Archivo de la categoría: Medio Oriente

Libros: Las chicas con hiyab hablan

chicas_hiyab_a
Les filles voilées parlent, Cuarenta y cinco textos y entrevistas recogidos por Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tevanian. Editions La Fabrique, París, 2008. Por primera vez un libro aborda la cuestión del pañuelo dando a las mujeres que lo llevan el estatuto de sujetos y no de objetos. Les filles voilées parlent ofrece un espacio para la palabra consecuente (más de 330 páginas) a cuarenta y cuatro mujeres musulmanas con hiyab que viven en Francia, de todas las edades y perfiles, y las deja hablar de lo que ellas quieren, como ellas quieren y en el registro que ellas quieren.El resultado es impresionante, tanto por la manera como se desbaratan las ideas recibidas sobre «la» mujer con hiyab, como por el cuadro sombrío que presenta de la estigmatización, las discriminaciones y las violencias que se hacen en Francia a las mujeres que discrepan de la norma vestimentaria dominante.
En el texto que sigue, quienes han coordinado el libro nos presentan más en detalle el proceso que han llevado adelante y las enseñanzas que sacan de él. Sería vano proponer un análisis o una síntesis de la palabra que se expresa en este libro, porque es muy rica, compleja y diversa. Donde el rodillo compresor mediático y la demagogia política amalgaman, generalizan y homogeneizan todas las situaciones tras un tipo ideal de «la» mujer que lleva hiyab, o «del» hiyab como «símbolo de opresión», nosotros/as hemos encontrado, por el contrario, mujeres y adolescentes -cuarenta y cuatro en total- todas diferentes unas de las otras: unas, alumnas «brillantes», otras no tanto; algunas extrovertidas, otras más reservadas; temperamentos «rebeldes» y otros más «reposados»; mujeres comprometidas en la vida asociativa, social o política, otras por el contrario atraídas por el repliegue hacia la familia, el entorno próximo o la comunidad: optimistas y pesimistas -y muchos otros matices todavía…

A la demonización que demasiado a menudo utilizan los demagogos que nos gobiernan y nos informan en Francia, este libro no opone la idealización, sino la humanización: dando la palabra a las mujeres que llevan hiyab, se les deja su humanidad, o se les da la ocasión de manifestarla claramente.Cada mujer o adolescente manifiesta esta humanidad por medio de lo que es justamente lo característico de la especie humana: su propia palabra. Una palabra en primera persona, que nos aleja de generalizaciones sobre «el velo» y «su significado«, para permitirnos entrever, tanto por su contenido como por su tono o estilo, personalidades singulares e interesantes.

Si la cuarentena de mujeres que se expresan en este libro es representativa de algo, es precisamente y ante todo de la infinita diversidad de situaciones, de trayectorias y de temperamentos que abarca el conjunto de las mujeres que llevan hiyab. El libro no pretende por lo tanto dar una visión exhaustiva, sencillamente porque ningún libro podría hacerlo. Este libro es «realista» porque deja ver la diversidad infinita de lo real, pero es un libro abierto, que quiere ser también un acicate para nuevas tomas de palabra.

Sin embargo, de esta diversidad emergen por supuesto ciertos rasgos comunes significativos. Por ejemplo, aunque su itinerario hacia el hiyab sigue caminos diversos (desde la reproducción temprana de una tradición familiar hasta una evolución más tardía y más solitaria, asumida al margen o incluso en contra del entorno familiar, con todos los matices intermedios posibles), todas a su manera han elegido su hiyab.



Lo han hecho por supuesto a partir de una herencia y de un entorno dados, pero ha sido en todo caso su elección. La mayoría se refiere al hiyab impuesto como una situación posible pero muy minoritaria, y todas la condenan. Y esto también lo confirman todas los sondeos sociológicos: el hiyab forzado es extremadamente minoritario, y efectivamente rechazado por la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas, lleven ellas hiyab o no.

En resumen, estamos muy lejos de la tipología maniquea que nos imponen los defensores de la ley de 2004 en Francia, que divide a las mujeres «veladas» en dos grupos: una mayoría silenciosa de «víctimas», «forzadas» a llevar el «velo», y una minoría activa de infatigables «militantes» y temibles «soldadas del fascismo verde». Más allá de sus diferencias, las mujeres y las adolescentes que hemos entrevistado tienen en común que son un desmentido viviente de estos estereotipos.

Todas han elegido llevar su hiyab, y esta elección no les impide para nada considerarse partidarias de la laicidad tal como funcionaba hasta 2004: neutralidad religiosa del Estado, de las instituciones y de los agentes del servicio público, pero no de los usuarios del servicio público; libertad de conciencia y de expresión para todas las personas, sean cuales sean sus creencias o descreencias.

Algunas de ellas tienen un verdadero conocimiento sobre el asunto y citan la ley de 1905, las leyes Ferry-Goblet sobre la laicidad de la escuela o incluso la recomendación del Consejo de Estado de 1989, mientras que otras formulan su «concepto de laicidad» de manera más intuitiva, pero conforme al espíritu de estas leyes. Todas demuestran que, contrariamente a lo que se ha venido diciendo sobre ellas, saben sentir, observar, entender, razonar, argumentar, en definitiva: pensar.

Esto es evidente, se dirá -desgraciadamente no lo es para todo el mundo.En los textos recogidos llama también la atención que pocas de las entrevistadas se extiendan sobre el hiyab mismo y sobre el significado que ellas le dan, aunque esta pregunta formaba parte de los temas que les propusimos. Sin duda esto es así para muchas porque su preocupación principal estaba en otro lado: en testimoniar su situación de mujeres estigmatizadas y excluidas, en expresar sus inquietudes y llamar a la tolerancia y al diálogo, o incluso «hablar un poco de otra cosa» tras la «sobredosis» mediática, por retomar las palabras de una de ellas.

Pero otra razón se desprende de numerosos textos. Algunas de ellas expresan con fuerza el enfado y la irritación que les produce esta cuestión, que afecta a la intimidad y a lo inexpresable, o a lo difícilmente expresable, y más aún: la forma y las condiciones bajo las que se les plantea a menudo esta cuestión.La lección de este libro, de este punto de vista, no es ciertamente que «el hiyab significa esto y lo otro, y se lleva por esta y esta razones» -estas respuestas no pueden ser sino singulares. La lección es más bien una doble invitación, a la prudencia intelectual y al tacto. Prudencia intelectual porque, y así lo subrayan varias autoras, no es posible asignar un significado simple y único a una elección tan personal. Tacto porque tal y como explícitamente lo expresan algunas: hay cuestiones íntimas y complejas que no se preguntan a bocajarro a las mujeres nada más encontrarse con ellas, y más en un clima social en el que «todo lo que digan puede ser utilizado en su contra».

