
Absalón y Cristo: dos hijos, dos caminos
En la historia bíblica hay relatos que no se olvidan porque hablan directo al corazón humano.
Uno de ellos es el de Absalón, hijo del rey David. Hermoso, carismático, admirado por el pueblo.
La Escritura dice que “no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón” (2 Samuel 14:25).
Pero su historia no terminó en gloria.
Terminó colgado de un árbol.
Y, curiosamente, ese detalle abre una comparación profunda —y muy cristiana— con otra figura que también terminó colgado de un madero: Cristo.
Dos hijos.
Dos destinos.
Dos formas opuestas de relacionarse con el padre, con el poder y con el corazón humano.
🌿 Absalón: el hijo que quiso el trono
Absalón no fue un mal guerrero. Fue un mal hijo.
Supo ganarse al pueblo con gestos calculados. Se paraba en la puerta de la ciudad, escuchaba quejas, prometía justicia.
Decía lo que la gente quería oír.
La Biblia lo resume con una frase contundente:
“Y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.” (2 Samuel 15:6)
No robó tierras. No robó oro.
Robó corazones.
Su rebelión no empezó con espadas, sino con palabras suaves, aparente empatía y ambición silenciosa.
Finalmente, se levantó contra su propio padre, el rey David, obligándolo a huir de Jerusalén.
Absalón quería el reino.
Pero no quería el corazón del padre.
✝️ Cristo: el Hijo que obedeció
Jesús también ganó el corazón del pueblo. Multitudes lo seguían. Lo escuchaban. Lo amaban.
Pero nunca lo hizo para tomar poder.
Al contrario, cuando quisieron hacerlo rey, se apartó (Juan 6:15).
Cristo no vino a quitarle el trono al Padre.
Vino a cumplir Su voluntad.
“No se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42)
Donde Absalón usó el cariño de la gente para elevarse, Cristo usó su amor para entregarse.
🌳 Dos árboles, dos sentidos
El final de Absalón es dramático.
Huyendo en batalla, su cabellera queda enredada en las ramas de un árbol, y queda suspendido entre el cielo y la tierra hasta morir (2 Samuel 18:9).
Queda colgado por su orgullo.
Años después, Cristo queda colgado en un madero.
Pero no por orgullo.
Sino por obediencia.
Absalón queda suspendido como símbolo de una ambición que lo dejó sin tierra ni cielo.
Cristo queda suspendido para reconciliar la tierra con el cielo.
👑 El grito del padre
Cuando David se entera de la muerte de Absalón, no celebra la victoria. Llora desconsoladamente:
“¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti!” (2 Samuel 18:33)
Ese grito atraviesa los siglos.
Porque en la cruz, sucede lo inverso.
El Hijo muere en lugar del pueblo.
Lo que David deseó y no pudo hacer por Absalón, Dios sí lo hizo por la humanidad en Cristo.
🕊️ La enseñanza moral
Desde la mirada cristiana, esta comparación deja una sabiduría profunda:
Absalón representa al hombre que quiere el lugar de Dios.
Cristo representa al Hijo que confía plenamente en Dios.
Absalón busca el poder mediante la seducción.
Cristo transforma el corazón mediante el sacrificio.
Absalón muere por su ambición.
Cristo muere por amor.
La diferencia no está en el carisma. Está en la intención del corazón.
📖 Para leer antes de esta nota
2 Samuel capítulos 14 al 18
Evangelios: Mateo 26–27 / Juan 18–19
En tiempos donde muchos buscan “robar corazones” para ganar influencia, la historia de Absalón recuerda el peligro del ego disfrazado de bondad.
Y la de Cristo recuerda que el verdadero Reino no se toma. Se recibe con humildad.
Porque el que se enaltece… será humillado.
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