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Conde Kalergi y el plan para dominar Europa 2

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Conde Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi.

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A finales del año 2000, los medios de comunicación emitieron discretamente la recomendación de la ONU de acoger a 650 millones de inmigrantes en la Unión Europea en un plazo de 50 años para compensar la baja natalidad en los propios países de Occidente. Pero lo cierto es que no es Europa la que necesita esto, sino el plan Kalergi, que precisa de 650 millones de inmigrantes para destruirla.

La equilibrada natalidad francesa demuestra que estas noticias no son verídicas. El sistema de atención a los niños, cuidados desde la cuna hasta su formación profesional, permite que la mujer, forzada a trabajar por la sociedad industrial moderna, pueda seguir ejerciendo su derecho a la reproducción. Así, en Francia se reduce el radio de acción para el Plan Kalergi.

Si hicieran caso a los proyectos de avalancha extranjera de la ONU, los 300 millones de europeos tendrían que renunciar a la reproducción para traspasar pacíficamente su país y su cultura, a otras etnias.

Como compensación, los profetas de esta política colonizadora como el Profesor Rainer Münz, Profesor Bert Rürup y Rita SüBmuth, prometen que los nuevos pobladores serán capaces de, no sólo mantener a sus propios padres, sino también a nuestros ancianos; y que financiarán cuidadosamente a nuestro pueblo en desaparición (la mentira sobre la jubilación).

Pero en realidad, los nuevos colonos ni disponen de los medios, ni de la voluntad, para asegurarle una pensión próspera a nuestras dos últimas generaciones.

Los incorruptos no pueden entender nuestro suicidio étnico: mientras parejas sin hijos disfrutan de catorce pagas y dos vacaciones anuales, familias enteras viven por debajo de la media como minorías desdeñadas.

Los judíos y gitanos sólo persistieron como etnia porque se negaron consecuentemente y durante 2.000 años a la integración. El hecho de que todavía existan irlandeses en el norte de Irlanda, chechenos en Chechenia, kurdos en Kurdistán, alemanes en Tirol del Sur y Alsacia, Bretones en la Bretagne y apaches en Arizona, se debe a su decidido rechazo a la integración de los reprimidos.

Si nuestros políticos prometen la «integración de los extranjeros», nosotros y los propios forasteros tenemos razones de sobra para creer en lo que dicen. La integración forzosa, la renuncia a la propia lengua y cultura, al recuerdo de una comunidad de parentesco ancestral es – así está escrito – un genocidio.

Quien no reconoce nuestro Estado alemán y nos obliga a compartir el territorio usurpado en 1945 con otros, ha de saber, que no nos queremos integrar en la cultura de los desplazados y que los alentaremos a que también ellos mantengan su lengua materna, su religión y su cultura, mientras vivan entre nosotros.

Después de pretender que la vuelta de los judíos a Palestina estaba justificada por 2.000 años de nostalgia por su país, no es sabio pretender que los forasteros venidos a Alemania anulen su añoranza de retomo a sus patrias.

Vivir en otro país, en este caso en Alemania, no es el máximo deseo de ningún forastero. La esperanza de volver a su territorio autóctono es, ante todo, la meta más firme que cohesiona toda su comunidad.

Por ello, el negarse a la integración, supone tanto la salvación del nativo, como del que fue atraído, y es el primer deber de cada pueblo.

Desde hace un tiempo, nuestros gobernantes han cambiado sigilosamente la ley de la nacionalidad. Justificaron este paso considerando que la definición de la nacionalidad alemana por origen, cultura y lengua materna, estaba anticuada y que debía ser suplantada por una nación de ciudadanos modernos.

Por consiguiente, en lugar del origen y la lengua como lazo de unión para el pueblo, debe constar en su lugar el de «patriotismo constitucional». En lugar del orden divino, debe haber una «nación» artificialmente creada.

Aquí hay que tener en cuenta, que la constitución le fue impuesta al pueblo alemán por las potencias vencedoras.