El punto común más impresionante está en otro lado. Es la experiencia íntima de la estigmatización. Las formas y el nivel de violencia son variables: algunas han podido evitar que las excluyeran de los centros escolares o de que les quitaran a la fuerza el hiyab, otras no; pero todas se refieren a las miradas agresivas o a los comentarios insultantes. Y todas han escuchado claramente los mismos comentarios, que pueden resumirse en dos exhortaciones: «Vuelve a tu país» y «Vete a la cocina». Es decir: el racismo y el sexismo.

Hacía falta que se dijera todo esto. Hacía falta que un libro ofreciera a estas mujeres un espacio donde esto se pudiera decir. Porque sobre este particular los medios de comunicación permanecen casi mudos. Es increíble el contraste entre el alboroto mediático y los comentarios interminables producidos en torno al «hiyab en la escuela» y el silencio de muerte que se ha abatido sobre las «mujeres con hiyab excluidas de la escuela». En cuanto a los políticos, basta con recordar el idílico balance oficial que ha presentado Hanifa Cherifi en septiembre de 2005 a propósito de la ley del 15 de marzo de 2004.

Este informe es un modelo de inhumanidad tecnocrática, profusamente lleno de cifras y curvas sobre el número de «casos» o de «signos» registrados en las escuelas en diferentes fechas. La autora del informe se alegra de ver la curva declinar y alcanzar progresivamente el nivel «cero», y la conclusión se impone por sí misma: ¡el balance de la ley es positivo!

De tal manera que cuando se cierra este impresentable folleto de 50 páginas uno no sabe nada -pues no se le dedica ni una frase- del estado psicológico en el que se encuentran las adolescentes a las que se les ha impedido llevar el hiyab, de la forma en que se desarrollan sus cursos escolares, de qué pasó con las 50 expulsadas y las 60 que dimitieron, sin hablar de las desescolarizaciones no contabilizadas (las de las chicas que han renunciado a la escuela sin siquiera volver a clases en septiembre).

Tampoco sabemos nada del recrudecimiento de las agresiones y de las discriminaciones contra las «mamás con hiyab», a menudo delante de sus propios hijos, con todas las consecuencias psicológicas que esto puede suponer, o más ampliamente contra las mujeres que llevan hiyab fuera del medio escolar.

Son estas preguntas ocultas las que hemos querido responder, y no podíamos hacerlo sino dando la palabra a las interesadas, ofreciéndoles un espacio hasta ahora inexistente para que contaran lo que viven, lo que experimentan, y cómo lo analizan, cómo lo aguantan, cómo resisten. Nuestro libro es desde este punto de vista como un «libro negro» de la ley anti-hiyab, y en un sentido más amplio de la «hiyabofobia» contemporánea.

Pero no es solamente esto. Porque las mujeres que hemos entrevistado no son solamente víctimas. Ellas mismas rechazan precisamente definirse como tales. Y leyéndolas comprendemos por qué. No es que ellas no sean las víctimas -que lo son es más que evidente. Es que una víctima nunca es sólo una víctima: toda persona que sufre una discriminación se apoya en los recursos de que dispone para resistir y afirmar su dignidad. Adaptación, enfrentamiento, esquivamiento, humor, esperanza: las estrategias son diversas y también pueden ser combinadas.



Llama la atención en los diferentes relatos la casi ausencia de la Justicia, de la Escuela francesa y de las organizaciones progresistas tradicionales. El cuerpo de enseñantes salvo excepciones brilla por su ausencia, los servicios sociales no son siempre tan compasivos, por no hablar de los cargos locales, de los «grandes intelectuales», de los partidos de izquierdas o de las asociaciones antirracistas y de defensa de los derechos humanos, ausentes de la mayoría de los relatos. Hay excepciones, por supuesto: un/a profesor/a, un/a vecino/a, un/a compañero/a de trabajo, un/a sindicalista o un/a militante de algún movimiento asociativo que supo dar pruebas de empatía y de solidaridad con hechos concretos. Pero estamos lejos por ejemplo del gran -y más que necesario- movimiento de solidaridad que ya está construyéndose desde hace unos años en torno a los alumnos sin papeles.

La última constatación tiene valor de interpelación, y hace de este libro una especie de carta abierta. Las mujeres que se expresan en sus páginas no hacen nada más que dar testimonio, nada más que informarnos y conmovernos: ellas acusan, analizan, interpelan. Acusan no a la sociedad francesa en su conjunto, sino a sus dirigentes y a su cuerpo de enseñantes, subrayando la brecha que se abre entre los proclamados ideales de libertad, igualdad y fraternidad y su propia realidad vivida. Analizan los desfallecimientos de esta República, sus causas y sus reprobables consecuencias.

Finalmente ellas nos interpelan, a todos y a todas, poniéndonos frente a nuestras contradicciones, nuestra ceguera, o nuestra pasividad cara a la exclusión. Aunque algunas, las más jóvenes y las más duramente reprimidas (especialmente las que han sufrido la exclusión o les han quitado el hiyab a la fuerza en la escuela), expresen cólera, en términos a menudo duros, todas manifiestan un arraigo profundo en la sociedad francesa, y una voluntad de ser ciudadanas como las otras, tratadas como tales. Todas expresan el deseo de participar plena y positivamente en la vida del país, como estudiantes, como trabajadoras, como madres de alumnos/as, como ciudadanas. Pero todas dicen también chocarse con una desconfianza o un recelo agotadores y desanimantes.

Algunas eligen ser «conciliadoras», redoblan sus esfuerzos y su paciencia para resultar útiles y agradables, otras eligen «exigir el respeto» por una actitud más combativa e intransigente en la defensa de sus derechos; otras salen por el humor, o se dicen tentadas a renunciar, a volver al hogar, a replegarse hacia la comunidad o la expatriación. Pero lo que es llamativo es que no hay dicotomía real: las mujeres que se repliegan no querían hacerlo inicialmente, y las que luchan contra este repliegue nos dicen comprenderlo a pesar de todo, e incluso pensar en él a veces para ellas mismas. Estas últimas nos dicen también que en su alrededor muchas de sus amigas comienzan a resignarse.

