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Inmigración Árabe en Argentina – (+ Videos)

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La inmigración árabe en Argentina como tema de investigación ha tenido una motivación múltiple, en la que las razones científicas y académicas se han mezclado con otras de interés personal, aparte de verse sometida a los condicionamientos temporales y materiales de cualquier objetivo metodólogico. Cronológicamente, la inmigración árabe en Argentina es posterior a la de Estados Unidos, pais que recibió a los primeros inmigrantes. Aunque comienza en 1880, el periodo significativo por excelencia abarca de 1900 a 1930, cuando alcanza el tercer lugar después de las italiana y la española.

El Día del inmigrante en Argentina, se celebra los 4 de septiembre de cada año desde que se la estableció mediante el Decreto Nº 21.430 del año 1949, siendo presidente Juan Domingo Perón. Se eligió esa fecha para recordar la llegada de los inmigrantes al país en recuerdo de la disposición dictada por el Primer Triunvirato en 1812, que ofreciera “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.

En contraste con la emigración europea y canalizada por las agencias de información argentinas en los puertos europeos; los árabes eluden el dispositivo y responden a “La cadena de llamadas”. La peripecia económica del árabe antes de 1930 comienza por el comercio ambulante cuyo exilio determina el establecimiento comercial minorista primero, y desemboca en el comercio al por mayor después. El proceso de integración resistió mayores dificultades que para italianos y españoles, favorecidos por identidades religiosas, linguísticas y étnicas. Siguen existiendo problemas de integración con la segunda generación,pero la situación se modifica con la generación de los nietos que se siente totalmente integrada en la sociedad Argentina. La participación activa en la política argentina se produce con los hijos de los inmigrantes como consecuencia de las graduaciones universitarias.

El año 1880 es un año clave en el proceso histórico argentino, se consolida la organización del Estado con la designación de Buenos Aires como capital de la República y con el general Roca como presidente (1880-1886); sin embargo, el proceso organizativo ya había comenzado años atrás. En 1853 se sancionó la constitución cuyo artículo 25 decía: “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”.

Previo a esta década tres personalidades disímiles se sucedieron en el ejercicio de la presidencia : Mitre de 1862 a 1868, Sarmiento de 1868 a 1874 y Avellaneda de 1874 a 1880. Lo más visible de sus obras fue el afianzamiento del orden institucional de la república unificada y el cambio total de la estructura social y económica de la nación.

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Proceso inmigratorio

El paso audaz en la promoción del cambio económico-social fue la apertura del país a la inmigración. La República comenzó a atraer inmigrantes a los que se les ofrecían facilidades para su incorporación al país, pero sin garantizarles la posesión de las tierras; así lo estableció la ley de colonización de 1876, que reflejaba la situación del Estado frente a la tierra pública, entregada sistemáticamente a los grandes poseedores.

Algunas causas de la inmigración:

La necesidad de Argentina de integrarse al Mercado Europeo.

La situación inversa con respecto a las necesidades Argentinas y Europeas. Argentina necesitaba mano de obra, como consecuencia del proyecto de expansión del sector agropecuario; y Europa liberaba mano de obra, como consecuencia de la tecnificacion del agro y la Segunda Revolución Industrial.

Se contaba con una zona muy apta para la explotación agropecuaria: La Pampa Húmeda, cuya explotación requería mano de obra y capitales, escasos en nuestro país.

La política de la generación de los ’80 de transformar el país a la imagen Norteamericana, por la política industrial del anglosajón, y Europea, por sus ciudades modernas y bien estructuradas.

Los inmigrantes tenían escasas posibilidades de transformarse en propietarios y se ofrecieron como mano de obra, en algunos casos yendo y viniendo a su país de origen (trabajadores golondrina). El saldo inmigratorio fue de 76.000 inmigrantes en la década del 60 al 70 y de 85.000 en la década del 70 al 80. Sin embargo la distribución tuvo una tendencia definida y la corriente inmigratoria se fijo preferentemente en la zona del litoral y en las grandes ciudades. Solo pequeños grupos se trasladaron al centro y al oeste del país.

Así comenzó a acentuarse intensamente la diferenciación entre el interior del país y la zona del litoral, antes contrapuestas por sus recursos económicos y ahora por diferencias demográficas y sociales. Para tener una idea aproximada de lo que se entiende por este “enorme flujo de inmigrantes” , tenemos que entre 1861 y 1870 el país recibió 160.000 inmigrantes mientras que entre 1881 y 1890 la cantidad de inmigrantes fue de 841.000 .

