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Partición de Palestina – La gran estafa sionista

Palestina 1920-1948
Palestina 1920-1948

La política se corresponde muy rigurosamente a esta ley de la selva: la partición de Palestina que se deriva de la resolución de las Naciones Unidas no fue respetada jamás. La resolución de la división de Palestina, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (formada por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial) el 29 de noviembre de 1947, marca el propósito de Occidente sobre su bastión avanzado: en esta fecha los judíos constituían el 32 % de la población y posean el 5,6 % del suelo: sin embargo ellos recibieron, gracias a la «partición» el 56 % del territorio, con las tierras más féŽrtiles. El Presidente Truman, de origen judío, ejerció una presión sin precedente sobre el Departamento de Estado. El Subsecretario de Estado Sumner Welles escribió: «Por orden directa de la Casa Blanca los funcionarios americanos deban emplear las presiones directas o indirectas para asegurar la mayoría necesaria en la votación final».

El Ministro de Defensa de entonces, James Forrestal, confirma: Los méŽtodos utilizados para ejercer presión, y para obligar a las demás naciones en el seno de las Naciones Unidas, rozaban el escándalo. El poder de los monopolios privados fue movilizado. Dex Pearson, en el Chicago-Daily del 9 de febrero de 1948, precisa algunas matizaciones, entre otras que: Harvey Firestone, propietario de las plantaciones de caucho en Liberia, actuó cerca del Gobierno liberiano, uno de lo votos positivos a favor de la creación del Estado Judío.

Desde 1948, incluso las decisiones parciales han sido violadas por lo dirigentes judíos. Los árabes protestan contra tamaña injusticia y la rechazan, los dirigentes israelíes, con armamento «socialista» procedente de Checoslovaquia, se aprovechan para apoderarse de nuevos territorios, en concreto de Jaffa y San Juan de Acre: ya en 1949 los sionistas controlan el 80 % del país y 770.000 palestinos habían sido expulsados de sus tierras. El méŽtodo empleado para lograr esa expulsión, una de las más salvajes de la historia de la humanidad, fue el del terror. El ejemplo más clamoroso fue el de Deir Yassin: el 9 de abril de 1948 los 254 habitantes de este pueblo (hombres, mujeres, niños, ancianos) fueron masacrados por las tropas del Irgún, cuyo jefe era Menahem Beghin. Beghin escribe que no hubiera sido posible el Estado de Israel sin la «victoria» de Deir Yassin. La Haganá por su parte realizaba ataques en otros frentes. Los árabes desarmados huían gritando: «Deir Yassin».

Se consideró— como «ausente» a todo palestino que habí’a abandonado su domicilio con anterioridad al 1 de agosto de 1948. Fue así’ como los 2/3 de las tierras propiedad de los árabes (70.000 hect‡reas sobre 110.000) fueron confiscadas. Cuando en 1953 se promulgó— la ley de la propiedad de bienes raí’ces, la indemnización se fijó sobre el valor que tení’a la tierra en 1950 pero, entre tanto, la libra israelí’ había perdido cinco veces su valor. Además, desde el inicio de la inmigración jud’ía, y dentro del peor estilo colonialista, las tierras se compraban a los propietarios feudales (los effendi) no residentes; pero los campesinos pobres, los fellahs, eran expulsados de la tierra que cultivaban, merced a estos arreglos, hechos sin contar con ellos entre sus amos antiguos y los nuevos ocupantes. Privados de sus tierras, no ten’an otro remedio que huir.

Las Naciones Unidas hab’an designado a un mediador sueco, el conde Folke Bernadotte. En su primer informe el conde Bernadotte escribe: «Serí’a ofender a los principios elementales impedir a estas ví’ctimas inocentes del conflicto volver a sus hogares, mientras que los inmigrantes jud’íos afluyen a Palestina y, ademá‡s, amenazan, de forma constante, reemplazar a los refugiados á‡rabes enraizados en esta tierra desde hace siglos». Describe el pillaje sionista a gran escala y la destrucci—ón de aldeas sin provocaci—ón militar aparente. Este informe fue entregado el 16 de septiembre de 1948. El 17 de septiembre de 1948 el conde Bernardotte y su asistente francéŽs, el coronel Serot, eran asesinados por el Irgœún en la parte de JerusaléŽn ocupada por los sionistas.

Este no era el primer crimen sionista contra cualquiera que denunciara su impostura. Lord Moyne, Secretario de Estado británico en el Cairo, declara, el 9 de junio de 1942, en la Cámara de los Lores, que los judíos no eran los descendientes de los antiguos Hebreos y que no tenían la reivindicación legítima sobre Tierra Santa. Partidario de moderar la inmigración en Palestina fue acusado entonces de ser un enemigo implacable de la independencia hebrea.