Tan absurdo cambio de la definición nacional fue apoyado enérgicamente por personalidades judías en Alemania, como Daniel Cohn-Bendit, Michel Friedman y Paul Spiegel. Hay que hacer notar aquí que los tres políticos, líderes judíos en Alemania, son partidarios incondicionales de la política israelí, que precisamente sí conserva el antiguo concepto nacional, al igual que la opositora Palestina: el de la ONU, del origen y la cultura.

El vehemente empeño por introducir, en Alemania primero, la nueva definición, tuvo éxito: La palabra «Volksdeutscher», (perteneciente al pueblo alemán) con la que se llamó a los paisanos expulsados tras la Segunda Guerra Mundial, se borró de la noche a la mañana del lenguaje de los defensores de derechos humanos, reporteros y políticos.

Los paisanos alemanes de Rusia pasaron a llamarse rápidamente «emigrantes» y se dificultó su vuelta a Alemania . Los políticos alemanes iniciaron una política migratoria sin precedentes, y frenaron la vuelta de los grupos de población alemana de Rusia, reduciendo sus derechos, mientras fomentaban la inmigración racialmente selectiva de judíos rusos a Alemania.

Y, a pesar de todo, la definición «anticuada» de la nacionalidad es la única válida y está reconocida por las Naciones Unidas.

El término «nation-building» (creación de una nación de manera controlada y artificial), fue creado en un acto de sacrilegio, para que el imperio americano mantuviera el poder en las zonas europeas de ocupación. Serán imprevisibles las consecuencias para las minorías de este mundo, si no nos defendemos ante el crimen que se comete con nosotros.

La falsa definición a la que se obliga a los alemanes también supone una amenaza para todos los pueblos del mundo. Imagínese, si la nacionalidad prevaleciera sobre el origen popular, entonces en Turquía no habría kurdos, sino sólo turcos; en «Israel» , (Nota de la Bitácora: en realidad se refiere a la Palestina ocupada), no habría palestinos, sólo judíos, (Nota de la Bitácora: en realidad ese es el plan del gobierno sionista); en los EEUU no quedarían indios, sólo americanos; en el Tibet no habría tibetanos, sólo chinos; y la lista se podría prolongar interminablemente.

 La nueva ley alemana de nacionalidades niega las etnias y legitima su eliminación – cuando menos – no de forma violenta. También hace ininteligible a Europa el deseo de separación territorial de palestinos y judíos entre Jordania y el Mediterráneo. ¿Es ésto acaso intencionado ?

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Para tapar el hueco dejado por la negación de las etnias y las comunidades consanguíneas, y seguir legitimando el mantenimiento de cada uno de los Estados, los seguidores del plan Kalergi se vieron obligados a encontrar un sustituto al patriotismo constitucional. Como modelo para esta palabra clave, se utilizó la situación americana.

En realidad, el pueblo no tiene porqué servir a la constitución, sino que la constitución ha de servir al pueblo. El patriotismo constitucional sería idolatría, mientras que la fidelidad al pueblo sería servicio a la humanidad.

Si un pueblo pierde el derecho de poder cambiar su constitución cuando quiera, ésta deja de ser un instrumento de servicio y se convierte en una atadura impuesta que amenaza la democracia y la soberanía del pueblo.

Entonces también surgirá la pregunta: ¿De dónde provienen nuestras constituciones y quién nos las impuso y con qué fin ?

Si el Plan Kalergi se cumpliese, sería una vía sin retorno para todas las etnias de Europa.

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Conde Kalergi y el plan para dominar Europa

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Conde Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi.

El Conde Kalergi estaba a la cabeza de la conspiración que amenaza la subsistencia de los pueblos de Europa. Ya en 1923, y ante sus hermanos masones, este oscuro personaje proclamó que Europa sería dominada por una «raza aristocrática judía». Con tal fin, los europeos debían «ser cruzados» con negros y asiáticos como si de animales se tratara. De este «cruce», Coudenhove-Kalergi esperaba la consecución de una clase humana inferior fácilmente gobernable y sin carácter.

