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El guardián de los libros

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El guardián de los libros

 

Ahí están los jardines, los templos y la justificación de los templos,
La recta música y las rectas palabras,
Los sesenta y cuatro hexagramas,
Los ritos que son la única sabiduría
Que otorga el Firmamento a los hombres,
El decoro de aquel emperador
Cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
De suerte que los campos daban sus frutos
Y los torrentes respetaban sus márgenes,
El unicornio herido que regresa para marcar el fin,
Las secretas leyes eternas,
El concierto del orbe;
Esas cosas o su memoria están en los libros
Que custodio en la torre.

Los tártaros vinieron del Norte
En crinados potros pequeños;
Aniquilaron los ejércitos
Que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,
Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas,
Mataron al perverso y al justo,
Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,
Usaron y olvidaron a las mujeres
Y siguieron al Sur,
Inocentes como animales de presa,
Crueles como cuchillos.
En el alba dudosa
El padre de mi padre salvó los libros.
Aquí están en la torre donde yazgo,
Recordando los días que fueron de otros,
Los ajenos y antiguos.

En mis ojos no hay días. Los anaqueles
Están muy altos y no los alcanzan mis años.
Leguas de polvo y sueño cercan la torre.
¿A qué engañarme?
La verdad es que nunca he sabido leer,
Pero me consuelo pensando
Que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo
Para un hombre que ha sido
Y que contempla lo que fue la ciudad
Y ahora vuelve a ser el desierto.
¿Qué me impide soñar que alguna vez
Descifré la sabiduría
Y dibujé con aplicada mano los símbolos?
Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
Que acaso son los últimos,
Porque nada sabemos del Imperio
Y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
Cercanos y lejanos a un tiempo,
Secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos.

Jorge Luis Borges

©2016-paginasarabes®

Metáfora de las Mil y Una Noches

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La primera metáfora es el río.
Las grandes aguas. El cristal viviente
Que guarda esas queridas maravillas
Que fueron del Islam y que son tuyas
Y mías hoy. El todopoderoso
Talismán que también es un esclavo;
El genio confinado en la vasija
De cobre por el sello salomónico;
El juramento de aquel rey que entrega
Su reina de una noche a la justicia
De la espada, la luna, que está sola;
Las manos que se lavan con ceniza;
Los viajes de Simbad, ese Odiseo
Urgido por la sed de su aventura,
No castigado por un dios; la lámpara;
Los símbolos que anuncian a Rodrigo
La conquista de España por los árabes;
El simio que revela que es un hombre,
Jugando al ajedrez; el rey leproso;
Las altas caravanas; la montaña
De piedra imán que hace estallar la nave;
El jeque y la gacela; un orbe fluido
De formas que varían como nubes,
Sujetas al arbitrio del Destino
O del Azar, que son la misma cosa:
El mendigo que puede ser un ángel
Y la caverna que se llama Sésamo.
La segunda metáfora es la trama
De un tapiz, que propone a la mirada
Un caos de colores y de líneas
Irresponsables, un azar y un vértigo,
Pero un orden secreto lo gobierna.
Como aquel otro sueño, el Universo,
El Libro de las Noches está hecho
De cifras tutelares y de hábitos:
Los siete hermanos y los siete viajes,
Los tres cadíes y los tres deseos
De quien miró la Noche de las Noches,
La negra cabellera enamorada
En que el amante ve tres noches juntas,
Los tres visires y los tres castigos,
Y encima de las otras la primera
Y última cifra del Señor; el Uno.
La tercera metáfora es un sueño
Agarenos y persas lo soñaron
En los portales del velado Oriente
O en vergeles que ahora son del polvo
Y seguirán soñándolo los hombres
Hasta el último fin de su jornada.
Como en la paradoja del eleata,
El sueño se disgrega en otro sueño
Y ése en otro y en otros, que entretejen
Ociosos un ocioso laberinto.
En el libro está el Libro. Sin saberlo,
La reina cuenta al rey la ya olvidada
Historia de los dos. Arrebatados
Por el tumulto de anteriores magias,
No saben quiénes son. Siguen soñando.
La cuarta es la metáfora de un mapa
De esa región indefinida, el Tiempo,
De cuanto miden las graduales sombras
Y el perpetuo desgaste de los mármoles
Y los pasos de las generaciones.
Todo. La voz y el eco, lo que miran
Las dos opuestas caras del Bifronte,
Mundos de plata y mundos de oro rojo
Y la larga vigilia de los astros.
Dicen los árabes que nadie puede
Leer hasta el fin el Libro de las Noches.
Las Noches son el Tiempo, el que no duerme.
Sigue leyendo mientras muere el día
Y Shahrazad te contará tu historia.

Jorge Luis Borges

©2016-paginasarabes®

Borges visto por Rafael Olea Franco

El académico y crítico Rafael Olea Franco compila 13 ensayos inéditos, de escritores mexicanos y extranjeros, sobre al autor argentino, en el libro ‘El legado de Borges‘.

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La relación que Jorge Luis Borges (1899-1986) sostuvo con la novela, la cultura árabe y la literatura gauchesca, así como su trabajo de traductor y la extraña ausencia de bibliotecas en El informe de Brodie (1970) son algunos de los temas que se cruzan en El legado de Borges, compilación realizada por Rafael Olea Franco, académico por El Colegio de México (El Colmex).

El volumen, que contiene 13 ensayos inéditos de escritores mexicanos y extranjeros, es un homenaje al autor argentino que el 14 de junio fue recordado a 29 años de su fallecimiento, y en su conjunto suman una lectura sólida y minuciosa sobre la obra de Borges.




