A Israel se le calienta el vecindario – David E. Santos Gómez


Era apenas lógico y entendible que el mundo periodístico se volcara en las últimas semanas a recordar la atrocidad de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y analizara sus consecuencias una década después. Todo el espectro de medios, desde la radio hasta Internet, convirtieron sus análisis en una maraña demasiado igual y etérea que a muchos primero los abrumó y luego los desencantó.

Esa inmensa nube informativa logró eclipsar hechos que agitan otros espectros internacionales y que al menos deberían generar un campanazo de alerta más sonoro y no estar relegados a noticias de segunda. De todos ellos quizá el más importante es el aumento de la temperatura política en el Medio Oriente, donde Israel parece correr desesperado hacia un abismo de odios y soledades.

El gobierno de Benjamin Netanyahu se ha peleado con Turquía y Egipto, sus más cercanos (si no únicos) colaboradores, y mientras el primero eleva la voz y amenaza con buques de guerra, el segundo trata de mantener entre su población una calma meticulosa que en cualquier momento se puede romper.

Primero fue Turquía. Las relaciones de ambas naciones pasan por momentos complejos desde hace más de un año cuando Israel atacó la Flotilla de la Libertad que pretendía quebrar el bloqueo a Gaza. Allí murieron ocho ciudadanos turcos. Hace un par de semanas, tras el informe de la ONU que reconocía como legítimo el actuar de Israel (aunque criticó su desproporcionada fuerza), el gobierno turco cortó toda relación y acabó con las alianzas militares y la venta de armas que mantenían ambos países desde tiempo atrás.

Después Egipto. La semana pasada, en medio de un brote de sentimiento antiisraelí, la embajada de ese país en El Cairo tuvo que ser evacuada ante un violento motín que quemó las instalaciones y acabó con tres muertos. Los egipcios protestaban por la muerte de cinco de sus ciudadanos a manos del ejército israelí en la frontera de ambos países.

Con los dos flancos en llamas Israel tiene la difícil responsabilidad de actuar sin exasperar avisperos. Lo peor es que parece imposible. La nación más cercana a Estados Unidos en Medio Oriente no hace sino perder adeptos cada vez que se apega a su unilateralidad y ahora es más difícil que sus acciones militares sean entendidas.

En Egipto, que está en la mitad de una transición militar y civil tras el derrocamiento en febrero pasado de Hosni Mubarak, la situación puede ser más manejable con el apoyo de Estados Unidos. Sin embargo, aquellos jóvenes que iniciaron su revolución para que cayera Mubarak son los mismos que sienten hoy una profunda desconfianza por Israel.

En Turquía las cosas son aún peor. El primer ministro Recep Erdogan, ha asegurado que podría intentar acabar con el bloqueo naval a Gaza y apoyar su idea con barcos armados.

Erdogan, cercano también a E.U., encuentra en su nuevo discurso de rechazo a Israel un filón para convertirse en vocero del mundo musulmán, justo ahora después de la primavera árabe.

Pero los dolores de cabeza para Netanyahu en el campo militar se pueden empeorar cuando la propuesta de Palestina de ser reconocida como un estado llegue a la ONU, antes de que acabe el mes.

Aunque los poderosos anunciaron la utilización del veto a la propuesta, son muchos los que dicen que darán la pelea en el organismo para darle al pueblo palestino este triunfo.

Es claro que la tensión es el contexto habitual en la zona, pero que el gobierno turco y la población egipcia, moderados en los últimos años, muestren tanta distancia y rabia con Israel, es una noticia para preocuparse.


Las próximas semanas darán nuevas luces sobre el conflicto y como en muchos otros momentos será el gobierno estadounidense el que entre a mediar.

El problema, para mal, es que ya muy pocos confían en el alcance de sus soluciones.

Fuente: El colombiano

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