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Beirut 1982

beirut
Beirut 1982, 1987 ©Nizar Daher

El tiempo avanza
apoyado en un bastón de huesos de muertos.
El filo del insomnio
corta el cuello de la noche.

Unos cráneos vierten sangre,
otros se embriagan y desvarían.

¿Puede mancharse el fuego?
¿Puede combarse el aire?

El humo son nubes.
Las nubes tienen forma de cabeza.

Las letras caídas del cielo
se imprimen, despedazadas, en la
tierra.

El horizonte aconsejó a su hijo, el aire,
que no saliera hoy.

¿Cómo se puede juntar y cargar
este fardo de despojos?

¿Cómo es que no se fatigan
los guijarros del camino?

Ni el propio sol puede iluminar
este cuerpo que sangra tinieblas.

Días vestidos de polvo
con facciones de viejo.

Mariposas que se inflaman
subiendo la escalera del sueño.

Ceniza- príncipe que se sienta
para recibir homenaje.

Cohete- rey que barre con su cola
el cuerpo de sus súbditos.

El sol parece decir a su claridad:
deslumbra mis ojos
para no ver.

¿Acaso la vida es un error
que el asesinato corrige?

¿Dónde hay un foso lo bastante grande para las
lágrimas?
¿Dónde hay un agujero capaz
de albergar el alma?

El ser asesina al ser.

¿Esta bóveda celeste no tiene
otro seno?

¿Por qué es tan obstinada esta rosa?
No cesa de leerme su amor.

La rosa casi ha olvidado
cómo alumbrar su perfume.

El día teme al día.
La noche se oculta de la noche.
El sol se frota los ojos y suspira-
No puede creer lo que ve.

Gracias
al polvo que se mezcla con el humo
de los incendios y lo mitiga,
al intervalo entre bomba y bomba,
a las baldosas que no cesan
de sostener mis pasos.
Gracias a la roca que enseña paciencia.

Experimento la borrachera de las explosiones
la embriaguez del ruido,
y disparo mi rostro
por el espacio de las probabilidades.

La luz se extinguió-
Encenderé el astro de mis sueños.

Tómame, amor
y abrázame.

Adonis :Homenaje a Beirut-1982

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Adonis:Miserias y contradicciones del coloso yankie

El poeta libanés, de origen sirio, retrató las miserias de la ciudad estadounidense y por extensión la relación entre Occidente y Oriente.

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Un título tan directo como “Epitafio para Nueva York” es lo bastante significativo como para no dejar demasiadas dudas sobre el contenido que esconde. En este caso, y expresado de forma genérica, se trata de una mirada nada complaciente con el modo de vida (en su expresión más amplia) norteamericano. Su autor Adonis (de origen sirio y nacionalizado libanés), de nombre verdadero Ali Ahmad Said Esber y uno de los eternos aspirantes a ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, realizó esta obra en 1971, a pesar de que en la actual edición publicada por Nórdicas Libros incluya también dos poemas, “Garganta de piel roja” y “Paseo por Harlem”, fechados en 1996 y 1997, que entroncan con esa temática.

El hecho de que este libro se escribiera entre Nueva York y Bikfaya (Líbano) es mucho más que un mero detalle geográfico. En verdad se trata de la representación de esa dicotomía que se desarrolla a lo largo de él y que estará presente a todos los niveles, como el relacionado con el hecho mencionado, encarnado en una mirada expresa hacia Nueva York, y por extensión a Estados Unidos, pero siempre pendiente de ese otra realidad, a la larga interconectada , que es la de Oriente, dando como resultado la representación de una mezcla de culturas (“Que las ratas en Beirut y en otras partes / se pasean burlonas por la sede de la Casa Blanca”; “Nueva York, tienes en mi país la tienda de campaña y el lecho, la silla y la cabeza. Y todas las cosas a la venta: el día y la noche, la piedra de La Meca y el agua del Tigris”).

Un poemario el realizado por Adonis que tiene un espejo bastante evidente con aquel que escribiera Federico García Lorca, “Poeta en Nueva York”. No se trata sólo de la equiparación lógica en cuanto a escenario y actitud, ni incluso en la aparición de zonas concretas y homenajes explícitos (como el dirigido a Walt Whitman), sino la más importante: esa mezcla (de nuevo aparece este concepto, y no será la última vez) de lirismo, en esta ocasión manifestado bajo esa actualización de los modelos tradicionales de la poesía árabe habitual en el autor, y la utilización de imágenes cercanas al surrealismo, como se desprende de versos como “Los corazones están hinchados como esponjas y las manos, llenas de aire. / Amasas con nieve a los niños para hacer las dulces / rosquillas de nuestro tiempo. Tu voz es óxido, veneno residual de la química”.

Pero la obra está repleta de versos que trabajan como auténticos dardos que tienen como objetivo la forma de vida que impone Estados Unidos , y para ellos utiliza una forma más directa, como aquellos que pudieran pertenecer a Nazim Hikmet o Vladimir Maiakovski. Valga como ejemplo “NUEVA YORK, / cultura con cuatro patas. Cada distrito es un crimen y un camino hacia el crimen. / Cada día es un sepulturero negro / que lleva una hogaza negra, un plato negro / Y en ellos traza la historia de la casa Blanca». Eso no impide que haya espacio también para una mirada más optimista, casi siempre orientada al pasado o a su historia , representada en personajes como Lincoln o Walt Whitman, pero enfrentada a su presente (Nixon) al que acusa de prostituir esos valores.

“Epitafio para Nueva York” es un bello, a pesar de la crudeza y contundencia que a veces entona, poemario que desnuda las carencias y miserias del gran coloso que es Nueva York, ariete del imperio estadounidense. Además es un manifiesto, en forma y fondo, sobre la eterna dicotomía, y sus consiguientes contradicciones, manifestada principalmente en la relación entre Occidente y Oriente.

Por Kepa Arbizu
Con información de Tercera Información

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