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Los gallegos en Bruselas:Ésto era algo esperado

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Los residentes en la capital belga consideran que el atentado «era un secreto a voces», pero tras cuatro meses en alerta, a todos los pilló desprevenidos

«Esperábao dende o de Charlie Hebdo. É que Bruxelas é o epicentro do terrorismo internacional». Así de contundente se expresaba Irene Quintela, una periodista coruñesa de 29 años que lleva varios ya en la capital belga. No era una opinión aislada. La ferrolana Sofía Fernández que trabaja en Bruselas desde hace cuatro años mostraba una percepción similar: «Era de esperar. Hace mucho tiempo que están hablando de esto y al final ha ocurrido». El atentado del martes es el corolario a unos meses en los que la vida ha cambiado para Sofía y para muchos otros: «Sí, claro que ha cambiado. Evitamos las aglomeraciones, el centro, el metro…». Andrea García es una joven ourensana asentada ya en la capital europea que subraya el esfuerzo que supone luchar contra el miedo: «Es muy triste. Nos debatimos entre el miedo y las ganas de que todo vuelva a la normalidad. Yo creo que todos teníamos la sensación de que iba a ocurrir algo».

Por su parte, la corresponsal de La Voz en Bruselas, Cristina Porteiro, reconoce que nunca había sido realmente consciente del peligro que había hasta el día de hoy. «Diez minutos evitaron que estuviese ahí dentro», asegura la periodista sobre el ataque en el metro. «Se dio la casualidad de que retrasaron unos minutos al evento al que iba a ir», confiesa a través de Skype.

Quien también estaba cerca al vagón de metro que sufrió el atentado era Daniel Sousa, que trabaja como becario en el Parlamento europeo, que viajaba precisamente en el tren anterior. El gallego asegura que lo que ha sucedido «era un secreto a voces», pero asegura que acabó pillando por sorpresa «mesmo ás autoridades» después de cuatro meses de alerta que se convirtieron en normalidad.

Fernanda Rodríguez, de 46 años, es de Carballo y lleva 15 en Bruselas, donde da clases de español e inglés en instituciones oficiales belgas. Es también de las que piensa que mucha gente lo veía venir: «Y no se ha hecho lo necesario para evitarlo. Incluso el primer ministro ha admitido que algo podía pasar». Inés Arias, de 25 años y de Rodís, Cerceda, manifestaba que la sensación era de «medo xeneralizado». Para ella, el hecho de que Salah Abdeslam haya estado libre estos meses ha contribuido a la inseguridad.

A los orteganos Vicky Gómez Fustes y a su marido, Antonio López, de vacaciones en Bruselas, la noticia de los atentados les llegó de España. «Estábamos en el hotel y nos llamó la familia para saber si estábamos bien. Creímos que les había pasado algo en casa», cuenta Vicky, que se manifiesta sorprendida «por el silencio de las calles, que te sobrecoge, con todas las tiendas cerradas». Con todo, la pareja siguió su ruta turística.

El escritor Antón Riveiro Coello, afincado en Barbanza, hacía apenas unas horas que había aterrizado en el aeropuerto de Zaventem para pasar unos días en la ciudad con su hija, cuando ocurrió el atentado. No podía evitar estremecerse al pensar en lo ocurrido: «Estamos bastante impresionados porque ves nas imaxes sitios polos que nós pasáramos apenas seis horas antes». El apartamento en el que se alojan está a poco más de cinco minutos a pie de la estación de metro de Maalbeek, donde estalló la tercera bomba, pero desde allí no se escuchó el estruendo. Sí lo que vino después: «O paso das ambulancias e os helicópteros é constante», decía.

El pontevedrés Jairo Ares, que vive y trabaja en un barrio céntrico de Bruselas, pasó la tarde del martes en su vivienda. «A miña casa está nunha zona que está acordoada», afirmó. Su situación resume la de muchos otros gallegos que pasaron buena parte de la jornada en su domicilio atendiendo a las recomendaciones del Gobierno belga.

Se libraron del atentado por unas pocas horas: «Chegamos de madrugada, porque como hai folga de controladores en Francia tivemos un retraso de seis ou sete horas», explicaba el portavoz de la plataforma SOS Sanidade en Vigo, el médico Manuel González Moreira. El grupo, formado por 13 personas de diferentes puntos de Galicia, había acudido a Bruselas a una charla invitados por el grupo parlamentario de Podemos.

La comitiva se desplazó desde el aeropuerto al Parlamento Europeo en metro: «Baixamos nunha estación que está ao carón da que tivo a explosión e entrabamos no Parlamento cando estoupou a bomba», relataba Moreira. «Escoitouse un estoupido, había xente correndo e fume», dice. Tuvieron la suerte de que estaban accediendo a la Cámara y pudieron seguir adelante.

«Estábamos saliendo del metro para dirigirnos al Parlamento, donde teníamos una reunión, y vimos salir una columna de humo y gente gritando», relató a Europa Press uno de los miembros de esa delegación, Manuel Martín, presidente de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública. Según ha afirmado, los componentes del grupo se salvaron «por los pelos» y, cuando se dieron cuenta de la magnitud de lo sucedido, «el clima fue de conmoción total».

