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Acta en memoria de Rafael Kasse Acta

©José del Castillo y Rafael Kasse Acta (derecha). Moscú. 1973
©José del Castillo y Rafael Kasse Acta (derecha). Moscú. 1973

Cabello erizado, lentes de escafandra, andar pausado, hablar siempre amable e inteligente. Libanés por todos los costados (hijo de los inmigrantes Abraham Kasse y Rosa Acta), petromacorisano de cuna, patriota dominicano de la mejor estirpe. Una verdadera masa de pan de cereales nobles macerados con dulcísima miel. De talante bondadoso y servicial, su modesta casa estaba abierta a la amistad sin fisuras, mientras que en su consultorio se brindaba asistencia dental casi gratuita. Académico consagrado, supo combinar esta vocación con un compromiso político definido, ejercido con mesura e hidalguía.

En mis recuerdos adolescentes emerge su imagen en la brega gremial por consolidar a sus colegas en una sociedad odontológica independiente. Luego vino el Partido Nacionalista Revolucionario encabezado por sus compueblanos Corpito Pérez Cabral y Dato Pagán Perdomo, que operaba una escuela de formación política vespertina a la que acudíamos los jóvenes deseosos de nuevos conocimientos, situada en la primera cuadra de El Conde libertario de los 60. Allí estaba Rafael, junto al poeta Víctor Villegas, don Telo Hernández y otros confabulados que alentaban sueños de redención.

Durante la revolución del 65, el doctor Rafael Kasse Acta ocupó su trinchera en el gabinete de Caamaño como subsecretario de Salud. Pero fue en casa de los Mejía Ricart, en la calle José Reyes, donde le veía con frecuencia participando en el grupo consultivo que integraban Hugo Tolentino, Marcelino Vélez Santana, Tirso Mejía, que actuaba de soporte a las labores que realizaban Jottin Cury y los demás negociadores constitucionalistas. O en las jornadas que organizaba el Frente Cultural encabezado por Silvano Lora para galvanizar el espíritu de resistencia de la gente.

Cuando regresé de Chile en 1971, me incorporé a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD, ganando varias asignaturas por concurso. Rafael Kasse Acta, rector a la sazón, me mandó a buscar a su despacho, junto a otros colegas recién ingresados al Departamento de Sociología, como Max Puig y Walter Cordero. Nos quería tratar personalmente y mostró un interés especial por acogernos en la vieja casa de estudios, enfatizando su deseo de impulsar las investigaciones. Estimulándonos a presentar proyectos.

Este reencuentro se vio reforzado por sus visitas dominicales al Hotel Villa del Mar que administraba mi cuñado Ramón Hungría. En ese entonces yo era un habitué del mismo y disfrutábamos de placenteras charlas debajo de un paragüitas en torno a la piscina, en compañía de mi hermana Flérida y su esposa Flor del Villar.

Estos nexos se hicieron más profundos al concurrir ambos alrededor del liderazgo que ejercía Juan Bosch en la vida política e intelectual del país. Formamos el Comité Dominicano de la Paz, presidido por Rafael e integrado por Emilio Cordero Michel, Jottin Cury y quien escribe –completada su matrícula por Silvano Lora, exiliado en Panamá, y Hatuey Decamps, radicado en París. Los primeros viajamos al Congreso Mundial celebrado en Moscú en noviembre de 1973. En Madrid, París, Moscú, Leningrado, compartimos todas las actividades de esta memorable experiencia.

Asimismo, tras el golpe militar, impulsamos en el país los trabajos de solidaridad con Chile en un Comité presidido por Vicente Bengoa. Antes, con Andrés María Aybar Nicolás, habíamos fundado un Instituto Domínico-Chileno, con el apoyo de la embajada de ese país bajo el gobierno de Allende.

En Ciudad México, la pareja haitiana formada por los exiliados anti-duvalieristas Gérard Pierre-Charles y Suzy Castor, que fungía en la UNAM como cabeza de un centro de estudios caribeños, fue nuestra anfitriona en los 70 cuando ambos participamos en sendos seminarios sobre estos asuntos. La problemática haitiana –una materia que hoy nos involucra cada vez con más fuerza- nos perseguiría como motivo constante de preocupación.

La UASD

Entre 1974 y 1977, mientras ocupaba la Dirección de Investigaciones Científicas de la UASD, acudían diariamente a mi despacho uniformados con sus batas blancas desde la Clínica Odontológica, Rafael Kasse Acta, Federiquito García Godoy, Fernando Morbán Laucer, Gonzalo González Canahuate. A los cuales se sumaban Ciriaco Landolfi con su infaltable cigarro, Andresito Avelino, Pedro Mir, Alberto Malagón y José Antinoe Fiallo. Se discutía allí de academia, historia, filosofía y política, estimulado el debate por un humeante café recién colado y la grata compañía de Teresita Espaillat, nuestra secretaria ejecutiva.

