El legado fenicio en la España antigua

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Los Fenicios, un extraordinario pueblo que amaba las artes, la investigación, la filosofía, la ciencia de la navegación. Dominaron todo el Mediterráneo con sus veloces barcos y comerciaron con todos los pueblos de la antigüedad. Su afán de exploración los llevó a navegar desde el Estrecho de Gibraltar hasta América, mucho antes que Cristobal Colón.

El legado fenicio y cartaginés en la España Antigua duró unos 1400 años, desde finales del segundo milenio a.C. al 400. Los fenicios venían en busca de metales. Trajeron la escritura, el hierro, el aceite, nuevas técnicas de explotación de las minas. Introdujeron sus dioses, sus templos, sus rituales religiosos y la cremación de los cadáveres y el urbanismo del Oriente. Una serie numerosas de santuarios del sur de España son fenicios. Hubo una colonización fenicia en el Guadalquivir. Invadieron el Oriente de metales procedentes de las minas y de salazones. Durante el siglo V a.C. lucharon iberos como tropas mercenarias en el ejército fenicio en Sicilia. Con la llegada de los Bárquidas hubo una verdadera conquista de todo el sur y levante, y una penetración hasta el interior de la meseta. Se explotaron a gran ritmo las minas con nuevas técnicas de explotación y las pesquerías, en régimen de monopolio. Fundaron ciudades y acuñaron monedas. Las tropas celtibéricas y lusitanas participaron activamente en la Segunda Guerra Púnica. Se asentaron cartagineses en el sur. De Cádiz partieron las expediciones por el Atlántico en el s. V a.C. Todo el sur de España estaba habitada por cartagineses al final de la República Romana. En época romana se introdujeron nuevos dioses como Tanity Dea Caelestis. El culto a Melqart duró en Cádiz hasta el año 400.

Hace años los investigadores daban poca importancia al mundo semita en la formación de la cultura ibérica, valorándose sólo la aportación griega. Desde hace unos decenios cada vez es mayor la revalorización del impacto, en todos los órdenes, debido a las colonizaciones fenicia y cartaginesa.

Ya desde finales de la Edad del Bronce, siglos IX-VIII a.C., se señalan una serie grande de aportaciones fenicias, llegadas a comienzos de la colonización, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días.

En la actualidad se ha planteado la posibilidad de que hubiera habido una precolonización fenicia llegada a Occidente, que J. Alvar fecha poco antes del año 1000 a. C. La fecha más antigua dada por los autores antiguos a la llegada de los fenicios a Occidente se refiere a la fundación de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente.

El geógrafo griego Estrabón, contemporáneo del emperador Augusto (-27-14), en su Geografía (III.5.5), que es el libro más importante de la Antigüedad sobre la Etnología de los pueblos de la España Antigua, recoge la noticia -sin duda procedente de Cádiz-, de que los fenicios de Tiro realizaron tres viajes de tanteo hasta fundar Cádiz.

El primero llegó a Sexi (Almería); el segundo a Huelva, y el tercero y definitivo, a Cádiz. Lo primero que hicieron los navegantes fue levantar un santuario a Melqart, dios de Tiro, el Hércules de los romanos. El hispano Mela (III.46), que vivió en el s. I, menciona la ciudad, el santuario y su localización. El naturalista latino Plinio el Viejo, muerto en el año 79 con ocasión de la erupción del Vesubio, en su Historia Natural cita a Cádiz (IV.119), y da su longitud. Estrabón, Mela, Plinio y Veleyo Patérculo, propusieron la fecha de la caída de Troya -hacia el año 1250 a.C.- como fecha de la fundación de Cádiz. Los recientes datos arqueológicos de la ciudad proporcionan la fecha de finales del s. IX a.C.

Los fenicios trajeron a Occidente:

– La introducción de la pintura vascular, empleada en la actualidad. En la cerámica de Cástulo (Jaén) se copian motivos decorativos tomados de telas fenicias pintadas o bordadas, por las que las mujeres fenicias eran muy famosas.

– El uso de vestidos nuevos, como lo indica la presencia de fíbulas.

– La introducción de la escritura del S.O., documentada en la ría de Huelva en torno al 700 a.C. Los fenicios fueron los inventores del alfabeto, que copiaron los griegos.

– La propagación de armas nuevas, cascos con cuernos, carros, escudos, liras, etc., que usó una aristocracia guerrera indígena, atestiguadas en las estelas hispanas localizadas en la región que se extiende del Tajo al mediodía y en el valle del Ebro.

– La generalización entre los indígenas del aceite y del vino, en uso como alimentos hoy día, que a partir del s. VIII a.C. se cultivaron en las colonias fenicias de Toscanos, Chorreras y Mezquillita, y poco después entre los nativos del valle del Guadalquivir y del Genil.

Según Plinio (XV.1), siguiendo el testimonio de Ferrestela, que vivió en época de Augusto, el aceite se introdujo en Italia, España y África después del año 173 de la fundación de Roma. Antes había el acebuche, que era un olivo silvestre.

– La introducción en Occidente del asno, de la gallina y de la púrpura.

-Los garbanzos, las lentejas y las alcachofas (Plin. XIX.152), representadas en mosaicos de Hispania (Raba9al, A.S.) y del norte de África.