El grupo, que estuvo buena parte del día sin conocer cómo podrían regresar a Galicia, confirmó finalmente un viaje a Ámsterdam hoy, desde donde volverán mañana a sus hogares.

«Había gente herida, sangrando,…»
Galicia volvió a estremecerse mirando a Bruselas, sacudida por una cadena de atentados en el aeropuerto y el metro. Los terroristas agredieron a la nueva patria de muchos gallegos, desplazados en la capital belga por estudios o trabajo. «Estaba en una reunión y salí con lo puesto». La mariñana Olalla López Álvarez está a salvo. Ni ella ni otros compañeros de trabajo cuya oficina está en las inmediaciones de la parada de metro de Maelbeek sufrieron heridas. Trabaja en la Dirección General de MARE (Asuntos Marítimos y Pesca) de la Comisión Europea. «Sonó la alarma y a las 9.15 horas nos desalojaron. Estábamos en una reunión y pensamos que era un simulacro. Cuando bajamos, nos ordenaron que saliéramos corriendo del edificio».

El relato de Olalla estremece. Apenas han transcurrido tres horas desde la explosión en el barrio bruselense de las instituciones europeas cuando explica que buscó cobijo en casa de un amigo «esperando a que se calmen un poco las cosas». Recuerda perfectamente la imagen que se encontró cuando abandonó el vestíbulo del edificio en el que trabaja: «Me pareció irreal lo que veía. Había gente herida, gente sangrando a la que habían sacado del metro. Todo el mundo estaba desorientado. Fue impresionante ver lo vulnerables que somos a cualquier tipo de ataque, aún estando en una alerta amarilla de seguridad…».

La burelense llegó a Bruselas hace casi una década y desde hace unos dos años trabaja en la Comisión. Fue un día duro para ella. Se enganchó a la tele y a la radio para seguir lo que estaba sucediendo, las continuas actualizaciones del balance de muertos y heridos… Y a miles de kilómetros, una familia y muchos amigos con el corazón en un puño, deseando hablar con ella, tocarla, abrazarla… Las redes sociales fueron, otra vez, la conexión con el mundo, el canal de aliento: «El Facebook es mi única conexión con mis amigos y familiares. Entre las noticias que nos llegan nos dicen que hay un despliegue importante de fuerzas del orden en las calles, pero no hay gente en ellas…. todo el mundo debe estar metido en sus casas y no funcionan los transportes públicos…».

Su familia, su pareja, sus amigos siempre presentes: «Fue terrible, mi cabeza tardó un rato en procesar lo que estaba viendo, y lo que más me preocupaba era decirle a mi pareja y a mi familia que estaba bien. Necesitaba saber que mis amigos lo estaban… Hemos hecho un recuento mental y en principio, están todos bien. Saber que mi gente está bien me alivia mucho». Mientras la noticia continuaba dando la vuelta al mundo, esta mariñana confesaba que tras los atentados en Francia, la idea de nuevos ataques era una pensamiento recurrente.

Pero además de para Olalla, para otras gallegas, como la viveirense Laura Cao no será fácil olvidar la jornada del martes. Llegó a Bruselas en enero para estudiar tercero de Traducción en el Institut Supérieur de Traducteurs et Intèrpretes. «Estábamos en la facultad cuando sucedió. En un principio continuaron las clases hasta que vieron que la cosa empeoraba un poco […]. Cuando vieron que por la zona no había peligro, pudimos marcharnos y cancelaron las clases». En la Fundación Galicia Europa, cerca de la estación de metro, trabaja como becaria la periodista Diana Mandiá, de O Valadouro: «Estamos preto, pero nin explosión sentimos». ¿Piensa en regresar a España? «A miña bolsa é dun ano e aquí estarei, en Bruxelas».

José Blanco y Millán Mon vivieron los ataques desde la Eurocámara

Como otros muchos profesionales que trabajan en Bruselas, los eurodiputados gallegos José Blanco (PSOE) y Francisco Millán Mon (PP) siguen pendientes de que la ciudad empiece a recuperar una cierta normalidad para confirmar sus vuelos de regreso a Galicia.

A los dos los atentados les sorprendieron el martes en el Parlamento, muy cerca de la estación de Maalbeek donde tuvo lugar el segundo acto terrorista. «Aquí hay una conmoción brutal», comentó Blanco unas horas después de los ataques que se produjeron cuando preparaba la comisión de investigación del caso Volkswagen prevista para la tarde, y que como el resto de actividad parlamentaria quedó suspendida.

Presencia de militares

A Millán Mon los trágicos sucesos lo cogieron en la comisión de Asuntos Exteriores. «Fue todo muy rápido. Cuando trascendieron las noticias de los atentados, nos dieron unos minutos para llamar a los familiares», relató Millán, que asistió después a una comisión de Pesca que también fue suspendida.

Los dos coincidieron en subrayar que el refuerzo de la seguridad en Bruselas se había incrementado tras los atentados de París. «La presencia de militares en las calles era continua», señaló Blanco, que abogó por replicar al terrorismo con «más seguridad, más medios y más Europa. Esto hay que tomárselo en serio». Millán apuntó que «esos criminales con desprecio por su propia vida son capaces de hacer mucho daño».

