En las 22 naciones miembro de la Liga Árabe, hay soldados que son niños menores, que experimentan una realidad violenta y que aun hoy ven frustrados sus sueños.

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Cuando llega agosto, la mayoría de los niños saben que se trata del mes en que más son agasajados por sus padres y por la sociedad en general. Justamente hace unos pocos meses, en la ciudad de Doha, capital del estado de Qatar, se realizó un congreso juvenil islámico, el 10º Foro Árabe de la Infancia, destinado a alentar el desarrollo de la capacidad creativa de los niños, según lo subrayaron sus organizadores.

Durante cuatro días, se reunieron representantes de diversos países árabes a fin de trazar políticas comunes que procuren introducir a los chicos en un universo educativo, cultural y tecnológicamente alentador, despertar en ellos el patriotismo, la fraternidad y la hermandad. Claro que para la consecución de estas ideas y sentimientos, todos los analistas coinciden en que se necesita más que voluntad.

Los gobiernos compartieron su preocupación para asegurar el bienestar de la infancia, aunque esa meta, según el escenario, a veces tropieza con enraizados hábitos y asimetrías socioeconómicas.

Si bien los países representados comparten idioma, cultura y religión, tienen algunas realidades dispares que, en mayor o menor medida, inciden en sus nuevos ideales. Hay vivencias que parecen impensables en algunas zonas, pero que son rutinarias en otras. Como es fácil de imaginar, gran parte de esos menores han sido y siguen siendo testigos de guerras o víctimas civiles de sistemáticos ataques y amenazas.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) reconoce que, de los 27 millones de personas en el mundo que viven desplazados dentro de más de 50 países a causa de conflictos armados, casi la mitad –o sea más de 13 millones– son niños.

El representante especial del secretario General de la Organización de las Naciones Unidas para la Niñez en Conflictos Armados sostiene que los menores desplazados son los más vulnerables e invisibles en el mundo, entre otras cosas por las vagas medidas estatales para cuidar a los niños, que son el futuro de la humanidad.

En las 22 naciones miembro de la Liga Árabe, hay soldados que son niños menores, que experimentan una realidad violenta y que aun hoy ven frustrados sus sueños de poder desarrollar su creatividad.

Hay rígidas tradiciones que, aunque concebidas para el bien de la niñez, afectan por igual a menores nacidos en países con pobreza generalizada como a súbditos de esas “petromonarquías” con avanzados índices tecnológicos, educativos y culturales, que están siendo revisados hoy en día.

La única resolución que se obtuvo del 10º Foro Árabe de la Infancia fue una declaración final que terminaba diciendo: “…se agradece al Foro por permitir reunirnos y conocer a personas de otras naciones árabes, lo que nos ayudará a no estar aislados… además, reafirmamos que trabajando todos juntos, apoyando a los maestros y a los niños, con la ayuda de Dios Todopoderoso, entonces sí podremos lograr la tan ansiada paz mundial”.

Wâ Salam ‘Aleikum (la paz sea con todos).

Por Ali Alejandro Badrán, Imám, integrante del Comipaz.
Con información de La Voz

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