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Un Poeta solo es en su muerte – Gibrán Khalil Gibrán

Negras Alas de noche envolvieron la ciudad que la Naturaleza había cubierto con un impoluto manto de nieve; los hombres abandonaban las calles buscando la calidez del hogar, mientras el viento norte arrasaba los jardines. En las afueras se adivinaba la silueta de una añosa cabaña semioculta en la nieve y a punto de derrumbarse.

En un oscuro rincón de la casucha, con la mirada fija en la tenue luz de una lámpara de aceite que el viento hacía oscilar, un joven agonizaba en humilde lecho. Era un hombre en la plenitud de su vida; veía aproximarse llegar la hora que lo liberaría de las garras de la vida. Aguardaba agradecido la visita de la Muerte; su pálido rostro revelaba los primeros destellos de esperanza y en sus labios asomaba una amarga sonrisa que sus ojos bondadosos desmentían.


Era un poeta muriendo de hambre en la ciudad de las riquezas perennes. Llegó a esta mundo a alegrar el corazón de los hombres con palabras de profunda belleza y sentido. Era un alma noble, enviada por la Diosa de la Comprensión para aquietar y colmar de bondad el espíritu del hombre. Pero ¡Ay! el hombre se marchó feliz de la tierra inconmovible sin recibir ni una sonrisa de sus extraños moradores.

El hombre expiraba, y no había nadie a su lado salvo la lámpara de aceite, fiel compañera, y algunos papeles sobre los que había escrito sus más profundos sentimientos. Rescatando las pocas fuerzas que aún no lo habían abandonado, alzó los brazos al cielo; recorrió desesperadamente el techo con la mirada, como si quisiera poder contemplar las estrellas veladas por las nubes, y dijo:

-Ven, oh bella Muerte; mi alma te reclama. Aproxímate y líbrame de las cadenas de la vida, que me he fatigado arrastrándolas. Ven, oh tierna Muerte, y aléjame de mis semejantes que me observan extrañados, pues yo les descifro el lenguaje de los ángeles. Apresúrate, oh calma Muerte, y apártame de la multitud que me relegó al oscuro olvido, pues yo no soy como ellos que hostigan a los débiles. Ven, oh Muerte plácida, y cúbreme con tus blancas alas, pues mis compatriotas me desdeñan. Rodéame, oh Muerte, con tus tiernos brazos misericordiosos; deja que tus labios rocen los míos que no conocen el sabor de los besos maternales, ni acariciaron jamás mejillas fraternales ni manos amorosas. Ven, Amada Muerte, y llévame contigo.

Entonces junto al lecho del poeta agonizante apareció un ángel de belleza divina y sobrenatural, en cuyas manos había un ramo de lilas. Lo rodeó con sus alas y cerró sus ojos para que sólo pudiera ver con el ojo de su espíritu. Selló sus labios con un beso tierno y prolongado que imprimió a su rostro el gesto de la eterna plenitud. Luego la habitación quedó vacía, excepto los pergaminos y páginas que el poeta había dispersado amarga e inútilmente.

Siglos después, cuando los habitantes de la ciudad despertaron del asfixiante adormecimiento de la ignorancia y vieron los primeros atisbos de sabiduría, le levantaron un monumento en el jardín más bello de la ciudad y cada año dedicaron una fiesta en honor de aquel poeta, cuyos escritos los había liberado. ¡Oh, qué cruel es la ignorancia humana!

Gibrán Khalil Gibrán


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El canto del mar – Gibrán Khalil Gibrán

El canto del mar

La sólida playa es mi amada
Y yo su amante.
Nos une el amor, pero
La luna me aparta celosa de ella.
Me acerco presuroso y me resisto a
Alejarme, despidiéndome con un
Pequeño y tenaz adiós.

Me revelo con rapidez tras el
Horizonte azul, derramando mi espuma
De plata sobre sus arenas de oro
Transformándonos en una fulgurante amalgama.

Aplaco su sed y sumerjo su
Corazón; ella suaviza mi voz y atempera
Mi ánimo.
Al alba susurro reglas del amor en
Sus oídos, y ella me abraza con ternura.