Al mismo tiempo es un libro de contrastes, reconoce Olea Franco, ya que el lector hallará en este libro textos sobe la poética de Borges, sus opiniones sobre la novela, pero también sobre el vínculo que mantuvo con su maestro Rafael Cansinos Assens y las similitudes descubiertas entre su obra y la de Ezra Pound.

Al mismo tiempo, estos son ensayos que exhiben muy bien la diversidad de la obra de Borges, quien igualmente «abrevó de la cultura occidental y la lengua inglesa, pero también de la cultura árabe, apoyado en las traducciones, pues él no leía árabe, aunque sí tenía un gran conocimiento de esta lengua”, explica.

Este libro pudo llevar por título Ensayos sobre Borges, pero su compilador optó por acentuar lo más importante en el legado del autor argentino: su obra. “Curiosamente es una  herencia múltiple que ha sido estudiada y revisada por críticos de todas las tallas, hasta llegar a este punto, medio siglo después, en que los críticos pueden enfocar sus preguntas hacia aspectos muy particulares de su obra”.

Pese a todo, la característica que predomina en este libro es su carácter diverso, asegura Olea Franco. “Se trata increíblemente de una obra muy diversificada. Aquí está el Borges con sus múltiples matices, así que condensamos una aproximación crítica, diferenciada por etapas, desde los años 20, 30 y 40, cuando alcanza el auge de su producción artística, que incluye algunos de sus textos narrativos más famosos, como Ficciones y El Aleph”.

Ya después, en los años 50 llegó su reconocimiento paulatino… hasta convertirse en un clásico, en un autor que con los años ha sido cada vez más y más reconocido, lo cual refleja el carácter actual de su obra literaria.

Además, añade el investigador de El Colmex, la literatura borgeana experimenta lo mismo que pasa con otros autores clásicos: ha adquirido un ascenso enorme y un reconocimiento que abarca no sólo la literatura occidental, a la cual pertenece, sino también en otros ámbitos, como en Oriente, en países como China y Japón, que ya han traducido su obra completa.

Autor inagotable

Para Olea, Borges es un autor  inagotable, pues su obra no sólo toca distintos aspectos del pensamiento moderno e ilustra problemas contemporáneos de nuestra literatura, sino que es uno de los escritores cuya comprensión se ha acelerado con el tiempo.

Esto se debe a que su literatura camina de la mano del pensamiento humano moderno, la literatura, la filosofía, la historia y otras disciplinas que no parecieran afines a él, como las matemáticas y las ciencias duras en general.

¿Qué sugeriría a los primeros lectores de Borges?, se le inquiere al investigador. “Pienso que se necesita un adiestramiento, pues a la literatura de esta naturaleza no se llega totalmente novato en la literatura. Eso no se puede, tal como lo señaló Mariano Azuela respecto del Ulises, de James Joyce”.

Esto significa que un lector no llegará al mundo de la literatura por Borges, añade, lo cual significa que si un lector no tiene antecedentes de lectura no empezará por Borges, más bien debe empezar por una literatura de carácter realista, como Horacio Quiroga o Azuela, y poco a poco entrar a una literatura más compleja.

“Lo cierto es que Borges tiene textos de distintos tipos. Por ejemplo, en El Aleph tienen algunos textos complejos y otros de naturaleza más accesible porque son cuentos de orden clásico, como Sur, que no resulta tan complicado… o buscaría cuentos tardíos como El evangelio según Marcos y La intrusa, que son extraordinarios”.




Pero sobre todo, el lector debería recordar lo que el propio Borges decía respecto a que ninguna lectura debería ser por obligación, sino por gusto. Ese es el primer paso para cualquier lector que quiera acercarse al mundo de Jorge Luis Borges.

Cabe señalar que El legado de Borges tuvo como base la serie de conferencias presentadas en El Colmex en diciembre de 2011, para recordar el 25 aniversario de la muerte del autor argentino durante el Coloquio Internacional El legado de Borges, en el que estuvo presente su viuda: María Kodama.

Los ensayos que contiene el libro son: El maestro y el discípulo, de Rafael Cansinos Assens; Lector, de Antonio Cajero; Sin superposiciones y sin transparencia: la frase larga de El Aleph, de Daniel Balderston; El otro teólogo: Borges, la muerte de la novela y El Aleph; Una lectura de La muerte y la brújula en el contexto de Los mejores cuentos policiales, de Aníbal González.

Asimismo La expulsión del paraíso: la ausencia de bibliotecas, de Daniel Zavala Medina; La noche de los dones o sobre una teoría narrativa, de Arturo Echavarría; Borges y Pound: el espejo del quiasmo, de Gabriel Linares; Borges y el islam, de Luce López; Las mil y una noches del libro, de Liliana Weinberg, entre otros.

Hacia el final de la antología, el propio Olea recuerda de Borges que inició su carrera literaria a la temprana edad de 10 años, cuando el 25 de junio de 1910, El País, un diario de Buenos Aires, publicó su traducción al español de El príncipe feliz, de Óscar Wilde.

Entonces algunos lectores se la atribuyeron a su padre, Jorge Borges, pero “esta precoz hazaña fue posible gracias a que su abuela paterna, Frances Haslam, nacida en Inglaterra, le enseñó inglés desde pequeño”. Así comenzó la historia del monstruo literario más grande de Latinoamérica.

Por Juan Carlos Talavera
Con información de Excelsior

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