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Esta inmigración fue predominantemente de origen latino: español e italiano. La agrupación de las colectividades insinuaba la formación de grupos marginales, ajenos a los intereses tradicionales del país y orientados exclusivamente hacia la solución de los problemas individuales.

La construcción del ferrocarril creó una importantes fuente de trabajo para los inmigrantes y desencadenó un cambio radical en la economía del país. Buenos Aires fue la principal beneficiaria del nuevo desarrollo económico. La ciudad se europeizó en sus gustos y en sus modas.

Buenos aires : cosmopolita en su población , renovadora su arquitectura, cultas sus minorías y activo su puerto, la capital ponía de manifiesto todos los rasgos del cambio que operaba en el país.

A medida que se constituía ese impreciso sector de inmigrantes e hijos de inmigrantes , la clase dirigente criolla comenzó a considerarse como una aristocracia, a hablar de su estirpe y a acrecentar los privilegios que la prosperidad le otorgaba sin mucho esfuerzo. Despreció al humilde inmigrante que venía de los países pobres de Europa, precisamente cuando se sometía sin vacilaciones a la influencia de los países europeos más ricos.

La lectura social es tan importante como otras claves de la época , porque la sociedad argentina, a través de la inmigración, se configura de otra manera, debido al flujo impresionante y casi incomparable de extranjeros que llegan y, en su mayoría, se quedan.

Principales grupos étnicos:

Italianos:

Éstos conformaron el grupo más numeroso. Por su número, sus industrias, sus comercios, sus capitales y sus profesionales; ocupaban un lugar prominente en la vida económica y social de la ciudad de Buenos Aires. También era muy importante este grupo en Santa Fe y Rosario. Hasta 1894 vinieron fundamentalmente del norte de Italia y luego en su mayoría del sur.

Españoles:

Siguen en importancia a los italianos, este grupo llega más tardíamente pero es muy numeroso. Los españoles tienen ingresos superiores a los italianos. Vinieron fundamentalmente de Galicia, Asturias, El País Vasco, Cataluña y Castilla.

Ingleses, franceses, alemanes o suizos:

Numéricamente, la más débil, pero desempeñó un importante papel económico. Tuvieron generalmente calificación profesional, cierto grado de instrucción, y medios capitales que invirtieron en el campo y la industria.

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Rusos, sirios, libaneses y armenios:

Se distinguen de los otros grupos por su ingreso tardío y por las diferencias de lenguas (árabe, ruso) y de religión (judía, musulmana, ortodoxa) y sus costumbres.

“Los árabes en el Río de la Plata -señala Lautaro Ortiz- constituyen una de las más ricas colectividades inmigratorias. Su literatura y su periodismo no sólo enriquecieron la trama cultural local sino que influyeron en sus países nativos. Hoy, agobiados por la discriminación, los intelectuales árabes siguen batallando por la integración cultural y el mejor conocimiento de sus tradiciones. Según estimaciones no oficiales, existen en la actualidad 18 millones de árabes –entre descendientes y nativos– habitando los suelos de Argentina, Uruguay y Brasil. (…) Entre los cientos de agricultores que llegaron a estas playas se encontraban muchos poetas, periodistas y editores que, algunos años después, serían los ideólogos del movimiento más revolucionario de las letras y el periodismo, el Mahyar.

Al poco tiempo de llegar y, luego de un período de afincamiento e integración en el interior de los tres países mencionados, los árabes dieron inicio a su propio desarrollo intelectual, que tuvo dos frentes: la integración con nuestra cultura y la transformación de la suya, a través del permanente envío de información a su tierra natal. (…) a partir del siglo XX, los jóvenes inmigrantes comenzaron a buscar los medios para hacer conocer su arte a través de la edición de diarios y revistas y la creación de sellos editoriales”.

Juan Yacer, el poeta más respetado en la colectividad y autor de El movimiento literario americano-árabe en América Latina, apunta que los literatos, “para sorpresa y asombro de miles de lectores, comenzaron a publicar temas literarios nuevos, ciertamente extraños al oído oriental endurecido. No hay duda que la libertad en sus países de adopción, el despertar sobre nuevos tipos y estilos de vida, la misma naturaleza gigantesca de América, y el roce con el pensamiento de escritores y poetas occidentales, contribuyeron al estallido de sus talentos y al encendido de sus almas, ya de por sí sensibilizadas por el drama existencial que padecían en sus tierras de origen”.

