La bomba atómica en la España de Franco

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La bomba atómica en la España de Franco

Imaginen que España dispusiera de un arsenal de armas nucleares y documentos secretos de la CIA advirtieran del peligro de la amenaza. ¿Política ficción? No del todo. Durante la segunda etapa del franquismo, superada la posguerra, se elaboraron planes a partir de 1951 para armar a España con la bomba atómica, un proyecto que a punto estuvo de convertirse en una inquietante realidad.

Un informe del gabinete de inteligencia de Estados Unidos fue desclasificado y está fechado en el 17 de mayo de 1974. La información de la CIA asegura que «el gobierno de Franco tenía en proyecto y desarrollo un extenso y ambicioso plan nuclear que merecía la atención y vigilancia de los Estados Unidos». Entre los planes de Franco se incluía la construcción de una central para enriquecimiento de uranio «cuya construcción dependía de una combinación de circunstancias incluyendo la política del gobierno que sucediese la muerte del dictador». El informe secreto de la CIA afirmaba: «España es uno de los países de Europa merecedores de atención por su posible proliferación de armas nucleares en los próximos años. Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear, tres reactores operativos, siete en construcción y otras diecisiete en proyecto. También una planta piloto para enriquecimiento de uranio»

El general Franco, impresionado por el poder de destrucción que demostraron las bombas atómicas lanzadas al final de la Segunda Guerra Mundial, manifestó a sus más estrechos colaboradores sus interés por las armas nucleares, insistiendo en la posibilidad de que España pudiera disponer de ellas algún día. Los investigadores de nuestra historia reciente nunca han conseguido desvelar cuáles fueron las razones concretas que impulsaron a Franco a plantear la cuestión. Son varias las hipótesis barajadas, entre ellas el deseo de poseer la capacidad de disuasión suficiente para hacer frente a una agresión extranjera que amenazase con poner fin al régimen, o la más peregrina de satisfacer el deseo del dictador de recuperar la grandeza imperial de España. Aun hoy en día, una nube de secretismo cubre todo lo relacionado con el tema. Parece como si los aspectos que impulsaron realmente el proyecto nunca hubieran salido del círculo íntimo de cortesanos que rodeaba al general en el Pardo.

«Sin duda, para Franco sería importante disponer de una bomba atómica de cara a ejercer una gran presión real sobre su eterno enemigo: Marruecos -y, por extensión, sobre todo el Magreb-, teniendo muy en cuenta al Sahara que, no por casualidad, era donde debía probarse la primera detonación experimental».

Independientemente del objetivo, lo cierto es que las altas cúpulas del gobierno español pronto comenzaron las investigaciones para dar forma a su sueño atómico, un deseo que, de haberse alcanzado, podría haberse convertido en una pesadilla para cientos de miles de personas.

Aunque la posibilidad de que España hubiese podido fabricar bombas atómicas pueda parecer un tanto descabellada en una época, segunda mitad de la década de los cincuenta, en la que el país sufría los últimos coletazos de la posguerra, ésta fue tenida en cuenta seriamente y comenzaron a darse los primeros pasos en esa dirección. El jefe de Estado Mayor, general Juan Vigón, y el almirante Luis Carrero Blanco fueron los impulsores de un programa para obtener y dominar la tecnología necesaria para fabricar las armas nucleares que Franco deseaba poseer.

El 22 de octubre de 1951 se crea la Junta de Energía Nuclear, presidida por el general Vigón. Éste realiza una importante labor, reclutando al personal más cualificado y con experiencia en el campo de la investigación nuclear, obteniendo la financiación necesaria para comenzar los trabajos y buscando las zonas de nuestro país donde pudieran existir yacimientos de uranio. Desde un primer momento, el proyecto es dirigido y controlado por militares en el más absoluto secreto. El general Vigón fallece en 1955 pero sus planes continúan adelante con el respaldo personal del almirante Carrero Blanco.

En 1955 se produce un acontecimiento que va a permitir un salto cualitativo en las investigaciones. En ese año, la Administración de Estados Unidos lanza el programa Átomos para la paz. Impulsado por el propio presidente Eisenhower, con él se pretendía favorecer el uso pacífico de la energía nuclear en los países aliados, y de paso, beneficiar a las empresas americanas del sector, allanándolas el terreno para futuros contratos.

En julio de 1955 España firma con los Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear al amparo del programa de Átomos para la paz, convenio que fue ampliado dos años después. En virtud de estos acuerdos, España recibió un crédito de trescientos cincuenta mil dólares que permitió la obtención de un primer reactor nuclear y pequeñas cantidades de uranio enriquecido como combustible. Estas ayudas permiten que el 27 de diciembre de 1958 el general Franco acompañado de Carrero Blanco, inaugure el Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón en las instalaciones construidas en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Referencias :
Episodios ocultos del franquismo, de  José Luis Hernández Garvi
Claves ocultas del poder mundial, de José Lesta
Vengo a salvar a España , de José Rueda

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