Por aquel entonces, coordiné junto a Franklin Almeyda los trabajos para llevar a Kasse Acta nuevamente a la rectoría de la UASD, en un intento fallido, como lo fuera fallida su aspiración a la candidatura vicepresidencial del PLD en 1978, ganada por mi compañero lasallista y colega del FURR Rafael Alburquerque. Estuve a su lado esa noche cuando lloró lágrimas de hombre, en El Conde y 19 de Marzo.

Por muchos años fuimos parte de la peña de los come helados de los Capri, como nos bautizaran Jottin Cury y José Israel Cuello, integrada por profesores de la UASD y otros amigos. Este grupo se trasladaría más adelante al Bar América, frente al Hospital Padre Billini, para mudarse luego a la Cafetera Colonial de Franquito, a la heladería Los Imperiales y finalmente a la cafetería El Conde, frente al parque Colón, conocida también en los medios literarios como Palacio de la Esquizofrenia. Por igual compartimos asiento en la peña de mi pariente Cuchito Álvarez, que se reunía cada domingo en la mañana en las oficinas de la dirección del matutino Hoy.

De aquellos grupos dotados de vivaz locuacidad y sapiencia, de gracia en el decir y vivencias mágicas, quedan las estampas entrañables de Dato Pagán Perdomo, Pedro Mir, Freddy Prestol Castillo, Enriquillo Rojas Abreu, Felo Haza del Castillo, Manuel Mañón Arredondo, Fernando Morbán Laucer, José Aníbal Sánchez Fernández, Julito Ibarra Ríos, Chito Henríquez, José Espaillat, Juan Ducoudray, Héctor Aristy. Del inolvidable y genial Cuchito, entre otros que ya realizaron el viaje sin regreso.

Pero el punto más permanente y peculiar, que dio fe de la vocación tertuliante y conciliadora de Rafael Kasse Acta, fue la peña que animaba todos los domingos y feriados en su sencillo hogar del Ensanche Julieta. Allí, agasajados con agua, refrescos y café, asistían personas variopintas en cuanto a orientación política y formación profesional a departir sanamente sobre los más variados tópicos del acontecer nacional e internacional, y acerca de temas históricos y culturales.

Mañón Arredondo, Morbán Laucer, José Aníbal Sánchez, Velazquito Mainardi, Juan Ducoudray, Tonito Abreu, Héctor Aristy, Luis del Rosario Ceballos, Jorgito Yeara, Teddy Hernández, José Alfredo Rizek, Jesús de la Rosa, Lorenzo Sención, Roberto Cassá, Salomón Morun Acta, Enrique Khoury, Mery Kasse, Domingo Lorenzo, Pelegrín Castillo, Nelson Ledesma Pérez, Altagracia Guzmán Marcelino, Maritza de los Santos, Rudyard Corona. Asimismo, Alejandro Herrera, Néstor Cerón, Rafael Julián, Miguel Mejía, los doctores Irving Pérez y Jaime Núñez Guerra, reforzados por los galenos Fernando Morales Billini y Fernando Sánchez. La sobrina Gloria Kasse y Frank Bendek. El benjamín veterinario de los Kasse Acta, Wilfredo. Avecindados en el Julieta, visitaban Rafael Deláncer, Máximo Avilés Blonda, Rafael Calventi y Chichí Selman.

La partida de Kasse Acta, en septiembre del 2004 cuando tenía 77 años, tras una prolongada enfermedad renal, dejó un vacío difícil de llenar. Con él cesó una tradición de hombres de espíritu superior, acunada en su Macorís del Mar, cuando se asomaba adolescente a los encuentros literarios que propiciaba en su farmacia Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi). Hábito que luego continuaría en Santo Domingo, al acudir diariamente a la tertulia de la Farmacia Gómez en la calle El Conde. Y participar luego en la que nucleara su hermano Emil en el Centro de Pediatría de la Independencia, con la concurrencia de Alvarito Arvelo y Cuchito Álvarez.

Recorrido

Llevado de la mano de Rafael Kasse Acta –en ocasiones junto a Juan Niemen y Guillermo Vallenilla– recorrí las huellas de la provincia proletaria y salobre, yendo por los bateyes de los ingenios Consuelo y Las Pajas, visitando los hogares cocolos de Miramar donde se hornea el mejor pan y se rinde culto a la honradez y a la lectura de la Biblia. Primo y los Guloyas, viejos músicos, veteranos sindicalistas portuarios, artesanos y predicadores, toda gente de trabajo, me fueron presentados por Rafael.

