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Vengan compañeros de cadenas y tristezas – Mahmoud Darwish

Vengan compañeros de cadenas y tristezas
Caminemos para la más bella margen
Nosotros no nos someteremos
Sólo podemos perder
el ataúd.

Mahmoud Darwish



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No es sino Irak – Mahmoud Darwish

Badr Shakir al-Sayyab
Badr Shakir al-Sayyab

Recuerdo a as-Sayyab en el Golfo, gritando en vano:
“¡No es sino Irak!”;
sólo el eco le dio respuesta.
Recuerdo a as-Sayyab: en ese cielo sumerio
una hembra se impuso a la nebulosa estéril
para dejarnos, en herencia, la tierra y el destierro.
Sí, recuerdo a as-Sayyab:
Pues la poesía nace en Irak,
sé iraquí si quieres ser poeta, amigo mío.
Ay, as-Sayyab: la vida no resultó como él imaginara,
entre el Tigris y el Éufrates.
Por eso, no llegó a pensar,
como Gilgamesh,
en pócimas de eternidad ni en resurrecciones.
Recuerdo a as-Sayyab aprehendiendo las leyes de Hamurabi
para cubrir una afrenta y caminar hacia su sepulcro.
De as-Sayyab me acuerdo cuando enfermo y deliro de fiebre:
Mis hermanos le hacían la comida al ejército de Hulagu
porque no había otros siervos que…¡mis hermanos!
Recuerdo a as-Sayyab: nunca soñamos con néctares
que la abeja no mereciera ni con otra cosa que dos manos
dispuestas a estrechar nuestra ausencia.
Recuerdo a as-Sayyab: herreros muertos se alzan de sus tumbas
para forjar nuestras cadenas.
Sí, as-Sayyab me hace recordar que la poesía es
experiencia y destierro, dos hermanos gemelos.
Nunca soñamos con otra cosa que vivir,
sólo vivir,
vivir y morir a nuestra manera…
“Irak, Irak, no es sino Irak”.

Mahmoud Darwish


Publicado en el diario Al-Quds al-Arabi el 29/30 de marzo de 2003. El título hace referencia a unos versos del poema de Badr Shákir as-Sayyab titulado “Extranjero en el Golfo” (1953), incluido en el célebre Unshudat al-matar (El canto de la lluvia, 1960). As-Sayyab escribió este poema en Kuwait, frente al Golfo Pérsico y su patria, tras su primera salida de Irak. El poema de Darwish, con el título de “Recuerdo a as-Sayyab”, aparece recogido en su último poemario La ta‘tadhir ‘ an ma fa‘alt (No pidas perdón por lo que has hecho), Beirut, Riad el-Rayyis, 2004.


Con información de Nodo50

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Desafío – Mahmoud Darwish

prisioneros_palestinos

Desafío

Átenme
Prohíbanme los libros, los cigarrillos
Obstruyan mi boca con arena
La poesía es sangre
El agua de los ojos
Se imprime con las uñas
Las órbitas
Las dagas
Clamaré su nombre
En la cárcel
En el baño, en la cantera
Bajo el látigo, la violencia de las cadenas
Un millón de pájaros
Sobre los ramos de mi corazón
Inventan el himno combatiente.

Mahmoud Darwish

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Llamada de la Tumba – Mahmoud Darwish

llamada_tumba

Llamada de la Tumba

(En memoria de la masacre en la ciudad de Kafr Kasem, 29 de octubre de 1956)

I

 

Mi muerte ocurrió hace ocho años
Tengo la misma edad de mi padre
Llamamos a todos los vivos
A todos los que quieren vivir por mucho tiempo
Sobre la tierra
No debajo de ella
A todos los que quieren
Que el trigo madure en su campo
Sembrar y cosechar
Que la masa fermente en sus hogares
Hacer el pan y comerlo
Nosotros les pedimos: no duerman
Si quieren vivir por mucho tiempo
Sobre la tierra
No debajo de ella
Monten guardia… aquí el sol es de barro y miseria
Nuestra edad se cuenta en años de muerte
Mi muerte ocurrió hace ocho años
Tengo la misma edad de mi padre

II

 

Les decimos
No queremos sobre nuestras tumbas
Ni agua ni flores
Nada está vivo aquí
Apenas los huevos de víbora y los gusanos
Les decimos
No queremos ropas de luto
No hay en la tumba otro color
Que el negro
Les decimos
No queremos canciones tristes
Interminables
Dormimos aquí
Y nuestro retorno es imposible
Les decimos
Canten por la tierra que permanece
Rebélense
Enseñen nuestra historia sombría
A los hijos
Para que nuestra sangre
Permanezca en la bandera de los criminales
Como señal de catástrofe
Les pedimos
Protejan a los débiles de las balas
Para que los que vivan queden a salvo
En los que nacerán en el futuro
Aún gotea la fuente de crimen
Obstrúyanla
Y permanezcan vigilantes
Listos para el combate.