Mucho se ha hablado en las últimas décadas sobre un libro que anduvo dando vueltas, llamado ‘Protocolos de los Sabios de Sión’. La comunidad judía vociferó a gritos que los mismos eran falsos, que eran un plan de desprestigio, un panfleto antisemita (sic), una burda y barata mentira… A pesar de ciertos vestigios de presencia israelí en la Patagonia argentino-chilena que permite dar cierto crédito a dicha publicación, supongamos que no es real, que hemos sido timados en nuestra buena fe… y de pronto recordamos la frase de Franz Radl:

«Cuánto nos alegramos de saber que los ‘Protocolos de los Sabios de Sión’ fueran falsos…hasta que nos llegó la mala noticia: el Plan Kalergi es auténtico y nosotros somos testigos de su realización.».

Hay, de un tiempo a esta parte, noticias que hacen pública dicha política, por ejemplo, el europarlamentario Iñigo Méndez Vigo alabó los logros de Kalergi desde 1922 (¡!) y aseguró que, a partir de ahora, se seguirán sus directrices en las convenciones europeas. (1)

Hagamos un poco de historia

El siglo pasado, el imperio americano intentó hacer caer «la Europa de las patrias» y forzó a Alemania en dirección a Maastricht siguiendo un plan preparado durante décadas, ideado por Otto de Habsburgo, Edvard Benesch -el homicida de los alemanes de la región súdete-, Konrad Adenauer, Winston Churchill, la Banca Warburg, los mayores diarios americanos y, finalmente, la masonería y el servicio secreto de la CIA americana. Los gobiernos fueron obligados a acordar convenios secretos para fomentar una inmigración constante y progresiva.

Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, y el antiguo canciller Kohl elogian a Kalergi como fundador de Europa, de hecho, la bandera de la Unión Europea fue diseñada por Kalergi: las doce estrellas amarillas que la adornan, no simbolizan los primeros estados miembros de la UE, sino a las doce tribus de Israel.

Lo importante a entender aquí es que, el imperio de los Estados Unidos reemplazó al Plan Morgenthau (2) por las maquinaciones de Kalergi y trata de realizarlas para subyugar Europa.

En realidad, pocos saben que el racista más poderoso del siglo XX no se llamaba Adolf Hitler sino Coudenhove-Kalergi. En ningún libro escolar se menciona su nombre, la mayoría de nuestros «intelectuales» jamás oyeron hablar de él. Sólo algunos entendidos en política han oído hablar algo de este tema. Según ellos, desde el fin de la Primera Guerra Mundial, una raza aristocrática de judíos exigiría el poder para dominar a un pueblo mestizo que surgiría de la fusión artificial de blancos, negros y asiáticos.

Entre los pocos que saben de Kalergi, se encuentran muchos que lo consideran un loco sin importancia, un fantasma cuyas tesis, que no están falsificadas como los «Protocolos de los Sabios de Sion», aunque contienen un pletórico racismo judío y el sueño del dominio judío sobre el mundo, no son tomadas en serio por nadie. En realidad, el personaje dirigía a parlamentos y gobiernos con mucho sigilo y «pies de plomo», y sus propósitos se están cumpliendo irremediablemente hasta nuestros días.

En 1926, Kalergi volvió de dar unas conferencias por Estados Unidos con la certeza de haber convencido a la opinión pública americana del plan de apoderamiento judío de Europa. Allí le esperaban dos nuevos seguidores: el ministro de asuntos exteriores francés, Aristide Briand, y el canciller alemán, Stresemann. En el mismo año, el que más tarde se convertiría en el genocida checo de 300.000 alemanes sudetes, Edvard Benesch, fue nombrado presidente honorífico. El hasta ahora casi desconocido Kalergi, también negociaba con Mussolini para restringir el derecho de autodeterminación de los austríacos y favorecer todavía más a las naciones vencedoras, aunque fracasó.