– La propagación entre los tartesios de la religión fenicia; rituales de culto (santuarios de Despeñaperros, Jaén; Híspalis, Carmona, etc.); rituales funerarios, parecidos a los seguidos por los fenicios asentados en Chipre, iguales a los descritos por Homero, que después se mantuvieron entre los pueblos tartesios, turdetanos e ibéricos; danzas fúnebres (Ategua y Medellín). La propagación entre la población del S. V del levante ibérico del culto a dioses fenicios, como Astarté, Bes, Reseph, Baal Hammon, al que los navegantes fenicios, que costeaban la Península Ibérica, consagraron tres cabos: los de Palos, de Segres y San Vicente, y una isla; de Baal Safón y de Melqart, este último contó en la ciudad de Cádiz con uno de los templos más famosos de toda la Antigüedad, en el que se mantuvieron los rituales del santuario de Tiro hasta finales de la Antigüedad, cuando el poeta Avieno lo visitó, año 400. En Cástulo y en otros lugares de la Península Ibérica (Carmona, Sevilla), los fenicios introdujeron un tipo de santuario que tiene paralelos en Oriente, Arslan Tash, Tell-Barsip, etc. Con estos santuarios tartésicos se relaciona la introducción de los peble-mosaics, mosaicos de guijarros (Cástulo).

– La introducción del ritual de Adonis (Híspalis), el amante de Afrodita. Muy venerado en el Líbano, en una versión muy arcaica, atestiguada en las Actas de Justa y de Rufina, mártires de comienzos de la Tetrarquía.

– Los fenicios trajeron a Occidente varios mitos del Oriente, como el de Gilgamesh y Enkidu y la ramera sagrada. (Pozo Moro, Albacete) y el de Habis. Un marfil de Medellín está decorado con un personaje que cubre la cabeza con un gorro picudo, que clava un puñal a un toro que embiste. M. Almagro Gorbea ha interpretado la escena como Melqart y el toro celeste. Con seguridad, no es un mito griego. El mito del robo por Hércules de los toros de Gerión podría haber sido traído al Occidente por los fenicios de Chipre, donde está bien documentado en Golgoi y Pyrga a finales del s. VI a.C. y a finales del s. VII a.C. respectivamente. Esta tesis ha sido propuesta por M. Almagro Gorbea y aceptada por nosotros. En el reverso del marfil se representó un árbol de la vida, hecho con palmetas de cuenco superpuestas, como en la pátera de Kurion. En el lado izquierdo está entronizada una figura femenina delante del árbol de la vida, de perfil, sujetando con las manos flores de loto, como en los marfiles de

Nimrud del Fuerte de Salmanasar III (558-824 a.C.). En el lado derecho se encuentra, colocado de pie y de perfil, un varón con flores de loto en las manos.

Estesícoro de Himera (640-555 a.C.), que habitaba en la colonia más occidental del Mundo Griego, situó el mito de Gerión en Eritheia, Cádiz, donde también lo colocó Hesíodo, hacia el 700 a.C., en la Teogonia (287 ss.). Estesícoro compuso un poema, de nombre Geroneiis, perdido, que se ha propuesto que fuera la fuente de la Biblioteca (2.510) de Apolodoro, probablemente en el s. I. El mito de Gerión fue muy representado en los vasos áticos de figuras negras. Otro mito de muy difícil interpretación traído por los fenicios, pero muy probablemente de procedencia siria, es el relieve empotrado en la torre funeraria de Pozo Moro, quizás de época -o por lo menos de estilo- orientalizante, en el que se representa un personaje entronizado con doble cabeza de carnívoro. La mano derecha sostiene en alto un cuenco con un niño en su interior. La mano izquierda sujeta las patas de un jabalí colocado de espaldas en una mesilla. Detrás, un hombre o mujer con cabeza de fiera se dispone a comer el contenido en otro cuenco. A la derecha, un personaje con cabeza y cola equina, con largo cuchillo acodado, descuartiza a otra víctima colocada en un taburete o altar. El personaje equino tiene un paralelo en un relieve del Museo Arqueológico de Ankara. Quizás sea un mito del tipo del de Cronos. Ni el mito de Gerión, ni el de Heracles y el toro celeste, ni el de Gilgamesh, ni el de Enkidu y la ramera sagrada, ni el relieve con posible Cronos tuvieron aceptación entre los iberos.

En Cádiz estaba abierto al culto un templo dedicado a Cronos (Str. III.5.3), al que todavía, a finales de la República Romana, se ofrecían sacrificios humanos.

Cronos es el Moloc fenicio, cuyo culto estuvo muy extendido en Canaán y en las colonias fenicias. Se le ofrecían sacrificios humanos (1Re 11.5.7.33; 16.3; 2Or. 28; Le. 18.21; 20.2). Salomón (965-928 a.C.) y Ajab de Israel (871-851 a.C.) fueron devotos de Moloc. En su honor, quemaban niño.

Cronos es Baal Hammon (Fil 2.14-16; Damasc. Isid. 11.5), y para los romanos, Saturno (Tert. Apol. 9.2-3). Las Sagradas Escrituras le llaman el dios de los ammonitas. Era venerado en Cartago, donde también se le ofrecían niños, introducidos en una estatua de bronce incandescente (Diod. XX.14.6).

– Los fenicios generalizaron en la Península Ibérica algunas técnicas nuevas de trabajar la joyería, como el granulado y el repujado, después muy utilizado entre los nativos.

– Introdujeron el uso y talla del marfil (Carmona, Medellín, etc.), con una técnica utilizada en Oriente (Meggido) a finales del III milenio y no empleada ya en el período orientalizante en Grecia, Etruria o Fenicia.

– Nuevas técnicas para la extracción de metales (Sierra Morena, Carro Salomón, Huelva y Cástulo, Jaén).

– La llegada de la metalurgia del hierro, en torno al 670 a.C. (Almuñécar, Granada).

– El alumbrado (Almuñécar) mediante lámparas de aceite, que ha llegado hasta el mundo moderno.

– Técnicas de construcción (Toscanos) usadas en el interior (Cástulo).

D. José María Blázquez Martínez

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