Al atardecer entono la melodía de la
Esperanza, y luego cubro su rostro de
Suaves besos; soy temible y veloz, mas ella
Es calma, paciente y reflexiva. En su
Vasto seno se aplaca mi impaciencia.
A cada reflujo de la marea nos acariciamos
A cada flujo me hinco a sus pies en oración.

Muchas veces he danzado en torno a las sirenas
Que surgían de las profundidades y se recostaban
Sobre las crestas de mis olas a contemplar las estrellas;
Muchas veces he escuchado a los enamorados renegar
De su pequeñez, y los he ayudado a suspirar.

Muchas veces he herido a las grandes rocas
Y las he calmado con una sonrisa, pero nunca
Me prodigaron sus risas;

Muchas veces he salvado almas que se ahogaban
Y llevado tiernamente hasta mi amada
Playa. Ella le insufla fuerzas así como
Agota las mías.

Muchas veces he robado gemas de las
Profundidades para ofrecerlas a mi
Amada Playa. Ella las toma en silencio, y yo
Soy feliz pues siempre sale a recibirme.

En la noche informe, cuando todas las
Criaturas persiguen el espectro del Sueño, yo
Me incorporo, canto un momento y
Suspiro después. Siempre estoy despierto.

¡Hay! ¡La vigilia ha sorbido mis fuerzas!
Pero soy un enamorado, y es fuerte la
Verdad del amor.
Puedo fatigarme, mas nunca moriré.

Gibrán Khalil Gibrán

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La morada de la riqueza – Gibrán Khalil Gibrán

La morada de la riqueza

Mi fatigado corazón se despidió de mí para irse a la Morada de la Riqueza. Al llegar a esa ciudad sagrada, que el alma había alabado y glorificado, comenzó a vagar desconcertado ante la ausencia de lo que siempre había imaginado hallar. La ciudad estaba vacía de poder, riquezas y autoridad.

Y mi corazón se dirigió a la hija del Amor y le dijo:

-Oh, Amor, ¿dónde puedo hallar a la Satisfacción? He oído que ha venido a hacerte compañía.

Y la hija del Amor respondió:

-La Satisfacción ya se ha ido a predicar su evangelio a la ciudad donde gobiernan la avidez y la corrupción. No la necesitamos. La Riqueza no implora Satisfacción, porque ésta es recompensa terrena, con deseos colmados de objetos materiales. La Satisfacción es expresión del corazón. El alma eterna no está nunca satisfecha; su objetivo es la búsqueda permanente de lo sublime.


Así mi corazón se dirigió a la Belleza de la Vida y le dijo:

-Tú eres toda Sabiduría; ilumíname como el misterio de la Mujer.

-Oh, corazón humano -Ella me respondió-,la mujer es tu propio reflejo, lo que tú eres, y se halla dondequiera que tú estés; es como la religión desoída por el ignorante, y como la luna límpida de nubes, y como la brisa libre de impurezas.

Y mi corazón se encaminó hacia la Sabiduría, hija del Amor y la Belleza, y le dijo:

-Concédeme Sabiduría, y la compartiré con los míos.

-No nombres a la sabiduría sino a la Riqueza -ella me respondió -, pues la verdadera riqueza no proviene de lo externo sino que nace en lo más Profundo de la vida. Compártela con los tuyos.

Gibrán Khalil Gibrán

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Dos pequeños – Gibrán Khalil Gibrán

Dos pequeños

El príncipe estaba de pie en el balcón de su palacio, y dirigiéndose a la inmensa multitud allí reunida.

-Dejadme que ofrezca a vosotros y a esta vasta nación afortunada -dijo- mis felicitaciones por el nacimiento del nuevo príncipe que llevará el nombre de mi noble familia, y de quien es justo que os enorgullezcáis. Es el nuevo portador de esta ilustre estirpe, y de él depende el gran futuro del reino.
¡Cantad y sed dichosos!