Entre las voces de este género que residieron en territorio argentino, los especialistas entrevistados enumeran a Badaui Al-Yabal (famoso poeta árabe, su obra ha tenido gran repercusión en Siria y Líbano), Omar Abu Risha (poeta muy reconocido en Arabia, llegó a Buenos Aires como embajador de Siria), Zaki Konsol (escribió poemas de tono patriótico y varios de sus libros fueron publicados en Arabia y Argentina), Rashid Nakle (poeta libanés, autor del himno nacional de su país), Habbib Joraieb (recorrió en los años 30 todo el país difundiendo sus obras) y, entre otros, la poeta libanesa Sabine Farra, quien desde los 90 se radicó en Argentina.

Yacer agregó que “los textos árabes escritos en países como Argentina, Uruguay y Brasil tuvieron una importancia tremenda en los países de la península árabe. Llegaron como aire fresco. Innovaron metros y formas estróficas, introdujeron la prosa poética y dieron inicio a lo que se denomina ‘poesía susurrada’ que, olvidando el tono declamatorio y discursivo, deja a la palabra misma el poder de sugerir”. A lo que Brahim Husain acotó: “Es una pena que la intelectualidad del Río de la Plata aún no haya abierto los ojos a nuestro aporte cultural y que sólo se quede en los prejuicios mal fundados”.

Modesto homenaje a la inolvidable Nínawa Daher.

Referencias

Akmir Chaib Abdellahed :La emigración árabe a Argentina en la historia contemporánea.

Ortiz, Lautaro: “Arabescos” (fragmentos).

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Presencia árabe en Cuba – Por el Dr. Rigoberto Menéndez

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Para hablar de la multicentenaria presencia de los árabes en Cuba y su irradiación en el espectro variado de nuestra cultura debe hacerse siempre en un sentido policromático y contextual.

Presencia Árabe en Cuba

Aunque se conjetura sobre la presencia de tripulantes moriscos en las expediciones transoceánicas de Cristóbal Colón, el primer indicio de presuntas huellas demográficas lo aportan curiosamente las prohibiciones de la Corona Hispánica, que a través de sistemáticas Reales Cédulas emitidas durante todo el siglo XVI, advertían a las autoridades coloniales sobre la presencia ilegal en el Nuevo Mundo de personas “nuevamente convertidos de moros”, denominación dada a los antiguos musulmanes españoles: los moriscos.

La prohibición monárquica se extendía además a los esclavos de diversos grupos étnicos africanos como los beréberes y los yolofes, practicantes de la religión islámica.

La evidente presencia de moriscos en América tuvo su reflejo en Cuba; en 1593 fue bautizado en la Parroquial Mayor de La Habana un morisco oriundo de Berberíe, quien tomó el nombre de Juan de la Cruz. Esta ceremonia y las similares practicadas a la morería hispánica o africana fueron realizadas por altos signatarios coloniales de la Isla. Según hallazgos del Dr. Cesar García del Pino en 1596 arribaron a La Habana algunas decenas de esclavos musulmanes, entre ellos un grupo de naturales de los antiguos reinos de Marruecos, Fez, Túnez y Tremecén y además dos moriscos.

Estos vestigios documentales permiten catalogar la primera etapa de impronta árabe en Cuba como hispano-morisca y morisco-norafricana, compuesta por esclavos y personas libres convertidas al catolicismo. Como una influencia relacionada de alguna manera con esta presencia se observa la huella arquitectónica, pues durante el siglo XVII y principios del XVIII predominó en La Habana, Remedios, Santiago de Cuba y otras ciudades el estilo mudéjar, herencia importante de la escuela de construcción morisca de Sevilla.

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El estilo mudéjar es apreciable en edificios religiosos y civiles del Centro Histórico de la ciudad de La Habana (iglesia del Espíritu Santo, Casa de Oficios # 12 y Casa de Tacón # 4) y de Remedios (iglesia Parroquial de la Ciudad).

La colonización española dejó en Cuba otras huellas de impronta árabe, como el legado lingüístico en varios miles de vocablos de procedencia árabe en la lengua castellana y aun en nuestros cubanismos, la conservación de importantes especies moriscas en la culinaria criolla y de plantas aromáticas en nuestra jardinería.

