Los faraones en sandalias

Una muestra del Museo Egipcio de Cairo muestra el calzado usado en el Antiguo Egipto, con predominio de la sandalia.

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De papiro, cuero, fibra vegetal u oro. Diversos materiales pero, casi siempre, un mismo tipo de calzado: la sandalia. Cuando los antiguos egipcios se protegían los pies, desde súbditos a faraones, las chanclas eran la mejor opción para hollar la tierra árida y ardiente que habitaban. Una exposición del Museo Egipcio de Cairo ofrece un singular recorrido por las alpargatas que han sobrevivido sin demasiados achaques a milenios de azarosa historia.

“Lo cierto es que la mayoría del calzado se encuentra en un estado muy bueno. Son pocos los que necesitan cura. Aunque están elaborados en materiales orgánicos que se deterioran con rapidez, el clima seco de Egipto los han conservado en perfectas condiciones”, explica el arqueólogo holandés André Veldmeijer, el comisario de la exhibición Caminando a través del tiempo. Calzado en el Antiguo Egipto. Durante la última década se ha pateado los museos del país árabe, sus almacenes y el inventario de las misiones que horadan su terruño en busca de babuchas.

La muestra, que incluye unos 40 ejemplares, es una pequeña selección de sus hallazgos. “Comencé hace unos 12 años con la idea de indagar en el calzado. He encontrado mucho más de lo que esperaba porque los objetos también explican el proceso de elaboración y los materiales empleados, que se repetían a pesar de que se fabricaran en lugares diferentes”, apunta el investigador, profesor visitante de la elitista Universidad Americana de El Cairo. “El resultado -agrega- nos acerca al Antiguo Egipto, que a menudo aparece como un mundo distante de momias, templos y tumbas. Sus habitantes eran como nosotros”.

En las vitrinas -dispuestas en una sala donde el orden contrasta con el hacinamiento del resto del museo- triunfa la moda de la chancla. La mayoría es fiel al mismo modelo: todas sujetan el pie con sendas bandas que pasan sobre el empeine y entre los dos primeros dedos. “Se demuestra que compartían con nosotros el gusto por la moda y que le prestaban importancia al cazado que llevaban”, señala a este diario la egiptóloga Salima Ikram, que ha ayudado en la investigación de un aspecto de la vida diaria poco conocido hasta ahora.

Las suelas que más fascinan a esta experta son los ejemplares hallados en las tumbas reales. “Impresiona ver un mismo modelo de sandalias hecho en papiro y en oro”. Sin duda, la joya de la exposición es uno de los muchos pares que se encontraron en la sepultura de Tutankamon entre su inmenso ajuar: una chancleta de cuero fino que guarda en su delgado esqueleto una representación de los rivales del monarca.

“Es un calzado muy interesante. En la planta de la sandalia aparecen pintados los enemigos de Egipto. Así, cuando el faraón caminaba con ellas, iba aplastando a sus rivales”, comenta el ministro de Antigüedades egipcio Mamduh el Damati. “Son objetos -arguye- que tenían un sentido ceremonial e incluso funerario. Se colocaban en la tumba del monarca para que no caminara descalzo tras su resurrección. Por eso es posible hallar ejemplares realizados en oro”. La muestra expone especímenes curiosos como un botín de cuero con decoración en color verde, una obra maestra de artesanía muy deteriorada que puede admirarse también a partir de una réplica.

©Francisco Carrión
©Francisco Carrión

La travesía por el calzado que lucían los faraones desde los tiempos pre-dinásticos (3.000 a.C.) ofrece, además, información valiosa sobre la técnica; su relación con la religión o la muerte; el estatus que concedía cada modelo, desde campesinos a sacerdotes y soberanos, y el modo de caminar o las lesiones de los antiguos egipcios. “A mí me sigue sorprendiendo que alguien hace 4.000 años llevara estos zapatos. Y más aún pensar que quienes los calzaron murieron pero que lo que protegía sus pies está aún con nosotros”, concluye Ikram.

Por Francisco Carrión
Con información de El Mundo

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