La voz de la multitud embargada de dicha y agradecimiento, colmaba los cielos de jubilosas melodías, recibiendo al nuevo tirano que ceñiría en sus cuellos el yugo opresor, gobernando a los débiles con autoritaria crueldad, explotando sus cuerpos y devorando sus almas. A ese destino atroz el pueblo elevaba sus cánticos, y brindaba extasiado por la salud del nuevo emir.


En ese mismo momento otro niño abría los ojos a la vida del reino. Mientras la muchedumbre glorificaba a los poderosos y se empequeñecía alabando a un déspota en cierne, y mientras los ángeles del cielo vertían lágrimas sobre la debilidad del pueblo y el servilismo de sus gobernantes, una mujer enferma meditaba. Vivía en una vieja casucha semi-destruída, y a su lado, en un burdo lecho y envuelto en harapientos pañales, su bebé recién nacido sé moría de hambre. Era una pobre y desdichada joven desdeñada por la humanidad; su, esposo había muerto víctima de la opresión real, dejando a una solitaria mujer a quien Dios había enviado esa noche un diminuto compañero, que le impidiera trabajar y ganarse el sustento.

Cuando la muchedumbre se dispersó y el silencio ganó el vecindario, la infortunada mujer acunó al niño en su regazo y contempló su rostro, llorando sobre él como si fuera a bautizarlo con lágrimas. Y con voz debilitada por el hambre, miró al niño y le dijo:

-¿Por qué has abandonado el mundo espiritual y has venido a compartir conmigo las amarguras de la tierra? ¿Por qué has dejado a los ángeles y el vasto firmamento y has venido a habitar esta mísera tierra de humanos, plena de agonía, opresión y crueldad? Nada tengo para ofrecerte excepto lágrimas; ¿te alimentarás de lágrimas y no de leche? No tengo mantos de seda para arroparte; ¿acaso podrán mis pobres brazos desnudos darte calor? Los animales pequeños pastan en los prados y regresan a salvo a sus establos; y las aves pequeñas recogen las semillas y duermen plácidamente en las ramas de los árboles. Pero tú, amor mío, tan sólo tienes una desvalida madre que te ama.


Entonces llevo la boca del pequeño hasta su mustio seno y lo rodeó fuertemente con sus brazos, como si quisiera fundir los dos cuerpos en uno, como antes. Elevó lentamente sus encendidos ojos al cielo y gritó:

-¡Dios, ten piedad de mis infortunados compatriotas!

En ese momento las nubes dejaron entrever el rostro de la luna, cuyos rayos se colaban por los intersticios de aquella humilde morada, cayendo sobre ambos cuerpos.

Gibrán Khalil Gibrán

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La Creación – Gibrán Khalil Gibrán

El hombre moribundo y el buitre – Gibrán Khalil Gibrán (1920)

La Creación

El Dios desprendió un hálito de Sí mismo y de él creó a la belleza. Derramó sobre ella su bendición y la dotó de gracia y bondad. Le dio la copa de la felicidad y le dijo:

-No bebas de esta copa hasta que hayas olvidado el pasado y el futuro, porque -la felicidad no es nada más que un momento pasajero.

Y Él también le dio la copa de la tristeza y le dijo:

-Bebe de esta copa y comprenderás el significado de los fugaces instantes de dicha en la vida, porque la tristeza está siempre presente.

Y el Dios la dotó de un amor que la abandonaría para siempre en el momento en que ella experimentara por primera vez la alegría terrena, y de una dulzura que se desvanecería cuando conociera por primera vez la adulación.


Y Él la colmó de sabiduría celestial para que la llevara por el recto sendero, y colocó en lo profundo de su corazón un ojo que distinguiera lo oculto, y la creó afectuosa y bondadosa para con todas las cosas. La atavió con vestiduras de esperanza bordadas por los ángeles del cielo can las hebras del arco iris. Y Él evitó que cayera en las sombras de la confusión, que es el alba de la vida y la luz.

