Sungur,el emir y la mezquita

Oración en la mezquita - Jean-Léon Gérôme
Oración en la mezquita – Jean-Léon Gérôme

Un día, un emir sintió el deseo de ir al baño. Llamó a su esclavo, que se llamaba Sungur, y le dijo:

«¡Prepara mi sábana, mi barreño y mi jabón! ¡Vamos al baño!»

Sungur ejecutó sus órdenes y ambos tomaron el camino del baño. Ahora bien, en este camino, había una pequeña mezquita. Cuando pasaba ante ella, Sungur oyó la llamada a la oración. Dijo a su amo:

«¡Oh, amo! ¿Podríais esperar unos instantes ante esos almacenes mientras hago mi oración?»

El emir aceptó y se puso a esperar…

Esperó mucho tiempo. Vio salir a los fieles y al imán, pero Sungur seguía en el interior. Perdiendo la paciencia, el emir se puso a gritar:

«¡Oh, Sungur! ¿Porqué no sales?»

Desde el interior de la mezquita, Sungur le respondió:

«Estoy retenido aquí. No pierdas la paciencia. Ya voy. ¡Sobre todo no creas que olvido que me esperas!»

El emir reiteró siete veces su llamada y, cada vez, Sungur respondía:

«¡No tengo permiso para ir junto a ti!»

Al fin, el emir le dijo:

«Pero no hay nadie en la mezquita. Tengo curiosidad por saber lo que te impide salir.»

Sungur respondió:

«El que te encadena en el exterior me ha encadenado en el interior. El que no te permite entrar me impide salir.»

El océano no deja escapar a los peces y, del mismo modo, la tierra no deja a su fauna precipitarse al mar.

Por Yalal Al-Din Rumi

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