Leyendas no tan urbanas

Operación de búsqueda de dos cadáveres en un pozo de Cartagena, en 2008. Los cuerpos nunca fueron encontrados. ¿Realidad o leyenda urbana? / J. M. RODRÍGUEZ / AGM
Operación de búsqueda de dos cadáveres en un pozo de Cartagena, en 2008. Los cuerpos nunca fueron encontrados. ¿Realidad o leyenda urbana? / J. M. Rodríguez / AGM

José Manuel Pedrosa es profesor de Literatura en la Universidad de Alcalá y un gran especialista en literatura oral y antropología cultural. Ha escrito numerosos libros sobre leyendas, oraciones y conjuros o cuentos populares. Entre ellos ‘La autoestopista fantasma y otras leyendas urbanas españolas’, obra en la que define a la leyenda como «una narración oral o escrita que presenta hechos extraordinarios considerados como posibles o reales por el narrador y por el oyente, y relacionados con el pasado histórico y el medio geográfico de la comunidad a la que atañe o en la que se desarrolla la narración». Los personajes son, en algunos casos, conocidos, bien antepasados o vecinos inmersos en una trama sorprendente con elementos sobrenaturales o escasamente explicables desde un punto de vista empírico. La leyenda, el cuento y el mito comparten muchos elementos narrativos, aunque cuando se les sitúa en un plano mágico-religioso hablamos de mito; cuento cuando el relato no se referencia en lugar conocido ni en un tiempo histórico preciso; si, por el contrario, situamos la acción en un plano histórico y/o local hablamos de leyenda.

Hablamos de leyenda urbana, moderna o contemporánea a la que se caracteriza por su relativa precisa ubicación geográfica y cronológica, a la que se le otorga un alto grado de credibilidad. Normalmente las cuenta una persona que conoce a un primo, amigo o vecino de la persona que ha vivido la historia en primera persona, todas ella personas muy normales y corrientes. La localización de los hechos es eminentemente urbana como son centros comerciales, autopistas, alcantarillas, hoteles, casas u oficinas. No cabe duda que su actualización es eminentemente contemporánea pero sus largas raíces se hunden en lejanos siglos.

Uno de tantos ejemplos que podríamos poner es la leyenda de la autoestopista fantasma que nos conduce hasta la Ilíada y la Odisea, o las hagiografías medievales de santos, dioses o vírgenes que conducen a sus protegidos en trances peligrosos.

Las historias viajan ahora a gran velocidad gracias a las redes sociales y a los medios tradicionales.

La chica de la curva

De sobra conocen el relato de una chica que hace auto stop, normalmente vestida de blanco y en la noche. Al acercarse a una curva peligrosa la chavala le indica al generoso conductor que limite su velocidad por la existencia de una peligrosa curva. Tras pasarla, gira la cabeza para agradecerle el consejo y comprueba asombrado que su salvadora ha desaparecido. Interesado en el asunto, investiga y descubre que la joven que se le apareció es la misma que fue fotografiada en un periódico local como víctima de un cruel accidente en esa misma curva. Unas narraciones nos hablan de la provincia de Sevilla, otras que por Asturias, Jávea (Alicante), la autovía de Madrid, o Águilas, en nuestra región. Vamos que faltan curvas en el mapa.

Los relatos sobre la ouija los rastreamos en civilizaciones extinguidas hace milenios. Ahora se ha contado que un muchacho pasa toda la noche de fiesta en discotecas donde consume drogas y alcohol en grandes cantidades. A la mañana siguiente despierta en mitad de la calle con un gran dolor, descubriendo una enorme cicatriz porque le han extirpado su riñón. Los relatos de robo de órganos circulaban ya vivamente en el siglo XIX, crímenes médicos, de los que hablaba Julio Caro Baroja y que llegaron a nuestra comarca porque a los niños se les metía miedo con El Tío del Babi Blanco, sin duda un médico, o El Tío del Saco, participante en la trama de tráfico del saín o grasa corporal y de sangre de los niños.

Paralelismos con las leyendas sobre las carnes sospechosas que se sirven en los actuales restaurantes chinos pueden leerse en Quevedo y en otros autores del Siglo de Oro, quienes atacaban a los pasteleros por las mismas causas. Todo este folclore viaja ahora a gran velocidad y más lejos todavía gracias a las redes sociales sostenidas por las nuevas tecnologías de la comunicación con Internet a la cabeza, sin olvidarnos del cómic, el periódico, la radio o la televisión.

Historias dudosas

De entre las últimas leyendas podemos situar el rumor que publicó el diario ‘El País’ el 28 de marzo, unos días después del atentado salvaje del 11 de marzo de 2004, la trágica jornada del 11 M: «Durante una conferencia, el psicólogo cuenta la historia de una mujer que la misma mañana de los atentados iba a tomar uno de los trenes en Alcalá. Un hombre de aspecto árabe, elegantemente vestido, la agarra del brazo y le dice: ‘No suba a ese tren. Lleva una bomba’. Al oír el rumor en boca del psicólogo, alguien que está presente llama a la policía. Los agentes se personan allí e interrogan al conferenciante, que no consigue ofrecer los datos suficientes para localizar a la protagonista de una historia que seguramente nunca sucedió».

De esta historia circulan muchas versiones que en su núcleo central están protagonizadas por un moro que deja por descuido una mochila en un bar, el propietario del establecimiento comprueba que va llena de billetes de curso legal pero la guarda hasta que su dueño, advertido de su olvido, regresa al local a por ella. El árabe, muy agradecido, avisa al propietario y a los clientes presentes en el establecimiento que no suban a ningún tren en los próximos días.

Seguiremos profundizando en estas leyendas contemporáneas que, como vemos, no son tan contemporáneas, ni tan urbanas.

Por José Sánchez Conesa
Con información de La Verdad

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