Entonces el Dios tomó el fuego exiguo de la hoguera de la ira, y el viento arrasador de los desiertos de la ignorancia, y las filosas arenas de las playas del egoísmo, y la tosca tierra pisoteada por los siglos, y a todos los mezcló y modeló al Hombre. Dotó al Hombre del ciego poder que lo enfurece y lo enloquece, y esa locura sólo se extingue ante el acuciante deseo, y lo llenó de vida, fantasma de la muerte.

Y el Dios rió y lloró. Se sintió abrumado de amor y conmiseración por el Hombre, y lo privó de Su protección.

Gibrán Khalil Gibrán


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Apiádate de mi corazón, Alma mía – Gibrán Khalil Gibrán

Apiádate de mi corazón, Alma mía

¿Por qué lloras, Alma mía?
¿Acaso desconoces mis flaquezas?
Tus lágrimas me asaetean con sus puntas,
Pues no sé cuál es mi error.
¿Hasta cuándo he de gemir?
Nada tengo sino palabras humanas
Para interpretar tus sueños,
Tus deseos, y tus dictados.

Contémplame, Alma mía; he
Consumido días enteros observando
Tus enseñanzas. ¡Piensa en todo
Lo que sufro! Siguiéndote mi
Vida se ha disipado.

Mi corazón se ha glorificado en el
Trono, pero ahora no es más que un esclavo;
La paciencia era mi compañera, mas
Ahora se ha vuelto en mi contra;
La juventud era mi esperanza, mas
Ahora desaprueba mi abandono.

¿Por qué eres tan acuciante, Alma mía?
He rehusado el placer
Y he abandonado la dicha de la vida
En pos del camino que tú
Me has obligado a recorrer.
Sé justa conmigo, o llama a la Muerte
Para que se desencadene,
Pues la justicia es tu virtud.


Apiádate de mi corazón, Alma mía.
Tanto Amor has vertido sobre mí que
Ya no puedo con mi carga. Tú y el
Amor son un poder inseparable; la Materia
Y yo somos una debilidad inseparable.
¿Cesará alguna vez el combate
Entre el débil y el poderoso?

Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la Fortuna
Inalcanzable. Tú y la Fortuna moran
En la cumbre de las montañas; la Desdicha y yo
Estamos juntos y abandonados en lo profundo
Del valle. ¿Se unirán alguna vez
El valle y la montaña?

Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la Belleza y luego
La has ocultado. Tú y la Belleza moran
En la luz, la ignorancia y yo
Somos uno en la oscuridad. ¿Invadirá
La luz alguna vez las tinieblas?

Tu deleite llega con el Fin,
Y ahora te revelas anticipadamente;
Mas este cuerpo sufre por la vida
Mientras vive.
Esto es, Alma mía, el desconcierto.

Presurosa huyes hacia la Eternidad,
Mas este cuerpo fluye lento hacia
El Fin. Tú no lo esperas,
Y él no puede apresurarse.
Esto es, Alma mía, la tristeza.

Te elevas raudamente, por el mandato
De los cielos, mas este cuerpo se desploma
Por la ley de gravedad. No lo consuelas
Y él no te quiere.
Esto es, Alma mía, la desdicha.


Eres rica en sabiduría, mas este
Cuerpo es pobre en comprensión.
Tú no te arriesgas
Y él no puede obedecer.
Esto es, Alma mía, el límite de la desesperación.

En el silencio de la noche visitas
Al enamorado y gozas con la dulzura
De su presencia. Este cuerpo será por siempre
La amarga víctima de la esperanza y la separación.
Esto es, Alma mía, la tortura despiadada.
¡Apiádate de mí, Alma mía!

Gibrán Khalil Gibrán

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La Vida del Amor – Gibrán Khalil Gibrán

Para mi AMOR, mi compañera, mi todo, Viviana Saf…

Primavera

Ven, amada mía; caminemos entre las cumbres,
Que la nieve es agua, y la Vida ha despertado de su
Letargo y vaga por montes y valles.
Sigamos las huellas de la Primavera hasta los
Campos lejanos y trepemos las cuestas para elevar la
Inspiración por encima de las húmedas y fértiles praderas.

