Ahmad Yamani,un poeta de otros mundos

Dicen las enciclopedias que la poesía es la manifestación más antigua de la literatura árabe y que en el siglo VII ya aparece estructurada. El Islam vino después. Refugio de Huesos es un poemario que sabe a verdad. Una lectura también recomendada para los veranos, más allá del turisteo de la literatura. Este poemario son palabras mayores. Una delicia para los sentidos. Un irreductible espacio indomable para soñar.

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Para quienes creemos que la poesía es revelación del tránsito por la vida, misterio  presentido y puesto en palabras. Para quienes pensamos que la poesía es lo más cercano a la religión, y hacemos de la patria que es la infancia, nunca sepultada del todo por el acontecer asustadizo del mundo adulto, la edad del origen y  la misma edad del tiempo. La poesía es el tiempo. Y es el espacio.

La poesía existirá mientras haya un ser que cante la vida o una luz que cruce los abismos, mientras que un cuerpo pase sobre la línea iluminada entre dos oscuridades. Porque la poesía es el verbo. Es la luz. Es la vida.        

Ahmad Yamani es licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Cairo, y trabaja para Radio Exterior de España, país donde reside desde hace 14 años. Ha traducido entre otros a los americanos Rubén Darío, César Vallejo, el portugués  Fernando Pessoa, el brasileño Carlos Drummond de Andrade  o los españoles Miguel Casado y José Ángel Valente. En 1991 ganó el premio “Rimbaud” -en homenaje al poeta francés- galardón concedido por el Ministerio de Cultura Egipcio y el Ministerio de Cultura Francés. En 2010 obtuvo el premio internacional “Beirut 39”, como uno de los mejores escritores árabes en el certamen organizado por el Hay Festival. Y por último ha sido reconocido con el premio Poetas de Otros Mundos, creado por el poeta Ángel Guinda y la editorial Olifante. El primer premiado fue el chileno Theodoro Elssaca, y este año en septiembre lo recibió el peruano Leo Zelada.

Tuve conocimiento de la existencia del poeta Ahmad  Yamani a través  de la traducción que había realizado para El Libro del Perdón, escrito por su paisano el egipcio Ali Al-dimshawy, publicado en la antología Los Poetas de la Senda, en cuyas páginas podemos leer:

“La madre ¿Quién es esa mujer que me alimenta de sus lunas, para no sentir jamás, pendiendo del Corán de mi bolsillo para que no me pierda? Mi madre me agobió con su amor y después se fue”.

La fuerza magnética con que escribe el creador Ali, es reproducida sin almibaramientos en la traducción por lo que podemos deducir que el poeta y el traductor se funden en una hermosa creación insobornable. Como dice el poeta José Sarría en el libro Hijos de la travesía,  siete poetas árabes actuales.

La poesía del egipcio Ahmad Yamani, supone un novedoso descubrimiento creativo, por ser la suya una poesía con una propuesta estética de elevado  riesgo, creando una iconografía muy personal (como el largo poema, de corte onírico, La utopía de las tumbas).

“Dios tiende su sombra sobre el hoyo en el que nos encontramos, y nos deja demorarnos en el sueño”.

Este poema es el primer grano de las arenas que terminarán formando las dunas de un desierto que es el cuerpo de Ahmad. Tierra donde vive, piel regada por las aguas que son los poemas de Yamani.

“EL FUNERAL. Chimo ha muerto esta mañana. Chimo no era mi amigo, pero ha muerto. Hablaba como quien salda una vieja deuda a las palabras, que estaban a punto de abandonarle. Me pondré el abrigo negro e iré al funeral. Y, cuando vuelva, me sonreiré a mí mismo; hoy ha muerto Chimo, uno de mis conocidos, y ya no soy un forastero en este país”.

La poesía nos salva de ser esclavos de la miserable crueldad del mundo, nos hace ir hacia la belleza que es la única patria posible. La  poesía es el canto de la belleza. No tiene fronteras. No tiene enemigos. Nos ayuda a ser espíritus libres, a soñar sin descanso, imaginar mundos y volar en territorios prohibidos, donde cantar la verdad en toda su crudeza es un riesgo.

Por Chema Rubio
Con información de Madrid press

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