver mis obras poéticas

a la venta en las librerías de la Rive Gauche

con las obras de Rimbaud,

Verlaine

y Jacques Prevert.

Buenos días,

pajarito que viene de aguas tibias

a mojarse con la lluvia de París

y la de mi nostalgia.

Buenos días,

pececito que habla árabe,

chapurrea palabras de amor en francés

y me chapurrea en todos los lenguajes de la feminidad.

Siempre que viajo a París sin reservar alojamiento,

te conviertes en mi hotel…

Buenos días, jardín de azafrán,

buenos días, alfombra de Kashán,

buenos días a tus dedos que duermen entre los míos,

al impermeable que llevabas conmigo,

a los periódicos matutinos que hojeabas conmigo…

Buenos días

a las cafeterías donde charlamos,

a las boutiques donde te acompañé,

a los espejos donde entramos juntos…

Luego te marchaste,

dejándome hasta ahora estampado en ellos…

Fátima,

la de labios perfumados con semilla de cardamomo

y pies pintados a la acuarela:

no había pensado

que sería el enamorado más célebre de la historia árabe

y de la historia francesa;

no había pensado

que entraría en París con pasaporte árabe

y saldría

como Presidente de la quinta República.

Nizār Qabbānī (en árabe, نزار قباني): diplomático sirio y uno de los más célebres poetas árabes contemporáneos (Damasco, 21 de marzo de 1923 – Londres, 30 de abril de 1998 )

Traducción del árabe por María Luisa Prieto

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