El 6 de noviembre de 1944, Lord Moyne caí’a abatido en El Cairo por dos miembros del grupo Stern (de Isaac Shamir). Algunos añ–os m‡s tarde se revelaba que los cuerpos de los dos asesinos ejecutados hab’ían sido canjeados por 20 prisioneros ‡árabes, para enterrarles en el Monumento de los HéŽroes en JerusalŽén. Curiosamente el Gobierno brit‡ánico deplor—ó que Israel honrase a los asesinos y les considerase como héŽroes.

El 22 de julio de 1946, el ala del hotel Rey David, de JerusaléŽn, donde se hallaba instalado el Estado Mayor militar del Gobierno britá‡nico, explotaba, causando la muerte de alrededor de 100 personas: ingleses, árabes y jud’íos. Fue obra del Irgúœn, de Menahem Beghin, quien reivindicó— el atentado.

El Estado de Israel vino a sustituir a los antiguos colonialistas y con sus mismos méŽtodos: por ejemplo, la ayuda agrícola que permití’a el riego fue distribuida de una forma discriminatoria, de tal suerte que los ocupantes judíos fueron sistemáticamente favorecidos: entre 1948 y 1969, la superficie de tierras de regadí’o pasó—, para el sector judí’o, de 20.000 a 164.000 ha. y para el sector ‡árabe de 800 a 4.100 ha. El sistema colonial fue así’ perpetuado e incluso agravado. La segregació—n se manifiesta tambiŽén en la polí’tica de vivienda. El Presidente de la Liga Israel’ de los Derechos Humanos, el Dr. Israel Hahak, profesor en la Universidad Hebraica de JerusalŽén, en su libro «Le Racisme de l’Etat d’Israë‘l» nos enseñ–a que existen en Israel ciudades enteras (Carmel, Nazareth, Illith, Hatzor, Arad, Mitzphen-Ramen, y otras) donde la ley prohibe residir formalmente a los no jud’íos.

Esta cultura del odio racial ha dado sus frutos: DespuŽés de Qana (Sobre la matanza judí’a de Qana, en el Lí’bano ver: Norberto Ceresole, El nacional judaí’smo, un mesianismo pos-sionista, Capí’tulo primero), algunos soldados jud’íos, cada vez má‡s numerosos, imbuidos de la historia del «Holocausto», imaginaron toda clase de escenarios para exterminar a los á‡rabes, recuerda el oficial Ehud Praver, responsable del cuerpo de profesores del ejéŽrcito. El mito del «Holocausto» fue creado para legitimar el racismo jud’ío. Segúœn Praver demasiados soldados creen que el «Holocausto» puede justificar cualquier acci—ón criminal contra los á‡rabes.

El problema fue expuesto muy claramente con anterioridad incluso a la existencia del Estado de Israel. El Director del Fondo Nacional Jud’ío, Yossef Weitz, escribe ya en 1940: Debe quedar claro para nosotros que no hay lugar para dos pueblos en este pa’ís. Si los ‡árabes lo abandonan, nos bastarᇠ(…) No existe otro medio que el de desplazarles a todos; es necesario no dejar una sola aldea, una sola tribu. Es preciso explicar a Roosevelt, y a todos los Jefes de Estado amigos, que la tierra de Israel no es demasiado pequeñ–a si todos los árabes se marchan, y si las fronteras se ensanchan un poco hacia el norte, a lo largo del Litani, y hacia el este sobre los altos del Gol‡án.

En el rotativo israelí’ «Yediot Aronoth» del 14 de julio de 1972, Yoram Ben Porath recordaba con fuerza el objetivo a alcanzar: Es el deber de los dirigentes israelí’es explicar clara y valientemente a la opini—ón un cierto núœmero de hechos, que el tiempo hace olvidar. El primero de ellos es el hecho de que no hay sionismo, colonizació—n, Estado Jud’ío, sin la expulsi—ón de los á‡rabes y la expropiació—n de sus tierras. Nos encontramos, aquí’ y ahora, en la ló—gica má‡s rigurosa del sistema sionista: ¿có—mo crear una mayor’ía judí’a en un paí’s poblado por una comunidad ‡árabe palestina autó—ctona? El sionismo polí’tico ha aportado la œúnica soluci—ón que deriva de su programa colonialista: crear una colonia de població—n expulsando a los palestinos y sustituyŽéndolos por la inmigraci—ón judí’a.