Sin respetar los fundamentos de la democracia y con la ayuda del «New York Times» y el «New York Herald Tribune», Kalergi sometió al congreso americano a sus planes. Su desprecio por el principio del gobierno popular, lo manifiesto en una frase de 1966, en la que recuerda sus actividades de posguerra:

«Los siguientes cinco años del Movimiento Paneuropeo se dedicaron principalmente a esta meta: con la movilización de los parlamentos, se trataba de forzar a los gobiernos para que construyeran Paneuropa.»

Ayudado por Robert Schuman, ministro de exterior francés de noble proveniencia judía, Kalergi logra quitarle al pueblo alemán la gestión de su producción de acero, hierro y carbón, y la pasa a soberanía supranacional, o sea, antidemocrática. Aparecieron otros nombres: Degasperi, el traidor de la autodeterminación de los Tiroleses del Sur y Spaak, el líder socialista belga. Finge querer establecer la paz entre el pueblo alemán y el francés a través de los herederos de Clemenceau, quien ideara el plan genocida de Versalles.

Ya en los años veinte, determina el color azul para la bandera de la Unión Europea. El papel líder de Kalergi en la creación de la Europa multicultural y de la restricción del poder ejecutivo de parlamentos y gobiernos, queda patente hasta nuestros días, y se manifiesta en el otorgamiento del «Premio Coudenhove-Kalergi» al canciller Helmut Kohl como agradecimiento por seguir dicho plan, así como en el elogio y la adulación del poderoso personaje por parte del masón y europolítico, el primer ministro de Luxemburgo, Juncker.

 ¿Qué es el Plan Kalergi?

EN sus primeros manifiestos escritos entre 1923 y 1925, el Plan Kalergi exigía que los judíos tomasen el poder, primero en Europa y después en todo el mundo.

El plan se basa en un racismo judío utópico y se refiere a una «raza superior» (Herrenrasse) judía. La expresión «Herrenrasse», achacada erróneamente por los historiadores a Adolf Hitler, en realidad fue inventada por Coudenhove-Kalergi para corroborar la reivindicación de la soberanía judía en Europa y en el mundo. También el término «raza noble judía» es utilizado constantemente.

Con motivo de la creación de este imperio judío, Kalergi proclama la abolición del derecho de autodeterminación de los pueblos y, posteriormente, la eliminación de las naciones por medio de movimientos étnicos separatistas o migraciones alógenas (3) en masa.

Para que Europa sea dominable por los judíos, pretende transformar los pueblos homogéneos en razas mezcladas de blancos, negros y asiáticos. A estos mestizos les atribuye crueldad, infidelidad y otras características que, según él, deben ser creadas conscientemente porque son indispensables para conseguir la superioridad de los judíos.

Mucho antes que Hitler, Kalergi compartía la opinión del alto rendimiento de la «raza nórdica», pero no aspira al fomento de la misma, sino a su destrucción. Por este motivo, pretende influir en la Creación, porque piensa que al cruzar las razas, se eliminarán talentos y características admirables de cada una de ellas. A pesar de su valoración positiva de esta raza, crea el plan de su exterminio únicamente porque dice necesitar a mestizos fácilmente manipulables para cuando los judíos tomen el poder.

En la actualidad, encontramos otra fea palabra en los medios de comunicación americanos cuando se refieren a la colonización de Afganistán e Irak, otro de los muchos signos que prueban que la semilla de Kalergi sigue germinando: Se trata de «nationbuilding» y significa algo así como la creación artificial de naciones a manos del hombre.

