Marruecos quiere impulsar la lectura con el Salón del Libro de Casablanca

Salón del Libro de Casablanca
Salón del Libro de Casablanca

El Salón Internacional del Libro, que arrancó hoy su 20 edición en Casablanca, supone para Marruecos una oportunidad para impulsar la «cultura del libro» en el país y fomentar la distribución de la literatura marroquí en el extranjero.

La inauguración estuvo presidida por el presidente del Gobierno marroquí, Abdelilah Benkirán, su ministro de Cultura, Mohammed Amine Sbibi, y 13 ministros de Cultura de países de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) y que este año es la invitada de honor.

En un coloquio organizado tras la llegada de Benkirán, el presidente agradeció a los ministros su participación en el salón y, como es habitual en él, comentó alguna que otra anécdota personal.

«Antes de ser presidente tuve una editorial que no tuvo tanto éxito como mi carrera política», bromeó ante el público Benkirán.

Después, el presidente y una nutrida delegación de invitados recorrieron los expositores que se encuentran en el salón, que tiene una superficie de 20.000 metros cuadrados y acoge a pabellones de 54 países.

«Hemos elegido a la CEDEAO como invitado de honor porque la cultura africana es un componente de la marroquí, y este gesto supone la apertura de Marruecos a su entorno africano», destacó Hassan El Ouazzani, director del Libro de las Bibliotecas y de Archivos de Marruecos.

Un impulso necesario dado el panorama que el sector del libro sufre en Marruecos. Los marroquíes leen poco y a pesar de que no hay estadísticas oficiales al respecto, distintos representantes del ministerio coinciden en que «el número de lectores es muy bajo», algo normal si se tiene en cuenta que el analfabetismo afecta al 30% de la población (50 % en el ámbito rural).

El Ouazzani asegura que «el problema está ligado a que la lectura no está integrada en el sistema educativo, además de otros factores como la ausencia de un sistema fiscal que favorezca al sector» editorial.

Fatima Zohra Abouchikhi, directora de «Sochpress», una de la empresas de distribución de prensa y libros líder en el mercado nacional y que importa la mayoría de obras extranjeras a Marruecos, destaca que «el mercado nacional no es fácil y nosotros estamos implicados en actividades culturales con el objetivo de estimularlo».

Marruecos produce un total de 2.500 publicaciones al año de todos los ámbitos (creación y divulgación), con unas tiradas medias de entre 1.000 y 1.500 ejemplares.

«El problema de la producción marroquí, la mayor parte en árabe y después en francés, es que no tiene una red de distribución profesional de exportación a los países árabes y europeos y casi todo se hace a través de salones internacionales», señala El Ouazzani, quien agrega que la solución no solo compete al Ministerio de Cultura, sino también del de Economía y el de Educación.

Para Leila Chafei, miembro de la oficina ejecutiva de la Unión de Escritores de Marruecos, el problema es que «el libro no encuentra un vínculo para llegar a los lectores porque no hay una educación del libro. No se encuentran en las casas y en las escuelas tampoco se incentiva al alumno a leer».

Además, subraya que «en muchos casos los libros son caros si se compara con el poder adquisitivo de los marroquíes, y aunque existen bibliotecas públicas (unas 400 en todo el país), son pocas y en las zonas rurales o ciudades más marginadas, casi inexistentes».

Sin embargo, Chafei afirma que en la actualidad «se producen más libros que antes y sobre todo de mujeres que comienzan a investigar y a escribir más, confirmando así su igualdad y su saber».

«Son muchos los escritores que deciden realizar su propia edición porque las casas especializadas se llevan el 51% de los beneficios», comenta Chafei, que asegura que todavía no existe ningún escritor en este país que viva de sus libros.

El salón, que estará abierto al público a partir de mañana, cuenta con una programación de coloquios en los que participarán más de 400 intelectuales, 75 de ellos extranjeros.

Hasta el 23 de febrero, los marroquíes podrán acceder a libros extranjeros que no encuentran en el mercado y los profesionales tendrán la oportunidad de distribuir los libros nacionales fuera del territorio.

Mientras, el Ministerio de la Cultura ha puesto en marcha un proyecto que cuenta con 10 millones de dirhams (un millón de euros) de financiación para apoyar a editores, productores, escritores, revistas culturales en papel y electrónicas, librerías y asociaciones que trabajan en la promoción de la lectura.

Por Marta Miera
Con información de El Confidencial

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