Nada está pues fijado, y el futuro depende por lo tanto de todos/as nosotros/as. Esta es precisamente la interpelación que nos dirigen las autoras de este libro: hay una elección de sociedad que tomar y que asumir. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si queremos vivir separados/as. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que «en nombre del pueblo francés», es decir en nuestro nombre, una ley excluya a escolares de los colegios. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre del feminismo se insulte, humille o discrimine a mujeres.

Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre de la laicidad o del «vivir juntos» una parte de la población sea sometida al ostracismo y se la vincule sin cesar con una «diferencia» supuestamente «inasimilable». Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos estas lógicas de la exclusión o si preferimos aceptar la invitación que implica este libro: «dejad de juzgar, apagad el televisor y abramos el diálogo».

Con información de Les Mots Sont Importants
Traducción Observatorio de la Islamofobia

De la página web de la editorial:

Mona: «Al argumento del hiyab «símbolo de opresión de las mujeres» yo planteo la pregunta: ¿opresión para quién? No para mi. Yo soy libre en mis elecciones, y yo he elegido llevar el pañuelo, es una expresión de mi libertad…»

Nayer: «En cuanto llegué, cuando ellos me vieron con mi hiyab, me dijeron que la plaza estaba cubierta…»

Malika: «Ella dijo: «¿Acaso esperas encontrar un empleo con eso que llevas en la cabeza?». Me levanté, y le recordé las leyes de la República…»

Jadiya: «Nuestra exclusión estaba a la orden del día, y me encontraba con militantes de los Verdes, o de las JCR, o incluso feministas, ¡que me psicoanalizaban, o que me hacían exégesis del Corán!…»

Ismahane: «Estábamos muchas de Feministas por la Igualdad en la manifestación, y Malika y yo llevábamos el hiyab, y un tío furibundo se puso a gritarnos «¡Ni Dios ni amo!». Yo le contesté: «¡OK, entonces tú no eres mi amo!» (risas).»

Pierre Tevanian enseña filosofía en Drancy. Es coanimador del colectivo «Les mots sont importants» [Las palabras son importantes] y ha publicado varios libros, entre ellos el Dictionnaire de la lepénisation des esprits(Diccionario de la lepenización de los espíritus. Ed. L’Esprit frappeur, 2002), Le Ministère de la peur (El Ministerio del miedo. Ed. L’Esprit frappeur, 2004), Le Voile médiatique (El velo mediático. Ed. Raisons d’agir, 2005) y La République du mépris (La República del desprecio. Ed. La Découverte, 2007).

Ismahane Chouder es miembro del colectivo «Una Escuela para Todos/as» y antigua vicepresidenta del colectivo «Feministas por la Igualdad». Ha contribuido a la obra colectiva Le Livre noir de la condition des femmes (El libro negro de la condición de las mujeres. XO Editions, 2006).

Malika Latrèche trabaja en «Una escuela para todos/as» y defiende a las madres que han sido excluidas de las salidas de los colegios. Desde octubre de 2006 copreside el colectivo «Feministas por la Igualdad».

Tema: Islamofobia y discursos sobre la mujer musulmana

©2011-paginasarabes®

Licencia Creative Commons

Libros: Las chicas con hiyab hablan por Islamofobia se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.

Las demás no somos mujeres – por Yonaida Selam


A colación del desafortunado discurso de la ministra de Igualdad, Bibiana Aido, sobre la imposición que recae sobre las mujeres de confesión musulmana en torno a la vestimenta, especialmente lo referido al hiyab, y aunque no debería causar sorpresa alguna la estereotipización con la que en términos generales se retratan en los medios de comunicación al Islam en general y a los musulmanes, en particular, me causo especial indignación el titular con el que el periódico La Vanguardia titulaba una noticia sobre el rechazo y los apoyos de diferentes organizaciones a las manifestaciones vertidas por la ministra, que rezaba de la siguiente manera «Las mujeres apoyan a Aido ante las criticas de las entidades islámicas», un titular sin duda perverso donde las presidentas de organizaciones como la Federación de Mujeres

Progresistas o de la asociación de mujeres Themis merecen recibir el calificativo de mujeres, mientras que la presidenta del Consejo islámico de Valencia, Amparo Sánchez o en mi caso como presidenta de la Asociación Intercultura, al parecer no somos mujeres, sino seres abstractos que dirigen entidades de carácter islámico, incapaces de tener ideas propias y al parecer conciencia en torno a las desigualdades, algunas endémicas, que padecen millones de mujeres en todo el mundo.

Algo así como la definición acertada que la escritora y socióloga marroquí Fátima Mernissi ha dado sobre la descripción que en términos generales, el feminismo occidental tiene de la mujer musulmana: como un ser infrahumano, sumiso y medio tonto, que es feliz en la degradación organizada por el patriarcado y la miseria institucionalizada, una descripción que concuerda sin duda con las manifestaciones de la ministra, de la presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Progresistas, del titular de La Vanguardia y de la inmensa mayoría del PP (Véase el Contrato de Inmigración, el intento de restricción del uso del velo o las declaraciones vertidas por la Portavoz del PP en el Congreso Soraya Sáez de Santamaría en la Cadena Ser).

Sinceramente, nunca entendí la creación de un Ministerio de la Igualdad, máxime cuando nuestras leyes consagran la igualdad entre hombres y mujeres, y sobre todo porque, habiendo voluntad política y ganas de apostar por la igualdad real entre ambos sexos, sobran macroestructuras, vacías de contenido, con poca dotación presupuestaria y sobre todo con una ministra cuyo noción de feminismo es un poco particular y yo diría que hasta provinciana, cuyo ejemplo más provocador si cabe, han sido sus últimas declaraciones en las que afirmaba sin más que el Islam consagra la desigualdad porque las mujeres se cubren la cabeza con un hiyab y el cuerpo con vestidos largos, mientras que el hombre “árabe” (cabría recordarle que en el mundo existen 1500 millones de musulmanes de los cuales tan sólo un 20% son árabes) puede vestir de forma occidental, y aseverando de manera generalizada que las musulmanas somos seres inferiores, sumisas, incapaces de tomar conciencia o de tener ideas propias.