Algunas influencias indirectas de la cultura árabe islámica llegaron además a través de los esclavos de diferentes denominaciones y grupos étnicos islamizados del África Occidental; ellos fueron portadores de saludos rituales como as salamu aleikum, que significa la paz sea con usted, la vestimenta blanca, el pañuelo turbante usado por las mujeres y otras costumbres íslamitas asumidas en la actualidad por diferentes sistemas religiosos populares cubanos.

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El gran momento histórico de presencia árabe en suelo cubano se produce a partir de la segunda mitad del siglo XIX, y hasta la primera del XX, con la entrada de libaneses, palestinos, sirios y en menor escala de egipcios, libios, argelinos y yemenitas. Parece que el primer representante de esta oleada fue José Yabor, llegado a Cuba en 1870. Las estadísticas migratorias prueban que entre 1906 y 1913 un 30% de los árabes que llegan a Cuba venían directamente de la denominada Turquía Asiática, y otros grupos de países europeos y de toda América.

El mayor porcentaje de esta inmigración correspondió a los libaneses, salidos de sus territorios debido a la profunda crisis económica que asoló a los-productores nativos y a las contradicciones con el Imperio Otomano que generaron el descontento de las comunidades cristianas, en particular los maronitas. Los palestinos emigraron fundamentalmente en la etapa posterior a la Primera Guerra Mundial. Sólo entre 1920 y 1931 los censos recogen la entrada a Cuba de 9337 árabes del Mediterráneo Oriental.

Desde el inicio de su entrada al país se presentó el problema de la denominación genérica del inmigrante árabe, registrado primero como turco independientemente de su etnónimo real. Después de la derrota turca primó la clasificación de sirios.

Los lugares preferidos para el asentamiento fueron las regiones urbanas de la Isla, las zonas comerciales, y los pueblos con desarrollo de la industria azucarera y la actividad ganadera. Las áreas urbanas de residencia más importantes fueron las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba, principales puertos de arribo de los arabohablantes. Además del centro de la ciudad de La Habana (hoy Centro Habana) y del Centro Histórico, los árabes residieron en Marianao, Santa Amalia, reparto Juanelo, Regla y pueblos de la actual provincia de La Habana (Güines, Bejucal, Quivicán y Bauta). En las provincias orientales además de Santiago las áreas preferidas fueron Guantánamo, Cueto, Manzanillo, Holguín, y Las Tunas. En Camagüey se agruparon en Guáimaro, Minas, Morón, Sola, Esmeralda, Santa Cruz del Sur y Ciego de Ávila. En el resto del país se comprobaron asentamientos en Santa Clara, Cabaiguán, Sagua la Grande, Matanzas, Cárdenas y Pinar del Río.

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La venta ambulante — con el clásico refrán de compro y vendo oro viejo — el comercio textil minorista especializado en confecciones de ropa y quincallerías, joyerías, tiendas de tejidos y los almacenes de importación constituyeron los renglones ocupacionales principales de los árabes en Cuba. De gran importancia fueron también las sastrerías y los restaurantes que ofrecían platos típicos de la culinaria levantina. La primera generación de descendientes se destacó y destaca en las ciencias médicas, y otros perfiles profesionales.

El bloque de inmigrados árabes se distinguió por la diversidad confesional propia de la región de origen: cristianos maronitas, ortodoxos, melkitas, asirios caldeos y asirios nestorianos, latinos, musulmanes sunitas, chiitas y drusos. Los más activos en su práctica litúrgica fueron los maronitas quienes contaron con cuatro párrocos de su rito en La Habana, que realizaban las misas en lengua árabe en las Parroquias capitalinas de San Judas y San Nicolás, Jesús, María y José, y Santo Cristo del Buen Viaje. También los maronitas oficiaron en bodas, bautizos y defunciones de los miembros de la comunidad cristiano árabe de Cuba.

La agrupación social de los inmigrantes fue en algunos casos a nivel de nacionalidad, con tendencia histórica hacia la unión de las tres nacionalidades más numerosas. La mayoría de las asociaciones étnicas árabes — que sumaron diacrónicamente más de treinta — eran de tipo benéfico y recreativo, teniendo algunas por excepción finalidades políticas. Gran parte de ellas se concentraron en el denominado Barrio Árabe de La Habana, que abarcó las calles de Monte, como arteria central y otras como San Nicolás, Corrales, Antón Recio y Figuras. También ocurrió un asentamiento sólido en el poblado santiaguero del Tivoli.