Mahmoud Darwish

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Confesión de un terrorista – Mahmoud Darwish

confesion_darwish_500

Confesión de un terrorista
(Poesía Palestina)

Ocuparon mi patria
Expulsaron mi pueblo
Anularon mi identidad
Y me llamaron terrorista
Confiscaron mi propiedad
Arrancaron mis frutales
Demolieron mi casa
Y me llamaron terrorista
Legislaron leyes fascistas
Practicaron el odiado apartheid
Destruyeron, dividieron, humillaron
Y me llamaron terrorista
Asesinaron mis alegrías,
Secuestraron mis esperanzas,
Esposaron mis sueños,
Cuando rechace todas las barbaries
Ellos… ¡mataron un terrorista!

Mahmoud Darwish

©2016-paginasarabes®

Canto para los hombres – Mahmoud Darwish

canto_hombres_darwish_500

CANTO PARA LOS HOMBRES
(fragmentos)
(Poesía Palestina)

     Saludo de bienvenida

Vengan compañeros de cadenas y tristezas
caminemos hacia la más bella orilla
nosotros no nos someteremos
sólo podemos perder
el ataúd
más alto
nuestras gargantas
más alto
nuestras esperanzas
más alto
nuestras ambiciones
fabricaremos con nuestra potencia
crucifijos del pasado y del presente
una escala para los mañanas…
y nuestros enemigos nos insultan.

“Hala… salvajes… árabes”
¡sí! Árabes
y estamos orgullosos
y sabemos cómo empuñar la hoz
cómo resistir
incluso sin las armas
y sabemos como construir la fábrica moderna.

La casa
el hospital
la escuela
la bomba
el cohete
la música
y escribimos entre los más bellos poemas
sentimientos, ideas y arquitectura.

UNA VOZ:

Hemos oído tu voz incandescente
la hemos escuchado
¿cómo las palabras transformarán
las grutas de la noche de cristal?
si tu voz está investida de tinieblas
y tu pueblo
lágrima vertida sobre los siglos de oro
y tu tierra
como un ornamento de tapiz de ruegos
lanzando a los caminos
y tú sin alforjas
¿y después y después?
es muy bella tu voz
cargada con vientos del Norte
pero estamos cansados.

RESPUESTA:

Tú estás sometido como el asfalto
sometido
tú que simulas impaciencia
tú eres simple… como la luna
crucificada sobre la roca
déjame terminar mi canción
déjame engullir la tempestad
déjame almacenar la dinamita en mi sangre
tú estás sometido como el asfalto
simple… como la luna.

UNA VOZ:

¿Y después y después?
y tu pueblo
lágrima vertida sobre los siglos de oro
el himno de las cadenas
nos lima
y cava la tumba
de los combatientes.

RESPUESTA

                Con el Cristo

-Oigo
-Quiero hablar con el Cristo
-Sí ¿quién eres?
-Hablo desde Jerusalem
mis pies están clavados
y llevo una corona de espinas
que vía debo escoger
Oh hijo de Dios
¿qué vía?
¿Debo negar el dulce fin
o debo caminar?
¿y si avanza y muero?
-Yo les digo: adelante pueblo.

                Con Muhammad

-Oigo
-Quiero hablar con Muhammad, el árabe
-Sí, ¿quién eres tú?
-Un prisionero en mi país
sin tierra
sin bandera
sin hogar
han echado a los míos al exilio
y han venido a comprar el fuego en mi voz
no hay salida en la oscuridad de mi prisión
¿qué hacer?
-Desafía prisiones y gorilas
la dulzura de la fe
fundirá la amargura de tu condición.

                Con el Mesías

-Oigo. Oigo
-¿el Mesías está?
-Sí, ¿quién eres tú?
-Señor, yo soy un palestino
tenía brazos que laboraban
una tierra regada por los brazos y los ojos de mi padre
y tenía sandalias y una capa
un turbante y unos tamboriles
y tenía
-Ya basta, hijo
de memoria conozco vuestra historia
Vuestra historia posada sobre mi corazón
como cuchillas.