El pañuelo forma parte de la identidad de muchas mujeres musulmanas. Lo que desde occidente se ve como una barrera entre dos mundos y una forma de represión o de sumisión de la mujer al hombre, para la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas el hiyab supone una reafirmación de su origen, su fe y sus ideas, por lo que no deja de llamar la atención que el feminismo clásico, cuando alude a la discriminación de la mujer musulmana, se simplifique y se reduzca a un pañuelo, y muchísimos estados, como el francés, incluso para acabar con esa supuesta discriminación, prohibe su uso en las escuelas, privando a miles de adolescentes del derecho a la educación y expulsando a cientos de ellas de las escuelas, promulgando una Ley contra su uso, que llegó conocerse como la Ley del Miedo. Asma Lamrabet (ensayista marroquí) lo describe acertadamente: “Es evidente que sobre un fondo de estigmatización del Islam, de racismo y de un gran malestar social frente a las poblaciones de inmigrantes, cada vez más presentes en Occidente, la cuestión del velo se ha convertido en ‘cabeza de turco’ ideal de los medios mediático-políticos”.

Y para ejemplos, el de la ciudadana alemana de origen turco, que tuvo que recurrir a los tribunales para reivindicar su derecho al trabajo, porque el Ministerio de Educación Alemán, en dicha ciudad, la quería obligar a firmar un documento en el que se comprometía a no usar pañuelo mientras impartía clases, el de las dos alumnas del Severo Ochoa de Ceuta, a las que los directores de dicha escuela, les habían prohibido la entrada por usar el hiyab o el de Shaima Saidani, otra alumna a la que le restringieron el acceso a una escuela en Cataluña, hasta que intervino la Generalitat y zanjó el asunto. Sin duda alguna, muestras, como diría Edward Said, de cómo las maliciosas generalizaciones en torno al Islam se han convertido en la última forma aceptable de denigración de una cultura foránea en Occidente: lo que se dice acerca de la mentalidad musulmana, o sobre su carácter, su religión o su cultura, en conjunto no podría ser planteado en la actualidad en ningún debate sobre los africanos o los judíos.

Entre tanto, es confortante ver como la vicepresidenta del gobierno Maria Teresa Fernández de la Vega, desautoriza a un miembro de su gabinete y nos deja claro que el hiyab no es un problema en este país, aunque algunos con su famoso “contrato de integración” (PP) lo quisieron convertir en un problema.

Fuente: Melilla Hoy, 5 de julio de 2008

Extraído de: http://islamofobia.blogspot.com


En defensa del Hiyab – (Conflicto por un pañuelo – por Josep Miró i Ardèvol)

islamofobia_a

El caso de la niña musulmana de Girona que cubría sus cabellos con un pañuelo, el hiyab, concierne a dos garantías constitucionales básicas y a su jurisprudencia: el Tribunal Constitucional establece que “la libertad de creencias garantizada en el artículo 16.1 de la Constitución (CE) protege frente a cualquier clase de compulsión externa de un poder público en materia de conciencia que impida (…) hacer manifiesta su creencia si así lo quiere (dimensión externa)”. “Los poderes públicos conculcarán dicha libertad (…) si perturban o impiden de algún modo la adopción, el mantenimiento o la expresión de determinadas creencias”.La libertad en materia religiosa confiere el derecho a manifestarla públicamente, también en la escuela, claro está.

Esto es así en España y en toda Europa, con dos únicas excepciones circunscritas a Francia y a Turquía, una democracia tutelada por el ejército.Por su parte, los padres tienen el derecho constitucional de velar por la educación moral y religiosa de sus hijos (incluida la escuela) y los poderes públicos el deber de que ello sea posible (art. 27.3 CE).Un derecho, que como la libertad religiosa, es universal porque forma parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), de su concreción en los Pactos Internacionales sobre Derechos Civiles y Políticos; Económicos, Sociales y Culturales (1966), y también es contemplado por el Convenio para la Salvaguarda de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de 1952, el Tratado Constitucional de la Unión Europea, y el propio Estatuto de Autonomía.Si todo esto es papel mojado, vale, se puede discutir el derecho a ir a la escuela con el hiyab, pero entonces olvidémonos del Estado de derecho, y de que este país sea una democracia, que como tal requiere del pluralismo, según sentencia del TC.

Un padre y una madre no lo son menos por el hecho de ser musulmanes, y su condición de inmigrantes o conversos es anecdótica en el ejercicio de sus derechos. Del mismo modo, el concepto de laico o aconfesional de la escuela pública no puede ejercerse en contra de lo establecido por la Constitución.

Por otra parte, resulta extraño que quienes se dicen defensores de la familia y la libertad religiosa, caso de CiU y PP, sostengan aquí tesis contrarias a ambas.

A quienes en nombre del multiculturalismo defienden el derecho al hiyab, hay que reclamarles idéntico respeto hacia los símbolos y prácticas cristianas, porque el ensañamiento con ellas, su ridiculización, es una forma de coerción cultural y social contraria al pluralismo democrático y al más elemental respeto a la creencias profundas de las personas.

Fuente: La Vanguardia, 2007
Con información de Islamofobia

©2011-paginasarabes®

Irán bajo el velo


Lo que conocemos de Irán en Occidente está desfigurado por lo que informan las corporaciones mediáticas estadounidenses. Lo pude constatar en terreno en los recientes levantamientos populares que se suceden en Oriente contra regímenes dictatoriales o reinados, lo que el pueblo iraní sacó de sus entrañas con la revolución popular de 1979, expulsando al Sha Reza Pahlevi II, quien huyó a África tras el levantamiento político-religioso elevado por el Ayatolá Imam Jomeini.

Irán es un país rodeado por las fuerzas militares de Estados Unidos, sedientas de oro negro: Al este, en Irak; al oeste, en Afganistán y Pakistán; hacia el sur, en Arabia Saudita y Omán, entre otros países donde tienen presencia.

Mientras, mujeres y hombres iraníes, albergan en sus corazones la esperanza del regreso del profeta Mahdi, quien estaría oculto y regresaría junto a Jesús para preparar el juicio final contra los opresores de la humanidad, según sus creencias religiosas, escritas en el Corán.

Llevar adelante el proceso revolucionario iraní no ha sido sencillo. Tras derrocar la monarquía del Sha Pahlevi II, en septiembre de 1980 son invadidos por Sadam Houssein y el ejército iraquí. La cruenta guerra conocida como “Guerra Impuesta y Defensa Santa” llega hasta septiembre de 1988 con cerca de un millón de muertos. Muchos de ellos por el uso de armas químicas (gas mostaza y otros) proporcionados por Estados Unidos a Irak, que afectaron a gran parte de población civil, incluso hasta hoy.