En las no pocas décadas de su asentamiento en Cuba los árabes dejaron su presencia en las más diversas esferas de la vida socio-política y cultural de la ínsula: más de una docena de ellos participaron activamente en las luchas independentistas alcanzando distintos grados militares; igualmente en las luchas insurreccionales de la época neocolonial, los nombres de muchos descendientes se inscriben en el martirologio patrio. Los científicos arabohablantes y sus sucesores legaron imperecederos logros en diferentes disciplinas médicas, y en el campo artístico se aprecian sus éxitos en la música, la plástica, y la poesía sin perder de vista aquellos que sobresalieron en la abogacía y la enseñanza filosófica y que ganaron gran prestigio a nivel internacional.

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El cubano descendiente de árabe es el resultado etnogenético de dos formas de uniones: las endógenas, o sea de madre y padre árabe, y las interétnicas, donde sólo el padre o la madre eran miembros del etnos árabe, y tuvo un peso importante la parte cubana. Su tierra natal, su educación, autoconciencia, forma de identificarse, y su desenvolvimiento psico-social le hacen sentir cubano, pero numerosas costumbres y tradiciones de la nación de sus ancestros, transmitidos de generación en generación han quedado en ellos como práctica permanente. Mantienen en sus casas algunos de los platos típicos mesorientales y llevan en si mismo dos huellas imborrables de su etnicidad pasada: los rasgos físicos y los apellidos que simbolizan grupos patronímicos de sus sociedades agnaticias.

Los inmigrantes levantinos y sus descendientes residentes en la Isla se agrupan actualmente en la Unión Árabe de Cuba, asociación no gubernamental constituida oficialmente el 4 de abril de 1979, como resultado de la unificación de la Sociedad Libanesa de la Habana, la Sociedad Centro Árabe y la Sociedad Palestina Árabe de Cuba. Dicha fusión significó el cumplimiento de un viejo anhelo de los directivos de dichas entidades: unificar la familia árabe en Cuba y desarrollar una mejor labor en la promoción y divulgación de la identidad, tradiciones y cultura árabes.

La Unión Árabe de Cuba es miembro destacado y activo de la Federación de Entidades Árabes de América Latina (FEARAB-América) y desarrolla tratemos intercambios con las asociaciones árabes de los países que la integran.

La comunidad cubano-árabe mantiene sus vínculos filiales e históricos con la patria de origen de sus antepasados a través de las relaciones bilaterales y de la FEARAB-América.

Otra importante institución que trabaja en pro de la divulgación del patrimonio cultural árabe en nuestra patria es la Casa de los Árabes de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana; fundada en 1983, contiene en sus espacios un museo etnográfico, y dentro de sus salas, la más novedosa es la exposición memorial de la inmigración árabe en Cuba.

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Otros elementos se suman al acervo cultural de lo árabe en Cuba, que no escapó en los dos últimos siglos a la arabofilia en la arquitectura, como lo demuestran palacios y hoteles de renombre, o la costumbre de comprar tapices con escenas de beduinos, y mercadeo, e incluso la importación de objetos y estatuas alusivos a la cultura del Islam. Estos indicios se unen a aquellos recuerdos conservados por los propios descendientes, que incluyen desde biblias y coranes en lengua árabe, hasta el laúd, instrumento oriundo del mundo árabe que se ha incorporado a nuestra música popular.

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Toda la impronta cultural arábica en nuestra Isla se complementa con la solidaridad histórica y creciente que Cuba ha practicado con diversos pueblos árabes en sus luchas por la independencia y la justicia. El cubano actual ha heredado del pensamiento martiano la admiración de una civilización milenaria cuyos componentes étnicos fueron al decir del Apóstol …

“… las criaturas más ágiles y encantadoras de la tierra”. 

Del libro Los árabes en Cuba del Dr. Rigoberto Menéndez Paredes.

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Historia del arguile – (+ Video)

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También conocido como pipa de agua, es un instrumento que permite filtrar el humo del tabaco a través de una cámara de agua, lo que ayuda a quitarle los compuestos tóxicos. Es utilizado por las diferentes clases sociales. Normalmente el tabaco es saborizado con manzana, miel, frutillas, menta, mango o durazno

La shisha que conocemos hoy en día es producto de la evolución a lo largo de los años.