Gracias a él conocí a sus mayores libaneses en las personas de su padre y sus tíos, Elías Acta y el patriarca Abraham Acta, en cuya espléndida mesa degusté las exquisiteces árabes. Mi amistad con los Hazim -Georgito, don José y Josecito– se fraguó bajo sus auspicios. Así como propiciatorias fueron las visitas a Pedro Justo Carrión –a quien conocí adolescente con Jimenes Grullón-, los hermanos Richiez Acevedo y Piris Mendoza, memorias vivientes de su terruño azucarero.

Fue Rafael quien recomendó a Jean Haché que me invitara a ofrecer una charla sobre la inmigración árabe en Santo Domingo en los salones del Club Sirio Libanés Palestino. Y fue él quien solicitó a Juan Bosch, junto a Jorge Yeara Nasser y Andón Jaar, que dictara en el auditorio del Colegio Don Bosco un ciclo de conferencias sobre la historia de los pueblos árabes, origen del libro homónimo. Siempre admiré sus profundos conocimientos sobre los asuntos del Medio Oriente y fui solidario con sus posiciones cuando reflejaban un enfoque justo sobre una materia tan compleja y conflictiva que aún permanece irresoluta, agravándose todavía más.

Hoy, cuando ya no habita físicamente entre nosotros, quiero quedar asido a la bondad mansa que irradiaba siempre, a su afecto casi paternal que me arropaba y a esa honradez sin tacha que le acompañó como seña de identidad. Porque un hombre como él escasea. Nace como pocos para sembrar valores en el trayecto de una vida digna y ejemplar.

Por José del Castillo Pichardo (sociólogo residente de Santo Domingo)
Con información de Al Momento

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Exposición Gibran El Profeta – Museo Soumaya, Mérida

Irving Berlín, director de Cultura, agradeció la confianza del Museo Soumaya al permitir su colección sea mostrada en esta capital ©JMRM
Irving Berlín, director de Cultura, agradeció la confianza del Museo Soumaya al permitir su colección sea mostrada en esta capital.A su izquierda,Don Alfredo Jalife-Rahme ©JMRM

La noche de este sábado fue inaugurada en el Centro Cultural Olimpo, en el marco del Mérida Fest 2016, la exposición Gibrán, El Profeta, conformada por las obras y pertenencias personales del destacado artista libanés Gibrán Khalil Gibrán.

Alfonso Miranda Márquez, director del Museo Soumaya, declaró durante la inauguración que ésta es la primera vez que las obras de Gibrán abandonan la capital del país y son presentadas en otra sede desde su adquisición.

Durante su intervención, destacó la necesidad de abrogar el centralismo que tanto daño ha hecho en la realidad nacional y resaltó la posición de Mérida como una de las ciudades culturales del país.

La curadora Dania Escalona explicó que la muestra ilustra los distintos exilios de Gibran a lo largo de su vida ©JMRM
La curadora Dania Escalona explicó que la muestra ilustra los distintos exilios de Gibran a lo largo de su vida ©JMRM

«Esfuerzos como éste son de confianza con instituciones sólidas», dijo, reiterando su confianza en la ciudad de Mérida y la tradición cultural de la Península.

«En tiempos francamente de crisis, para ver la realidad medio oriental en un mundo occidental, estos esfuerzos conjuntos sin duda no solamente son vigentes, no solamente valen la pena. Son obligación, son puntos de partida y coordenada para entender la realidad mucho más allá de intereses particulares y mucho más allá de un mundo en guerra… Gibrán nos deja palabras no solamente de esperanza sino también de paz, de hermandad, de respeto y de puentes de comunicación entre realidades que si bien son distintas, también tienen esencias compartidas», dijo.

Mencionó que en 1932 Gibran escribió en una carta a Mary Haskell, su musa y mecenas, que su sueño era que ojalá en algún momento, en alguna gran ciudad, su obra pudiera compartirse y quizá el público la pudiera amar.

«Hoy el sueño de Gibran se hace plausible en Mérida, una latitud tan cercana a toda esta tradición libanesa que rompe y fractura el centro libanés para hablar de exilios, para hablar de identidad y para hablar de universalidad», expresó.

Miranda, presente en representación del Ing. Carlos Slim Helú y la Lic. Soumaya Slim de Romero, destacó que la exhibición incluye un manuscrito inédito del autor.

«Para Fundación Carlos Slim, para Museo Soumaya, estar de nuevo en Mérida es un compromiso para hablar de estos valores trascendentes y universales», agregó Miranda, elogiando la labor del equipo de trabajo del Centro Cultural Olimpo al igual que la suma de voluntades y esfuerzos que han hecho posible la llegada a Mérida de esta exposición al igual que a los equipos del Museo Soumaya, a la curadora de la exposición Dania Escalona Ruiz, al Mtro. Clemente Dávila, museógrafo de la misma y a Romina Muguira, del equipo de comunicación educativa, y demás integrantes del equipo.