En cuanto a la idea de Kalergi sobre el hombre cruzado consanguineamente, encontramos grandes conocimientos sobre la evolución y la cría de razas que en algunos puntos concuerdan asombrosamente con las investigaciones de Darwin y las, todavía no redactadas, teorías del Tercer Reich. También la ciencia moderna, impulsada sobre todo por Israel, que con el análisis del ADN puede distinguir a los judíos de sus primos, los árabes, confirma los conocimientos de Kalergi sin que se pueda averiguar la proveniencia de dicha sabiduría.

Kalergi se declara en pro de un «pacifismo» que exige la paz de las naciones, pero permite la violencia del poder judío. 

Sólo apoya la declaración de igualdad ante la ley, hasta que el sistema judicial actual sea abolido. A esto lo llama él «eliminación de la desigualdad injusta». Tras la toma del poder por parte de la «raza noble judía» conseguida gracias a la exigencia de igualdad, ésta quedará anulada. A partir de entonces, los judíos consolidarán su soberanía sobre los no-judíos con la «desigualdad justa».

Este concepto de justicia se parece bastante a la interpretación del dictador Bush Júnior: El también desdeña leyes y cláusulas que el propio país defiende y exige, cuando se trata de atacar a otros pueblos.

Kalergi declara a los hombres incapaces de gobernarse a sí mismos, de ahí que proclame un Nuevo Orden Mundial. Con la abolición global de la democracia, los judíos pretenden llevar la paz, la cultura y la alimentación a toda la humanidad.

Califica de «afortunada providencia» el hecho de que la humanidad puede ser dirigida por esta «noble raza judía». Considera a los judíos como líderes del socialismo, del comunismo y del capitalismo, coincidiendo en esto con el punto de vista de los nacionalsocialistas.

La gran influencia judía en el gobierno estadounidense o en los servicios secretos es fácilmente comprobable. Así, un 37 % de los miembros del NKWD (4) pertenecían a la etnia judía, sobre todo, en el caso de los altos mandos, si bien, en términos generales, y en relación a su participación desmedida en estas ideologías, los judíos quedaron en minoría.

Así, Kalergi no ofrece suficientes pruebas sobre la superioridad de los judíos. Stalin los destituyó con la represión de la «rebelión de los médicos», de manera que, incluso hoy en día, el partido comunista guarda sentimientos de hostilidad contra ellos.

Cuando propuso su plan y se jactó del liderazgo judío dentro del comunismo y el capitalismo, los bolcheviques ya habían matado a millones de enemigos políticos.

Quiere ver reunidos «pólvora, oro y tinta» en las manos de la «raza superior judía». Con esto, Kalergi expresa esas palabras claves, achacadas a los nazis, mucho antes de la aparición política de Hitler.

En general, confirma una sed de poder judía, como hasta entonces sólo la habían denunciado los antisemitas. Ahora se trata de comprobar, hasta qué punto sus planes se han llevado a cabo.

Según el principio de la democracia, el poder pertenece a la mayoría, y la minoría está irremediablemente apartada del mando. Cuando la minoría más pequeña está en la cúpula, es cuando se habla de tiranía.

Sin embargo, en el plan de apoderamiento judío, una minoría reclama la inmunidad ante cualquier reprimenda política. Como la «raza superior judía» es la minoría más pequeña que jamás haya aspirado al poder, Kalergi, con sabia previsión, ya a principios del siglo pasado reivindicaba la protección de actividades políticas judías por el derecho penal. Exigía la penalización de «campañas difamatorias contra minorías religiosas o raciales» en toda Europa. Si miramos a nuestro alrededor, parece haber alcanzado su meta: Hasta donde llega Europa, se puede reprender y hasta insultar a las mayorías impunemente, pero las minorías están protegidas por la ley contra cualquier crítica.

El yugo creado por Kalergi en 1924 para reprimir a las mayorías, otorgar poder a las minorías impide cualquier crítica al mando judío, y está siendo efectivo hasta en el nuevo milenio.

Los políticos de su tiempo escucharon a Kalergi, las potencias occidentales se basaron en su plan y bancos, prensa y el servicio secreto americano, financiaron sus cometidos.