No obstante, las milicias que mediante la ley del plomo llevan la “democracia” a Medio Oriente, no han logrado cambiar el destino revolucionario de Irán que se comenzó a forjar un 11 de febrero de 1979, quedando los fallidos intentos del imperio estadounidense por ocupar el suelo iraní como “el principal indicio de su propia debilidad y la necesidad de obtener recursos naturales fuera de sus fronteras”, como explica la estudiosa del islam, Massuma Assad.

RELIGIÓN

La población iraní, en su mayoría, sigue el islam y son shiítas. Aunque también conviven con minorías de judíos, cristianos, bahais, zoroastristas y sunitas, entre otros.

Su principal profeta es Muhammad -mal pronunciado como Mahoma-. Ven al Islam como una actitud ante el mundo y el Creador. Su libro sagrado es el Corán, que incluye a Jesús como un profeta más, aunque los primeros compiladores de la Biblia no incluyeron a Muhammad en sus relatos y he ahí una de las grandes heridas abiertas por Occidente en el Oriente Medio.

El profesor Rahimpour Azghadi explica que para el Corán “todos los hombres son iguales. Lo único que los distingue es la fe y la buena acción. El ser humano no nace pecador”, como en la fe católica tras el pecado original (sexo), sino que “nace con conciencia divina, y es solo una mala educación y otros lo que lo deforman”, explica.

Azghadi agrega que “el ser humano puede ser el mejor de los ángeles o el inferior de los animales cuadrúpedos”.

El Islam, caracterizado en Occidente por los medios como violento de naturaleza, actúa según mandato del mismo Corán, sólo como respuesta a la agresión, la injusticia y la opresión, según indica el texto ¿Qué es el Islam? de la Fundación Cultural Oriente.

Etimológicamente, Islam significa paz, y las condiciones para la licitud de la guerra en la ley islámica son muy precisas: “Debe existir el antecedente de una agresión o una amenaza cierta de ella que ponga en peligro la comunidad islámica”.

Tras un almuerzo sobre alfombras persas, fumando nargile, puse atención a un ex combatiente con diversas heridas de guerra, sus palabras eran ejemplo de su leitmotiv: “Nosotros no vamos a invadir otro país vecino ni lejano por ningún motivo, pero al primer ataque que recibamos por parte de Estados Unidos o Israel, tenemos mil misiles en posición y apuntando a Israel, más un acuerdo con Hamas para que avance por el sur e Hizbullah para que avance desde el norte y hacer desaparecer el Estado de Israel en pocas horas”. El musulmán, claramente, no pone la otra mejilla.

LO POLÍTICO

Aunque el Islam tiende a la unicidad, hilando lo político, lo religioso, lo económico y lo militar, se distingue de las fuerzas tradicionales de Occidente: izquierda y derecha. Se ubica sobre ellas, tomando parte de comunismo y de liberalismo, pero sin ser ninguno de las dos.

El profesor Azghadi lo explica: “Claramente sentimos una gran simpatía por los movimientos de liberación que reivindican los derechos humanos de las mayorías, por hombres como Chávez o Morales, pero creo que lo que ha existido es una acción de cooperación práctica, más que un apego a las concepciones filosóficas marxistas”.

En Irán convive lo privado y lo público. El máximo gobernante, es el Ayatolá Khameini, al que llaman Líder Supremo, y es elegido por un consejo espiritual. Luego viene el Presidente, quien es electo en votación popular, dura cuatro años en su cargo y sólo puede ser reelegido una vez. El actual es Mahmmud Ahmadinejad, próximo a cumplir su segundo período.

Irán tiene un parlamento con 290 integrantes, en el que está asegurada, por mandato constitucional, la representación de legisladores judíos y otras creencias minoritarias.

Un rol contralor importante lo cumple el Consejo de Guardianes de la Revolución, el que vigila, entre otros, el buen funcionamiento de la particular “teodemocracia iraní”, donde del Poder Judicial cuenta con tres tribunales a su haber.

Y si bien es cierto que existe una oposición minoritaria a Ahmedinejad, sobre todo en las clases más acomodadas y en algunos comerciantes, la gran mayoría del pueblo apoya el régimen de su presidente electo en votación popular.

Lo pude comprobar en sus calles mientras vivían el aniversario número 31 de la revolución. Tehrán, Qom, Esfahan y otras ciudades de Irán sumaron a más de 2 millones de personas manifestándose en favor del Gobierno.

A dos días de estas manifestaciones de multitudes, el opositor Mehdi Karroubi -quien fuese presidente de la Cámara de Diputados- lideró la contraria con casi 2 mil personas manifestantes. Un grupo se encontraba armado, hubo disparos y resultó muerto un Guardián de la Revolución y un joven estudiante en favor de Ahmadinejad.

El suceso no fue comunicado con rigor por los medios comerciales globales, que se limitaron a informar que murieron dos personas, sin identificar responsables y dando a entender como si los muertos fueran resultado de la acción de la policía iraní.

Posterior a ello, en el Congreso, varios parlamentarios a viva voz solicitaron la condena a muerte de los convocantes, Karroubi y Mi-Hossein Mousavi, quienes han señalado públicamente que no temen a la posición del Gobierno.

Por su parte, el líder supremo de Irán, la autoridad político religiosa, el Ayatolah Ali Khamenei, acusó a las potencias occidentales de pretender desestabilizar la revolución islámica por miedo a que ésta sirva de modelo para Medio Oriente.

LAS MUJERES

Más estrictas son las reglas de convivencia para la mujer en países como Arabia Saudita, amigo de Estados Unidos, al que no se pone en tela de juicio como a Irán, de origen persa y donde un porcentaje muy bajo de las mujeres ocupa burka -vestimenta que deja visibles sólo los ojos-.

En la zona de la meseta iraní, la tierra de los arios, sobre el 80% de las féminas ocupan magné, que es una tela que les cubre el pelo y los hombros, dejando visible sólo el rostro por completo, muy similar al atuendo de la Virgen María.

Varias son también las que llevan chador, un gran paño de color negro que puede cubrirlas de pies a cabeza, mientras las más jóvenes y también algunas ancianas, usan rosarí, un pañuelo de seda u otras telas multicolores que amarran bajo su mentón.

La justificación musulmana para la utilización del hijab, como se llama a la vestimenta islámica, tiene que ver con el celo del hombre y la protección de la mujer del contacto con otros que no sean familiares, ya que su belleza debe ser guardada para el placer mutuo que se brinden los esposos.

El Ayatolá Murtada Mutahhari distingue el celo de la envidia y nos dice: “Incluso aquellos que tienen una forma de vida comunista en relación a la propiedad, nunca lo han supuesto respecto a la mujer”, quedándose en una mirada materialista de la esposa.