CONTINÚA LA CANCIÓN:

Déjenme terminar la canción
porque la ofrenda de los ancestros a los descendientes es
“nosotros sembramos… recojan”
la voz nos llega como el aguacero
inundando al destierro
fecundando los árboles estériles
déjenme terminar la canción
con el Congo… las junglas
con los cuerpos que vierten sus lágrimas
a fin de embriagar a las selvas
de afilar la hoja del verdugo
a fin de completar el camino del Congo
Adelante…
los tambores alcanzan las génesis
déjame terminar la canción
con el Danubio, el Jordán y el Volga
con los ríos, los saltos y las flores
y allá donde los árboles enlazan sus racimos
yo soy de ellos
yo soy una flauta en la orquesta
de los que sacudieron de sus ojos el polvo del pecado
y han reunido el espacio y el sol
del porvenir radiante
yo soy más fuerte
soy más duradero
que la negra catástrofe
¡Sí! palestino
y no me da vergüenza.

           Mahmoud Darwish         
(De “Un enamorado de Palestina”.)

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En presencia de la ausencia

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©Mariano Fortuny

Dicen, mientras me entierran: «No te alejes». ¿Hay lejanía en un lugar que no sea este lugar?

Málik Ibn Al-Raib (M. 676)

Línea a línea te desgrano con una facilidad que sólo tengo para el primer verso /

Y en tu nombre, tal y como me encomendaste, me detengo a dar las gracias a los que te acompañan en este último viaje, y les invito a que abrevien la despedida y acudan a una cena en tu honor /

Concédeme que te vea, ahora que tú ya estás fuera de mí y yo de ti, limpio como la prosa que en tu ausencia se ha restregado contra una piedra que verdea y amarillea. Concédeme que te recoja, a ti y a tu nombre, como hacen las rebuscadoras con las aceitunas olvidadas entre las piedrecillas.

Y partamos a la vez, tú y yo, en dos direcciones:

Tú, como te prometió la lengua, hacia una segunda vida en algún lector que haya sobrevivido al impacto de un meteorito.

Yo, hacía la cita, más de una vez aplazada, con una muerte a la que en algún poema prometí una copa de vino. El poeta no tiene empacho en mentir. Pero sólo miente en el amor, pues las provincias del corazón se rinden a los encantos de la conquista.

En cuanto a la muerte nada le ofende más que una traición, su probada especialidad. Así pues, marche yo a mi cita apenas halle una tumba que nadie, salvo alguno de mis antepasados, me discuta, con una lápida de mármol de la que no importa que se caiga alguna letra de mi nombre, como por descuido se cayó la «i» de la de mi abuelo.

Sí, parta yo, sin báculo ni rima, por nuestro camino primero, sin rumbo fijo ni mayor deseo de llegar: habíamos leído tantos libros que nos advertían del vacío que hay tras las cumbres que, aun no siendo del todo ajenos a la ansiedad de reconocernos en la dualidad, preferimos detenernos en las laderas. De conocerte, te habría hecho mío; de conocerme, me habrías hecho tuyo; y ni yo habría sido yo, ni tú tú.

Fue por cuestión de ritmo por lo que llamamos «ladera» a la sima que había entre nosotros. Y atribuimos a los libros que habíamos leído nuestra incapacidad para conquistar cumbres que se asoman al vacío y prueban la existencia. ¡Oh amigo mío, oh mi «yo» dormido sobre el albo despuntar de una eternidad, sobre la eternidad que se insinúa en una albura tras la cual ya no hay color! ¿Con cuál de tus significados le daría yo forma apropiada a un absurdo blanco? ¿Con qué forma protegería del polvo tu significado… si nuestro viaje dura menos que la homilía de un cura en una iglesia perdida, cualquier domingo, con nadie a salvo de la cólera de los dioses?

Aquí estás tú, amortajado ante mí, quiero decir, en mi texto, que no tiene por qué saber del origen de cada tropo, del nexo oculto entre una tierra pía y un cielo pagano. Las nubes van y vienen de acá para allá, en compañía de una luna de pétreo secreto público que no es obstáculo para que recordemos los amores pasados. Como no lo es el corazón reseco para que se nos quite el reúma al revivir cómo nos tumbábamos en la hierba, boca arriba, igual que tú lo estás ahora, amortajado ante mí en mi texto que un mañana personal no dejará en entredicho, y no porque las palabras sean atinadas o justas, sino porque relatarán, dejándonos de amigos y enemigos y resumiendo, que dos viajeros, tú y yo, nunca se separaron, ni en el camino ni en el espejo, salvo en aquellos instantes en que constataron que la hembra puede al macho /

Como quiera que el hombre ve su alma en los destellos del relámpago, pura y limpia del vicio de establecer símiles con la no muerte vivificadora y la no vida vivida a expensas del enamorado del inmenso amor entre las criaturas y el creador, el único paraíso que existe, manifiesto a los sentidos y a la intuición, es la amada, y el desengaño del enamorado el único infierno.