Lo innovador de su plan no es que acepte el genocidio como medio para alcanzar el poder, sino que pretenda criar una subespecie la cual, gracias a sus características negativas como debilidad e inestabilidad, garantice la tolerancia y aceptación de esa «raza noble».

Uno de los antidemócratas más prominentes, el primer ministro de Luxemburgo, J.C. Juncker, se declaró abiertamente en pro de Kalergi y sus seguidores. Asimismo, nombró a varios líderes políticos europeos que habían pertenecido a la conspiración de Kalergi.

En 1928 se sumaron célebres políticos y masones franco-judíos: Léon Blum (más tarde primer ministro), Aristide Briand, É. M. Herriot, Lou-cheur. Entre sus asociados se encontraba gente tan dispar como el escritor Thomas Mann y el retoño del Kaiser, Otto de Habsburgo.

Entre sus promotores, aparte de los ya mencionados Benesch (Decretos de Benesch), Masaryk y la banca Warburg, también se encontraban el masón Churchill, la CIA, la logia judeo-masónica B’nai B’rith, el «New York Times» y toda la prensa americana.

EN el año 1948, Kalergi consigue convertir el «congreso de los europarlamentarios» de Interlaken en un instrumento para obligar a los gobiernos a volver a tratar la «cuestión europea», es decir, a llevar a cabo su plan. «Justo entonces» se funda el «Consejo europeo» y en la cumbre de la delegación alemana se encuentra Konrad Adenauer que es apoyado por la CIA. Tras alabar la fidelidad de Adenauer hacia la OTAN y los EEUU, Kalergi finaliza su artículo aquí citado de 1972 con una amenaza directa:

«Mientras la República Federal mantenga el legado de Adenauer, su futuro estará a salvo, pero si revela este legado, firmará su sentencia de muerte. »

Con su negativa a participar en la guerra de Irak, Gerhard Schróder fue el primer canciller alemán después de 1945 que, en marzo del 2003, actuó en contra del régimen estadounidense. Su fugaz acuerdo con Rusia y Francia contra la guerra ofensiva de los americanos, se consideraría como la traición de un vasallo.

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Notas:

  1. Paneuropa Ósterreich» n° 9 de 03, 1040 Viena, Prinz-Eugenstrafie 18/14
  2. El llamado Plan Morgenthau fue una de las propuestas aliadas para ocupar Alemania al ser derrotado este país en la Segunda Guerra Mundial. Este plan fue propuesto en 1944 por el entonces Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau Jr., y se caracterizó por la aplicación de severas medidas hacia la Alemania derrotada, cuyo objetivo era evitar que un estado alemán alcanzara suficiente poder militar para atacar a alguno de sus vecinos de nuevo, desposeyéndola tras la guerra de todo su potencial industrial. Como muestra del resentimiento anti-alemán por considerarlo responsable de la guerra, entre algunas otras de las medidas contempladas estaba el plan para esterilizar a los varones alemanes menores de cuarenta años.
  3. Significado de alógeno: adj. De raza distinta a la del grupo en que se encuentra incluido.
  4. NKVD: Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos de la URSS (Narodnyj Komissariat wnutriennich Diel SSSR) – órgano del Estado (ministerio),parte del Consejo de Comisarios del Pueblo del gobierno de la URSS , que ha existido bajo este nombre entre los años 1917-1946. Gienricha Bayas, Comisario del Pueblo de Asuntos Internos (jefe de la NKVD), fue uno de los elementos de la preparación de Stalin para los grandes años de purga de 1936 a 1939. El NKVD centró todo el aparato de la represión policial de la URSS – desde el crimen de la policía a través de la inteligencia (INO) y contra-inteligencia, las fuerzas de protección de fronteras, los tribunales ad hoc administrativos (3 NKVD), el sistema de campos de concentración y trabajos forzados Gulag.

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