Me encontré con mujeres doctoras, periodistas, incluso una ministra de Salud, y cerca del 60% de las matrículas universitarias son femeninas. Pude ver a la mujer iraní participando activamente en distintos ámbitos de la vida y profesiones. Irán es un país donde la mujer es un objeto de devoción y culto para los hombres, con un carácter de respeto muy especial hacia ellas, y que son ellas mismas quienes desean ser valoradas por su inteligencia más que por su belleza física, reservada para sus maridos.

En el Islam, la mujer tiene derechos que en Occidente sólo alcanzó en el último siglo, como son el manejo de sus bienes, y la capacidad de testar. Pero el blanco preferido de las críticas de la industria televisiva es la vestimenta que usan y mostrar un machismo exagerado por parte de sus parejas.

Para la estudiosa argentina, Romina Forti, del Observatorio de Conflictos, “Occidente no quiere percatarse de que la mayoría de los verdaderos problemas que afectan a la mujer musulmana derivan de las contradicciones a las que se ha sometido al mundo musulmán”, dice. “Sabemos que las identidades se construyen por oposición a otro, y nuestro otro era el musulmán-árabe hasta el final de la reconquista y el musulmán-turco en la construcción europea.”

Forti asevera que el gran desafío que espera a las sociedades musulmanas hoy en día es “una nueva lectura del Islam hecha por mujeres profundamente comprometidas con su fe, sus principios y su espiritualidad. Ellas deben reapropiarse este trabajo de memoria musulmana femenina y ocupar esta ‘ciudadela islámica’ que tanto tiempo fue acaparada por los hombres”.

En Irán, los problemas de pareja existen como en todas partes, pero en el país persa los feminicidios y la violencia intrafamiliar es menor que en países occidentales.

En la religión islámica, el sexo está en el centro de sus vidas para brindarse placeres, pero siempre en el ámbito de lo privado. Los condones son permitidos, los sacerdotes tienen hijos y esposa, algunos hasta cuatro como máximo, pero siempre con el consentimiento de la primera compañera y casi no existen las madres solteras.

Azghadi es claro: “Existe una gran diferencia entre los derechos humanos como slogan y como práctica. Los derechos humanos se han transformado en derechos del hombre blanco y capitalista para los países de Occidente”.

LAS CIENCIAS

Uno de los ámbitos en los que destaca la ciencia iraní es la biotecnología. Su principal centro de estudios de la materia es el Instituto Royan, que logró el nacimiento de un niño por fertilización in vitro en 1993. Luego, el ’95, mediante el método de inyección intra citoplasmática, y ya en 2004 mediante el método (PGD) de embrión forzado. Son muchas las parejas europeas y de otros lugares del mundo que prefieren la ciencia iraní para tratar sus problemas de fertilidad.

También hay avances con células madres en los que trabajan desde el 2004 para tratar enfermedades relativas a infartos al miocardio, para problemas de tipo óseo y para el tratamiento de la diabetes aún en estudios. Por ejemplo, el vitíligo ya es curable en Irán en un 70% de los tratamientos efectuados, según información proporcionada por el Instituto Royan.

Otro puntal de desarrollo desde la perspectiva de Irán, es la energía nuclear para fines científicos y de seguridad. Los reactores han sido cuestionados por Estados Unidos, pese a que son constantemente visitados por examinadores internacionales.

El programa atómico iraní es avanzado y de punta, pero ex combatientes me señalan que a diferencia de otros países “no han lanzado bombas como las de Hiroshima y Nagasaki, ni andan de cacería por el mundo buscando petróleo”. Massuma Assad, en ese sentido es categórica: “El gobierno estadounidense, entre otras cosas, presiona a Teherán para extraer concesiones y exige que Irán detenga su programa nuclear y desarticule al grupo Hizbullah, en el Líbano”.

Pero Irán sigue cercado de tropas estadounidenses, agentes e informantes, recibiendo en sus tierras inmigrantes que huyen de las guerras ocasionadas en países devastados como Irak, Afganistán y tal vez, prontamente, Pakistán. Todo por obra de un grupo extremadamente terrorista que sigue haciendo subir y bajar el precio del barril de petróleo, el detonador en la zona del real conflicto, por medio del arte de la guerra: El sionismo tomando para sí cualquier disfraz.

Este último habría sido el causante, según el presidente de Irán Ahmadinejad, de la muerte de uno de los grandes científicos del país. Los atacantes actuaron en 2010 en motocicletas poniendo bombas magnéticas a los vehículos y resultando muerto el profesor Mayid Shahriyarí y muy mal heridos otros dos cerebros del estudio atómico.

EL REGRESO

Ya era hora de partir y sabía que sería difícil escribir sobre todo lo visto en una sola entrega. Atrás quedaba el misterioso Irán y pensaba en qué no me había gustado del país, ante tanta maravilla arquitectónica y profundo sentido religioso y de respeto entre sus habitantes.

Claramente era la nube de contaminación suspendida sobre su capital Teherán, casi peor que en Santiago, tal cual la olla de smog, rodeada de blanca cordillera y con un saturado parque automotriz. Y las restricciones a derechos que considero inalienables, como el decidir qué hacer con mi cuerpo mientras no afecte a otra persona, dado que prohíben la masturbación y el consumo de cualquier sustancia espirituosa que altere tu estado de conciencia.

Me pregunté entonces, qué será lo que quiere el pueblo de Irán, más allá de estas restricciones y qué vendrá para esta nación estudiosa de sus sagradas escrituras. Y llegué a una conclusión:

Irán quiere justicia y una paz que sabe que vendrá duradera tras los grandes juicios. Y también sabe que mientras tanto deberá resistir diversos embates, como los de las grandes cadenas noticiosas occidentales, que lo seguirán pintando como parte del llamado Eje del Mal -donde Bush ubicó a naciones como Venezuela-, desdibujando todo proceso libertario que intente religiosa o políticamente hacer acto de soberanía sobre los recursos naturales nacionales para el bien de los pueblos.

Por Bruno Sommer Catalán
El Ciudadano Nº99, primera quincena abril 2011

©2011-paginasarabes®

Licencia Creative Commons

Irán bajo el velo por Bruno Sommer Catalán se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.

Leyenda Árabe …. El círculo del 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente que era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey, cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara ,y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mando a llamar.

-Paje- le dijo- ¿Cuál es el secreto?

-¿Qué secreto, Majestad?