La Primavera ha desplegado al alba sus adormecidos ropajes invernales
Y los ha colocado en los melocotoneros y los citros,
Y parecen novias en el rito ceremonial de
La Noche de Kedre.

Los retoños de las vidas se enlazan como
Amantes, y los arroyos irrumpen con su danza
Entre las rocas, entonando la canción de la alegría;
Y las flores surgen súbitamente del corazón de la
Naturaleza, como la espuma surge del corazón pródigo del mar.
Ven, amada mía; bebamos en copas de lilas las
Ultimas lágrimas del Invierno; aquietemos el espíritu
Con una cascada de trinos y vaguemos
Extasiados por la brisa embriagadora.

Sentémonos junto a esa roca, donde se ocultan las violetas,
Contemplemos el tierno encuentro de sus besos.


Verano

Internémonos en los campos, amada mía, que se
Aproxima el tiempo de la cosecha, y los ojos del sol
Maduran las mieses.
Brindémonos a los frutos de la tierra, como el
Espíritu alimenta los granos de Dicha de las
Semillas del Amor en lo profundo del corazón.

Colmemos nuestras alforjas con los frutos de la
Naturaleza, como la vida colma pródigamente los
Dominios de nuestras almas con infinita bondad.
De flores hagamos nuestro lecho, y de
Cielo nuestra manta, y reclinémonos, juntas
las cabezas
Con suave heno por almohada.
Descansemos de nuestra diaria labor, y escuchemos
El exasperante murmullo del arroyo.

Otoño

Vayamos a recoger las uvas de los viñedos
Para el lagar, y guardemos el vino en antiguos
Toneles, así como el espíritu guarda la Sabiduría
De las eras en eternas vasijas.
Regresemos a nuestra morada, que el viento
Ha arrancado las hojas cenicientas y amortajado las
Mustias flores que susurran elegías al Verano .
Ven a casa, eterna amada, que las aves
Peregrinas emigraron hacia el calor y abandonaron

Las heladas praderas solitarias. El jazmín
Y el mirto se han quedado sin lágrimas.

Retirémonos, que el fatigado arroyo ha
Cesado de cantar; y las burbujeantes vertientes
Desbordan de copiosos gemidos; y las
Viejas y cautelosas montañas han ocultado
Sus vívidas vestiduras
Ven, amada mía; la Naturaleza está ya fatigada
Y dice adiós al entusiasmo
Con su apacible melodía satisfecha.


Invierno

Ven a mí, oh compañera de toda la vida;
Ven a mí y no dejes que el invierno se
Interponga. Siéntate conmigo junto al hogar,
Que el fuego es el único fruto del Invierno.

Háblame de la dicha de tu corazón, pues
Es más sublime que los encolerizados elementos
Tras nuestra puerta,
Asegura la puerta y las ventanas, que el
Colérico semblante de los cielos me deprime,
Y la visión de nuestros campos cubiertos de nieve
Hace lagrimear mi alma.

Alimenta la lámpara con aceite y no dejes que su luz
se desvanezca, y
Colócala junto a ti, para que pueda leer con lágrimas
lo que
Tu vida a mi lado ha escrito en tu rostro.
Trae el vino del otoño. Bebamos y cantemos la
Canción del recuerdo a la azarosa siembra de la
primavera,
Y a los afanosos desvelos del verano, y a la
recompensa
Del otoño en tiempos de cosecha.

Acércate a mí, oh amada de mi alma; el
Fuego se extingue y huye bajo las cenizas.
Abrázame, pues me siento solo; la luz es
Mortecina, y el vino que destilamos nos entrecierra
Los ojos. Contemplémonos uno al otro antes
De que se cierren por completo.
Búscame con tus brazos y rodéame; deja
Que el sueño funda nuestras almas.
Bésame, amada, que el Invierno nos ha despojado,
Pero aún nos quedan trémulos nuestros labios.
Estás junto a mí, Eterna mía.
¡Qué profundo y vasto ha de ser el océano del sueño;
Y que cercano está el amanecer!

Gibrán Khalil Gibrán

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