Las primeras shishas son originarias de la zona de la India y Pakistán. Aquí se fabricaban las primeras shishas, artefactos rudimentarios hechos con cocos (para la base), hasta que se llevaron a Persia, donde el diseño fue refinándose y perfeccionándose.

En un principio, estas shishas estaban diseñadas para fumar opio y hachís, hasta que llegó el tabaco, que permitió a la gente seguir fumando shisha sin sufrir los efectos del opio o del hachís. Inicialmente se trataba de tabaco normal sin sabores añadidos, y para hacer la experiencia de fumar shisha más placentera la gente lo mezclaba con miel y otras sustancias dulces. Hoy en día es de muy mal gusto utilizar una shisha para fumar otra cosa que no sea tabaco.

Más tarde la shisha llegó a Turquía (hace aproximadamente 500 años), donde inmediatamente se hizo muy popular entre la gente de clase alta y los intelectuales. De nuevo el diseño se mejoró y ya alcanzó el aspecto de las shishas de hoy en día que conocemos. También cambió la forma de preparar el tabaco, se introdujeron los tabacos con sabores de frutas que se hacían mezclando pulpa de diferentes frutas con el tabaco de siempre para conseguir una amplia gama de sabores. Los más comunes era Manzana, Cereza, Uva y Limón.

La shisha hoy en día goza de más o menos popularidad por todo el mundo. Se la conoce con distintos nombres en diferentes zonas del mundo: cachimba en España, narghile en Francia (o países de habla francesa), hookah o hubbly bubbly en Inglaterra, etc. Fumar shisha se ha convertido en una actividad social, un buen pretexto para que grupos de amigos e incluso desconocidos se reúnan a su alrededor para hablar de todo tipo de temas: política, religión, actualidad… o simplemente para pasar un rato juntos. Con la gran variedad de sabores de tabaco disponibles y los diferentes diseños de las shishas en sí (tanto las tradicionales shishas turcas como las nuevas shishas chinas, la última moda), siempre hay una fumada al gusto de cada uno.

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Los Mil Nombres de la Shisha

Dependiendo de la localidad, a la shisha o pipa de agua se la conoce con diversos nombres, casi todos ellos de origen persa o árabe.

Shisha proviene de la palabra persa shishe (شیشه), y literalmente significa “vaso”.

Narghile (نارگيله) proviene del persa nārgil (نارگیل), que significa “coco”. En sánscrito es nārikela (como ya os contamos, las primeras shishas provienen de la India).

Hookah (حقة) muy probablemente provenga de la palabra árabe uqqa, que significa caja pequeña, jarro, tarro.

Existen otras variaciones y denominaciones de estos nombres, como nargeela/narguile/nargileh/arguila/argileh, seesha, okka, etc.

En cada región del mundo se ha popularizado una forma diferente de llamar a la shisha, y casi todos estos nombres son derivados de los que acabamos de ver. Estos son los nombres más comunes que recibe la shisha en el mundo:

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Francia (narguilé, pipe à eau)

Turquía

Líbano

Siria

Irak

Jordania

Grecia

Chipre

Albania

Rumanía

Palestina

Argentina (narguile)

Venezuela (arguile)

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Reino Unido (hubbly-bubbly)

Estados Unidos (waterpipe)

Pakistán

La India

Rusia

Shisha

España (cachimba, pipa de agua)

Alemania (wasserpfeifen)

Egipto

Túnez

Arabia Saudí

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La Shisha en el mundo

Fumar shisha es un fenómeno que se ha extendido por todo Oriente durante los siglos y eventualmente ha ido alcanzando otras zonas del mundo, teniendo un atractivo especial para algunos países de Occidente. A pesar de que la shisha tiene una cultura de cientos de años de antigüedad, es ahora, recientemente, cuando se ha popularizado entre la gente joven de muchas partes del mundo, especialmente entre los universitarios y los menores de edad, a quienes está prohibido vender tabaco normal.

 Oriente Medio

Tradicionalmente, en la sociedad árabe, la shisha se fuma en grupo y en una sola manguera. Cuando el fumador termina su calada, o bien deja la manguera sobre la mesa indicando que está libre, o se la da a otro fumador con la boquilla mirando hacia sí mismo, nunca hacia la otra persona. La persona que la recibe le da un ligero toque en el revés de la mano antes de tomar la manguera.

En cafeterías o en restaurantes, cada fumador suele encargar una shisha individualmente.