El recorrido preinaugural estuvo a cargo de Alfonso Miranda y Dania Escalona ©JMRM
El recorrido preinaugural estuvo a cargo de Alfonso Miranda y Dania Escalona ©JMRM

«No es un artista que hable del pasado», dijo en el recorrido pre inaugural para los medios de comunicación, durante la mañana, destacando las lecciones de vida permanentes impartidas por el poeta, quien habló del pulso y gran sentido del hombre en todas sus pasiones.

Miranda señaló que las pinturas del artista no llevan título ya que Gibran se consideraba a sí mismo mejor pintor que escritor.

El Dr. Irving Berlín Villafaña, director de Cultura del Ayuntamiento de Mérida, reiteró su agradecimiento al Museo Soumaya y a su director.

«Ya nos une una relación por lo menos de dos años y que ha tenido un fruto maravilloso que hemos compartido con los ciudadanos una y otra vez», dijo, recordando la exposición El Cuerpo, presentada el año pasado en el marco del Mérida Fest 2015.

«Este bagaje multicultural que tiene la ciudad es una herencia que debemos mantener, ciertamente, porque hablar la lengua maya es un motivo de orgullo, hablar el español es resultado de la historia y hablar otras lenguas como el chino, el coreano y el árabe nos nutre de sensibilidades diferentes, de pueblos diferentes», expresó el funcionario

«Hoy en día, como decía el maestro Adonis, tal vez lo más importante entre las culturas no es preguntar sobre en qué nos parecemos sino que tal vez sea mejor preguntar en qué somos diferentes, reconocer, apreciar y respetar la diferencia», añadió.

El poeta "Adonis" resaltó la importancia de Gibran en la historia de la cultura libanesa ©JMRM
El poeta «Adonis» resaltó la importancia de Gibran en la historia de la cultura libanesa ©JMRM

El poeta sirio-libanés Ali Ahmad Said Esber, «Adonis«, describió a Gibran como una de las personas que no son hechas por la historia, como la mayoría, porque «hay otras (personas) que crean la historia. Podemos decir en esta perspectiva que Gibran hizo y sigue haciendo la historia de la cultura libanesa en particular y la historia de la cultura árabe en general. La historia en un sentido vertical y no horizontal».

Remarcó que Gibran, primero que todo, es uno pero también es múltiple y plural. Poeta, pintor, novelista y ensayista.

«Es un creador perfecto», dijo, describiéndolo como un símbolo de la liberación y la creatividad.

En representación del alcalde Mauricio Vila Dosal, la secretaria de la Comuna, María Fritz Sierra, agradeció al Museo Soumaya la confianza depositada en Mérida, inaugurando oficialmente la exposición.

También asistieron a la inauguración Roberto Abraham Mafud, Presidente de Cultura Yucatán A.C.; Alfredo Jalife Rahme, académico de la UNAM; Valerie Amador Hurtado, Subdirectora de Innovación Cultural en la Dirección de Cultura; Janette Becil Dájer, Presidenta del Comité de Damas del Club Libanés de Mérida y Marion Lecardonnel Baudet, Directora de la Alianza Francesa de Mérida.

La exposición, que estará en Mérida hasta el 17 de abril, está conformada por 60 piezas e incluye 30 óleos, manuscritos, cartas y objetos personales del artista e ilustra los diferentes exilios a lo largo de su vida.

Tras el fallecimiento de Gibran, en 1931, su colección más completa quedó bajo el resguardo de su hermana Mariana, en Nueva York. A su muerte, fue heredada por Khalil Gibran, sobrino y ahijado del poeta, quien completó el fondo y en 2007 lo ofreció a la Fundación Carlos Slim, misma que lo conserva, investiga y difunde en la actualidad.

Según señaló el personal del Olimpo, la exposición estará abierta al público de martes a sábado de las 10 hasta las 19:45 horas y los domingos desde las 10 hasta las 3 de la tarde.

Los visitantes también podrán disfrutar, en la sala 2, la exposición fotográfica «Instrucciones para cruzar una calle» de Humberto Chávez y, en la 1, una de escultura en piedra y en madera producida por artesanos mayas con la guía de artistas de vanguardia de la ciudad.

Durante la mañana, Irving Berlín destacó que cerca de 75 mil personas han disfrutado las cerca de 130 actividades del Mérida Fest, organizado por la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida con motivo del 474 aniversario de la fundación de esta ciudad, cuya oferta durante la última semana destacó a la cultura del Medio Oriente, al igual que las migraciones que han marcado a Yucatán.

El funcionario municipal agradeció la confianza del Museo Soumaya, destacando su vocación didáctica manifiesta a lo largo del país.

Con información de Libertad de Expresión Yucatán

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