La Vega de Granada


Suprimir un privilegio puede tener todo el sentido cuando nos referimos a nosotros mismos. Sobre todo si el mismo merma y/o perjudica a la mayoría de la sociedad. Hacerlo cuando se trata de un regalo que proviene de lo espontáneo resulta improcedente hasta la estupidez.

Los paisajes afables, las tierras fértiles, los lugares bien regados son condiciones que a veces, pocas, coinciden en ciertos enclaves naturales. Instalarse en ellos resulta lo apropiado y procedente. Acierto repetido a lo largo de nuestra historia. Por la misma razón, tales asentamientos permitieron el medro de las comunidades humanas que contaban con lo esencial a la misma puerta de sus hogares. Uno de los casos más sobresalientes dentro del conjunto del Viejo Mundo lo aporta Granada y su derredor natural. En el que destaca lo más destacado de las Españas, es decir, Sierra Nevada, toda ella manantial de belleza, transparencias y alfaguaras. Pero lo alto y poco alcanzado, al menos hasta la creación de la estación de deportes invernales, solo alimenta a la mirada. Algo mucho más cercano y cotidiano alimentó siempre a los cuerpos. Nos referimos obviamente a La Vega. La palabra ya merece un instante de lingüística. El topónimo que procede del árabe waquia quiere decir un terreno bajo, llano y húmedo. Destinado a la fertilidad y a la facilidad para su cultivo. Tener vega es poder asegurar un suministro suficiente de lo imprescindible. Privilegio frente a tanta penuria y dificultad como casi siempre nos han acompañado a lo largo del trayecto histórico.

La primacía de Granada en cuanto a su propio patrimonio histórico artístico está fundada, como siempre, como en todas partes en el otro, en el natural. Pero conviene insistir en que ha sido precisamente lo manifiestamente inmejorable de La Vega de Granada el primer cimiento de la excepcionalidad cultural de la ciudad y sus logros arquitectónicos y literarios.

Por eso, y porque todo paisaje es una raíz transcendente de los que lo usan o usaron, se ha puesto en marcha, desde hace tres años, el movimiento social pero sobre todo educativo en defensa de La Vega de Granada. Un lugar único, irrepetible que es mordido desde hace demasiado tiempo por las fauces inclementes de lo repetido y prescindible, es decir, por le urbanismo especulativo, por la falta de planificación territorial, por la ignorancia de la historia y de la vivacidad.

Los profesores de Granada estuvieron el jueves al frente de casi 20.000 escolares que participaron en una decena de actos reivindicativos de la integridad de su vega.

GRACIAS A TODOS ELLOS Y QUE SU VEGA, O LO QUE QUEDA DE ELLA, LES ATALANTE COMO ATALANTÓ A TODOS LOS GRANADINOS ESTOS ÚLTIMOS MIL AÑOS.

Por Joaquín Araújo. (Naturalista y escritor,reflexiona sobre la belleza amenazada de nuestro pequeño hogar planetario).

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