Concédeme, pues, ahora que nos separamos a las puertas de este limbo, que rompa nuestras reglas del juego. Que no se sepa quién de nosotros -tú, yo o la muerte- ha ganado o perdido. La suerte no está echada, venzamos los tres. El enemigo es más inteligente y astuto que nosotros. Nada contraría tanto a la derrota como esta simple constatación, oh amigo que te pierdes por una antítesis, que todo lo das por una nadería justa con la que el alma aprenda a ser tolerante y disfrute de la dicha de verse en los brillos risueños del agua, que echas a volar convertido en mil mariposas para crear poesía a partir de todo lo vivo. Pues la levedad, como el rocío, vence a los minerales, es la virgen del tiempo que enseña a la bestia a tocar la flauta /

Sólo haces las paces por ese motivo tan impreciso, y no te arrepientes de una guerra que te hizo madurar como agosto a las granadas en las laderas de los montes saqueados: ningún otro infierno te espera. Lo que fue tuyo será tu infierno.

Defenderás una a una las letras de tu nombre, como hace una gata con sus crías. Harás lo que tienes que hacer: defender el derecho de la ventana a mirar al que pasa. No te ensañes contigo porque no tengas pruebas: el aire es el aire, no necesita pruebas de limpieza de sangre. No te arrepientas… no lamentes haberte quedado dormido y que dejaras de apuntar el nombre de algún invasor en el libro de arena. Las hormigas escriben y la lluvia borra. Ni lamentes que al despertar repararas en que habías estado soñando y que no habías preguntado a nadie si era un pirata, cuando a ti sí te lo habían preguntado. ¿Por qué habría de armarse de legajos y fusiles la evidencia si le basta con aperos de madera, cántaros, un aceite que alumbra sin mecha, un corán, ristras de pimientos y okras y un caballo que no guerrea? /

No reproches a tus mayores que te legaran su mirar inocente a las colinas cuando el cielo limpio aún no podía inspirarte y sólo sabías contar las estrellas con los dedos. ¿No es hora ya de que presentes pruebas, las pruebas ansiosas del botín de la evidencia, como ansía el pirata un barco a la deriva? Pero la evidencia está inerme, como una gacela cazada a traición, como tú, igual que tú, en este yacimiento de arqueólogos bien pertrechados que no paran de preguntarte quién eres. Y tú te palpas los miembros uno a uno y dices: Yo soy yo. Ellos dicen: ¿Tienes pruebas? Dices: Yo soy la prueba. Dicen: Eso no basta, necesitamos una tacha… Dices: Yo soy la perfección y la tacha. A lo que dijeron: Di que eres una piedra y detendremos las excavaciones. A lo que dijiste: «Ojalá el joven fuera piedra», pero no te entendieron.

Te sacaron del yacimiento. Pero tu sombra ni te siguió ni se escabulló. Se quedó clavada en el suelo, petrificada, y más tarde verdeció como una brizna de sésamo, verde de día, azul de noche. Luego creció y ganó la altura de un sauce, verde de día, azul de noche/

Siempre que te alejes, te acercarás / y siempre que te maten, vivirás / pero no te pienses muerto allí / y vivo aquí / Nada demuestra esto o aquello sino el tropo / El tropo que enseña a los seres a jugar con las palabras / El tropo que hace de la sombra geografía / El tropo que ha de reunirte con tu nombre / Levántate y los tuyos contigo / más alto y más lejos de lo que a ti y a mí nos destinaron las leyendas / Escribe tú mismo la historia de tu corazón / desde que Adán se enamoró / hasta que tu pueblo resucitó / Escribe tú mismo la historia de los de tu índole / desde que el mar te insufló ritmo y respiración / hasta que a mí regresaste vivo / Pues aquí estás ante mí amortajado / como una rima trunca que frena la carrera de mi texto hacia ti / Yo soy agente y paciente de la elegía / Seme para que yo te sea / Ponte en pie para que cargue contigo / Acércate a mí para que te conozca / Aléjate de mí para que te conozca.

© Mahmoud Darwish

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