En Israel, el uso de la shisha es muy popular puesto que fumar es una de las costumbres más arraigadas en la cultura de la zona. Puedes encontrar shishas en cafeterías, restaurantes, conciertos al aire libre, clubs nocturnos, etc. Algunos de estos clubs incluso ofrecen shishas de alquiler.

En Palestina, en las casas se suele fumar shisha después de una comida o reunión familiar.

Estados Unidos

En EEUU, muchas jurisdicciones federales y estatales se han movilizado durante los últimos años para prohibir que se fume en lugares públicos. Sin embargo, la mayoría de estas jurisdicciones permiten, comprando un permiso especial, abrir y mantener locales para fumar shisha, aunque no todas. Este hecho ha afectado gravemente a la cultura de la shisha en este país y muchas teterías han tenido que cerrar sus puertas.

Fuera de esto, la shisha se está haciendo cada vez más popular entre los universitarios. Fumar shisha es una costumbre muy común entre estudiantes musulmanes viviendo en EEUU, especialmente entre aquellos que no beben.

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Europa

En España, la shisha se hace cada vez más conocida gracias a las teterías que están apareciendo en muchas ciudades, locales abiertos por inmigrantes musulmanes o personas con gran afición por la cultura oriental. Las shishas se venden en estancos u otras tiendas por precios que van de los 25 a los 60 euros, y el tabaco y los carbones son fáciles de encontrar en las grandes capitales.

La shisha también se hace popular en ciudades rusas como Moscú. Muchos bares contratan “hombres de la cachimba”, generalmente personas con rasgos físicos de origen árabe y vestidos con ropas árabes, para llevar la shisha a la mesa de los clientes y preparársela allí. Generalmente se usa una sola shisha con una sola manguera, junto con boquillas de plástico individuales.

En Inglaterra, las shishas son muy poco comunes en restaurantes indios; se encuentran fácilmente en restaurantes libaneses o egipcios. Existen bares abiertos exclusivamente para fumar shisha, suelen encontrarse cerca de campus universitarios.

Asia

En el sur y sureste de Asia empieza a darse a conocer la shisha. En la India, por ejemplo, se pueden encontrar multitud de cafés exclusivamente para fumar shisha (al igual que en Inglaterra). En Malasia también están proliferando este tipo de locales.

La producción masiva de bienes típica de China llega incluso al mundo de la shisha: la prestigiosa marca de shishas Mitsuba es conocida y apreciada por muchos shisheros expertos. En Japón sabemos que se fabrican accesorios y material referente al este mundo también (siendo famosas algunas marcas de carbones de autoencendido por su buenísima calidad), aunque no es una costumbre excesivamente extendida.

Normas de Etiqueta

A la hora de fumar shisha en un establecimiento público, existen algunas normas de etiqueta a tomar en cuenta si nos encontramos entre desconocidos:

– No le pases la manguera directamente a otra persona, simplemente déjala sobre la mesa para indicar que está libre. Esto es una muestra de respeto.

– Nunca apuntes con la boquilla de la manguera a otra persona. Esto es de muy mala educación en la cultura árabe.

– Respecto a que mano usar para fumar, preferentemente se usa la derecha.

– No enciendas un cigarrillo, puro o cualquier otra cosa con el carbón de la shisha. Es de muy mala educación.

– No tires las cenizas o las colillas de los cigarrillos en el plato de la shisha. Es exclusivo para el carbón de la shisha.

– La shisha generalmente se coloca en el suelo. Colocar la shisha por encima del fumador es una falta de respeto hacia el fumador. La excepción está en las shishas más pequeñas, que están diseñadas para colocarse sobre mesitas bajas.

– Fumar shisha es una actividad relajante. Tómate tu tiempo a la hora de fumar, y no te sientas con prisas de pasar el turno a otra persona. Obviamente, tampoco metas prisa a la persona que tenga la manguera en ese momento. La fumada suele durar alrededor de una hora.

– Por último, no fumes en tu shisha otra cosa que no sea tabaco. A pesar de que inicialmente estaban diseñadas para fumar opio o hachís, hoy en día este se considera un mal uso de la shisha. Esta es una norma muy estricta entre los fumadores serios de shisha.

Nota de Páginas árabes:

Existe la percepciòn que el arguile no es nocivo  para la  salud, y si bien es menos dañino que el tabaco, es perjudicial y puede causar cáncer.

ClubShisha / Jofera

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