Arrojar a los palestinos y apropiarse de sus tierras ha sido una empresa deliberada y sistemá‡tica. En la Žépoca de la Declaraci—ón Balfour, en 1917, los sionistas no pose’ían má‡s que el 2,5 % de las tierras y en el momento de la decisió—n de la partici—ón de Palestina, el 6,5 %. En 1982 tení’an el 93 %. Los procedimientos utilizados para despojar al nativo de su tierra son los del colonialismo má‡s implacable, con un tinte racista aœún má‡s marcado en el caso del sionismo (excepcionalismo judí’o).

La primera etapa tuvo los caracteres de un colonialismo cl‡ásico: se trataba de explotar la mano de obra local. Era el méŽtodo del baró—n Eduardo de Rothschild. Igual que en Argelia, aquel explotaba, en sus vi–ñedos, la mano de obra barata de los fellahs, Žéste hab’ía extendido simplemente su campo de actuaci—ón a Palestina, explotando en sus vi–ñedos a otros ‡árabes igual que a los argelinos.




Un cambio se produjo, alrededor de 1905, cuando llegó—, procedente de Rusia, una nueva ola de inmigrantes tras la derrota de la Revoluci—ón de 1905. Los judí’os revolucionarios rusos importaron a Palestina un extrañ–o socialismo sionista. Crearon cooperativas artesanales y Kibbutzs campesinos eliminando a los fellahs palestinos para crear una economí’a que se apoyaba en una clase obrera y agr’ícola jud’ía. Del colonialismo cl‡ásico (del tipo ingléŽs o francéŽs) se pasó—, de esta manera, a una colonia de poblaci—ón, en la l—ógica del sionismo polí’tico, que abarcaba a ese flujo de inmigrantes en favor de los cuales y contra nadie (como dice el profesor Klein) deber’an ser reservadas la tierra y los empleos. Se trataba de reemplazar al pueblo palestino por otro pueblo y, naturalmente, apoderarse de su tierra.

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Crónicas: ¿Cuántas prisiones secretas mantiene Israel?

Mayo 2009

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El organismo para el control de la tortura de Naciones Unidas ha criticado a Israel por negarse a permitir que se inspeccione una prisión secreta, apodada la “Bahía de Guantánamo de Israel”, y exigió saber si actualmente hay operativos otros campos de detención de esa índole.

En un informe publicado el pasado viernes, el Comité Contra la Tortura exigió que Israel identificara la ubicación del campo, al que se refiere oficialmente como “Instalación 1391”, y permitiera el acceso al mismo del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Los hallazgos de los grupos por los derechos humanos israelíes muestran que esa prisión se utilizó en el pasado para encerrar allí a prisioneros árabes y musulmanes, incluidos palestinos, y que los malos tratos y la tortura fueron prácticas que los interrogadores utilizaron de forma rutinaria.

El panel del comité de Naciones Unidas, formado por diez expertos independientes, encontró también creíble la información aportada por los grupos israelíes que afirman que los detenidos palestinos son sistemáticamente torturados a pesar de la sentencia del Tribunal Supremo de Israel de 1999 prohibiendo tales prácticas.

La existencia de la Instalación 1391 vio la luz en 2002 cuando por primera vez se detuvo allí a varios palestinos durante una nueva invasión de Cisjordania.

En una presentación ante el Comité de Naciones Unidas, Israel ha negado que en la actualidad mantenga a ningún prisionero en ese lugar, aunque admite que tuvo allí detenidos a varios libaneses durante el ataque contra el Líbano de 2006.

El comité expresó su preocupación por una sentencia del Tribunal Supremo israelí de 2005, que encontraba “razonable” que el estado no investigara las sospechas de tortura en esa prisión. El panel expresa su preocupación de que al no llevarse a cabo inspección alguna de la prisión, es muy probable que siga utilizándose o que vuelva a abrirse en cualquier momento.

El tribunal israelí, escribió el comité, “debería asegurarse que todas las acusaciones de tortura y malos tratos a los detenidos en la Instalación 1391 sean investigadas de forma imparcial y hechos públicos los resultados”.

Hamoked, una organización israelí por los derechos humanos, fue quien primero identificó la prisión después de que en 2002 las familias de dos primos palestinos detenidos en Nablus les perdieran el rastro. Funcionarios israelíes admitieron finalmente que los tenían detenidos en un lugar secreto.

Israel sigue negándose a identificar la localización exacta de la prisión, que se encuentra dentro de Israel, a unos 100 kilómetros al norte de Jerusalén. Pueden verse unos cuantos edificios, pero la mayor parte de la prisión es subterránea.

“Sabemos algo de la prisión porque el ejército cometió el error de llevar a los palestinos allí cuando ya no hubo más espacio en las principales prisiones israelíes”, dijo Dalia Kerstein, directora de Hamoked.