-¿Cuál es el secreto de tu alegría?

– No hay ningún secreto, Alteza.

– No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

– No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

-¿Por qué está siempre alegre y feliz? Eh, ¿por qué?

– Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además, su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos ¿ Cómo no estar feliz?

– Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey – Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

– Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría mas que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…

– Vete, vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

-¿Por qué él, es feliz?

– Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.

– ¿Fuera del círculo?

– Así es.

– Y éso es lo que lo hace feliz?

– No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

– A ver si entiendo, estar en el circulo te hace infeliz.

– Así es.

-¿Y cómo salió?

– Nunca entró

-¿Que círculo es ése?

– El círculo del 99.

– Verdaderamente, no te entiendo nada.

– La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.

-¿Cómo?

– Haciendo entrar a tu paje en el circulo.

– Éso !, obliguémoslo a entrar.

– No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

– Entonces habrá que engañarlo.

– No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito.

-¿Solito? Pero ¿ él no se dará cuenta de que éso es su infelicidad?

– Si, se dará cuenta.

-¡Entonces no entrará!

– No lo podrá evitar.

– Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en éll y no podrá salir?

– Tal cual Majestad; ¿ estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del circulo?

– Si.

– Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos.

– ¡99! ¿Que más? ¿Llevo los guardias por si acaso?

– Nada más que la bolsa de cuero Majestad, hasta la noche..

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron, junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pincho un papel que decía: «Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste.»

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban, para ver lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agito la bolsa y al escuchar sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y cerro la puerta. El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas para el. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas.

Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco… y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60… hasta que formó la última pila: ¡¡9 monedas !!. Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más; luego en el piso y finalmente en la bolsa.

-«No puede ser», pensó.

Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

– Me robaron -gritó- ¡me robaron, malditos!!

Una vez mas busco en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro «sólo 99».

«99 monedas. Es mucho dinero», pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un numero completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no. El rey y su asesor miraban

por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguién de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.

Tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?. Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después, quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, mas comida habría para vender…Vender… Vender… Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno, Para que más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.


El rey y el sabio volvieron al palacio. El paje había entrado en el circulo del 99…

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entro a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de malas pulgas.

-¿Qué te pasa?- pregunto el rey de buen modo.

– Nada me pasa, nada me pasa.

– Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

-Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No paso mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Cuantas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están.

©2011-paginasarabes®

Así actúa el Mossad …


La organización del Mossad, no sólo ha colaborado con la CIA, sino que incluso lo ha hecho con la KGB, e incluso cuenta con el apoyo de las numerosas entidades judías que, más o menos abiertamente, existen en todo el mundo. Una de ellas es B´Nai B´rith.

El B´Nai B´rith, que significa Hijos de la Alianza, y que ha sido el verdadero motor de presión en la destrucción de la Librería Europa, fue fundada el uno de Octubre de 1843 en Nueva York, por once hebreos emigrados desde Alemania: Era, por su estructura y funcionamiento, una secta masónica reservada exclusivamente reservada a personas de etnia judía. Sólo se admite la afiliación de individuos de sexo masculino y elevada posición económica y social. Ocho años después de su fundación ya disponían de suficiente poder como para hacer al gobierno de EEUU que anulara un tratado comercial con Suiza por que algunos cantones suizos no daban la ciudadanía a los judíos el siglo pasado.

El B ’ Nai B ’ rith tras abrir logias en las principales ciudades de EEUU se extiende por Europa, y en la actualidad es, oficialmente, miembro consultor del Consejo de Europa, de la ONU, de la UNESCO y de la Organización de Estados Americanos. En 1913, el B’ Nai B’ rith funda la famosa Liga Antidifamatoria que ejerce un riguroso control de cualquier actividad, colectivo que los hebreos consideran contrarios a sus intereses.

De la Liga Antidifamatoria surgiría a su vez la LICRA, Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo, más implantada en Europa, sobre todo en Francia.Todas esas organizaciones, de implantación mundial, cooperan con el Mossad al igual que lo hacen los innumerables lobbys que en los EEUU actúan ante los órganos degobierno de ese país. El más importante de todos es el AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Americano – Israelíes) que mensualmente manda su revista a cada uno de sus miembros en el parlamento informándoles sobre las necesidades de los ciudadanos americanos de etnia judía, por otra parte el AIPAC representa oficialmente a todas las organizaciones judías de los EEUU ante el parlamento.

La revista norteamericana The Phoenix, especializada en paramilitares, terrorismo y espionaje, describe la actuación de los fontaneros del Mossad, los sicarios entrenados para el asesinato y el sabotaje, que forman parte del mundo oscuro y a la vez romántico y novelesco, de todos los servicios secretos.

Las escuadras de terroristas del Mossad operan del siguiente modo: cada equipo se divide en grupos cuyos códigos son Aleph, Beth, Heth, Ayin y Qoph. La ejecución es cometida por el grupo Aleph. Beth se compone de pistoleros que actúan como protectores y escoltas, abriendo acceso a Aleph y protegiendo su huida una vez el atentado ha sido realizado. Heth proporciona cobertura protectora, alquila coches,apartamentos, soborna a quien sea preciso y en general se dedica a preparar la estancia de los otros dos grupos en el lugar del atentado. Ayin estudia a la víctima o el lugar destinado a su destrucción semanas e incluso meses antes del acto. Qoph se ocupa de las comunicaciones y enlaces. Estos grupos están autorizados a emplear los servicios diplomáticos de Israel y la compañía pública El Al. Las ejecuciones las ordena la llamada COMISION, encabezada por el Primer Ministro, el jefe de las fuerzas armadas y el director general del Mossad (332).

Además el Instituto cuenta con la importante ayuda de los Sayanim (asistentes), los cuales deben ser racialmente judíos 100 %. Viven en el extranjero y aunque no sean ciudadanos israelíes, muchos son contactados a través de sus parientes en Israel. A un israelí con un pariente en Inglaterra, por ejemplo, el Mossad le puede pedir que escriba una carta diciendo que el portador de la misma representa a una organización benéfica consistente en ayudar a la comunidad hebrea para ocultar su condición de espía.

Hay miles de Sayanim en todo el mundo, 2000 están en activo y otros 5000 en reserva. Desempeñan funciones muy variadas, un Sayanim que, por ejemplo, dirige un negocio de alquiler de coches en Las Vegas (EEUU), puede ayudar al Mossad a alquilar un vehículo a altas horas de la noche sin tener que presentar la necesaria documentación, la casa de otro Sayanim en Berlín puede servir de alojamiento a un comando, un banquero Sayanim puede proporcionar dinero al Mossad si lo necesita en plena noche, un doctor Sayanim puede curar una herida de bala sin denunciar el hecho a la policía, y así podríamos poner mil ejemplos más. Los Sayanim son el mejor comodín para los fontaneros del Mossad (333).

