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Yasmina Khadra: «Un militar también puede tener talento»

Yasmina Khadra

Yasmina Khadra, seudónimo femenino literario del ex coronel argelino Mohamed Moussehoul, ha dicho en Barcelona que «un militar también puede tener talento» al reivindicar su faceta como escritor en la presentación de sus novelas «La última noche del Rais« y «Què esperen els micos…».

Khadra, que se mantuvo en la clandestinidad durante 11 años, ha conseguido ser «el escritor en lengua francesa más traducido» y ha publicado más de 20 libros, que escribía durante su época como militar: «Aunque ya hace 16 años que estoy fuera del ejército, creo que hoy en día soy un orgullo para todos los militares del mundo».

«Precisamente la fabulación en torno al seudónimo es lo que me salvó», ha recordado el autor, pues «nadie creía que alguien que estaba luchando en la guerra pudiese publicar un libro cada año y cuando se supo que era yo, la jerarquía militar me llegó a cambiar de destino y unidad unas 11 veces en 10 años para acabar con mi vocación».

El periodista Bouziane Ahmed, conocedor de la obra de Khadra, ha señalado que el autor «ha estado siempre presente donde había sufrimiento», además de tratar la situación de los países árabes y el mundo islámico, como en el caso de «La última noche del Rais» (Alianza).

En este libro, Khadra ha narrado los últimos momentos del líder libio Muamar el Gadafi, que gobernó su país durante 42 años, para explicar los entresijos de su controvertida figura, tan temida y a la vez tan adorada por el pueblo de Libia, además de adentrarse en «el humano detrás del monstruo». (sic)

En primera persona, Khadra ha imaginado los pensamientos de Gadafi cuando está «solo con sus fantasmas», como si de un monólogo se tratase, para elaborar un retrato «más allá de los medios de comunicación» y acercarse a la intimidad de su figura, con alusiones al  iraquí Sadam Hussein o al pintor Van Gogh.

En «Què esperen els micos…» («Qué esperan los monos»), su primer libro traducido al catalán, publicado también por Alianza, Khadra ha retomado sus orígenes en una novela negra ambientada en su país natal y ha adoptado la visión del espectador para sacar a relucir la «realidad cruel» de Argelia a través de un asesinato en la capital, un crimen envuelto en la corrupción.

Khadra ha augurado un «futuro brillante» para Argelia a pesar de que la corrupción «es algo que lo contamina todo y todos los pueblos sufren de ella», y ha explicado que será el mismo pueblo quien acabará exigiendo la recuperación de la «elite argelina» que fue expulsada: «No hay ninguna desgracia que sea eterna», sentencia.

Junto a las circunstancias del país, la peculiaridad del libro ha residido en la homosexualidad de su personaje principal, la comisaria encargada del caso del asesinato, Nora Bilal, con la que Khadra ha intentado «romper el tabú en las sociedades árabes» y dar visibilidad a la mujer, tal y como ya realizó con su seudónimo.

El autor ha explicado que el nombre de Yasmina Khadra es «un homenaje a mi mujer, que ha asumido los mismos riesgos que yo, pero también se ha convertido en una especie de revolución y una manera de militar a favor de la mujer», especialmente dentro del mundo árabe, donde la revelación del seudónimo fue «todo un escándalo».

«El régimen de Argelia teme a una persona que se vuelva una especie de consciencia para el país, pero los argelinos no son tontos», ha añadido el escritor, que ha aprovechado para lamentar y criticar que en su país no se promueva la lectura.

Khadra ha expresado que actualmente está preparando un nuevo libro, bajo el título de «Un escritor en París», en el que tratará sus roces personales con «un pequeño sector de la elite parisina», aunque ha destacado los 4 millones de lectores que leen su obra: «París no es Francia», ha aclarado el escritor.

Con información de El Diario

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Yasmina Khadra: “Dios no vive en La Habana”, éxito en Francia

Dios no vive en La Habana
Dios no vive en La Habana

Historia de amor entre un veterano cantante de cabaret y una joven que representa la nostalgia por la belleza de la juventud, la novela Dieu n’habite pas La Havane, o Dios no vive en La Habana intenta descubrir los misterios de una ciudad fascinante, a través del improbable idilio entre Juan del Monte Jonava, apodado Don Fuego, quien viene de vuelta de todo, y Mayensi, una joven con cabellos rojos que quisiera tenerlo todo.

La novela es también un viaje al país de las paradojas y los sueños, pues Yasmina Khadra combina la reflexión nostálgica sobre la juventud perdida, la promesa de un mañana dichoso, con las contingencias de la vejez, la jubilación, el declive, al tiempo que la novela accede a la música y la cultura cubana.

La trama novelesca juega con ficciones como la privatización del Buena Vista Café que condena al protagonista a vagabundear de un lugar a otro, con la sensación de haberlo perdido todo. En su deambular nocturno es que encuentra a esta joven misteriosa y pierde la cabeza por ella, que tiene un tercio de su edad.

Después de su novela anterior La dernière nuit du Raïs que intentaba entrar en la piel del líder libio Mouammar el Gueddafi, el escritor argelino Yasmina Khadra prefirió dejar de lado todos los conflictos de su Argelia natal y del mundo árabe, y viajó a Cuba durante varios meses para reunir material e inspiración para Dieu n’habite pas La Havane, publicada simultáneamente por ediciones Julliard (Francia) y Casbah (Argelia).

Autor de novelas como L’Attentat, Ce que le jour doit à la nuit, A quoi rêvent les loups y la mencionada La dernière nuit du Raïs, Yasmina Khadra regresa a la popularidad con este cuento apasionado, violento y destructivo, que responde al principio de Erase una vez en La Habana, en el cual la ciudad ocupa un lugar esencial, protagónico.

La crítica francesa más seria apunta sobre la superficialidad del retrato de un país que Khadra pretende retratar a través de evidentes clichés y de personajes estereotipados cuyos diálogos carecen de profundidad. Sin embargo, Dieu n’habite pas La Havane ha reconquistado al público para un escritor habituado al éxito, mientras que otro sector de la crítica le reconoce una construcción sólida al relato, redactado con una escritura lúcida y afectuosa.

Por Joel del Río
Con información de CiberCuba

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