“El propósito auténtico del campo es interrogar allí a prisioneros del mundo árabe y musulmán, a los que es difícil seguir la pista porque sus familias no pueden contactar con organizaciones israelíes en petición de ayuda”.

La Sra. Kerstein dijo que esa prisión representaba una violación aún más grave del derecho internacional que la de la Bahía de Guantánamo, porque nunca había sido inspeccionado y nadie sabía lo que se estaba perpetrando allí.

Según los testimonios de los dos primos palestinos, Mohammed y Bashar Yadallah, les mantuvieron en celdas de aislamiento que medían dos metros cuadrados, con paredes pintadas de negro, sin ventanas y con una débil bombilla encendida las 24 horas del día. En las muy contadas ocasiones en que les escoltaron al exterior, les obligaban a ponerse una especie de gafas completamente opacas.

Cuando Bashar Yadallah, de 50 años de edad, preguntó dónde se encontraba, le respondieron que “en la luna”.

Según el testimonio de Mohammed Yadallah, de 23 años, fue repetidamente golpeado, le colocaron grilletes muy apretados, se le ató en posiciones dolorosas a una silla, no se le permitió ir al baño y se le impidió dormir, arrojándole agua si se quedaba dormido. También se informó que los interrogadores le mostraban fotos de sus familiares y les amenazaban con hacerles daño.

Aunque los palestinos que pasaron por esa prisión fueron interrogados por la policía secreta interna, el Shin Bet, los extranjeros cayeron bajo la responsabilidad de un ala especial de la inteligencia militar conocida como Unidad 504, tristemente célebre por utilizar métodos de interrogatorio mucho más duros que la primera.

Poco después de que se supiera de la prisión, un antiguo preso –Mustafa Dirani, dirigente del grupo chií libanés Amal– presentó una demanda en Israel afirmando que un guardián le había violado.

Al Sr. Dirani, detenido en Líbano en 1994, se le mantuvo durante ocho años en la Instalación 1391 junto con un dirigente de Hizbollah, el Sheij Abdel Karim Obeid. Israel confiaba en sonsacarles información en su búsqueda de un aviador desaparecido, Ron Arad, cuyo aparato fue derribado sobre el Líbano en 1986.

El Sr. Dirani alegó en el tribunal que un antiguo interrogador del ejército conocido como el “Mayor George” le había sometido a abusos físicos, incluido un incidente durante el que fue sodomizado con un bastón.

El caso se cerró a primeros de 2004 cuando se liberó al Sr. Dirani en un intercambio de prisioneros.

La Sra. Kerstein dijo que no había pruebas de que existieran en Israel más prisiones del tipo de la Instalación 1391, pero que algunos de los testimonios recogidos de ex prisioneros sugerían que se les había retenido en diferentes lugares secretos.

Expresó gran preocupación ante el hecho de que Israel pudiera haber sido uno de los países que recibieron vuelos con “entregas extraordinarias”, utilizados por EEUU para trasladar ilegalmente a otros países a los prisioneros capturados para someterles a tortura.

“Si una democracia permite la existencia de una prisión de ese tipo, ¿quién se atreve a decir que no hay más?”, dijo.

El comité examinó otras sospechas de tortura contra Israel, expresando una especial preocupación ante el hecho de que Israel no hubiera investigado más de 600 quejas presentadas por detenidos contra el Shin Bet desde que el panel llevó a cabo las últimas vistas en 2001.

También hizo hincapié en las presiones a que se sometía a los gazatíes que necesitaban entrar en Israel para recibir tratamiento médico tratando de convertirles en informadores.

Ishai Menuchin, director ejecutivo del Comité Público contra la Tortura de Israel, dijo que su grupo había enviado varias presentaciones al comité en las que se demostraba que se utilizaba sistemáticamente la tortura contra los detenidos.

“Después de la sentencia del Tribunal de 1999, sencillamente los interrogadores se han vuelto más creativos en sus técnicas”, dijo.

Añadió que, desde que Israel redefinió Gaza como “estado enemigo”, se pasó a considerar a los palestinos allí detenidos más como “combatientes ilegales” que como “detenidos por motivos de seguridad”.

“En tales circunstancias, podrían pensar que tienen derecho a tenerles encarcelados en prisiones secretas del tipo de la Instalación 1391”.

Jonathan Cook es escritor y periodista. Vive en Nazaret, Israel. Sus libros más recientes son “Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East” (Pluto Press) y “Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair” (Zed Books). Su página en Internet es: www.jkcook.net.

Por Jonathan Cook
Fuente: Rebelión Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

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