Estos equipos de fontaneros, sólo actúan después de haber recibido detallada información por parte de la inteligencia judía. Al disponer el Mossad de fondos ilimitados además consigue sobornar a individuos muy próximos, incluso parientes de sus futuras víctimas. Así consiguió asesinar en Malta a fathi Shlaki, líder de la Jihad Islámica.

El Mossad no hace nada para negar sus responsabilidades, e incluso el resultado de sus acciones, cuando es positivo, llega a trascender a los medios de comunicación, ya que les sirve como advertencia ante sus enemigos, es parte del poder de disuasión y en todo caso la prensa mundial jamás los califica como asesinos, siempre como vengadores y defensores del pueblo que tanto ha sufrido.

Tras la muerte de 11 deportistas israelíes en la Olimpiada de Munich de 1972, por orden de la Primera Ministra Golda Meier, el Mossad mató en diez meses a 13 activistas de Septiembre negro. Entre los asesinados figura el camarero marroquí Ahmed Bashakia,residente en Lillehammer (Noruega) sin ninguna vinculación terrorista, pero al que los agentes judíos confundieron con Ali Hasan Salame, jefe de Septiembre Negro, el cuál resultaría muerto en un tiroteo en la Gran Vía de Madrid, acción en la que pereció también el agente israelí Baruch Cohen por disparos de la policía española.

La mayoría de los asesinatos suelen ser realizados por jóvenes agentes que llegan en motos llevando pistolas con silenciador, en alguna capital europea o Mediterránea neutral, ya que en un país árabe es más complicada la huida y se ejecutan de un modo más estudiado.

©2011-paginasarabes®

Licencia Creative Commons

Así actúa el Mossad … por Al Muru Andalucí se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.

EL HALCÓN DEL REY SINDABAD


“Dicen que entre los reyes de Fars hubo uno muy, aficionado a diversiones, a paseos por los jardi­nes y a toda especie de cacerías. Tenía un halcón adiestrado por él mismo, y no lo dejaba de día ni de noche pues hasta por la noche lo tenía sujeto al puño. Cuando iba de caza lo llevaba consigo, y le había colgado del cuello un vasito de oro, en el cual le daba de beber. Un día estaba el rey sentado en su palacio, y vio de pronto venir al wekil que estaba encargado de las aves de caza, y le dijo: “¡Oh rey de los siglos! Llegó la época de ir de caza.” Entonces el rey hizo sus preparativos y se puso el halcón en el puño.

Salieron después y llegaron a un valle, donde armaron las redes de caza. Y de pronto cayó una gacela en las redes. Entonces dijo el rey: “Mataré a aquel por cuyo lado pase la gacela.” Empeza­ron a estrechar la red en torno de la gacela, que se aproximó al rey y se enderezó sobre las patas como si quisiera besar la tierra delante del rey. Entonces el rey comenzó a dar palmadas para hacer huir a la gacela, pero ésta brincó y pasó por encima de su cabeza y se inter­nó tierra adentro.

El rey se volvió entonces hacia los guardas, y vio que guiñaban los ojos maliciosa­mente, Al presenciar tal cosa, le dijo al visir: “¿Por qué se hacen esas señas mis soldados?” Y el visir contestó: “Dicen que has jurado matar a aquel por cuya proximidad pasase la gacela.” Y el rey exclamó: “¡Por mi vida! ¡Hay que perseguir y alcanzar a esa gacela!” Y se puso a galopar, siguiendo el rastro, y pudo alcanzarla. El halcón le dio con el pico en los ojos de tal mane­ra, que la cegó y la hizo sentir vértigos. Entonces el rey, empuñó su maza, golpeando con ella a la gacela hasta hacerla caer desplo­mada.

En seguida descabalgó, dego­llándola y desollándola, y colgó del arzón, de la silla los despojos. Hacía bastante calor, y aquel lugar era desierto, árido, y carecía de agua. El rey tenía sed y también el caba­llo. Y el rey se volvió y vio un árbol del cual brotaba agua como manteca. El rey llevaba la mano cubierta con un guante de piel; cogió el vasito del cuello del halcón, lo llenó de aquella agua, y lo colocó delante del ave, pero ésta dio con la pata al vaso y lo volcó. El rey cogió el vaso por segunda vez, lo llenó, y como seguía creyendo que el halcón tenía sed, se lo puso delante, pero el halcón le dio con la pata por segunda vez y lo volcó. Y el rey se encolerizó, contra el hal­cón, y cogió por tercera vez el vaso, pero se la presentó al caballo, y el halcón derribó el vaso con el ala.

Entonces dijo el rey: ¡Alah te sepul­te, oh la más nefasta de las aves de mal agüero! No me has dejado beber, ni has bebido tú, ni has dejado que beba el caballo.” Y dio con su espada al halcón y le cortó las alas. Entonces el halcón, irguien­do la cabeza; le dijo por señas. “Mira lo que hay en el árbol.” Y el rey levantó los ojos y vio en el árbol una serpiente, y el líquido que corría era su veneno. Entonces el rey se arrepintió de haberle cortado las alas al halcón. Después se le­vantó, montó a caballo, se fue, lle­vándose la gacela, y llegó a su pala­cio.

Le dio la gacela al cocinero, y le dijo: “Tómala y guísala.” Luego se sentó en su trono, sin soltar al halcón. Pero el halcón, tras una es­pecie de estertor, murió. El rey al ver esto, prorrumpió en gritos de dolor y de amargura por haber ma­tado al halcón que le había salvado de la muerte.

¡Tal es la historia del rey Sinda­bad!”

Cuando el visir hubo oído el rela­to del rey Yunán, le dijo; “¡Oh gran rey lleno de dignidad! ¿que daño he hecho yo cuyos funestos efectos hayas tú podido ver?. Obro así por compasión hacia tu persona. Y ya verás como digo la verdad. Si me haces caso podrás salvarte, y si no, perecerás como pereció un visir astuto que engañó al hijo de un rey entre los reyes.

©2011-paginasarabes®

Licencia Creative Commons

EL HALCÓN DEL REY SINDABAD por Al Muru Andalucí se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en paginasarabes.wordpress.com.