Tanto Lidia Senra (AGE) como Ana Miranda (BNG), por distintos motivos, estabanen Galicia.

Con información de: La Voz de Galicia

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Mortal atentado en Líbano

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El atentado, el más mortífero en Líbano en años, se suma a varios otros cometidos en refugios de Hezbollah desde que el partido y milicia chiíta empezó a enviar combatientes a Siria, en 2013, para apoyar al gobierno del presidente Bashar Al Assad en su lucha contra el EI y otros grupos islamistas sunnitas.

El ministro de Salud libanés, Wael Abou Faour, en declaraciones desde el lugar del atentado, en el barrio de Burch Barachn, en el sur de Beirut, dijo que 41 personas murieron y más de 200 fueron heridos, muchos de los cuales se hallaban en condiciones críticas.

Según la policía, dos hombres que iban a pie hicieron estallar cinturones explosivos que llevaban consigo cerca de una mezquita y sobre una calle de tiendas y otros comercios de ese humilde barrio, habitado mayoritariamente por musulmanes de la rama chiíta.

El Ejército y el ministro del Interior, Nuhad Mashnuk, dijeron que un «tercer terrorista» murió en el lugar a causa de una de las explosiones antes de que pudiera detonar la bomba que él portaba, informó la agencia de noticias EFE.

Las detonaciones ocurrieron con segundos de diferencia entre sí, y un centro comunitario chiita y una panadería fueron los edificios más dañados, dijeron fuentes de seguridad. Cerca del sitio se encuentra un muy custodiado hospital administrado por Hezbollah, que no fue alcanzado por los estallidos, agregaron las fuentes.

Al reivindicar el atentado en un comunicado difundido por Internet, el EI dijo que uno de los estallidos fue provocado por una moto-bomba y el segundo por un suicida.

«Los soldados del califato pudieron colocar una motocicleta explosiva en la calle Huseiniyah, en Burch Barachne, donde Hezbollah tiene su sede. Otro soldado con un cinturón explosivo dio su vida. No nos calmaremos hasta que nos venguemos», dijo la organización extremista.

En otro comunicado, Hezbollah prometió continuar con su lucha contra los «terroristas» y predijo una «larga guerra» contra sus enemigos.

La zona donde ocurrió el ataque es contigua al campamento de refugiados palestinos de Burch Barachne.

La agencia de noticias estatal libanesa ANN identificó a los tres atacantes muertos en el atentado como los palestinos Hamed Rachid al Balegh y Ammar Salem al Rayes, y sirio Jaled Ahmed al Jaled.

La guerra en Siria, que según la ONU ya dejó unos 250.000 muertos, comenzó en 2011 con una revuelta popular contra Al Assad fuertemente reprimida que se agravó con la aparición de una insurgencia sunnita que busca derrocar al presidente.

Con el correr de los años, el conflicto enfrentó a viejos rivales de la región, fundamentalmente a Hezbollah e Irán, por un lado, y a Arabia Saudita, que respalda a los rebeldes, por otro.

Arabia Saudita, la petromonarquía absolutista y ultraconservadora sunnita, y su enemigo Irán, la principal potencia chiita del mundo, también apoyan a fuerzas políticas opuestas en Líbano, que sufrió su propia guerra civil desde 1975 a 1990 y donde aún son fuertes las rivalidades sectarias y religiosas.

El primer ministro libanés, Tamam Salam, decretó  día de duelo nacional, en el que se podrán ver las banderas ondeando a media asta, mientras que las radios y las televisiones difundirán música clásica y programas especiales.

«Es un acto criminal injustificable», afirmó Salam, que también instó a todos los libaneses «a la unidad y a la solidaridad».

El ex primer ministro Saad Hariri, líder de un bloque político opuesto a Hezbollah y sus aliados, condenó el atentado como un acto «vil e injustificado».

Entre julio de 2013 y febrero de 2014 se registraron nueve atentados con explosivos contra bastiones de Hezbollah en el Líbano, la mayoría de los cuales fue reivindicado por grupos extremistas sunnitas.

El más letal hasta ahora había sido uno cometido en el sur de Beirut en 2013, cuando 27 personas murieron por el estallido de un coche bomba en el barrio chiita de Rweiss.

El atentado de coincidió con la primera reunión del Parlamento libanés en sesión plenaria en más de un año.

La Cámara de Diputados decidió guardar un minuto de silencio como gesto de respeto hacia las víctimas antes de suspender la sesión.

Líbano está sin presidente desde el 25 de mayo de 2014 por desavenencias entre los dos grupos que controlan el Parlamento, el del 14 y el del 8 de Marzo, uno contrario al gobierno sirio y el otro, encabezado por Hezbollah, favorable.

El vacío presidencial y la parálisis del Parlamento a la hora de tomar decisiones han generado otros problemas sociales, como una reciente crisis de la basura, que dio lugar a protestas populares en las calles del Líbano hace dos meses.

Con información de :TELAM

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