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El amor – Ahmad Yamani

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El amor

El amor
era un solo golpe sin hacha
ni mano.
Era un balde de agua fría
donde nadan la cabeza y los pies.
Y era una cama en un hospital
y la sangre que goteaba de la habitación al baño.
El amor
era el vómito en las casas de los amigos
que corrían aquí y allá
buscando la esperanza de sobrevivir.
El amor
era hiriente como una espina en una rosa
en un jardín mojado en una casa abandonada
donde vivió un hombre solitario
y fue enterrado en una de sus habitaciones.
El amor
era la habitación.
Era el zapato que no pareció del hombre.
Era la cortina desgastada
que cubría un poco sus restos.
El amor
era la criada, del hombre solitario,
quien golpeaba a los niños intrusos
y se iba a llorar sola
más sola que el dueño de la casa.
El amor
era el momento en que golpeaba a los chicos
que subían a los árboles de morera
en el jardín abandonado.
El amor
nunca ha sido el árbol de morera.
El amor
era ella
con su cara redonda y sus ojos distraídos
ella que era una vez.
El amor
era un salto desde el décimo piso
era fragmentación en el camino
y las gotas de sangre de la acera a la ambulancia.

El amor
era el delgado cuerpo que fue arrojado una vez desde el coche
era el coche que chocaba contra la farola.
El amor
era el armario cerrado
en la habitación cerrada
en la casa cerrada del abuelo.
El amor
era el cigarrillo encendido
del guardia de la casa del abuelo.
El amor
era el ladrón que iba a robar la casa del abuelo.
El amor
era la señora enferma
era el pánico de su cuerpo marchito,
sus ojos,
y los alimentos cocidos que le llevaban
El amor
era el hacha que golpeaba.
El amor
era la mano que sostenía el hacha.

Ahmad Yamani

©2016-paginasarabes®

El grito – Ahmad Yamani

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El grito

Mi hermana gritó en la noche:
¡Llevadme a casa de mi hermano!
Y allí gritó la misma noche:
¡No, no, devolvedme a casa de mi padre!
La devolvieron
y, cuando estuvo a punto de gritar de nuevo,
la noche ya había pasado
y los hombres fueron al trabajo.

Mi hermana gritó en la noche:
¡Llevadme a casa de mi padre!
La llevaron
y allí gritó:
¡No, no, devolvedme a casa de mi marido!
La devolvieron
y, cuando estuvo a punto de gritar de nuevo,
la noche ya había pasado
y los hombres fueron al trabajo.

Mi hermana hace años que no grita ya.
Simplemente, camina por la calle,
echa un vistazo a cada casa que ve
y sueña que está gritando en la noche
que se la lleven y la devuelvan,
en un recorrido sin principio ni fin.

Por este camino anduvo,
y vio un cadáver tirado en la cuneta
con un agujero en el pecho por el que la sangre se escapaba a borbotones.
Rápidamente,
hizo una pasta con saliva y polvo
y tapó el agujero.
El cadáver respiró
y se puso de pie en forma de esqueleto,
le dio un beso y regresó a su lugar.

Mi hermana gritó en la noche:
¡Llevadme al camino!
Gritó, y la noche se estaba yendo,
y los hombres van al trabajo.

Ahmad Yamani

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